Ago 22 2012
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Política

Acaso acompañe a la elección presidencial venezolana un timbre: el de alerta roja

La oposición gusta de decir que nunca antes habían tenido tanta oportunidad como ahora de ganar unas elecciones presidenciales contra Chávez. Para nosotros (y para mucha gente en el país y en el mundo) la proyección está clara: Chávez gana, aunque está por verse por cuánta ventaja.

 

Parafraseando a la oposición, decimos que nunca antes había habido una probabilidad de desarrollo de una conspiración a gran escala como ahora, en el marco de una campaña electoral presidencial, aunque también hemos señalado, varias veces y en ese sentido, la diferencia entre querer y poder.

 

Nosotros nos negamos a santificar las encuestas, aunque la coincidencia entre las principales encuestadoras en cuanto a una ventaja sólida de Chávez nos hace recordar el conocido dicho: cuando el río suena, piedras trae. Una de las señales más claras de que la oposición sabe lo que está ocurriendo es la desesperación que comienza a mostrar su candidato.

 

Capriles, que venía tratando de vender una imagen angelical de conciliador y unificador, en los días recientes se ha dejado de vainas y ha empezado a insultar y a lanzar excremento desde su ventilador. Hace apenas unos días exclamó que todos los funcionarios del gobierno son unos “bandidos y unos sinvergüenzas”. Estos cambios violentos de estrategia siempre han sido señal de que una campaña no está funcionando

 

¿Tendrá algún efecto está nueva faceta del majunche? Es probable que sí lo haya: un efecto negativo. Uno de los grandes dramas de la candidatura de la derecha es que no importa mucho lo que diga ni hacia donde dirija los tiros, pues su principal problema es él mismo candidato: un hombre sin credibilidad, que no despierta emociones más que en una minoría de fanáticos, que no engancha con el pueblo de menos recursos, que es la mayoría.

 

La mayoría de los millones de votos que sacará (entre 5 y 6, calculamos nosotros) serán contra Chávez y no por él.

 

En ese contexto, la derecha radical sigue tomando la sartén por el mango. Conociendo lo que va a ocurrir, este sector se prepara para profundizar el sabotaje, generar distintas acciones tendentes a desestabilizar y, si puede, generar un conflicto violento en torno al 7 de octubre utilizando al matriz de fraude que ya viene construyendo. En ese sentido, hay factores que deben ser protegidos de manera especial uno de ellos el eléctrico.

 

El pasquín mayamero El Nuevo Herald ha presentado un reportaje sobre un supuesto documento (que tiene visos de ser auténtico), titulado Plan de apoyo de seguridad eléctrica nacional de la milicia bolivariana, que se dice contempla la asignación de 2.000 milicianos para proteger las instalaciones en los próximos meses. Ojala sea verdad.

 

El diario afirma:
“Según el plan, los milicianos estarían distribuidos en tres ‘dispositivos’ diferentes, denominados Turbina, Estación y Torre, los cuales podrían operar conjuntamente entre ellos o por separado, en actividades que van desde el patrullaje de áreas y los controles de puntos de entrada, hasta las operaciones de ‘redes de contrainteligencia’”.

 

Al margen de la veracidad o no de esta información, lo cierto es que esperamos que en verdad el Gobierno Nacional y la Fuerza Armada estén tomando cartas en este delicado asunto. Porque los síntomas de las operaciones de sabotaje en preparación son notables.

 

Por ejemplo, la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec) inició investigaciones por un acto de sabotaje ocurrido el pasado jueves 16 de agosto en la subestación La Castellana, en el municipio Chacao de Caracas, que ocasionó la explosión de un transformador por impactos de bala, tras lo cual la zona quedó sin servicio eléctrico.

 

En las últimas semanas se han registrado incidentes semejantes. El viernes 10 de agosto, desconocidos cortaron 54 metros de cables de conectores en la subestación El Furrial, que presta servicio a la planta Jusepín de PDVSA, en Monagas. El Comisionado Nacional de Distribución, Comercialización y UREE de Corpoelec, Jesús Graterol, indicó que este tipo de sabotaje al Sistema Eléctrico, lejos de perjudicar a la empresa, constituye un acto agresivo contra la tranquilidad del pueblo. Por supuesto, es eso lo que buscan, crear descontento y zozobra.

