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may 12 2013

EconomíaPolítica

¿A qué intereses sirven los BRICS?

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En 2001, Jim O’Neill, entonces presidente de Goldman Sachs Assets Management, escribió un artículo para sus suscriptores titulado El mundo necesita mejores BRICs económicos. O’Neill inventó las siglas para describir a las llamadas economías emergentes de Brasil, Rusia, India y China, y para recomendarlas a los inversionistas como el futuro económico de la economía-mundo.

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mar 9 2013

Política

¿Debe importar a los no católicos quién es nombrado papa?

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¿Debe importar a los no católicos quién es nombrado papa? Por supuesto. El Vaticano es un importante actor geopolítico. Así como todo mundo puede sentir que le concierne quién arriba como líder de Estados Unidos, Alemania, Rusia, China o Brasil, así también nos concierne quién se vuelve papa. Se dice que Stalin preguntó alguna vez: “¿Cuántas tropas tiene el papa?” Pero la fuerza geopolítica es más que la fuerza militar.

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feb 24 2013

OpiniónSociedad

Disturbios en Túnez y Egipto: ¿el comienzo o el fin de las revoluciones?

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En diciembre de 2010 un solo individuo encendió en Túnez una revolución popular contra un autócrata venal, levantamiento que fue seguido muy pronto por una erupción semejante en Egipto contra otro autócrata venal parecido.

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feb 9 2013

OpiniónPolítica

La muy riesgosa apuesta de Hollande en Malí: el desastre probable a largo plazo

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El 11 de enero, el presidente de Francia, François Hollande, envió tropas a Malí. En lo inmediato unas cuantas, pero después unas 3 mil 500, número considerable. El objetivo expresado era luchar contra los varios fundamentalistas islámicos que han tomado el control del norte de Malí.

Fue lo que los franceses podrían llamar una gageure –término que deriva de gage, en el sentido de apuesta. Básicamente significa emprender algo muy difícil de lograr. Pienso que la mejor forma de traducirlo es como “apuesta riesgosa”, y en este caso diría que se trata de una apuesta muy riesgosa.

¿Qué fue lo que apostó Hollande y por qué lo hizo? Es fácil ver por qué razonó que era buena idea. El presidente de Malí le envió una petición formal de que enviara tropas de inmediato. La justificación ofrecida por ambos presidentes fue que el ejército maliense estaba más o menos en plena retirada y parecía posible que, en un lapso corto de tiempo, los fundamentalistas islámicos pudieran lograr el control de Bamako, la capital de Malí, y gobernar todo el país. Parecía cuestión de ahora o nunca.

Es más, Hollande sintió que tenía un respaldo considerable en todo el mundo para emprender algo así. Naciones Unidas había aprobado una resolución por unanimidad, ofreciendo apoyo político al gobierno maliense y autorizando la entrada de tropas africanas de los países vecinos para ayudar. Sin embargo, no se consideraba que estas tropas estuvieran “listas” todavía y requerían de un urgente entrenamiento. Se había anticipado que podrían estar listas a mediados de 2013.

Hollande sintió que Francia no podía esperar tanto.

Además, Francia obtuvo el virtual apoyo de Argelia, que antes ya había opuesto acción militar, aun con tropas africanas, pero ahora autorizaba sobrevuelos. Este respaldo fue secundado por Túnez, que dijo que “entendía” lo que Francia estaba haciendo. Todos los aliados de Francia en la OTAN –en particular Reino Unido, Alemania, Italia y España, y con un poquito menos entusiasmo Estados Unidos– dijeron que Francia estaba haciendo lo correcto y que respaldarían la acción sin enviar tropas, pero ofreciendo transporte aéreo y entrenamiento para los varios ejércitos africanos.

Finalmente, para Hollande había otras ventajas adicionales. La jugada fortalecía la mano del presidente civil de Malí vis-à-vis el líder golpista del ejército maliense, algo que Francia y todos sus aliados querían. Y la jugada parecía transformar la imagen de Hollande al interior de Francia: de ser visto como un presidente débil e indeciso, de la noche a la mañana se volvía un resuelto dirigente en guerra.

Entonces, ¿cuál es el riesgo de la apuesta? Hollande le apostó a poder enviar un número limitado de tropas y aviones, arreglar que el norte de Malí fuera reconquistado por el gobierno maliense, quizá con la ayuda de otras tropas africanas y, más o menos permanentemente, desalojar a los fundamentalistas islámicos. Y esperaba lograr todo esto en un muy breve lapso –un mes o algo así.

