Trump: Arancel de 10% al que se oponga que se apodere de Groenlandia

Protestas en Europa contra el renovado imperialismo de EEUU

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció un nuevo paquete de aranceles de importación de 10 por ciento a partir de febrero sobre productos de las ocho naciones europeas (Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Finlandia) que participan en los ejercicios militares que se desarrollan en Groenlandia, y amenazó con elevar la tasa a 25 por ciento el 1 de junio si no se llega a un acuerdo para “la compra total y completa” del territorio ártico.

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Una multitud se congrega en el exterior de la embajada de Estados Unidos en Copenhague, para oponerse a las ambiciones de Washington

“Estados Unidos está abierto inmediatamente a negociar con Dinamarca y/o cualquiera de estos países que han puesto tanto en riesgo, a pesar de todo lo que hemos hecho por ellos”, escribió el mandatario en su plataforma Truth Social.

En un comunicado, los legisladores estadunidenses Jeanne Shaheen y Thom Tillis, copresidentes del grupo de observadores de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en el Senado, afirmaron que “seguir por este camino es malo para Estados Unidos, malo para las empresas estadunidenses y malo para los aliados de Estados Unidos”.

Las naciones europeas no deberían sorprenderse de que el republicano trate a un país y sus habitantes como si fuesen un lote baldío. Después de todo, así es como gran parte de Europa ha tratado a América, África, Asia y Oceanía desde el siglo XVI; los estadunidenses a todo el continente americano (más Hawai y Filipinas) desde el momento de su independencia, y los israelíes a Palestina a partir de 1948. Lo novedoso, entonces, es que Washington ejerza sobre sus incondicionales aliados occidentales una violencia que los integrantes de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) hasta ahora habían reservado para la extinta Unión Soviética y el resto del Sur Global.

Ya había ofrecido un ejemplo tan grotesco como elocuente de esta insolencia al dirigirse a senadores de su partido la semana pasada, cuando dedicó seis minutos de su discurso a mofarse de su homólogo Emmanuel Macron. Imitando lo que cree es el acento francés, Trump relató la manera en que, según su versión, humilló a Macron y lo obligó a elevar el precio de los medicamentos a cambio de abstenerse de elevar los aranceles sobre todos los productos francesesTrump amenaza a Europa con más aranceles, furioso porque se opone a la compra de Groenlandia

Obviamente, no es la primera vez que el magnate se ufana de haber forzado a sus iguales a hacer lo que le da la gana, pero su caracterización de la plática y el tono suplicante que le adjudicó a un personaje que ha hecho todo lo que está en sus manos para mantener buenos términos con él muestra la arrogancia creciente de quien ha traspuesto todos los límites de la ley y la diplomacia sin padecer consecuencias.

“No nos dejaremos intimidar”: Macron

Emmanuel Macron, presidente de Francia, indicó que “no nos dejaremos intimidar” y tachó de “inaceptables” las amenazas arancelarias del magnate, tras añadir que “los europeos responderán de forma unida y coordinada. Haremos que se respete la soberanía europea”.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, expusieron en redes sociales, en mensajes separados pero similares, que la Unión Europea es “plenamente solidaria” con Dinamarca y Groenlandia.

Miles de manifestantes con banderas de Groenlandia y Dinamarca protestaron en Nuuk

“Los aranceles socavarían las relaciones transatlánticas y supondrían el riesgo de una peligrosa espiral descendente. Europa permanecerá unida, coordinada y comprometida con la defensa de su soberanía”, agregaron.

El primer ministro británico, Keir Starmer, calificó la decisión de Trump como “completamente errónea”, y aseguró que “por supuesto, abordaremos este asunto directamente con la administración estadunidense”.

No queda claro cuál será el impacto de la medida, ya que algunos de los países sancionados podrían evadir dicho impuesto si redirigen sus exportaciones a través de otra nación de la Unión Europea, desde donde los productos podrían ser enviados a Estados Unidos por medio de los mecanismos comerciales internos del bloque.

Sin dudas, el nuevo orden mundial basado en la fuerza que propone Trump, provocado por el declive de la influencia de EEUU, obliga a la UE y sus Estados miembros a replantear su papel en el mundo. ¿Cómo puede Europa sobreponerse al ansia de Trump, qué herramientas tiene para plantarle cara, qué riesgos puede correr y qué papel va a ocupar en este nuevo orden mundial que si nada lo impide se fundamentará en la fuerza? Al menos, es lo que Trump ha demostrado que quiere.

