En el pequeño Parlamento, sin apenas protocolo ni jefes de Estado, tomó posesión el conservador Nasry Tito Asfura como presidente de Honduras hasta 2030, aupado por el presidenta estadounidense Donald Trump y el exmandatario Juan Orlando Hernández, indultado por Trump un día después del triunfo de Asfura, ya que fue sentenciado a 35 años de prisión en EEUU por tráfico de 30 toneladas de drogas.
Triste ceremonia: apenas duró una hora, en la sede parlamentaria de Honduras -a diferencia de sus antecesores que asumían el poder en un gran estadio de fútbol en actos excesivamente adornados y largos-, con la comunidad internacional representada por el cuerpo diplomático. A la toma de posesión no asistieron mandatarios de otros países, como es tradición.
Asfura accedió al hemiciclo sin pasar por el pasillo de honor –donde estaba la prensa y desfilaban los invitados- vestido con un sencillo traje azul oscuro y de la mano de su esposa, Lissette Del Cid. Saludó a los pocos presentes en el evento y al nuevo presidente del Parlamento. Su discurso fue también escueto y directo, acorde con el evento. Asfura abordó en 12 minutos la reducción estatal, la seguridad, la salud y la economía, algunos de los principales retos de su Administración, aunque también hizo guiños a la «paz».

Durante toda la investidura, Asfura se persignó en constantes ocasiones, sin apenas separarse se su esposa, la ahora primera dama. Inclusive, los últimos minutos de los 12 que duraron sus palabras decidió narrar una oración católica.
«Honduras no te voy a fallar, vamos a estar bien. Dios los bendiga a ustedes a sus familias, Dios bendiga a Honduras», dijo Asfura ante un sencillo atril transparente. No hizo menciones a la comunidad internacional, ni siquiera a Estados Unidos -con el apoyo apresurado que le dio antes de las elecciones-, tampoco a su mentor, el expresidente J.O. Hernández.
Aprovechó su primer discurso como mandatario del país para agradecer a los tres miembros del Consejo Nacional Electoral (CNE) por la decisión que tomaron de declararlo ganador de las elecciones del 30 de noviembre, en medio de críticas y cuestionamientos al proceso electoral y, sobre todo, al recuento de votos. También al jefe del Estado de Mayor Conjunto y a la junta de comandantes por garantizar el traspaso de mando.
Y su primer acto como presidente fue firmar un decreto para poner en venta el avión presidencial, adquirido durante la Administración de Juan Orlando Hernández y que no utilizó la presidenta saliente, la izquierdista Xiomara Castro.

Asfura tomó juramento a los primeros funcionarios que integrarán su gobierno: Mireya Agüero de Corrales juró como secretaria de Estado en el Despacho de Relaciones Exteriores y Cooperación Internacional, para fortalecer “la diplomacia y la proyección internacional de Honduras”, y Emilio Hernández Hércules como secretario de Estado en el Despacho de Finanzas, “con la misión de administrar los recursos públicos con transparencia, eficiencia y responsabilidad”.
Al despedirse, la presidenta Xiomara Castro, la primera mujer en llegar a ser presidenta del país en 2022, con el 51,22% de los votos (frente a 36,93% de Asfura), señaló: “Gracias, pueblo hondureño, por tu respaldo inquebrantable al proyecto de la Refundación Nacional y por resistir junto a mí estos cuatro años de lucha por la soberanía, la independencia, la justicia social en Honduras”.

Llegó al poder sin el respaldo del gobierno saliente, liderado por Xiomara Castro del izquierdista Partido Libre, que denunció fraude electoral, lo que elevó el ambiente hostil durante semanas.
*Periodista venezolana, analista de temas de Centroamérica y el Caribe, asociada al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)
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