 

Por su parte, el ministro de Energía Eléctrica, Héctor Navarro, exhortó a la ciudadanía a proteger las instalaciones y equipos eléctricos de aquellos que pudiesen estar interesados en sabotear el proceso electoral:
“No van a lograr sabotear el sistema eléctrico nacional porque las respuestas de los trabajadores, especialistas y del pueblo son contundentes”.
Que así sea.

 

También es significativo el aumento de los decibeles de la campaña contra el árbitro electoral. En su programa dominguero, José Vicente Rangel aseveró:
“La campaña en contra del CNE sigue escalando. En medios de comunicación como El Nacional, El Universal, cadenas radiales, Globovisión, se adelanta a través de editoriales, informaciones, caricaturas y columnistas”.

 

No hay ninguna duda del avance en la preparación del “Plan B”, el cual podría incluir la participación de unidades tácticas violentas en operaciones en torno al evento electoral. En la medida en que se acerque el 7 de octubre, se debe ir aumentando el tomo de la alerta general oficial, militar y popular, hasta alcanzar el nivel rojo.

 

Suma y sigue.nOtra campaña que también irá in crescendo hacia el 7 de octubre es la que adelanta la derecha internacional contra Chávez y la Revolución Bolivariana. Ya se han venido pronunciando recientemente personajes como Mario Vargas Llosa, Alvaro Uribe, Federico Franco, Vicente Fox y otros.

 

Ese chaparrón no escampará, más bien el aguacero se pondrá más fuerte.

 

Ecuador y la realidad imperial

 

Se sigue desarrollando la situación en torno a Julian Assange y el asilo otorgado por Ecuador. Por ahora la perspectiva es que caiga en una especie de punto muerto, dada la negativa británica a entregar el salvoconducto.

 

El Reino Unido ha bajado el tono —seguramente tratando de enmendar lo que parece haber sido un error de cálculo inicial— con las amenazas contra la embajada ecuatoriana. Ese error puede haber contribuido a que se haya morigerado el apoyo de Estados Unidos, Suecia y los otros países europeos.

 

Todos han guardado silencio o se han limitado a establecer, como tema principal, que la situación es un asunto bilateral entre Gran Bretaña y Ecuador. El ministro británico de Relaciones Exteriores, William Hague, declaró que “Estamos decididos a trabajar con los ecuatorianos para resolver este caso amistosamente”.

 

En cuanto a Estados Unidos, disfraza su apoyo a su principal aliado europeo tras eufemismos y actitudes a lo Poncio Pilatos. En un comunicado, el Departamento de Estado dijo que “Estados Unidos no forma parte de la Convención de 1954 de la OEA sobre el Asilo Diplomático y no reconoce el concepto de asilo diplomático como una cuestión de derecho internacional”.

 

Esto es, claro está, de un cinismo enervante. Pese a que Wáshington no forma parte de la convención de 1954, utilizó varias veces la inmunidad en sus misiones diplomáticas para proteger a opositores en países considerados por ellos “no democráticos”, como China, y ha dado asilo en su territorio a terroristas como Posada Carriles y Orlando Bosch.

 

Por supuesto, el Imperio trata de dejar a Latinoamérica como la guayabera en el tratamiento del impasse: “Creemos que se trata de un asunto bilateral entre Ecuador y Gran Bretaña y que la OEA no tiene ningún papel en esta cuestión”.

 

Frente a esta posición sibilina, nuestro canciller, Nicolás Maduro, ha salido al paso estableciendo:
“Esto no es un conflicto bilateral entre dos países, está en el centro el respeto al derecho internacional, el respeto al derecho humanitario y el respeto a las embajadas y los cuerpos diplomáticos”.

 

Ya el ALBA y la Unasur han acordado su solidaridad con la posición de Ecuador, aunque en el caso del segundo organismo mencionado, de una forma más débil, lo cual se expresa en la posición de Colombia, que no deja de ser ambigua. La canciller María Angel Holguín afirmó:
“Para Colombia es clarísimo: nosotros hemos sido muy respetuosos y hemos aplicado el derecho al asilo muchas veces. El asilo hay que respetarlo, esa es una decisión autónoma de cada país…
“Nosotros en eso no vamos a entrar a opinar absolutamente nada sobre la decisión que ha tomado el Ecuador pero hay que tener claro que se debe respetar la Convención de Viena, creemos que un país no puede simplemente no cumplir con las disposiciones de esta normativa universal”.

