
La captura del presidente venezolano Nicolás Maduro durante una operación militar de EU en territorio soberano de Venezuela, abrió un frente de fuerte tensión política interna en Washington, con unrechazo unánime del Partido Demócrata, que denunció violaciones al derecho internacional, ausencia de autorización del Congreso y riesgos de una nueva escalada militar en América Latina.
Aún dentro del oficialista Partido Republicano, donde se registró un rápido alineamiento en respaldo a la decisión de Donald Trump, comenzaron los cuestionamientos sobre la ilegalidad y el alcance real del operativo.
Por su parte, México rechazó “categóricamente” la acción armada de Estados Unidos en Venezuela que derivó en la captura del presidente Nicolás Maduro, ya que la historia de América Latina demuestra que la intervención nunca ha traído democracia, jamás ha generado bienestar, ni estabilidad duradera. “México sostiene con convicción que América no pertenece a una doctrina ni a una potencia. El continente pertenece a los pueblos de cada uno de los países que lo conforman”, afirmó la presidenta Claudia Sheinbaum. “La acción unilateral, la invasión, no pueden ser la base de las relaciones internacionales del siglo XXI, no conducen ni a la paz, ni al desarrollo”, señaló.
Rusia y China, dos potencias globales favorables a Venezuela donde tienen miles de millones en inversión, decidieron buscar en el Consejo de Seguridad de la ONU alguna solución que se sabe imposible en el terreno.
La petroleras de EU y el crudo venezolano
Las principales compañías petroleras estadunidenses registraron importantes aumentos de cotización en bolsa a raíz del secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y las declaraciones de Donald Trump sobre su determinación de apoderarse de toda la industria petrolera del país caribeño.
Las empresas que experimentaron mayores ganancias bursátiles no fueron las que extraen y comercializan el crudo, sino las especializadas en proveer tecnología y construir pozos y plataformas, lo cual se explica por la urgente modernización de la infraestructura petrolera venezolana, envejecida por décadas de asedio estadunidense que impidieron a Caracas renovar sus instalaciones y darles el mantenimiento adecuado.
Inversionistas de Wall Street ya adquirieron bonos venezolanos con la expectativa de que la criminal acción ordenada por el presidente Donald Trump para el sometimiento de Caracas a una condición colonial abra pingües oportunidades de negocio en el sector de hidrocarburos, la construcción y el turismo. La prensa estadounidense da cuenta de que hay un notable entusiasmo por el “liderazgo directo” de Estados Unidos y ya está en marcha un plan provisional para que funcionarios de este país viajen a Venezuela a imponer los términos del saqueo.
Ecos de la agresión

El futuro
El futuro judicial del presidente venezolano Nicolás Maduro y el de su esposa Cilia Flores es casi igual de incierto que el futuro de Venezuela. Ambos fueron trasladados a Nueva York el sábado por la noche, dejando nuevas imágenes del dirigente venezolano caminando por los pasillos de la oficina local de la DEA (la agencia antidrogas de EU), esposado y ataviado esta vez con un chándal negro. “Buenas noches y feliz año nuevo”, dice Maduro, sujetado por dos agentes de la DEA mientras hace lo que se conoce como el perp walk, una suerte de paseíllo de la vergüenza que se aplica a los arrestados.
El sábado, antes de su llegada a territorio estadounidense, el departamento de Justicia ya presentó los cargos. Se imputa a Maduro y a Flores por“narcoterrorismo” y tráfico de cocaína. Se lo acusa al dirigente de conspirar y colaborar con grupos de narcotráfico para introducir toneladas de cocaína en Estados Unidos. Las alegaciones presentadas por Estados Unidos van en la línea del argumentario de Donald Trump para justificar la intervención militar, así como las más de 30 naves hundidas en el Caribe y el Pacífico Oriental con un centenar de asesinados.
El relato de la administración trumpista contrasta con informes previos librados por la inteligencia estadounidense. En abril, la oficina del director de la Inteligencia Nacional de EU concluyó que, mientras algunos miembros del régimen chavista podían estar tolerando o trabajando con el Tren de Aragua, no había evidencia de una cooperación organizada. De hecho, señalaba cómo tanto Maduro como sus oficiales veían al Tren de Aragua (al que Trump también ha catalogado como organización terrorista) como una amenaza.

Llama la atención también que se impute a Maduro por tráfico de cocaína y no de fentanilo, cuando el presidente estadounidense situó como principal prioridad de su campaña militar en Latinoamérica frenar la entrada de este opioide en el país. “Han estado enviando suficiente de este horrible fentanilo y otras cosas como cocaína y demás, pero el fentanilo ahora mismo es el líder de la manada a la hora de matar a toda nuestra nación, porque una pequeña mota en la cabeza de un alfiler puede matar a alguien”, volvía a decir el sábado tras el secuestro de Maduro.
En Trump hay poco de lucha contra la droga y mucho de manipulación mediática e intereses políticos. Casi la totalidad del fentanilo que llega a Estados Unidos es producido en México, usando químicos importados de China, tal como la DEA ha hecho evidente en sus informes. Por lo que respecta a Venezuela, tiene un papel prácticamente desconocido en todo el entramado. No se puede olvidar que el mismo Donald Trump acaba de indultar al expresidente hondureño J.O. Hernández, sentenciado a 45 años de cárcel por el contrabando de «apenas» 400 toneladas de cocaína.
Las estimaciones hechas por el mismo departamento de Estado en 2020 apuntaban que entre 200 y 250 toneladas métricas de cocaína salían de Venezuela anualmente. Esto apenas es entre un 10% y 13% del porcentaje global. En comparación con Venezuela, otros países como Guatemala mueven mucha más droga. En 2018, los datos de la administración apuntaban a unas 1.400 toneladas provenientes de ahí.
La Fiscalía del distrito sur de Nueva York
La acusación contra Maduro la dirige la misma oficina que imputó y condenó al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández: la oficina del fiscal del distrito sur de Nueva York. De hecho, los cargos presentados contra el venezolano son muy similares a los del hondureño indultado, con el propósito de impulsar la derecha de Honduras al frente del país, algo que logró con Tito Asfura como «ganador» de los comicios.

Trump ya se quitó de encima la flagrante contradicción que supone retener a Maduro y a su esposa en el Centro de Detención Metropolitano de Nueva York (MDC) después de indultar a Orlando. “El hombre al que indulté fue —si se puede equiparar con nosotros— tratado como la Administración Biden trató a un hombre llamado Trump”, dijo Trump el sábado a los periodistas, y añadió: “Fue un hombre que fue perseguido de manera muy injusta. Era el jefe del país”. La magra justificación es una señal más de cómo el presidente estadounidense solo necesita la fuerza como principal argumentario para validar sus mentiras. Trump hace lo que quiere porque puede y porque se lo toleran.

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