Dic 16 2018
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Ambiente

La cultura de los gases de efecto invernadero

En 1992, la Organizaci√≥n de las Naciones Unidas organiz√≥ una conferencia cumbre sobre desarrollo y medio ambiente en R√≠o de Janeiro. El resultado tangible m√°s importante fue la firma de la Convenci√≥n marco sobre Cambio Clim√°tico (Unfccc, por sus siglas en ingl√©s). Es el tratado internacional m√°s importante sobre cambio clim√°tico. La conferencia de las partes que se lleva a cabo en Katowice, en el coraz√≥n de la regi√≥n productora de carb√≥n en Polonia, es el √ļltimo episodio de lo que cada vez m√°s se parece a una tr√°gica comedia de errores.

Mientras la comunidad cient√≠fica publica informes cada vez m√°s alarmantes, los gobiernos de los principales pa√≠ses emisores de gases de efecto invernadero (GEI) pretenden mantener negociaciones serias sobre la forma de evitar la cat√°strofe final. Las conferencias de las partes de la Unfccc se suceden a√Īo tras a√Īo sin que se tenga un instrumento confiable para la reducci√≥n de emisiones de GEI. La COP24 reunida en Katowice se desarrolla ante un tel√≥n de fondo ominoso.

De todas las fuentes de energía, el carbón es la que más GEI produce. Y Silesia, en Polonia, es la principal región productora de carbón en ese país. Así que no sorprende que los delegados puedan contemplar en el vestíbulo del centro de convenciones de Katowice pedazos de carbón desplegados como piezas de arte detrás de llamativas vitrinas. También se puede apreciar una exposición de joyería incrustada en carbón y cosméticos a base de hulla. Los asistentes a la COP24 pudieron también disfrutar de un concierto ejecutado por la banda de mineros del carbón. Los organizadores de la conferencia creyeron que era un buen momento para celebrar la cultura del carbón y las emisiones de gases invernadero.

Al mundo industrializado se le ocurri√≥ otra forma de celebraci√≥n: en los pasados dos a√Īos las emisiones de gases de efecto invernadero han vuelto a incrementarse despu√©s de cuatro a√Īos de haberse estabilizado. Est√°bamos mal, pero ahora estamos empeorando. Para confirmar lo anterior, en su discurso de apertura de la COP24, el presidente de Polonia, Andrzej Duda, se√Īal√≥ que su pa√≠s tiene reservas de carb√≥n para dos siglos.¬†Ser√° dif√≠cil no utilizarlas, sentenci√≥.

Cuando se firm√≥ la Unfccc en 1992, nadie pregunt√≥ si la estructura y din√°mica de la econom√≠a mundial permitir√≠an reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Estaban comenzando los a√Īos de lo que Greenspan, entonces presidente de la Reserva Federal, llam√≥ la¬†gran moderaci√≥n, anunciando una √©poca de estabilidad macroecon√≥mica y crecimiento. Mientras se consolidaba el neoliberalismo, se cantaban loas a la globalizaci√≥n.

En 1997 se firmó el Protocolo de Kioto, que estableció un mercado de cuotas transferibles de carbono como mecanismo para reducir las emisiones de GEI. Las fuerzas del mercado eran el nuevo dios y la idea implícita era que la globalización neoliberal conduciría a evitar el cambio climático. El tratado terminó en el fracaso, pero inauguró una senda peligrosa de complacencia y de falsas soluciones.

En aquellos a√Īos la econom√≠a mundial ya mostraba una desigualdad que ser√≠a muy dif√≠cil revertir. Debajo de la aparente tranquilidad se estaban gestando las tormentas de una nutrida serie de crisis econ√≥micas que mostrar√≠an que la inestabilidad del capitalismo era real. Pero el mensaje no ser√≠a escuchado. Todo sigui√≥ igual en las negociaciones sobre cambio clim√°tico y en otras conferencias de Naciones Unidas sobre los objetivos del milenio o respecto de las metas de desarrollo sustentable. Nadie cuestionaba las distorsiones, desequilibrios, desigualdad y el predominio del sector financiero.

En 2012 se llev√≥ a cabo la conferencia en R√≠o de Janeiro sobre desarrollo sustentable. Se supon√≠a ser√≠a la celebraci√≥n de¬†R√≠o+20. En plena debacle financiera global, el documento final ni siquiera menciona la palabra crisis. Hasta propuso que las inversiones necesarias para alcanzar las metas del desarrollo sustentable podr√≠an provenir del sector financiero. En el colmo del enga√Īo, el documento alardeaba estar basado en un modelo matem√°tico de simulaci√≥n de la econom√≠a global, en el cual ni siquiera se mencionaba al sector financiero.

Hace un mes el banco Credit Suisse¬† dio a conocer su informe sobre riqueza y desigualdad en el mundo. Las cifras son aterradoras: 10 por ciento de habitantes del planeta posee 85 por ciento de la riqueza global. Seg√ļn el texto, la concentraci√≥n de riqueza y poder econ√≥mico no tiene paralelo en la historia: uno por ciento de habitantes del planeta concentra 50 por ciento de la riqueza global. Lo m√°s importante no aparece en el informe de este poderoso banco: las fuerzas econ√≥micas desatadas bajo el neoliberalismo son las responsables de esta desigualdad y se est√°n encargando de intensificarla. Son las mismas fuerzas que se oponen a la descarbonizaci√≥n de la econom√≠a mundial. Su marco de pol√≠tica econ√≥mica impide la transici√≥n energ√©tica hacia una econom√≠a alejada de los combustibles f√≥siles.

 

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