Jun 20 2006
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Economía

UNA NOCHE CRIOLLA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

El televisor est√° encendido y la luz de la pantalla es lo √ļnico que ilumina la peque√Īa sala del apartamento. Mientras espera las noticias deportivas, Eulises se despacha en la nevera una lata de cerveza y dos cucharadas de caraotas. No hay nada mejor que comer fr√≠o. Est√° en calzoncillos y carga encima el traj√≠n de la jornada.

Cuando regresa y se sienta, observa a Nicol√°s Maduro declarando, algo dice sobre un plan en contra del pa√≠s, algo grita sobre una campa√Īa anti venezolana. Eulises se rasca el ombligo y piensa. A lo lejos, en ese afuera que es la noche, se escuchan dos disparos.

Eulises bebe otro sorbo de cerveza, suspira y, de pronto, a lo Heidegger, se pregunta ¬Ņy qu√© carajo es ser venezolano?

Quien lo sepa, que tire la primera piedra.

Si antes era todo un asombro y todo un esfuerzo tratar de asomarnos a nuestra identidad, ahora las dificultades siempre serán mayores. Sobre todo porque ahora ya hay quien supuestamente sabe qué somos en realidad, hacia dónde vamos, cuál es nuestro destino.

El nacionalismo es, literalmente, un invento romántico. Se sostiene sobre la idea de que los pueblos también tiene un alma, redonda y grandiosa, a prueba de cualquier historia, inmutable e infinita. El nacionalismo es, en rigor, una práctica religiosa.

Javier Cercas propone una definici√≥n fant√°stica: ‚ÄúEn el fondo, todo nacionalista ‚Äďtenga o no un Estado que avale su certeza‚Äď cree que el s√©ptimo d√≠a, en vez de descansar, Dios cre√≥ a su naci√≥n‚ÄĚ.

A la convicci√≥n sacramental de que ‚Äúlo nuestro es lo mejor‚ÄĚ, hay que sumarle un gran dilema: ¬Ņqu√© es finalmente lo nuestro? Porque el nacionalismo, m√°s que una euforia, m√°s que una emoci√≥n, es una ideolog√≠a.

El nacionalismo busca crear una unidad artificial que imponga sus sentidos y sus símbolos sobre la marea de variables contradicciones que conforman un país. Nada más peligroso que un iluminado que crea tener en la mano el ADN exacto de la venezolanidad.

Nada más alarmante que un visionario que cree poseer nuestra esencia nacional envasada al vacío.

Hasta ahora, hemos contado con versiones bastante rudimentarias y artesanales: los que piensan que debemos soplar guaruras en vez de conectarnos a Internet, los que promueven la resistencia cultural desde el guarapo de papel√≥n y exigen la inmediata prohibici√≥n de cualquier bebida extranjerizante, a excepci√≥n del whisky escoc√©s y del ag√ľita Perrier, por supuesto. Aquellos que suponen que Chejov o Comarc McCarthy no tienen nada qu√© hacer frente a la literatura pemona, o quienes afirman que Bach o Ant√≥n Arensky no tienen lugar aqu√≠, entre nosotros, hijos aut√©nticos y directos del tambor de Curiepe y de las maracas.

Por suerte, este tipo de pensamiento es tan minoritario como arcaico. Fue derrotado en la revolución cultural china y ya, incluso en Cuba, están enterados de que Mozart no es reaccionario.

Sin embargo, sin llegar a los extremos, s√≠ hay un √°nimo que flota sobre el pa√≠s. Es el peligro que conlleva todo nacionalismo: su naturaleza es inflamable y nadie puede controlarla. Sacralizar nuestra identidad en la confrontaci√≥n pol√≠tica con los otros no es una simple estrategia pol√≠tica. Que el l√≠der del pa√≠s se promocione en verde oliva y empu√Īando un arma no representa tan s√≥lo una an√©cdota, un retrato de un mi√©rcoles.

Hoy en d√≠a se est√° fundando una Venezuela donde la cuarta rep√ļblica es material arqueol√≥gico. La vida civil es, cada vez m√°s, pasado remoto. Ni siquiera tendr√° un lugar en los museos. Ni siquiera ser√° perdonada por la memoria oficial. ¬ŅQu√© es m√°s venezolano ahora? ¬ŅUna novela de R√≥mulo Gallegos o un AK-47? Lo nuestro es lo mejor.

La definición de lo nacional ya no tiene debate. Cada vez que alguien, adentro o afuera del país, difiere, disiente o critica al gobierno, de manera casi inmediata es acusado de antivenezolano. Sorpresivamente, estamos ante una avalancha de personas que, mundialmente, se han organizado para sabotear y destruir nuestra identidad.

Porque ahora todo aquello que est√© en contra del gobierno conspira en contra de la venezolanidad. ¬ŅAlan Garc√≠a en el Per√ļ? ¬°Antivenezolano! ¬ŅLos que protestan pidiendo viviendas dignas frente a Miraflores? ¬°Tan antivenezolanos como Garc√≠a y como el mism√≠simo Bush! ¬ŅLos rectores de las universidades? ¬°Archi antivenezolanos! ¬ŅLeopoldo L√≥pez? ¬°Super antivenezolano! ¬ŅLos manifestantes de Conavi? ¬°Recontra antivenezolanos!…

Y as√≠ el esquema podr√≠a seguir de manera indefinida, siempre bajo la misma ecuaci√≥n. Al paso que vamos, muy pronto, el gobierno, en otro arranque de lucidez y de ahorro p√ļblico, podr√≠a de una vez convocar a sacarse la anti c√©dula y el anti pasaporte a todos aquellos nacidos en el pa√≠s que sorpresivamente padecen de esta s√ļbita ausencia de identidad.

Es la manera más simple de enfrentar la complejidad. Pase usted cualquier realidad por la misma fórmula y tendrá el mismo resultado. Siempre, por supuesto, apelando a razones mayores, a causas fundamentales.

Porque cuando el Presidente amenaza con retirar las concesiones a ciertas televisoras, no invoca la diversidad, no se√Īala que son las televisoras que se le opone pol√≠ticamente sino que son los canales que se oponen al ‚ÄúEstado‚ÄĚ, a la ‚Äúley‚ÄĚ, a la ‚ÄúNaci√≥n‚ÄĚ… Es lo que Isaac Berlin ha llamado ‚Äúagencias impersonales‚ÄĚ, soberan√≠as enormes que permiten ‚ÄĒen el plano del discurso‚ÄĒ disfrazar un manejo autoritario e individual del poder.

Todavía en la pantalla del televisor está Nicolás Maduro. Su verbo encendido deja chispas sobre aire fofo de la Asamblea Nacional.

Eulises termina la cerveza. El diputado sigue denunciando a m√°s antivenezolanos.

Eulises mira el reloj y luego eructa. Bolivarianamente, a lo Acosta Carlez. Maduro, mientras, repite algo sobre la televisión y la violencia. Afuera, en esa morgue que es la noche, suena otro disparo.

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Escritor y periodista venezolano.
Art√≠culo publicado en el diario caraque√Īo El Nacional (www.el nacional.com).

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