Ene 30 2008
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Economía

TIEMPO TERRIBLE

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Los grandes y bellos ojos claros de Mar√≠a Cartagena brillan en varias ocasiones hasta que la √ļltima barrera
de contenci√≥n se derrumba y un torrente de emociones y dolores estalla. Todo su cuerpo se estremece, pero Mar√≠a hace acopio de sus fuerzas y asfixia sus sollozos. Y es que esta mujer de estatura imponente y rostro limpio ha sido implacable para cumplir con su deber de pasar inadvertida durante sus casi 59 a√Īos de vida. Incluso en los momentos l√≠mites.

Pero ah√≠ est√°n sus m√ļltiples huellas tanto en la defensa de las temporeras en Copiap√≥, trabajo que ha hecho por m√°s de 20 a√Īos, como en la b√ļsqueda de detenidos desaparecidos durante la dictadura, tarea que la llev√≥ a convertirse en una estrecha colaboradora del obispo Fernando Arizt√≠a de Copiap√≥, uno de los pilares de la defensa de los derechos humanos en Chile.

Como miles de mujeres chilenas, Mar√≠a fue una modesta due√Īa de casa. Su misi√≥n: mantener funcionando con lo que fuera la olla y el techo que daba cobijo a sus siete hijos y a su marido. Hasta que la noche del A√Īo Nuevo de 1974 su vida dio un giro brutal y sorpresivo. Ese d√≠a Mar√≠a cambi√≥ de piel y a los 23 a√Īos comenz√≥ a escribir otra historia.

Una que la empujar√≠a a ser protagonista an√≥nima del submundo de los perseguidos y la conducir√≠a hasta los parronales para ganar el sustento de los suyos…

En sus palabras

Hasta 1974 yo era una due√Īa de casa muy apegada a la Iglesia Cat√≥lica. Una mujer muy humilde y t√≠mida porque fui criada por mi abuela en Ovalle. Mi mam√° trabajaba y mi pap√° atend√≠a el Club √Ārabe y el Club Social, y como ten√≠an siete hijos, casi nunca estuve con mi mam√°. A los 15 a√Īos ellos se separaron y me mandaron a estudiar a Copiap√≥, pero despu√©s mi mam√° me mand√≥ a buscar para que la ayudara con mis hermanos.

Primero me mand√≥ a trabajar a las tiendas, y despu√©s fui secretaria de don Ra√ļl Salamanca, abogado de Ovalle. Don Ra√ļl me ense√Ī√≥ mucho. Pero yo no fui feliz en mi juventud‚Ķ La separaci√≥n con mi madre, y los golpes, muchos golpes de mi mam√°‚Ķ Yo era la regalona de mi pap√° y por eso mismo creo que mi mam√° me ten√≠a celos. Y me duele decirlo porque ella est√° en este momento muy grave en la Unidad de Cuidados Intensivos en el Hospital de Copiap√≥. Y yo estoy sufriendo por ella.

Si he de ser sincera, debo decir que nunca tuve lo que se llama una mam√°. Entonces, cuando me cas√©, me aferr√© mucho a mis hijos. El primer a√Īo de casada fue malo, mi marido me golpeaba. Yo nunca fui coqueta, pero los hombres me miraban‚ĶUn d√≠a mi pap√° se enter√≥ de lo que me pasaba y me dijo que yo no ten√≠a que dejarme golpear m√°s porque lo ten√≠a a √©l. Y por un tiempo se acabaron los golpes. Sufr√≠ mucho, pero ten√≠a a mi pap√° que me ayudaba incluso con dinero.

Hasta que en 1985 mi pap√° se enferm√≥ y con siete ni√Īos tuve que empezar a trabajar. Cuando a √©l le dio un infarto, ya no tuve m√°s ayuda y me fui a los parronales. No sab√≠a que me quedar√≠a en los parronales por 20 a√Īos.

La desaparición de Eloísa

Mi vida cambi√≥ para el A√Īo Nuevo de 1974. Ese d√≠a desapareci√≥ mi √ļnica hermana: Elo√≠sa Cartagena. Desapareci√≥ junto a su marido. En Ovalle todos dec√≠an que la hab√≠an matado los carabineros. Fue terrible para m√≠, porque √©ramos muy unidas. Desde entonces, todos los a√Īos nuevos para m√≠ son diez minutos de dolor. Me puse a buscarla y fue as√≠ como me relacion√© m√°s con la Iglesia Cat√≥lica y el obispo Fernando Arizt√≠a.

Me incorpor√© a la Agrupaci√≥n de Familiares de Detenidos Desaparecidos y ah√≠ me hice una mujer fuerte. Trabajar en los parronales me hizo m√°s fuerte a√ļn.

