«¡Necesitamos Groenlandia! Es muy estratégica en estos momentos. (…) Está rodeada de barcos rusos y chinos por todas partes». Donald Trump lleva meses, incluso años, tanteando con la cláusula de defensa mutua de la OTAN. El magnate sueña con anexionar la isla más grande del mundo y no descarta utilizar la vía militar para saciar sus ansias imperialistas. «Vamos a hacer algo, por las buenas o por las malas».
La excusa vuelve a ser la de la «seguridad nacional», una excusa «peregrina» y «falaz», según los ocho expertos en geopolítica y relaciones internacionales consultados por este diario. ¿Cómo afectaría un movimiento de estas dimensiones a la OTAN? Trump ya reconoce que «podría ser un dilema» tener que elegir entre la colonización del Ártico y la Alianza del Atlántico Norte.

Mientras, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha afirmado este viernes que podría imponer aranceles a los países que no apoyen su plan para controlar Groenlandia, bajo el argumento de que la isla es central para los intereses de EU. «Puede que imponga un arancel a los países si no secundan lo de Groenlandia, porque necesitamos a Groenlandia para la seguridad nacional», señaló Trump en un evento sobre salud en la Casa Blanca.
Desde su regreso a la presidencia en enero de 2025, Trump ha usado los aranceles como herramienta política contra sus socios comerciales, llegando a elevar hasta en un 50% las tasas sobre las importaciones de Brasil y la India, como represalia por la condena por golpe de Estado contra el expresidente Jair Bolsonaro o la compra de petróleo ruso, respectivamente.
Las amenazas del republicano se producen después de que Dinamarca anunciara un incremento inmediato de su presencia militar en la isla y la realización de maniobras, de cara a rebajar las inquietudes de Washington en torno a la seguridad de esa nación insular y la región ártica.
Por su parte, Francia, Alemania, Reino Unido, Suecia, Noruega, Finlandia y Países Bajos se han sumado a la iniciativa y también han enviado o enviarán tropas a Groenlandia. Aun así, la Casa Blanca aseguró este jueves que estos movimientos no afectan al objetivo de Trump de controlar la isla.

Groenlandia es un territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca, como lo son las Islas Feroe. El Gobierno de la isla controla sus propios recursos naturales y la administración de justicia. La política exterior la gestiona, sin embargo, Copenhague. Y no de la manera en que lo haría Trump. «Dinamarca aumentó la seguridad de Groenlandia, enviaron un trineo de perros más», bromeó recientemente el líder de la Casa Blanca. «El hecho de que desembarcaran allí hace 500 años no significa que sean dueños de esa tierra», reiteró este mismo viernes.
Las mofas del magnate enfadaron a la primera ministra danesa, Mette Frederiksen. «Si Estados Unidos decide atacar militarmente a otro país de la OTAN, entonces todo se detiene, también la OTAN», denunció la mandataria el pasado martes. Las autoridades groenlandesas se han pronunciado en los mismos términos: «Basta de presiones, insinuaciones y fantasías sobre la anexión». ¿Qué planes tiene el trumpismo para Groenlandia? ¿Cómo reciben estas amenazas los países europeos? ¿Y qué pasa con la OTAN?
El diario español ‘publico.es’ ha hablado con ocho académicos, profesores e investigadores de distintos países europeos que descartan una ruptura «instantánea» de la alianza transatlántica, del mismo modo que consideran poco probable una «guerra» por la isla más grande del mundo.
«Trump es un magnate inmobiliario, nada hace pensar que sus intereses personales en la isla coincidan con los de EU. Este argumento empieza a moverse entre algunos senadores de su partido», dice Steven Blockmans, investigador principal del Centro de Estudios Políticos Europeos de Bruselas.
«Washington podría desvincularse de la OTAN, pero no lo hace porque la utiliza para amenazar a Europa», añade el catedrático José Antonio Sanahuja, que destaca que «muchos países estarían dispuestos a casi cualquier cosa» antes de que los estadounidenses «abandonaran Europa» en pleno conflicto con Rusia.
La Casa Blanca y sus injerencias en Groenlandia
Trump defiende que necesita la isla por motivos de «seguridad nacional». La postura parece firme, inamovible. Los fines expansionistas vienen expresamente recogidos en su plan de seguridad nacional. «Estados Unidos está reclamando parte del territorio de uno de sus aliados. Trump ha llegado tan lejos con sus amenazas que es poco probable que se detenga sin obtener nada a cambio», arranca Hanna Ojanen, experta en seguridad europea y profesora de relaciones internacionales en la Universidad de Tampere (Finlandia).
El magnate aseguró que «no le importan las restricciones impuestas por el derecho internacional» y considera que la isla está en su «esfera de influencia». Mira fundamentalmente «la cantidad significativa de elementos críticos de la tierra que posee», señala Harri Mikkola, investigador especializado en política exterior y seguridad de la región ártica en el Instituto Finlandés de Asuntos Internacionales (FIIA). Esto impregna todos sus movimientos de una incertidumbre cuando menos «peligrosa».
Estados Unidos puede promover en un plazo relativamente corto un referéndum en Groenlandia
La posición actual consiste en presionar a todos los actores implicados para «ganar influencia» en la «mesa de negociaciones», pero las fuentes que han hablado con publico.es no tienen claro que la idea de anexionar Groenlandia guste realmente a los estadounidenses, ni siquiera a todos los votantes republicanos. «Trump es un magnate inmobiliario, nada hace pensar que sus intereses personales en la isla coincidan con los de EU. Esta línea argumental empieza a moverse entre algunos senadores influyentes de su propio partido. Groenlandia no tiene sentido estratégico para Washington», continúa Steven Blockmans, investigador principal del Centro de Estudios Políticos Europeos (CEPS) de Bruselas.

Esta eventual «negociación» también genera dudas en el plano académico, toda vez que hablamos de un país intentando incidir en el rumbo político de otro –ambos, miembros de la misma organización–. Los expertos apuntan aquí a un posible referéndum de autodeterminación, que sería el segundo en menos de veinte años para los habitantes de Groenlandia. «Estados Unidos puede promover en un plazo relativamente corto ese referéndum e incidir con ofertas económicas, desinformación y otros instrumentos para conseguir un resultado favorable a la independencia. Lo haría para establecer una nueva relación con la isla preservando su soberanía, pero manteniéndola en una posición subordinada, sobre todo en materia de defensa y recursos naturales», señala José Antonio Sanahuja.
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