Ago 26 2015
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OpiniónPolítica

Alexis Tsipras: el transformismo como instrumento para derrotar al sujeto popular

 

Ellos, los que mandan, nunca se equivocan. Aciertan casi siempre. Su especialidad es cooptar, integrar, domar a los rebeldes para asegurar que el poder de los que mandan de verdad y no se presentan a las elecciones se perpet√ļe y se reproduzca. El transformismo es eso:¬†instrumento para ampliar la clase pol√≠tica dominante con los rebeldes, con los revolucionarios, asumiendo algunas de sus reivindicaciones a cambio de neutralizar y dividir a las clases subalternas.

La clave es esta: para conseguir que el sujeto popular sea no solo vencido sino derrotado, es necesario cooptar a sus jefes, a sus dirigentes. Con ello se bloquea la esperanza, se promueve el pesimismo y se demuestra que, al final, todos son iguales, todos tienen un precio y que no hay alternativa a lo existente. La organización planificada de la resignación.

Con¬†Tsipras¬†no ha sido f√°cil. Era un reformista sincero y, adem√°s, un europe√≠sta convencido, de los que pensaban que se podr√≠an conseguir concesiones de los socios europeos; que a estos se les podr√≠a convencer de que las pol√≠ticas de austeridad no solo eran injustas sino profundamente ineficaces y que para poder pagar la deuda se deber√≠an incentivar un conjunto de pol√≠ticas diferentes que relanzaran la econom√≠a, que solucionaran la cat√°strofe humanitaria que viv√≠a el pa√≠s y que hicieran compatible la soberan√≠a popular con la pertenencia a la UE.¬†Varoufakis¬†ha sido la cara y los ojos de esta estrategia negociadora que √©l, en alg√ļn momento, ha definido como¬†kantiana, es decir, basada en la raz√≥n y en la b√ļsqueda del inter√©s com√ļn.gr Tzipras y varoufakis

La historia es conocida. Hoy sabemos que esa estrategia ha sido un rotundo fracaso: no se consigui√≥ nunca dividir a los Estados europeos m√°s poderosos y el dominio alem√°n fue claro y definitorio desde el comienzo. Todo esto lo sabemos por el propio Varoufakis, que ha ido relatando este aut√©ntico ‚Äúv√≠a crucis‚ÄĚ que nunca implic√≥ realmente una negociaci√≥n y que, desde el primer momento, fue un chantaje en toda regla del tipo ‚Äúlo tomas o lo dejas‚ÄĚ y, mientras, la presi√≥n sostenida y permanente del BCE agotando la liquidez y las instituciones europeas negando los cr√©ditos.

Dieciocho contra uno. As√≠ ha sido este proceso, que ten√≠a tres objetivos fundamentales. El primero, combatir el mal√≠simo precedente griego en un sentido claro y rotundo: los pa√≠ses endeudados del Sur no pueden tener otras pol√≠ticas econ√≥micas que las dictadas por la Troika. En segundo lugar, apoyar firmemente a los gobiernos de la derecha y de la socialdemocracia que, de una u otra manera, en uno u otro momento, se plegaron a las pol√≠ticas impuestas por el Estado alem√°n; estos partidos siguen siendo absolutamente necesarios para garantizar las pol√≠ticas neoliberales dominantes y bajo ning√ļn concepto se les puede dejar caer,¬†m√°xime cuando emergen fuerzas alternativas, de eso que la UE y los gobiernos de turno llaman¬†populismo. El tercero, el mensaje real que se manda a las poblaciones, sobre todo del Sur, es que √©sta UE, sus pol√≠ticas y sus relaciones reales de poder, no tienen alternativa. Lo que queda es la estrategia del miedo: o se aceptan estas pol√≠ticas o se producir√° el caos y la cat√°strofe econ√≥mica y social de la salida del euro.

En muchos sentidos,¬†el caso griego es bastante excepcional. Grecia es un viejo-joven pa√≠s con una honda tradici√≥n pol√≠tico-cultural, con una fuerte identidad como pueblo y con un gran sentido patri√≥tico. Se hab√≠a ido produciendo en √©stos a√Īos una simbiosis, una nueva relaci√≥n entre la defensa de los derechos sociales, la independencia nacional y de la unidad de una gran parte del pueblo en torno al apoyo a las clases trabajadoras, a los pobres y a los j√≥venes que estaban viviendo una grave regresi√≥n en sus condiciones de vida y de trabajo. Todo esto termin√≥ identific√°ndose con dos nombres: Syriza y Tsipras. El ejemplo m√°s claro de esto fue la victoria en el refer√©ndum en un pa√≠s, no se deber√≠a olvidar, que estaba viviendo un ‚Äúcorralito‚ÄĚ, con amenazas constantes de las ‚Äúautoridades europeas‚ÄĚ y con unos medios de comunicaci√≥n masivamente partidario del ‚Äús√≠‚ÄĚ.

