Venezuela: La apuesta es septiembre (los escenarios posibles)

2.010

Aram Aharonian*
Toda Venezuela está pendiente de lo que suceda en septiembre: unas elecciones parlamentarias que bien pueden marcar el futuro del proceso de cambios emprendido sobre todo en el último lustro. Los sondeos de opinión revelan que los “ni-ni” es casi la mitad de los venezolanos; ni están con el presidente ni con la oposición. La popularidad del mandatario Hugo Chávez ha decrecido, pero se mantiene cerca del 60%. Y lo que más llama la atención a aquellos que leen sobre Venezuela en el exterior –bombardeados por una carga de artillería mediática descomunalmente manipulada- los eventuales desencantados no emigran hacia la disidencia.

Hoy es evidente que la percepción que se tiene afuera del país es que el presidente venezolano enfrenta una crisis sin precedentes que lo puede llevar a la derrota electoral en septiembre, con una mayoría trabajadora que se vio afectada por las medidas cambiarias.

La percepción es que la sociedad está cansada de la crisis eléctrica (sobre todo en el interior del país), del desabastecimiento de algunos productos, del racionamiento del agua, de la basura en las calles, de la corrupción, de la ineficiencia e ineficacia del gobierno (hechos todos denunciados por el propio mandatario), y de los homicidios y violencia sin freno. ¿Es tan diferente esta percepción foránea de la que tienen los propios chavistas en Venezuela?

¿Los gringos? Bien, gracias…

Este bombardeo mediático acompaña a las intenciones estadouni- denses. La mención que hace el informe anual de la Agencia Nacional de Inteligencia sobre las elecciones de la Asamblea Nacional en septiembre evidencia que las agencias de inteligencia de Washington están sumamente inmiscuidas en la política interna de Venezuela. Implica también su interés e inversión e injerencia en dicho proceso electoral.

El informe leído por el almirante Dennis Blair, Director Nacional de Inteligencia, está titulado nada menos que “Venezuela: Liderando la fuerza regional antiestadounidense”, e indica que “el presidente Chávez continúa imponiendo un modelo autoritario y populista en Venezuela que está socavando a las instituciones democráticas. Desde que ganó un referéndum constitucional a principios del 2009, que acabó con los límites de los mandatos y que permitirá su reelección, Chávez ha tomado otros pasos para consolidar su poder político y para debilitar a la oposición antes de las elecciones legislativas en 2010.”

Y, aunque parezca algo de Ripley, la debilidad del partido de gobierno es que el cargo del jefe de Estado no estará en juego en comicios parlamentarios de septiembre próximo. Es que a 11 años de su ascenso al poder, el presidente Hugo Chávez se mantiene hoy como el político más popular de Venezuela al punto de retar a una alebrestada oposición a realizarle un referendo revocatorio, una forma de entrar en el juego electoral de unos comicios en los que no será candidato y, por ende, difícilmente pueda servir de portaviones para otros candidatos.

Chávez tiene carisma, popularidad, credibilidad, recursos y control institucional. No existe duda de la lealtad del pueblo a Hugo Chávez. Las bases interpretan que son los cuadros medios, el entorno del Presidente, los causantes de este cortocircuito pueblo-líder, y hacen saber su desesperación hacia la posibilidad de que los candidatos legislativos sean impuestos por el aparato partidista.

Sin duda faltan interlocución entre el gobierno y pueblo y, lamentablemente, el único que puede cumplir ese papel es el propio Chávez, pero éste hoy resulta inaccesible para las mayorías. La oposición, con un destacable asesoramiento externo, ya no comete los errores infantiles en los que incurría en el pasado, cuando llegó a abandonar la contienda y quedó fuera del parlamento.

Ahora piensa a mediano y largo plazo, y no parece estar dispuesta a transformar las protestas callejeras de las últimas semanas en un golpe de Estado, como hizo en abril de 2002, aun cuando subsiste una minoría que nunca ha descartado otros atajos. Todo indica que, pese a sus antecedentes, en los próximos meses hará todos los esfuerzos para permanecer unida y articulada.

En el oficialismo definieron las primarias como método para la escogencia de los candidatos a la AN, lo que sirvió de lección a la oposición, que no termina de deshojar la margarita hacia la unidad, o sea con un solo candidato para cada puesto. Las diferencias surgidas en Miranda, Táchira, Carabobo y Caracas, la creación del Comité Nacional Proprimarias (para el 22 de mayo) son demostraciones de divergencias y enredos, a lo que se suma el problema mayor, el de la falta de un liderazgo capaz de convocarlos a todos –y cada uno- cuando surgen los problemas.

Además de la difícil unidad y la gran dificultad de penetrar en los sectores más pobres, la oposición no logra ponerse de acuerdo en una propuesta programática al país (claro: ahora se les atraganta hablar de capitalismo y m{as aún defenderlo). Un plan que enfrente a las propuestas socialistas del chavismo. Y, en general, uno se sorprende cuando ve cómo van asimilando y tratando de apoderarse de las propuestas del gobierno, como las misiones, los consejos comunales.

