Feb 5 2022
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Opini贸nPol铆tica

Una estrategia contra el divisionismo y la desilusi贸n

La utop铆a est谩 en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos m谩s all谩. 驴Entonces para qu茅 sirve la utop铆a? Para eso, sirve para caminar.禄 Esta famosa frase, popularizada por Eduardo Galeano, tiene su origen en la respuesta que dio el cineasta argentino Fernando Birri en ocasi贸n de una conferencia que ambos ofrecieron en Cartagena de Indias, Colombia, cuando un estudiante le pregunt贸 para qu茅 serv铆a la utop铆a.

No hay cambio posible sin la fuerza movilizadora de una imagen sentida, la de un futuro deseable y posible hacia el que encaminar las carencias del presente. Tal es el poder de las utop铆as, que ayudan a crear mediante la acci贸n proyectos de felicidad colectiva, convirtiendo en una direcci贸n positiva la indignaci贸n y el rencor que provoca la injusticia. Justamente por eso es que las derechas tienen a las utop铆as como blanco predilecto. Sin ellas, los pueblos se consumir铆an en una impotencia tr谩gica.

Los pueblos hacia el aumento de su poder real

J. 13 Idealizar es el primer paso hacia la desilusi贸n 鈥 Nosotros vamos al futuro 驴Subes?No hay gobiernos 芦perfectos禄. La sola noci贸n de 鈥済obernar鈥 鈥搚 su inseparable contrapartida, la de ser gobernado- conllevan una cuota de p茅rdida de autonom铆a personal y colectiva. A fin de evitar malentendidos, la idea que anima estas l铆neas no es la del Leviat谩n hobbesiano y mucho menos las de sus apenas remozados adeptos, los 鈥渓ibertarios鈥, tributarios del Tea Party, fracci贸n del partido republicano estadounidense impulsado por milmillonarios corporativos como los hermanos Koch y cuyos esquemas remiten a ultranza al neoliberalismo de Hajek y la Escuela Austr铆aca de pensamiento econ贸mico. Esquemas que por supuesto intentan evitar a toda costa la tributaci贸n sobre la plusval铆a social extra铆da,聽 haciendo (in)justicia por mano propia a trav茅s de la evasi贸n y elusi贸n fiscal y aprovechando al mismo Estado para aumentar sus astron贸micas riquezas.

Por el contrario, el autor de esta nota adhiere a un ideal societario de autonom铆a solidaria, de descentralizaci贸n federativa, de autogobierno, en suma, de democracia participativa y poder popular. Lejos de ser aquello una distante utop铆a, el rechazo que hoy exhiben los pueblos al centralismo, a la falsedad de la pol铆tica de c煤pulas y su traici贸n a programas preelectorales, el clamor creciente por nuevas constituciones que garanticen incidencia ciudadana directa como garant铆a de derechos聽 junto a experiencias recientes como los caracoles zapatistas, las comunas en Venezuela o la autonom铆a ind铆gena en Bolivia y otros pa铆ses, muestran la vigencia hist贸rica cada vez mayor de ese programa pol铆tico.

Sin embargo, la construcci贸n de procesos hist贸ricos obliga a tener presente la situaci贸n actual, en la que la disputa por el poder institucional cumple un papel relativo pero todav铆a relevante por las consecuencias sociales de su orientaci贸n en uno u otro sentido.

En relaci贸n a los gobiernos hoy, para evitar la permanente decepci贸n que impide valorar y celebrar conquistas parciales en direcci贸n a una creciente humanizaci贸n del mundo, y al igual que lo que sucede en otras esferas de la vida, es preciso reconocer y separar los modelos ideales que gu铆an la acci贸n del plano del acontecer social y pol铆tico, siempre sujeto a condiciones. Confundir ambas cosas y obrar a la inversa, puede conducir a la frustraci贸n, al resentimiento y, finalmente, a la pasividad.

Esto, que pudiera parecer una sentencia pragm谩tica en neta contradicci贸n con lo antedicho, no hace sino reafirmarlo y colocar a la utop铆a, sin abandonar nunca su horizonte, en un marco estructural que permite viabilizarla, apreciando las resistencias que se oponen a su paso.

