El presidente estadunidense, Donald Trump, aseveró que el gobierno interino de Venezuela entregará entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo de alta calidad a Estados Unidos y que los ingresos serán “controlados” por él. En su plataforma Truth Social señaló que “Este petróleo se venderá a su precio de mercado y ese dinero será controlado por mí, como presidente de Estados Unidos…, para garantizar que se use en beneficio del pueblo de Venezuela y de Estados Unidos”.
El acuerdo impuesto a Caracas implica exportar crudo venezolano por un valor de hasta dos mil millones de dólares a Estados Unidos. Esta negociación se espera desvíe los suministros de China y ayude a la empresa estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) a evitar recortes de producción más profundos.
Según Financial Times, las empresas energéticas europeas Eni y Repsol están teniendo dificultades para recuperar unos seis mil millones de dólares en pagos de gas de Venezuela y se enfrentan a la indiferencia de las autoridades estadunidenses sobre la deuda. La italiana Eni produce gas en el yacimiento marítimo de Perla, en Venezuela, una empresa conjunta en partes iguales con Repsol y operada por la compañía local Cardón IV.
Haciendo un control de daños, el Pentágono se anotó un rotundo éxito operativo, que por otro lado tan sólo demuestra lo que todo el mundo en el hemisferio sabía ya en relación a la abrumadora superioridad tecnológico-militar que ostenta, pero ni descabezó por completo a la conducción política, ni logró fracturar la unidad del mando militar, ni pudo operar un cambio de régimen, ni ostenta control alguno sobre los territorios y los recursos estratégicos de Venezuela, sobre todo energéticos y minerales.
La ex vicepresidenta Delcy Rodríguez asumió sin sobresaltos como presidenta encargada y fue ratificada en su cargo por todos los poderes del Estado y por todos los sectores de la conducción bolivariana, incluyendo al Ministro de Relaciones Interiores Diosdado Cabello y al Ministro de Defensa Vladimir Padrino López. Aunque muchos tiendan a confundir las declaraciones altisonantes de Trump con la realidad, basta echar una mirada rápida al panorama venezolano para desmentir la idea de que “Trump está ahora a cargo de Venezuela”.

«Ni desde el punto de vista político, ni militar, ni moral, Estados Unidos obtuvo victoria alguna. En todo caso, una victoria militar pírrica y una profunda derrota moral». La frase pertenece al entonces presidente cubano Fidel Castro, en ocasión de la despedida de los mártires cubanos caídos en 1983 defendiendo la isla de Granada, como el 3 de enero de 2026 otros 32 cubanos fueron abatidos defendiendo la soberanía de Venezuela y a su jefe de Estado.
Lejos de aumentar el prestigio de Trump de cara a la opinión pública, el bombardeo de Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro han generado en los estadounidenses sentimientos que van desde un entusiasmo destemplado hasta una consistente oposición a nuevas aventuras militares.

La decisión de Washington de acceder al petróleo venezolano se produce después del secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores el 3 de enero durante un ataque ilegal a Caracas y sus alrededores que ha dejado más de cincuenta muertos.
El verdadero crimen de Venezuela no son las drogas ni la «falta de democracia». Es estar construyendo un sistema económico completamente independiente del dólar estadounidense. El sábado el humo se está alzando desde Caracas. Y no es el humo de las refinerías petroleras, es el humo de las bombas estadounidenses que acaban de cambiar para siempre el equilibrio geopolítico del planeta. Estamos presenciando el momento más crítico desde el fin de la guerra fría, señaló el analista internacional brasileño Pepe Escobar.
Trump habla claro, y, tras secuestrar al presidente de Venezuela y asesinar a casi un centenar de personas, repite insistentemente que lo que quiere es el petróleo y dirigir el país desde Washington mientras muchos de quienes lo rodean insisten en el relato de la supuesta liberación para justificar esta agresión, e incluso hay quien pide que vaya a más, que bombardee más veces Venezuela y que las bombas y las intervenciones se extiendan por todo el cono sur donde no gobiernen sus vasallos.

