Nov 2 2004
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Opinión

Venezuela o el dilema de la democracia

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

El próximo domingo, los venezolanos acudirán a las urnas electorales. Van ellos a fortalecer la democracia. El símbolo del régimen democrático es un boletín de voto y una urna electoral. No han ganado mucho los venezolanos con su culto tenaz, reincidente, hacia la democracia.

Desde 1983, el país vive una situación de retroceso y caída sin precedentes en su historia. La crisis más grave, la situación más aflictiva, el proceso más triste en nuestra historia reciente se viene viviendo desde entonces.

Para remediar semejante crisis, Venezuela dio la presidencia por segunda vez a ese impostor sin talento que es Carlos Andr√©s P√©rez. Pero el milagro de los a√Īos setenta, cuando hasta un imb√©cil pod√≠a ser presidente de Venezuela sin riesgos ni dificultades, fracas√≥ a tal punto que hasta sus compa√Īeros mafiosos, los adecos, se vieron obligados a echarlo del poder.

Trajo entonces el pa√≠s al abuelo sapiente con el doctor Rafael Caldera elevado a la presidencia por una rara coalici√≥n de izquierdistas sinverg√ľenzas y derechistas aprovechadores. Tanto el anciano estadista como la bandada de merodeadores que lo acompa√Īaban fracasaron con estr√©pito irremediable. Entonces Venezuela corri√≥ hacia el pasado en 1999.

Cuando otros pa√≠ses, en el tr√°nsito de un siglo a otro miraban hacia delante, el nuestro trajo al poder lo m√°s manoseado, tradicional y gastado al llamar a la Presidencia de la Rep√ļblica a un caudillo sin batallas como son todos los militares de nuestra √©poca. Hugo Ch√°vez es un retorno hacia el pasado, un viaje al ayer. Hasta la ret√≥rica ochocientista que lo caracteriza evoca al hato ¬ęEl Totumo¬Ľ, donde se alzaba Crespo, o al hato ¬ęSan Pablo¬Ľ, donde se alzaba P√°ez.

El fracaso se paga

fotoLos fracasos de la democracia los paga Venezuela. Mientras el venezolano va a votar este pr√≥ximo domingo, un mendigo estira la mano en una estaci√≥n del Metro de Caracas para impetrar la limosna que le permita sobrevivir. Nunca se vieron las estaciones del Metro de Caracas m√°s invadidas que ahora por la mendicidad. Hay en las escaleras que bajan al subterr√°neo mujeres con ni√Īos en sus brazos, ancianos ciegos, j√≥venes ya agobiados, estirando todos la mano o haciendo con ella una especie de pozuelo donde caigan las limosnas.

En Caracas no han aumentado sino los mendigos desde aquel Viernes Negro que puso fin a las prosperidades petroleras. Ni√Īos rapaces, viejos menesterosos, mujeres andrajosas, toda una colecci√≥n del dolor muestra su rostro doloroso a esa ciudad cada vez m√°s pobre.

El comandante Chávez lanza millones, millardos o billones al aire. Misión Ribas, Misión Vuelvan Caras, Misión Ayacucho, qué sé yo, misión Guardajumo, los billones danzan, pero los estómagos cada vez están más vacíos. El Presidente juega con los billones y el hambre juega con los venezolanos. Pero tenemos todos el derecho a votar. No hay fraude, sentencian los mujiquitas; no hay fraude, corea una oposición que ya aprendió las artes de la Celestina.

Manicure de cifras

Mientras los venezolanos votan y con ello se creen soberanos, las realidades abruman. En 1980, nuestro producto por habitante era de 30.000 bol√≠vares medidos en unidades de valor constante y hoy es de 23.000 bol√≠vares. Ning√ļn otro pa√≠s de Am√©rica del Sur ha ca√≠do de manera tan clara y constante. El salario medio real de un trabajador venezolano hoy es inferior al de 1950. Con raz√≥n la gente m√°s humilde tiene hoy cierto respeto por Marcos P√©rez Jim√©nez.

Pero frente a la miseria creciente, frente a este fracaso nacional, tenemos un mito: el de la democracia. Venezuela no tiene trabajo para sus hijos, pero tiene derechos humanos. A los desempleados, a los hambrientos, a los desesperados le recitamos la monserga de los derechos democr√°ticos. Con ella limpian su conciencia antiguos revolucionarios, hoy convertidos en barrigones frecuentadores de los restaurantes del este de Caracas o del norte de Maracaibo.

Concurriendo a las urnas se olvida el rostro del rapazuelo hambriento que en una boca del metro estira su mano o hace brillar sus ojos buscando el óbolo que alivie el hambre secular.

Hay que votar, dice el comandante Chávez, la revolución necesita el voto; hay que votar, contestan los adecos; hay que votar, corean los de Primero Justicia. Todos ellos, como los mosqueteros de Dumas, gritan: hay que votar.

Un india way√ļ, a quien los indigenistas del Gobierno abandonaron porque ya no les interesa, oye aquello con indiferencia.

La abstención crecerá

Pese a todo, pese a la propaganda en cadena de ese refectorio del sistema que es el CNE, la abstenci√≥n ser√° la vencedora en el c√≠vico torneo del 31 de octubre. No significa ella nada, dicen los c√≠nicos, los optimistas o los sinverg√ľenzas. Acorto plazo la abstenci√≥n no significa nada; tienen raz√≥n los c√≠nicos. Pero a mediano o a largo plazo, ella ser√° la vencedora.

La abstenci√≥n ha logrado desprestigiar a la democracia, descalificar su mito del voto, empa√Īar su cr√©dito. Nadie en Venezuela se hab√≠a atrevido a poner en tela de juicio a la democracia, a desafiarla en el campo de las ideas. Ni los dictadores de derecha tuvieron ese atrevimiento pese a que pisoteaban los derechos pol√≠ticos de los ciudadanos. Pero lo hac√≠an de hecho.

La abstención sí se atrevió, desde 1970, a desafiar la democracia y ha ganado la batalla ideológica y moral. Hay una prioridad en las batallas. Primero, ellas se ganan en el campo ideológico y moral. La Ilustración ganó su pelea primero en el plano de la filosofía con El espíritu de las leyes y El contrato social; el socialismo ganó también su primera batalla con El Capital.

Aqu√≠ existe ya un n√ļcleo social que perdi√≥ todo respeto por la democracia. All√≠ est√° el futuro. C√≥mo llevar ese n√ļcleo a vencer es una tarea de ingenier√≠a pol√≠tica; el trabajo ideol√≥gico ya est√° hecho. ¬ŅNo es verdad?, cabe preguntarle a los millones de desheredados que este domingo ver√°n con indiferencia el espect√°culo del voto.

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* Escritor y político venezolano. Una entrevista al autor puede leerse en:

www.pieldeleopardo.com/modules.php?name=News&file=article&sid=309.

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