Ago 21 2012
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Sociedad

Assange, las Pussy Riot y la Ley Hinz-Putin

¬ŅPor qu√© la maquinaria judicial se ensa√Īa ferozmente contra un s√ļper hacker y tres simp√°ticas cantantes multicolores? En W√°shington y en Mosc√ļ se destinan ingentes recursos para llevar a cabo la misi√≥n:
¬°Castigar a Julian Assange!… ¬°Castigar a las Pussy Riot!‚Ķ| EDUARDO LABARCA.*

 

¬ŅQu√© sucede? ¬ŅPor qu√© en Chile y en Rusia, por qu√© un ministro Hinzpeter y un rotante¬† presidente-primer-ministro-presidente Putin se empe√Īan en sacar leyes gemelas para criminalizar las manifestaciones callejeras y al nuevo demonio universal: el encapuchado?

 

El castigo y el escarmiento están en todas partes y vienen de antiguo. Glosando la obra de Maquiavelo, al que consideraba fundador de la ciencia política, Antonio Gramsci citaba a Traiano Boccalini, que un siglo después de Maquiavelo defendía elocuentemente su herencia:
‚ÄúLos enemigos de Maquiavelo lo consideran un hombre digno de castigo porque ha expuesto c√≥mo gobiernan los pr√≠ncipes y al hacerlo ha instruido al pueblo; ha ‚Äėmesso alle pecore denti di cane‚Äô [ha dado a la oveja, o sea al pueblo, colmillos de perro], destruy√≥ los mitos del poder, el prestigio de la autoridad, torn√≥ m√°s dif√≠cil gobernar ya que a los gobernados no puede permit√≠rseles que sepan tanto como los gobernantes‚ÄĚ.

 

¬°El secreto como fuente de poder! As√≠ es y as√≠ ha sido siempre, hasta que un tal Julian Assange con un simple teclado penetr√≥ en las entra√Īas m√°s hondas del poder y Wikileaks avent√≥ ante el mundo estupefacto m√°s de cinco millones de correos secretos. El rey qued√≥ desnudo y cuando se fueron conociendo los ins√≥litos secretos, a las ovejas mansas comenzaron a crecerles colmillos.

 

‚ÄĒ¬°Hay que castigar a Assange!… ¬°Destruirlo!… ¬ŅUn delito sexual?… ¬°Bingo!

 

A comienzos del siglo pasado, cuando los gobernantes europeos se preparaban para lanzar sus ejércitos unos contra otros, los pacifistas pedían el fin de la diplomacia secreta y la revelación de los documentos militares. No fueron escuchados, Europa fue arrasada por la primera guerra mundial, hubo 16 millones de muertos y 20 millones de heridos. Un Julian Assange capaz de revelar al mundo los secretos de la monstruosa máquina bélica en marcha habría evitado quizás la matanza.

 

Pero el secreto existe de la mano de la pompa, la majestuosidad, las coronas de diamantes, los cetros de oro, los palacios, las pirámides, los carruajes, las limusinas blindadas, los bufones que dan saltitos en torno al gobernante. El poder para ser tal ha de generar admiración ilimitada, temor reverencial, obediencia ciega.

 

Maquiavelo advert√≠a que el Pr√≠ncipe deb√≠a dar a veces ‚Äúejemplo de humildad y de munificencia, pero conservando inalterablemente la majestad de su clase, y cuidando que, en tales casos de popularidad, no se humille su dignidad regia en manera alguna‚ÄĚ.

 

El canto y el baile de las Pussy Riot, su falta de respeto, su irreverencia eran un misil disparado al plexo del poder de Putin y su valet, el Patriarca Kirill de la Iglesia Ortodoxa.

 

‚ÄĒ¬°Hay que castigar a las Pussy Riot!… ¬°Hay que destruirlas ante Rusia entera!… Condenarlas por blasfemar contra la iglesia que da consuelo a las masas… ¬ŅUna c√°rcel de Mosc√ļ?.. ¬°No!… ¬°Un campo de ‚Äúreeducaci√≥n‚ÄĚ como en los buenos tiempos!

 

Solo que secreto y dignidad no bastan. Con los jóvenes y adultos irreverentes que se informan y comunican por SMS e Internet y a quienes les crecen los colmillos, la autoridad no puede, no quiere dialogar.
 

 

‚ÄĒHay que hablarles el idioma del bastonazo, el chorro de agua, los gases, los balines, las balas… ¬°El sacrosanto lenguaje de la ley!
 

 

Putin y Hinzpeter, Hinzpeter y Putin no han tenido que ponerse de acuerdo. Transmisión de pensamiento.
La Ley Putin crea un laberíntico mecanismo para obtener autorizaciones y castiga a los manifestantes y organizadores con multas siderales que van de 300.000 a 600.000 rublos: nadie podrá pagar y el que no pague irá a la cárcel.
La Ley Hinzpeter castiga toda manifestaci√≥n no autorizada y responsabiliza de los ‚Äúdes√≥rdenes‚ÄĚ que puedan producirse a los organizadores.

 

En Chile como en Rusia, los actos de los encapuchados, demonios incontrolables, deben pagarlos los dirigentes.     

 

‚ÄĒ¬ŅQu√© se han cre√≠do? La verdadera forma de solucionar los problemas no es con tomas, ni con violencia, ni con cocteles molotov. La calle no es lugar para el debate: pertenece a los autom√≥viles y buses del Transantiago. Para el debate est√°n las cuatro paredes de los despachos ministeriales, los pasillos de los √≥rganos del Estado.

 

El secreto, la dignidad, la paz social, el poder se han salvado.
‚ÄĒ‚ÄĒ
* Escritor.
En su ¬ęblog¬Ľ (http://eduardolabarca.blogspot.com).

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