Jun 29 2006
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Política

Venezuela: – ENTRE CHURCHILL Y CHAMBERLAIN

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Quiz√°s no se pueda decir que el Primer Ministro Chamberlain era un tipo sin buenas intenciones. Cuando toma el avi√≥n y marcha a Berl√≠n a reunirse con Hitler es un l√≠der d√©bil de un pa√≠s d√©bil. Chamberlain est√° asustado cuando los ¬ępajaritos pre√Īados¬Ľ que llenaban su cabeza lo env√≠an a la negociaci√≥n imposible. De regreso en el aeropuerto de Londres bate, al pie de las escalerillas y ante sus conciudadanos, el pedazo de papel que supuestamente le garantiza la paz a Inglaterra, deja para la historia una de las escenas m√°s pat√©ticas y desconsoladoras de las que se tengan noticias.

Chamberlain había ilusionado a sus compatriotas con un imposible, había negociado con quien no se podía negociar, había pasado por encima de todas las expectativas razonables que indicaban que, fracasados los halagos del nazismo a los ingleses, tarde o temprano se dirigiría a declararles la guerra.

√Čl es Chamberlain, el que no le habl√≥ claro a su pueblo, el que le carg√≥ la cabeza con falsos presupuestos.

Tendr√≠a que venir Churchill, en una clara expresi√≥n de que la vieja Albi√≥n era capaz de generar un l√≠der que la condujese cuando el agua le llegaba al cuello. Churchill, como todo l√≠der verdadero habl√≥ claro y se lo dijo a los ingleses meridianamente, como hace todo l√≠der cuando debe dar un mensaje a su pueblo. Churchill dijo a sus compatriotas que s√≥lo pod√≠an esperar ¬ęsangre sudor y l√°grimas¬Ľ.

√Čl es Churchill, el que habl√≥ claro, el que no le carg√≥ la cabeza al pueblo ingl√©s de falsos presupuestos, el que prepar√≥ para lo inevitable.

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El ejemplo de Inglaterra en el fondo parece sacado de una tragedia shakesperiana y as√≠ como el gran poeta dej√≥ l√ļcidos estereotipos del drama, Inglaterra nos dej√≥ √©ste del siglo XX, un dilema hamletiano: To be or no to be. Decir la verdad o enga√Īar con falsas ilusiones. En todo drama nacional parecen revivir Churchill y Chamberlain, polos opuestos de una vieja malaventura. La dicha de Inglaterra fue que Chamberlain fue sustituido por Churchill. La dicha de Inglaterra consisti√≥ en tener un l√≠der equivocado sustituido por el l√≠der apropiado para el tenebroso momento.

El drama venezolano es entre Churchill y Chamberlain, s√≥lo que existen muchos Chamberlain y ning√ļn Churchill. Los Chamberlain criollos han estado enga√Īando con falsas ilusiones.

Cuando los 14 aspirantes a presidente imitan las cu√Īas de televisi√≥n de una tarjeta de cr√©dito, dicen frasecillas propias de la m√°s profunda normalidad democr√°tica, se disfrazan de lobos feroces que tutean al l√≠der de la revoluci√≥n, van a programas de televisi√≥n a decir que ¬ęgobernar√°n con apego a la ley¬Ľ, hablan de ¬ęreconstruir la infraestructura¬Ľ, presentan ¬ęprogramas de gobierno econ√≥micos¬Ľ, cuando dicen ser candidatos para ¬ęproyectarse¬Ľ hacia el futuro, est√°n vistiendo los pa√Īos de casimir de Arthur Neville Chamberlain.

Igual los que van a la TV a enumerar: Es que controla la Fiscal√≠a, la Contralor√≠a, las Fuerzas Armadas. Son los llorones apellidados Chamberlain. Los diagnosticadores son Chamberlain, con sus apariciones in√ļtiles en pantalla a repetir lugares comunes y a aburrir quien tenga un gramo de inteligencia. Chamberlain es el m√°s grande vendedor de pa√Īos ingleses vestidos por los pr√≥ceres que nos fastidian d√≠a a d√≠a.

Por el otro lado no existe Churchill. El que les diga a los venezolanos que aquí lo que viene es candela pura, truenos, relámpagos y lluvia ácida.

El que sacuda al pa√≠s dici√©ndole que parece una naci√≥n rociada de burundanga, pues ha perdido la voluntad y la intrepidez. El que hable claro, que diga que en este pa√≠s apenas se inicie el a√Īo de 2007 van a ponerse en el firmamento nubarrones negros y que, a medida que el a√Īo avance, el futuro se disipar√°, que no hay futuro al cual proyectarse porque futuro no hay y que la √ļnica manera de tener uno es embraguet√°ndose y que el primer paso para poner una peque√Īa piedra de ese futuro es hablando claro, ofreciendo la √ļnica cosa que se puede ofrecer: sacrificio, desventura, voluntad de supervivencia.

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Entre un pa√≠s vacilante, mal informado, a ratos desinformado intencionalmente, y un pa√≠s consciente de lo que se le viene encima, no existe la menor duda para la escogencia. No se puede seguir con la falsa ilusi√≥n de sacudir un papel falso ante los ojos de los ciudadanos. Es necesaria la voz fuerte de Churchill diciendo la verdad y ofreciendo s√≥lo la √ļnica cosa posible. A Chamberlain hay que dejarlo enterrado en el cementerio de Heckfield. Hay que decir al dormido Sir Winston Leonard Spencer Churchill que se le est√° esperando.

Cabe preguntarse si una nación atomizada como ésta será capaz de despertarlo o seguirán los Chamberlain. O si Churchill despertará por su cuenta, por milagro de la fenomenología histórica, para decirles a los venezolanos que se preparen pues hasta ahora no han visto nada comparado con lo que viene.

Es la hora para Churchill. Es la hora de advertir que nos faltar√° el ox√≠geno, que nos sentiremos impotentes como un prisionero en un castillo medieval de la campi√Īa inglesa ante sus barrotes. Es necesario advertir que el prop√≥sito es encender las hogueras, modificar la constituci√≥n, matar la descentralizaci√≥n, limitar la libertad de expresi√≥n si no hacerla desaparecer, reducir a su m√≠nima expresi√≥n los derechos pol√≠ticos si no mandarlos al olvido.

Es necesario el Churchill que lo diga y prepare a su pueblo para lo peor. Pero quiz√°s haya que parodiar la c√©lebre frase de aquel dirigente sindical que nos advirti√≥ que no √©ramos suizos y decir: ¬ęNo somos ingleses¬Ľ.

Y como veo venir la pregunta insidiosa de quienes s√≥lo ven la pol√≠tica con gr√≠ngolas: ¬ŅY t√ļ te consideras Churchill?, respondo de antemano: No, s√≥lo soy el poeta que canta lo que pasa ante sus ojos.

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* Escritor.
tlopezmelendez@cantv.net.

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