Las dificultades de los gobiernos transformadores

Todo gobierno progresista o revolucionario debe lidiar con arrastres en contra que tienen sus ra铆ces en doscientos a帽os de rep煤blicas elitistas y cinco siglos de dominaci贸n colonial y neocolonial, condensados en estructuras de Estado adversas a la capacidad de transformaci贸n social. Por lo que es justo y necesario que esos gobiernos, cuando acceden al poder legitimados por la vocaci贸n popular, coloquen como prioridad la refundaci贸n de esas estructuras ya caducas. Entre 茅stas, la reformulaci贸n de los textos constitucionales conteniendo garant铆as de derechos antes inexistentes, negados o retaceados a las mayor铆as poblacionales.

La dificultad para acceder a este renovado contrato social, las trabas y cl谩usulas tramposas establecidas en las viejas constituciones, muestran las caracter铆sticas de autopreservaci贸n de ese modelo de Estado, esencialmente al servicio de la continuidad del statu quo de apropiaci贸n y violencia econ贸mica y no de su transformaci贸n.

Por otro lado, conquistar el poder pol铆tico no garantiza acceder al poder de decisi贸n real, sino que apenas evita que ese poder, fundamentalmente econ贸mico, pueda continuar utilizando las riendas institucionales en beneficio propio, aparentando hacerlo a favor del com煤n.

Por si fuera poco, la privaci贸n acumulada y las exigencias de inmediatez colocan a los gobiernos populares ante el imperioso juicio de las urgencias populares.

De all铆 que, entre otras cosas, son necesarias importantes acumulaciones num茅ricas de fuerza organizada (movimientos, coaliciones, alianzas de diversos sectores) para promover y respaldar transformaciones de ra铆z.

Sin embargo, cuando la unidad en la diversidad logra su objetivo de m铆nima (ganar elecciones) como en los casos recientes de Argentina, Bolivia, M茅xico, Per煤, Honduras o Chile, la complejidad de dichos pactos -producto a su vez de la dificultad de lograr hegemon铆as decisivas en sociedades desestructuradas- hace que se acumulen contradicciones internas, previsibles pero muchas veces no evitables.

En medio de cierta calma contin煤an las manifestaciones en Washington DC por muerte de George FloydPero las dificultades de un gobierno popular y transformador no se agotan all铆. Un serio problema que tiene todo gobierno que aspira a representar a las mayor铆as es la paradoja de su desconexi贸n progresiva con la base social organizada, al pasar sus liderazgos (por necesidad de cuadros t茅cnicos, cuoteo pol铆tico, aspiraciones individuales de seguridad laboral o 鈥渁scenso鈥 social) a ocupar cargos oficiales.

Las exigencias de un Estado que requiere la actividad de miles de individuos alineados con un proyecto pol铆tico, colisiona velozmente con la necesidad de mantener movilizada y organizada a la poblaci贸n en firme demanda y apoyo a los cambios anhelados.

Por otra parte, en un contexto de convergencia y acumulaci贸n de fuerzas, es l贸gico que las distintas facciones componentes reclamen para s铆 un sub-espacio de poder en el Estado, toda vez que en esta regi贸n, la enorme precarizaci贸n y marginaci贸n que genera el sistema capitalista hace que los Estados constituyan una posibilidad de acceso a trabajo formal con un buen salario, un bien hoy m谩s que preciado para la mayor铆a.

Esto es incluso m谩s fuerte cuando sectores largamente relegados de las posiciones pol铆ticas acceden a una parcela de poder pol铆tico y es as铆 que en las verdaderas revueltas populares, algunos elementos ventajeros ven llegada su 芦oportunidad禄. La revancha de los plebeyos conduce en ocasiones a que surjan casos de corrupci贸n en el seno de gobiernos progresistas, sobre todo en sociedades en las que la inmoralidad de gobiernos anteriores, la justa indignaci贸n preexistente en los pueblos frente al abuso de d茅cadas de corrupci贸n sistem谩tica e incluso la instalaci贸n del favor y el acomodo como pr谩ctica social habitual,聽 hacen mella en el surgimiento de una nueva cultura, acorde y coherente con la transformaci贸n deseada.