Que al final fuese Tsipras el eslab√≥n m√°s d√©bil de la cadena obliga a pensar las cosas a fondo. Lo primero, la enorme¬†capacidad de presi√≥n de la Troika, en un sentido muy preciso y que se olvida con mucha frecuencia: lo que existe es una alianza estrat√©gica entre las instituciones europeas y los poderes econ√≥micos dominantes de cada pa√≠s que el Estado alem√°n garantiza. Para decirlo con mayor precisi√≥n: las clases econ√≥micamente dominantes est√°n de acuerdo con √©sta Europa que es la UE y con el papel que se asigna a estos pa√≠ses en la divisi√≥n del trabajo que se est√° definiendo en y desde la crisis. En segundo lugar, lo que Tsipras y la¬†derecha de Syriza¬†expresan es una posici√≥n ideol√≥gica que no siempre se consigue identificar y que, al final, se ha convertido en una enorme debilidad. Me refiero a eso que se ha llamado europe√≠smo. Reformismo socialdem√≥crata y europe√≠smo han estado √≠ntimamente relacionados. Se podr√≠a decir que la bandera del europe√≠smo sirvi√≥ para camuflar la crisis del proyecto socialdem√≥crata sobre tres ideas b√°sicas: que la UE era la √ļnica construcci√≥n posible de Europa; que la UE es un bien en s√≠, independientemente del conflicto social y de la distribuci√≥n del poder entre Estados y clases; y que el Estado-naci√≥n se hab√≠a convertido en una antigualla que necesariamente hab√≠a que superar en el proceso de integraci√≥n europea.

La inexistencia de un plan B en el proceso negociador tiene que ver, a mi juicio, con la posición política que he intentado definir. Se demostró que para Tsipras era inimaginable una Grecia fuera del euro, fuera de las instituciones de la UE, aunque eso significase la ruina económica de su país, continuar con la degradación de las condiciones sociales de la mayoría de la población y la aceptación de que el Estado griego es, de hecho, un protectorado de los países acreedores.

La Troika ha conseguido claramente sus objetivos.europa troika go home

Las pol√≠ticas que ha venido realizando Tsipras y su gobierno tras su capitulaci√≥n (as√≠ lo ha definido Varoufakis) nos impiden ser optimistas. La hoja de ruta aprobada por las instituciones europeas la est√°n cumpliendo a rajatabla, a veces da la sensaci√≥n de que se realiza con el ‚Äúfuror del converso‚ÄĚ. Hay datos que nos llevan a pensar que el asunto ir√° a peor. Tsipras sab√≠a mejor que nadie que no estaba garantizada su mayor√≠a en el pr√≥ximo congreso de Syriza. La convocatoria de nuevas elecciones no tiene nada de heroico. Sabedor de que las cosas en su partido estaban dif√≠ciles para √©l, convoca elecciones generales para conseguir tres cosas a la vez: garantizarse las siglas, propiciar la ruptura de Syriza huyendo del debate democr√°tico y del posible cuestionamiento de su liderazgo y, por √ļltimo, buscar el respaldo popular antes de que se empiecen a notar los efectos econ√≥micos y sociales de las pol√≠ticas de austeridad impuestas por la troika y aceptadas por la mayor√≠a del parlamento griego.

Seguramente Tsipras ganar√°, pero su partido habr√° ya cambiado de naturaleza y el movimiento popular y democr√°tico se dividir√° por mucho tiempo. Nada ser√° igual. Reconstruir desde abajo la alternativa despu√©s de la derrota requerir√° tiempo, inteligencia y un compromiso moral especialmente fuerte. Tsipras ahora es valiente, responsable y realista y los otros, sus amigos y camaradas de ayer, populistas, maximalistas y euroesc√©pticos. Los que mandan ganan una vez m√°s: ¬Ņaprenderemos en cabeza ajena?, mejor, ¬Ņen pa√≠s ajeno? La vida dir√°.

*Publicado en Cuarto Poder

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