En la oposición no existen estruc- turas, mensajes, propuestas que le lleguen a la ciudadanía –y, en especial a los eventuales electores, que no sea por los medios comerciales de comunicación social. La suma de los principales partidos apenas es la mitad de una potencial votación que siempre ha rondado el 40%, acercándose al 45% en los últimos comicios.

Jugando a los escenarios

En algunos círculos de debate, se están discutiendo los siguiente escenarios, sobre una base de creciente protesta popular y la detectable insatis- facción social, que amerita algún tipo de respuesta. Para algunos. según cuán profunda sea la crisis económica, no debe descartarse que la oposición se alce con la mayoría en la Asmblea Nacional, en cuyo caso el Presidente estaría privado del control que ejerce del Estado en un momento crucial para su proyecto político.

Los analistas coinciden en que la subida de los precios del petróleo y la duplicación falsa de ingresos que supone la devaluación, va a retrasar o disminuir la protesta. Existen cinco escenarios posibles, según estos círculos de debate, escenarios que, posiblemente, no sean más que pasto de los análisis de café.

1. Ante la protesta, Chávez encabeza una revuelta antiburocrática sostenida desde las bases, destituye a los boliburgueses, a quienes manda a casa –sin investigar sus actuaciones-, sacándolos del juego. Una suerte de “revolución cultural” desde un pueblo empoderado pero sin las “locuras” de la China de Mao.

2. Chávez, preso del círculo militar y boliburgués, incrementa la represión, caminando hacia un modelo más cercano a la China actual que a Cuba, donde la resignación no deja mucho espacio para la protesta.

3. Ganan las elecciones los de la oposición, Chávez se ve obligado a salir del país, encarcelan y reprimen a los chavistas, encarcelan a los corruptos y se desata un preclima de guerra civil con mucha violencia.

4. La boliburguesía y sectores del ejército (boliburgueses de facto o en proyecto) se alían con la IV República, botan a Chávez fuera del país, reprimen al chavismo honrado y reinventan el país a la hondureña.

5. Sectores del Ejército echan mano de Pdvsa, descartan a Chávez y toman el poder, aliados con la IV República.

¿O todo sigue como está?

El gobierno anterior

Lo cierto es que los gobiernos no hacen revoluciones: son los pueblos. Las reformas no eliminan el problema subyacente sino que reducen apenas el ritmo, ni liberan a nadie. Sería interesante releer a Rosa Luxemburgo.

Mientras, siguen los cambios en el gabinete y el reacomodo de los nuevos grupos de poder. Hay un cambio de personajes, mientras un tufillo a conciliación de élites ilegitima el discurso chavista. El presidente de un banco estatal con 70% de morosidad pasa a sustituir quizá al ministro con mayor arraigo popular. Parecen ser menos los militares en el gabinete ministerial, hecho que había causado una alarmante exclusión de las mujeres y creciente autoritarismo en sus despachos.

Con once años de gobierno, es difícil culpar siempre a los gobiernos anteriores y a la naturaleza (en el caso de la energía, al fenómeno de El Niño), aunque nadie duda de la ineficiencia y aun de la corrupción. La misión brasileña que vino a asesorar sobre el tema eléctrico halló que simplemente realizando las tareas de mantenimiento en el embalse El Guri (que genera 70% de la energía del país) el gobierno “puede ganar 40 días”. Una de las manifestaciones de la cultura personalista es juzgar que, para dirigir bien un ministerio, una empresa o un sector de la economía, basta con el compromiso político.

Un enviado especial del diario mexicano La Jornada ponía en boca de un “ejecutivo de una empresa que ha trabajado para la estatal de electricidad” que “Cada vez que llega un nuevo ministro trae un equipo de 20 o 30 personas que sólo hacen el cálculo de cuánto se pueden llevar mientras duren en el cargo. Firman contratos y pasan los años y no pagan”. No creo que nadie pueda quejarse por este comentario.

Lo cierto es que este es un país acostumbrado al derroche: no está habituado al racionamiento, (y creo que) es la primera vez en la historia que ocurre. Lo cierto es que devaluación del bolívar y la sensible mejora de los precios petroleros permitirán mantener las misiones y los distintos programas sociales. Luis Vicente León (para nada chavista, director de Datanálisis), recuerda que “El gasto público que se mete en el bolsillo de esa población es muy potente en términos de reconexión popular”.

Pero algunos analistas también tienen en cuenta que Chávez tiene una carta en la manga que no ha jugado aún, el uso del nacionalismo, que no ha explotado lo suficiente (el conflicto con Colombia), y también que el nivel de conciencia de la ciudadanía no es la misma que en 1998, ni por atisbo.

Restan siete meses para las elecciones parlamentarias. Mientras, vaya pensando en los cinco escenarios.

*Director del mensuario Question

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