En menos de un mes quedó claro que tal vez ya perdió la riesgosa mali tropas francesasapuesta y que Francia está en otro de esos empantanamientos de largo plazo en los que el mundo occidental parece especializarse en esta época. Antes de que Francia enviara tropas, hubo mucha discusión de por qué no deberían crear “otro Afganistán” ni Francia ni el mundo occidental en general –algo que mucha gente pensó que pasaría si se enviaban tropas. Y aunque cada situación es un tanto diferente, lo que está en proceso de ocurrir parece ser otro Afganistán. Ya está ocurriendo que algunos políticos franceses opuestos a Hollande, y que al principio respaldaron su decisión sin dudarlo, buscan “tomar su distancia”. Y ninguno de los aliados de la OTAN parece demasiado ansioso por ofrecer una asistencia en verdad sustancial, por lo que el gobierno francés gruñe en privado pese a que en público aplauda la maravillosa asistencia que le brindan.

Al momento de escribir esto las tropas malienses y francesas ya reconquistaron tres centros urbanos, principales en el norte de Malí (Gao, Tombuctú y Kidal). Y hay ya algunas tropas africanas (primordialmente de Chad) implicadas en el esfuerzo militar. Así que en la superficie se ve bien, pero justo debajo de ésta no se ve para nada bien para Hollande o para el mundo occidental.

Primero que nada, ¿qué significa “reconquistar” un centro urbano? Significa que los grupos militares fundamentalistas (son varios y diferentes entre sí) retiraron a sus efectivos y sus camiones de los poblados, o por lo menos de casi todos. Es claro que los fundamentalistas islámicos intentan combatir una guerra de guerrillas sin una confrontación directa, para la que están demasiado débiles.

¿Y replegarse adónde? En parte, parece, se replegaron a ser una fuerza subterránea al interior de los propios poblados. Y en parte, probablemente la mayor parte, se retiraron a las arenas del desierto (en las que son combatientes muy eficaces) y a fin de cuentas a las laderas cavernosas de las montañas del norte de Malí, desde donde será muy difícil desalojarlos.

Pero entonces, por lo menos, dirán ustedes, la vida en los poblados puede “retornar a la normalidad”. Bueno, no es tan así. Primero que nada, los poblados, casi todos ellos, muestran una mezcla compleja de grupos. Hay tuaregs en los poblados, por cierto. Y la lucha en pos de los derechos de los tuaregs, por autonomía o independencia, es lo que desató todo este embrollo maliense.

Hay también árabes saharianos y fulani (o peúles) –casi todos musulmanes. Y un buen número de estos musulmanes son sufíes, lo cual significa que no comulgan para nada con la versión de un islam con una súper sharia como la propagada por los grupos fundamentalistas. Además, son malienses tanto de piel clara (en buena medida los tuareg y los árabes saharianos) y de piel más oscura. Y en términos de la política de la lucha hubo algunos locales que dieron la bienvenida a los fundamentalistas islámicos, muchos más que los enfrentaron (o huyeron) y son muchos más los que intentan quedar al margen de la lucha.

Uno de los problemas es que el ejército maliense, compuesto en gran medida por sureños de piel oscura (con frecuencia no musulmanes), no entiende o no le importa esta complejidad. No le gustan los chadianos ni confía en ellos, debido a que muchos son musulmanes. Así que el ejército maliense toma revancha un tanto indiscriminadamente. Y los observadores de derechos humanos ya están condenándolos por implicarse en la misma clase de matanza arbitraria por la que la gente se queja de los fundamentalistas islámicos. Y esto, por supuesto, avergüenza a Hollande y a los franceses en general. En este punto, una razón que ofrecen los franceses en privado para quedarse combatiendo es la de servir de restricción del ejército maliense.

¿Adónde vamos? Cualquier cosa es posible. Ya puede verse el mismo debate en Francia en torno a la retirada de Malí, que el que ocurre en Estados Unidos respecto de la retirada de Afganistán. Si le otorgamos todo al gobierno local al que respaldamos, ¿se caerá todo a pedazos? ¿Son realmente los “buenos” aquellos a quienes respaldamos?

Como se ha demostrado vez tras vez, es fácil enviar tropas. Lo difícil es sacarlas. Y cuando uno lo hace, ¿son mejores o peores las circunstancias de lo que habrían sido si nunca hubiéramos enviado tropas? Este consejo es lo que el gobierno argelino profería hace un mes, hasta que ellos también cambiaron de idea. La “valiente decisión” de Hollande puede resultar siendo su “desastrosa decisión”.

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dic 22 2012

EconomíaPolíticaSociedad

Austeridad: ¿y para quién es el costo?