Lejos de ser una justificaci贸n, esta constataci贸n -que no deja de ser anecd贸tica, si no fuera por la enorme amplificaci贸n publicitaria que los medios masivos dan a ello para defenestrar la imagen p煤blica del gobierno transformador-, es una prevenci贸n para entender la necesidad de que un profundo cambio en los valores acompa帽e las acciones que modifican el paisaje externo de las sociedades.

M谩s all谩 de esto, quiz谩s el problema m谩s grave de los gobiernos progresistas o revolucionarios es resistirse a la comprensi贸n de la din谩mica hist贸rica que produce el surgimiento de nuevas generaciones y sensibilidades nacidas en un entorno modificado (incluso beneficiado) por la anterior, enarbolando a su vez ideales de transformaci贸n. Si no se procede entonces a la renovaci贸n de objetivos y protagonistas, incluyendo estas reivindicaciones y privilegiando el recambio, aquellos gobiernos se transforman inevitablemente en retardatarios y anacr贸nicos.

Divisi贸n y desilusi贸n: la estrategia central de las derechas

Las derechas inmovilistas utilizan todo su arsenal para frenar cambios de ra铆z. Para lo que necesitan dividir a las fuerzas que promueven cambios, desmovilizar a su militancia y restarle apoyo p煤blico a sus ideales.

LA IZQUIERDA en AM脡RICA LATINA | El HistorionautaPara dificultar la unidad popular necesaria, los grupos de poder concentrado suelen operar ya sea favoreciendo medi谩tica y financieramente a candidatos que promuevan sus objetivos o bien generando una mir铆ada de siglas que impidan mayor铆as s贸lidas en elecciones presidenciales o en la conformaci贸n de los parlamentos, actuando 茅stos luego como factor de bloqueo en caso de que la opci贸n popular acceda al Ejecutivo.

Al mismo tiempo, el apego a un trasfondo sicosocial de liderazgos personalizados en Am茅rica Latina, hace que la conducci贸n de los procesos dependa de individuos claves.

Enraizada en h谩bitos culturales de veneraci贸n de liderazgos ancestrales, incluso reforzada posteriormente por la iconograf铆a de santos y patronos del catolicismo, la fe popular en las transformaciones suele depositarse en figuras carism谩ticas, las que por lo mismo, son la diana elegida por los dardos de la derecha para quitarle m铆stica a la rebeli贸n.

A este objetivo concurren la persecuci贸n, la difamaci贸n y la proscripci贸n pol铆tica de esos liderazgos que condensan la energ铆a transformadora de los pueblos.

Lo que puede observarse claramente en los casos de Lula, Correa, Cristina o Evo, entre otros. Los casos urdidos por corrupci贸n contra los l铆deres o aquellos inventados o expuestos en su entorno cercano o lejano, cumplen no solo con la funci贸n de prohibir su decisiva participaci贸n sino tambi茅n de abatir la moral militante de sus seguidores o simpatizantes, quit谩ndole viento a favor a los posibles cambios y el efecto demostraci贸n que contienen. La prensa pagada por el capital se constituye a tal fin en una herramienta de primera mano, por su capacidad de difamaci贸n o sospecha.Evo Morales, Lula da Silva y Rafael Correa - Por Juan Manuel Karg - NODAL

En la continuidad de esa t谩ctica, el gobierno de los Estados Unidos arm贸 en 2018 a trav茅s de la OEA, su aparato diplom谩tico de dominaci贸n hemisf茅rico, la VIII Cumbre de las Am茅ricas bajo el t铆tulo 芦Gobernabilidad democr谩tica contra la corrupci贸n禄, precisamente en la antigua capital virreinal, Lima. El esquema de esa estrategia geopol铆tica es completado con cursos de formaci贸n e injerencia del aparato judicial y period铆stico financiado por distintas agencias estadounidenses como ariete para acabar con todo intento progresista o revolucionario en la regi贸n.