Ayudaba a sacar gente que era perseguida, me atrev√≠ a ir a las minas a darles comida y muchas otras cosas que me ped√≠a el obispo. √Čramos pocos, casi todos abogados. Y con mis siete hijos yo despertaba pocas sospechas. F√≠jese que esta es la primera vez que hablo de lo que hice en esos a√Īos. Ni mi familia ni siquiera mi marido supieron que yo llevaba gente perseguida a la casa y los presentaba como parientes lejanos. Y como mi marido pasaba en la calle, no se daba cuenta de las visitas. S√≥lo cuando fui a los cerros a darle comida a una persona que estaba all√≠ escondida dijeron en la poblaci√≥n que yo ten√≠a un amante.

Le llevaba comida al ex alcalde Celindo González, que está vivo todavía. Me dijeron que era él, pero se disfrazaba y al final nunca supe si de verdad lo alimenté a él. Por ese comentario mi marido me empezó a pegar más y más. Y ni siquiera por eso hablé…

Las versiones que se conocieron en Punitaqui y Ovalle dec√≠an que a mi hermana la hab√≠an matado los carabineros. Y hasta algunos contaron que hab√≠an visto c√≥mo la sacaron en un cami√≥n tolva. Pero mi hermana nunca fue pol√≠tica. Ninguno de mi familia se met√≠a en pol√≠tica. Sab√≠a de un abuelo que fue revolucionario, pero nadie m√°s. Un d√≠a de 1989, un jefe que ten√≠a en la Unifruti, don Jaime Rodr√≠guez, me pill√≥ llorando. Le cont√© lo que me pasaba, que no encontrar a mi hermana era como una culpa, que yo la sent√≠a cerca y so√Īaba con ella.

‚ÄďTrabaje en la cosecha y la va a encontrar ‚Äďme dijo.

Y entend√≠ lo que quer√≠a decir. Junt√© $ 850.000 pesos en esa cosecha, trabajando desde la siete de la ma√Īana hasta las siete de la ma√Īana del otro d√≠a, dorm√≠a una hora y segu√≠a trabajando. Fue un momento muy especial, juntaba plata para mi hermana y al mismo tiempo eran las grandes manifestaciones por la recuperaci√≥n de la democracia y yo participaba de todo eso. El abogado que me ayud√≥ fue don Eduardo Morales. Junto a Viviana Poblete y Leonor Cifuentes encabezaban esa gran batalla en mi regi√≥n. Aprend√≠ mucho en ese tiempo.

En enero de 1990 pas√≥ algo distinto: algo me molestaba, como que por cualquier parte mi hermana me hac√≠a sentir su presencia y me recordaba que la buscara. En febrero fue peor, sent√≠ que me estaba volviendo loca. Lloraba sola en el parronal, lo √ļnico que le ped√≠a era que me diera una peque√Īa pista para encontrarla. Hasta fui a hablar con una vidente. Le llev√© dos fotos, porque nosotras √©ramos id√©nticas.

Y la vidente me dijo: ‚ÄúElla se llama Elo√≠sa, est√° muerta y est√° en Ovalle. No te puedo decir m√°s‚ÄĚ. Bueno, ese febrero de 1990, trabaj√© en las √ļltimas cosechas con mucho dolor de espalda. Y un d√≠a, al llegar de las parras a mi casa, mi marido me dijo:

‚ÄďMar√≠a, no sab√≠s na qui√©n est√° donde tu mam√°: el ‚ÄúChato‚ÄĚ, el hijo de tu hermana.

Yo no lo ve√≠a desde que el ni√Īo ten√≠a 2 a√Īos, cuando desapareci√≥ mi hermana, porque a √©l lo dejaron con la mam√° de mi cu√Īado, que tambi√©n desapareci√≥. ¬ŅY sabe qu√© me pas√≥? Se me quitaron todos los dolores y me fui corriendo a la casa de mi mam√°. Ah√≠ estaba el ‚ÄúChato‚ÄĚ, ya ten√≠a 20 a√Īos. Y le digo:

‚ÄďChatito, ¬Ņd√≥nde est√° tu pap√°?
‚ÄďEn San Juli√°n ‚Äďme dice.

Yo no s√© por qu√© le pregunt√© eso al ni√Īo. ¬°Se lo jur√≥! Si yo iba a ver al hijo de mi hermana que no hab√≠a visto desde que ella desapareci√≥. Fue ah√≠ que vi claritas muchas dudas en mi familia‚Ķ Dudas que me dejaron marcada‚Ķ (su voz se quiebra)

Decid√≠ ir a Investigaciones. Yo hab√≠a estado en contra de esos polic√≠as y tambi√©n de Carabineros, les hac√≠a protestas con velas, apoyaba a los ni√Īos cuando protestaban y se tomaban la universidad, di la cara y me pegaron‚Ķ ¬°Cu√°ntas veces lo hicieron carabineros y ‚Äúratis‚ÄĚ conmigo! Pero esa vez fui a hablarles‚Ķ Y tambi√©n les llor√©.