 

Sin embargo, ha suavizado su declaración agregando que “Creemos que es un tema que Ecuador y Gran Bretaña deben resolver más que los otros países opinemos sobre el asunto”, acercándose así más a la posición estadounidense de lavarse las manos como Pilatos.

 

Ese tipo de posiciones como la del Departamento de Estado y Colombia minimiza temas principalísimos que fueron abordados por Julian Assange en su comparecencia del fin de semana en el balcón de la embajada de Ecuador en Londres. Assange dijo:
“Le pido al presidente Obama que renuncie a la persecución en contra de Wikileaks… El soldado Bradley Manning debe ser liberado por el gobierno de Estados Unidos. Él es un héroe y un ejemplo para todos nosotros… la guerra de Estados Unidos contra los reveladores de la verdad debe finalizar”.

 

Quienes se rasgan permanentemente las vestiduras en la “defensa de la libertad de expresión” se tratan de hacer los suecos ante la evidente cacería implacable contra un comunicador mundialmente célebre como Julian Assange y el desconocimiento de su derecho al asilo.

 

Entretanto, en Venezuela el candidato burgués y su comando vuelven a obviar cualquier referencia a importantes temas internacionales como este, transidos entre la necesidad de ser obsecuentes con sus amos y la intención de ocultar ante el pueblo su carácter de vasallos y colonizados.

 

Empero, las costuras de la derecha del patio se traslucen en el editorial de ayer del diario El Nacional, un nítido ejemplo de manipulación y de adhesión mal disimulada a los intereses del imperialismo. En ese editorial, titulado El asilo de Assange, el pasquín derechista expresa:
“Prevaleció el sentido de la oportunidad. El fundador de Wikileaks había abandonado su régimen de arresto domiciliario para instalarse en la embajada ecuatoriana desde mediados de junio y supo, al igual que el gobierno de Rafael Correa, sacar el mayor provecho de la atención internacional sobre este caso. Al fin y al cabo, por motivaciones distintas, tanto el australiano como el presidente de Ecuador han hecho del impacto noticioso su modo de vida”.

 

Es obvia la intención de presentar el caso como producto de una conducta oportunista de Assange y Ecuador, y de obviar el detonante real, que es la persecución contra el comunicador, y el irrespeto a la soberanía de Ecuador y al derecho internacional.

 

El Nacional no deja de justificar, abyectamente, a los mandamases ingleses:
“Para la justicia inglesa, que no está obligada por el asilo diplomático, no se trata de una acusación política que da lugar al asilo político que, en palabras del canciller inglés, William Hague, no se puede ‘usar para escapar de los procesos legales de los tribunales’. Lo procedente es, por tanto, ajustarse a las normas europeas de extradición…
“Otro denominador común ha sido aprovechado: la supuesta intención del gobierno inglés de capturar a Assange violando la inmunidad de la embajada ecuatoriana en Londres. De inmediato, sin importar las aclaratorias inglesas, desde Quito se ha invocado a la Alba, la Unasur, incluso a la OEA, con grandilocuencia que recuerda los días del ‘golpe policial’”.

 

Es más que repulsiva esta manera de arrastrarse ante los imperialistas y los colonialistas, y de ventilar el odio de la burguesía contra la dignidad y la soberanía de nuestros países.

 

El Nacional concluye su editorial queriendo definir la actitud de Assange y Ecuador con términos peyorativos:
“Correa, el presidente que le ha declarado la guerra a los medios de comunicación, ha dicho que Assange aspira a ‘continuar su misión de libertad de expresión sin límites’ en Ecuador… Quizá el mandatario y su asilado prefieran que el espectáculo londinense continúe”.

 

Para este periódico, paladín emblemático de los canallas mediáticos, el conflicto no es más que un espectáculo montado por las víctimas de la prepotencia imperial. El argumento está emparentado con otro que viene manejando la canalla mediática internacional: que la embajada de Ecuador no es para Assange más que una “jaula de oro”.

 

Al menos El Nacional es más sincero, solo un poquito más, que Capriles y su combo de lacayos.
——
* Periodista.

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