Otra t谩ctica conservadora es desviar la atenci贸n de la comunidad hacia secundariedades. Que si el candidato, su mujer o su prima se visten de tal o cual manera, que dicen, ad贸nde cenan o festejan su cumplea帽os, que contestan o callan, y as铆 en un sinf铆n de estupideces que solo tienen como objetivo ocultar lo trascendente a ojos p煤blicos.

Colocar l铆neas rojas, amenazar con riesgos, desestabilizar, impedir, el arsenal conservador es variado y ser铆a importante confeccionar un detallado cat谩logo para instruir con ello a la opini贸n p煤blica.

Cuando todo esto no alcanza, entonces se tilda a los respectivos gobiernos de tir谩nicos, 聽autoritarios o antidemocr谩ticos, pasando entonces a usar para su designaci贸n el vocablo 芦r茅gimen禄.

Una estrategia de transformaci贸n

Como posicionamiento estrat茅gico en la actual coyuntura latinoamericana, es preciso como ya mencionamos en una nota anterior 鈥渁cu帽ar la unidad necesaria desde la convergencia de la diversidad, para evitar que el poder concentrado local e internacional utilice las poleas de la Llevar a cabo una Transformaci贸n Organizacional - IPADE Business Schoolinstitucionalidad estatal para beneficio propio y perjuicio general鈥. Tema que adquiere una centralidad evidente en las pr贸ximas elecciones legislativas y presidenciales de Colombia y Brasil.

Por otra parte, conscientes de la andanada de ataques cuyo objetivo ser谩 minar la confianza popular en los candidatos progresistas, (en los casos citados, Gustavo Petro y Lula da Silva) ya sea con argumentos habituales de derecha o por izquierda, incluso utilizando motivos propios de las causas emancipadoras como el feminismo o el cuidado del balance ecol贸gico, se hace necesario elaborar una estrategia antidesilusi贸n.

Esta estrategia, cuyo detalle excede esta nota, deber铆a contener no solamente t茅cnicas para contrarrestar la proliferaci贸n de imputaciones falsas y menciones insidiosas en el espacio medi谩tico y las redes digitales, sino tambi茅n incluir una amplia campa帽a de concientizaci贸n de la militancia y de sensibilizaci贸n p煤blica sobre las t谩cticas de manipulaci贸n utilizadas por el poder. En el mismo sentido, los programas progresistas deben adoptar, a煤n a riesgo de generar una mayor polarizaci贸n con el aparato medi谩tico y las plataformas digitales corporativas, un compromiso decidido con la democratizaci贸n de la comunicaci贸n que exceda la mera coyuntura electoral.

En coherencia con lo anterior, el dise帽o de modelos de distribuci贸n del poder en cada 谩mbito para promover una democracia multidimensional debe ser una m谩xima expl铆cita, de modo que el pueblo participe activamente y se identifique con el proceso transformador.

Esta desconcentraci贸n del poder hacia entidades descentralizadas con mayor incidencia popular, forjar谩 a su vez un contrapeso a la desmovilizaci贸n que produce la distancia entre la burocratizaci贸n de los liderazgos y la base social.

Por fin y de fundamental importancia ser谩 dar est铆mulo a la transformaci贸n en el campo de los valores subjetivos en los que se asienta la existencia individual y colectiva, aspecto que es crucial para dotar de coherencia y permitir que los cambios que pudieran lograrse en la superficie social, echen ra铆ces duraderas.

En otras palabras, la utop铆a de hacer surgir la mujer y el hombre nuevos para acompa帽ar de modo inseparable al cambio social, se vuelve misi贸n urgente.

 

(*) Investigador en el Centro Mundial de Estudios Humanistas y comunicador en la agencia internacional de noticias con enfoque de Paz y No Violencia Pressenza. Colaborador del Centro Latinoamericano de An谩lisis Estrat茅gico (CLAE, www.estrategia.la)

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