Hay una clara señal de que el gobierno venezolano está respondiendo a la exigencia de Trump de abrirse a las compañías petroleras estadounidenses bajo la amenaza de arriesgarse a una mayor intervención militar.
Pero la agresión de Trump no ha calado hondo entre sus compatriotas. La mayoría de los estadounidenses querían que su gobierno se enfocara en 2026 en asuntos internos, como la atención médica y los altos costos, en lugar de en temas de política exterior, según una encuesta de AP-NORC. Los sondeos realizados inmediatamente después de la agresión militar que capturó al presidente venezolano Nicolás Maduro sugieren que más de la mitad de los estadounidenses no están convencidos de que su gobierno deba intervenir para tomar el control del país.
Reuters/Ipsos realizó una encuesta para analizar el panorama. Un tercio de estadounidenses apoya el ataque contra Venezuela, pero al 72% le preocupa que EU se involucre demasiado en el país sudamericano. El 65% de los republicanos respalda la operación militar ordenada por Trump, en comparación con el 11% de los demócratas y el 23% de los independientes.

Casi la mitad de los estadounidenses, el 45%, se opusieron a que Estados Unidos tomara el control de Venezuela e impusiera un nuevo gobierno para el país.
Sigue sin estar claro cómo EU pretende cumplir su promesa de gobernar Venezuela. El domingo, pareció indicar que Washington controlaría Venezuela intimidando a sus líderes en lugar de gobernar el país. “Si no se portan bien, daremos un segundo golpe», amenazó.
Podría ser una posición complicada para un presidente que se postuló con la promesa de poner “Estados Unidos Primero” y terminar con la participación del país en “guerras eternas”.
El proceso judicial contra Maduro en EU ingresó en una etapa de pausa procesal luego de la primera audiencia celebrada en Nueva York, en la que tanto él como su esposa, Cilia Flores, se declararon inocentes de todos los cargos, que le imputa la administración de Donald Trump tras su captura en Venezuela. Tras esa comparecencia inicial, la causa quedó suspendida hasta marzo, cuando se retomará el trámite judicial.
La operación en Venezuela se produjo después de que la administración Trump señalara que tenía la intención de centrarse principalmente en la economía interna, una preocupación importante para los votantes de cara a las elecciones de mitad de período de este año que determinarán el control del Congreso durante los últimos dos años del mandato de Trump.
Trump explicita su propósito de robar el petróleo e instaurar un dominio colonial, porque los pretextos del narcotráfico y de un régimen tiránico son insostenibles, señala el economista argentino Claudio Katz, quien agrega que el mandatario estadounidense recurre a un acto de terrorismo para lidiar con el deterioro interno y los fracasos en el exterior.
Ninguneada
La opositora venezolana María Corina Machado, galardonada con el Premio Nobel de la Paz de 2025, dejó caer este lunes en una entrevista con Fox News que quería «compartir» el premio con Donald Trump, días después de que el presidente de los EU ordenase una agresión contra Venezuela y rechazase que la opositora liderase la transición porque «no tiene el apoyo o el respeto (necesario) dentro del país». El Instituto Nobel -encargado de entregar los premios- confirmó que sus galardones «no pueden ser revocados ni transferidos a otros».
La promocionada desestabilizadora electoral y política admitió que no habla con el presidente estadounidense desde octubre. The Washington Post señaló que Machado ha perdido el apoyo de Trump tras haber aceptado el Nobel, un premio muy codiciado por el presidente de los EU. Trump no admite egos mayores al de él.

Barrios Torres, ex jefe del Estado Mayor del Ejército venezolano, explicó que se trató de un asalto, “mejor dicho, una loquetera, aplicando la teoría de tierra arrasada”. Añadió que esa acción estadounidense está fuera de las denominadas leyes de la guerra.
“Toda invasión a la fuerza es un acto de guerra y naturalmente todo lo que ocurra como consecuencia de esa invasión, son actos de guerra. De modo que el asesinato de esos 32 soldados cubanos es un crimen de guerra”, afirmó Angulo Fontiveros, quien fue presidente de la Sala Penal del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ).
* Sociólogo y analista internacional, Codirector del Observatorio en Comunicación y Democracia y analista seniordel Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)
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