Marga Ferré, presidenta de Transform! Europe señala que  «Se está produciendo un triunfo de la narrativa antirracionalista: Ya no nos preguntamos por qué ocurren las cosas, sino solo cómo podemos adaptarnos a ellas y eso me parece totalmente reaccionario». Sin duda es  importante entender por qué Trump ha escogido la vía de la expansión unilateral, la fuerza y las amenazas en su política internacional .

«El imperialismo de EEUU es una reacción a un mundo que ya no dominan», explica Ruth Ferrero-Turrión, profesora de Ciencia Política y Estudios Europeos en la Universidad Complutense de Madrid: «Es una potencia en claro declive». Y añade un lateral más al tablero: «Lo que necesita es impedir verse superado por China». «La clave es entender que los países BRICS, entre los que está China, pero también otros como Brasil o India, llevan un lustro creciendo seis veces más que los del G7», añade Ferré.

La estrategia de Trump en la arena internacional -sostiene-  «no va tanto de territorios» como de generar monopolios de empresas estadounidenses para volver a abarcar un mercado que han dejado de controlar, en especial en el sector de la tecnología. EEUU quiere que Europa compre sólo su tecnología y ni siquiera sea capaz de desarrollar su propia inteligencia artificial, añade Ferrero. Además, no es trivial la gran reserva de petróleo, gas y de las codiciadas tierras raras que posee Groenlandia.

Esta semana, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, realizó una visita de Estado de tres días a China en la cual pactó con Xi Jinping “un acuerdo comercial preliminar pero histórico para eliminar barreras comerciales y reducir aranceles”. En el marco de la “nueva asociación estratégica” entre Ottawa y Pekín, el país norteamericano redujo de 100 a 6 por ciento las tarifas de importación para hasta 49 mil vehículos eléctricos fabricados en la potencia asiática, mientras ésta bajó de 84 a 15 por ciento el arancel a las semillas de canola y productos derivados.

Más allá de la apertura limitada a los autos chinos de nuevas energías, la medida contiene un enorme simbolismo en tanto la virtual prohibición a los mismos fue tomada para alinear la política comercial canadiense con la de su mayor socio y, hasta hace un año, mejor amigo. También fue muy significativo que Carney remarcara el carácter pragmático de la asociación al señalar sus diferencias ideológicas con Pekín, para a continuación añadir que “tomamos el mundo como es, no como nos gustaría que sea” y que la relación con China se ha vuelto más predecible y efectiva que la existente con Estados Unidos.

Trum aplica la viejna teoría expansionista estadounidense -desde James Monroe- de controlar y  aprovecharse  por la fuerza de los recursos que tengo a su alcance sin importar lea quién se lleve por delante

Multitudinarias protestas contra los deseos de TrumpKönigreich Dänemark - Demonstrationen auf Grönland gegen US-Präsident Trump

Miles de manifestantes con banderas de Groenlandia y Dinamarca formaron una marea roja y blanca en Copenhague y Nuuk, para protestar contra las ambiciones territoriales de la Casa Blanca por apoderarse de la isla.

Bajo un cielo gris, los asistentes exhibieron pancartas con lemas como “Estados Unidos ya tiene suficiente hielo” o “Make America Go Away” (Haz que Estados Unidos se Vaya), parafraseando el eslogan de Trump “Haz a Estados Unidos Grande Otra Vez”.

En la manifestación participó el primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, quien tomó un megáfono para dirigirse a los asistentes. “Nosotros decidimos nuestro futuro”, subrayó en momentos en que estaba arropado por banderas groenlandesas. Los voceros de los organizadores y de la policía declinaron facilitar una estimación de la multitud.

Las movilizaciones no se limitaron a la capital. En la ciudad de Aarhus, las intervenciones desde la tribuna seguían en marcha, y uno de los oradores fue el alcalde de la ciudad, Anders Winnerskjold, quien sostuvo que “Groenlandia y la Comunidad del Reino están bajo una presión masiva”, de acuerdo con RT.

“Queremos enviar una señal de que Groenlandia no está sola. Estamos junto al pueblo groenlandés y hoy son muchos los que lo respaldan”, afirmó el funcionario.

*Periodista chilena residenciada en Europa, analista asociada al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, estrategia.la)

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