Llevaba en un sobre toda mi platita que había ganado en la cosecha, los $850 mil pesos. Y les dije que esa plata era de ellos si me ayudaban a encontrar a mi hermana. Les dije que había aparecido el hijo de ella, les pedí que lo tomaran detenido junto a uno de mis hermanos, que ambos tenían que saber algo. Les dije que tenía una duda terrible… Y ellos me escucharon y me dijeron:

‚Äď¬ŅC√≥mo lo hacemos?

‚ÄďLes cuento mi plan ‚Äďles respond√≠‚Äď, lo he so√Īado toda una noche. Miren, el lunes detengan a mi hermano y al ‚ÄúChato‚ÄĚ. Yo s√© que en diez minutos les van a decir d√≥nde est√° el marido de mi hermana. Porque desaparecieron juntos, mi hermana con su marido, y si ahora aparece √©l solo, tiene que saber d√≥nde est√° mi hermana.

Pero los policías me dijeron que no podían hacer lo que les pedía. Y como vieron que estaba tan desesperada, me preguntaron:

‚Äď¬ŅCu√°ndo desapareci√≥ su hermana?

‚ÄďHace 15 a√Īos, en Ovalle ‚Äďles dije.

‚ÄďMar√≠a, anda donde tu mam√°, que ella abra un juicio en Ovalle ‚Äďy me dijeron paso a paso lo que ten√≠a que hacer.

Así fue como me comuniqué con don Carlos Stuardo, un policía de Ovalle. Ese día me voy donde mi mamá y le digo:

‚Äď¬ŅLe gustar√≠a encontrar a su hija?

‚ÄďClaro, es lo que m√°s deseo ‚Äďme respondi√≥.

‚ÄďPero, ¬Ņcaiga quien caiga? ‚Äďle digo.

‚ÄďAh, no, pos ‚Äďla escucho.

¡No me quiso ayudar! Yo ya no podía parar. Me fui donde uno de mis hermanos:

‚ÄďChico, mi mam√° no me quiere ayudar, ¬Ņt√ļ quieres encontrar a la Elo?

Y mi hermano partió a convencer a mi mamá.

‚ÄďNo tengo plata para ir a Ovalle y tampoco para abrir el juicio ‚Äďdijo ella.

‚ÄďAqu√≠ hay plata ‚Äďle supliqu√©‚Äď. Usted solamente reabra el proceso que yo doy la cara por toda la familia, pero busqu√©mosla.

El domingo mi mam√° se va a Ovalle. A la ma√Īana siguiente abri√≥ el juicio y ese mismo lunes, a las 12 del d√≠a, detuvieron a Guillermo Villar, el marido de mi hermana. A las seis de la tarde ya hab√≠a confesado que fue √©l mismo quien mat√≥ a mi hermana. La estrangul√≥‚Ķ Y √©l mismo la enterr√≥.

Su marido la enterró frente a Lagunillas. Estaba enterrada sola, con pura arena y piedras, en un basural junto a muchos animales muertos… Estaba embarazada de cuatro meses.

Despu√©s, se la llevaron a Santiago. Y mire como son las cosas, a mi hermana la encontramos el primero de marzo y el dos de marzo aparecieron los desaparecidos de Pisagua. As√≠ que mi hermana ten√≠a en la patita el n√ļmero 62. Y me la entregaron en junio para que yo la enterrara. Yo le compr√© el cajoncito‚Ķ No quise que nadie la viera, porque teniendo tanta familia en Ovalle nadie la hab√≠a buscado. Y era mi √ļnica hermana‚Ķ Siempre tuve la duda de si estaba metida en pol√≠tica. Y no lo estaba. Apareci√≥ en la lista de los detenidos desaparecidos, pero no era una desaparecida.

Lo peor fue que encontrarla me signific√≥ el desprecio de la familia, porque tomaron preso a mi cu√Īado. Cuando apareci√≥ Guillermo, el marido de mi hermana, les cont√≥ a ellos la historia de que mi hermana iba arrancando por la Cordillera y se hab√≠a reventado en sangre. Les pidi√≥ que a m√≠ no me dijeran nada, que despu√©s √©l mismo me contar√≠a. Estuvo poco tiempo preso: solo ocho meses‚Ķ

Un día decidí ir a verlo a la cárcel. Me atreví porque con todo lo que había aprendido de los palos de la dictadura, ya no era la misma mujer que cuando mi hermana desapareció. Me enfrenté con él y no fue capaz de decirme por qué lo hizo. Después, los mismos presos políticos del penal donde estaba lo acuchillaron. Y ya no pude ir más.

S√© que ahora est√° inv√°lido. Desapareci√≥ junto con mi hermana y apareci√≥ 15 a√Īos m√°s tarde porque conoc√≠a como funciona la ley de prescripci√≥n. Lo peor es que varios en la familia sab√≠an donde estaba. Hasta mi mam√°‚Ķ

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foto
* Periodista. Del Centro de investigación e información periodística, en cuyo portal se publicó la entrevista en diciembre de 2007.

http://ciperchile.cl.
contacto@ciperchile.cl.

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