Venezuela, control: la dimensión económica y la militar

(260128) -- CARACAS, 28 enero, 2026 (Xinhua) -- Imagen proveída por la Presidencia de Venezuela de la presidenta encargada venezolana, Delcy Rodríguez (c), asistiendo a una ceremonia de lealtad y reconocimiento de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), en Caracas, Venezuela, el 28 de enero de 2026. La FANB juró este miércoles lealtad y reconocimiento a la presidenta encargada de esa nación, Delcy Rodríguez, durante una ceremonia castrense realizada en Caracas con el alto mando militar de la República. (Xinhua/Presidencia de Venezuela) (ms) (da) (vf)
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Desde la perspectiva estadounidense, un país como Venezuela no debería mantener estructuras militares capaces de desafiar, ni siquiera de manera teórica, su supremacía o de complicar sus operaciones estratégicas.

La política de Estados Unidos hacia Venezuela, marcada por sanciones, aislamiento y su designación como “amenaza inusual y extraordinaria”, encontró un punto de inflexión en el ataque del 3 de enero y en la posterior afirmación de Donald Trump de que Washington estaba “a cargo”. Como resultado, puede constatarse que Estados Unidos ha avanzado de forma significativa en su objetivo de reinsertar a Venezuela dentro de su dispositivo geopolítico.

Sin embargo, no parece conformarse con reincorporar a Venezuela en su órbita. La estrategia se orienta hacia un dominio más amplio de la economía y se extiende al ámbito militar. Se trata de decisiones unilaterales orientadas a consolidar una subordinación estructural del país.

La gestión de los ingresos petroleros se ha convertido en el eje de este esquema: Washington no solo controla la comercialización del crudo, sino también los ingresos generados, que se depositan en cuentas bajo su tutela institucional. De esta manera, un actor externo asume funciones propias del Estado venezolano.

Dimensión militar

Es frecuente que, tras una intervención considerada exitosa, Washington impulse el desmantelamiento de las capacidades armadas del país intervenido. Sin embargo, las lecciones de experiencias anteriores —como la guerra de Irak en 2003— han introducido ajustes en ese enfoque. En este sentido, Thomas E. Ricks señala en su libro “Fiasco: La aventura militar estadounidense en Irak” que la disolución del ejército iraquí tras la invasión constituyó un error que contribuyó al caos en la fase posterior.

Sobre la base de estas experiencias, Washington ha introducido ajustes en su forma de intervención para el caso venezolano. En lugar de un despliegue de tropas en el terreno, ha escogido una modalidad de subordinación basada en supervisión externa y capacidad de coerción.

En ese marco, no se abandona el objetivo de reconfigurar la institución castrense, sino que se busca inducir su adaptación mediante presiones selectivas, incentivos y la amenaza de nuevas acciones militares.

Capacidades y reestructuración

Au Venezuela, Nicolas Maduro active un plan militaro-policier avant son ...También se contempla, por parte de Estados Unidos, el desmantelamiento de medios defensivos considerados “inaceptables”, en particular aquellos asociados a sistemas de defensa aérea, aviación de combate y otros recursos de alcance estratégico.

Desde la perspectiva estadounidense, un país como Venezuela no debería mantener estructuras militares capaces de desafiar, ni siquiera de manera teórica, su supremacía o de complicar sus operaciones estratégicas. Por ello, los planes prevén desmantelar estos sistemas críticos —como los sistemas antiaéreos de largo alcance, la aviación de combate y los misiles tierra‑aire portátiles tipo Igla— y sustituirlos por equipamiento de alcance más limitado.

Al mismo tiempo, el Pentágono buscaría redefinir la fuerza militar venezolana, limitando sus funciones al orden interno y al combate contra grupos irregulares y delictivos. En ese proceso, se desmontaría la actual doctrina de guerra asimétrica, concebida para enfrentar la dominación externa bajo el principio de “guerra de todo el pueblo”, y se dejaría de lado la noción de alianza cívico-militar.

En conjunto, se proyecta un esquema de control que no solo interviene en la economía, sino que se extiende a un ámbito especialmente sensible, el de las fuerzas armadas, que podrían articularse con la nueva estrategia de seguridad hemisférica estadounidense.

En esta fase de estabilización, Estados Unidos apunta a un modelo de intervención que vaciaría en gran medida la condición de Venezuela como Estado soberano. Sus efectos ya son visibles en el plano económico. La interrogante es si esa misma lógica se extenderá plenamente al ámbito militar.

* Politólogo y analista político venezolano. Cofundador del Movimiento al Socialismo, fue ministro de Trabajo

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