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Por todas partes, austeridad es la exigencia del día. Claro que pareciera haber algunas excepciones, momentáneamente, en unos cuantos países –China, Brasil, los Estados del Golfo y, quizá, unos cuantos más. Pero éstas son excepciones a la demanda que permea el sistema-mundo hoy. En parte, esta demanda es absolutamente trucada. En parte, esto refleja un problema económico real. Pero, ¿cuáles son los puntos?

Por un lado, el increíble desperdicio de un sistema capitalista en verdad condujo a una situación en que el sistema-mundo está amenazado por su real incapacidad para continuar consumiendo globalmente en el nivel en que el mundo lo ha estado haciendo, sobre todo porque el nivel real de consumo incrementa de un modo constante. Estamos agotando de hecho los elementos básicos para la sobrevivencia humana, puesto que el consumismo ha sido la base de nuestras actividades productivas y especulativas.

Por otro lado, sabemos que el consumo global es muy desigual, tanto entre países como dentro de los países. Es más, la brecha entre los actuales beneficiarios y los actuales perdedores crece con persistencia. Estas divergencias constituyen la polarización fundamental de nuestro sistema-mundo, no sólo en lo económico, sino también política y culturalmente.

Esto ya no es un secreto para las poblaciones mundiales. El cambio climático y sus consecuencias, la escasez de los alimentos y el agua, y sus consecuencias, son visibles para más y más gente, mucha de la cual comienza a llamar a un viraje en los valores civilizatorios y a alejarnos del consumismo.

De hecho, las consecuencias políticas son muy preocupantes para algunos de los más grandes productores capitalistas, que se percatan de que ya no cuentan con una posición política sostenible y, por tanto, enfrentan la inevitable incapacidad de controlar recursos y riqueza. La demanda actual en pos de austeridad es una suerte de dique de último recurso para detener la marea de la crisis estructural del sistema-mundo.

La austeridad que se está poniendo en práctica es una austeridad impuesta a los segmentos económicamente más débiles de las poblaciones mundiales. Los gobiernos buscan salvarse a sí mismos de la perspectiva de la bancarrota y buscan escudar a las mega-corporaciones (especialmente a los mega-bancos, pero no sólo a ellos) de que paguen el precio de sus egregias locuras y sus heridas infligidas por ellos mismos (con el desplome de sus ganancias). El modo en que intentan lograrlo es esencialmente recortando las redes de seguridad (si no es que eliminarlas del todo) que se erigieron históricamente para salvar a los individuos de las consecuencias del desempleo y las enfermedades graves, del embargo de las viviendas y de todos los otros problemas concretos que las personas y sus familias enfrentan comúnmente.

Aquellos que buscan sacar ventaja en el corto plazo continúan jugando en el mercado de la bolsa en transacciones constantes y rápidas. Pero en el mediano plazo éste es un juego dependiente de la capacidad para hallar compradores para los productos en venta. Y la efectiva demanda está desapareciendo constantemente, debido a estos recortes en las redes de seguridad y debido al miedo masivo de que todavía haya más recortes por venir.

Los proponentes de la austeridad regularmente nos aseguran que estamos a punto de darle vuelta a la esquina, o que lo haremos pronto, y de que volverá una prosperidad general revivida. Sin embargo, de hecho no estamos doblando esta esquina mítica y las promesas de un resurgimiento se vuelven más y más modestas y se calcula que tardarán más de lo previsto.

Hay también otros que piensan que una solución socialdemócrata está al alcance. En lugar de austeridad debemos aumentar los gastos del gobierno y fijarle impuestos a los segmentos más acaudalados de la población. Aun si esto fuera políticamente realizable, ¿funcionaría? Los proponentes de la austeridad tienen un argumento plausible. No hay recursos suficientes a escala mundial para responder al nivel de consumo que todo mundo desea conforme más y más individuos exigen políticamente estar dentro de los consumidores más grandes.

Aquí es donde entran las excepciones a las que me refiero. En este momento hay lugares que están expandiendo la cantidad fr vs austeridadde grandes consumidores, no sólo cambiando la localización geográfica de estos grandes consumidores. Los países que tienen “excepciones” están, por tanto, aumentando los dilemas económicos en lugar de resolverlos.

Sólo hay dos formas de salir del dilema real implicado en esta crisis estructural. Una es establecer un sistema-mundo autoritario no capitalista que utilice la fuerza y el engaño en vez del “mercado”, para permitir y aumentar la distribución mundial no igualitaria del consumo básico. La otra es cambiar nuestros valores civilizatorios.

Para poder concretar un sistema histórico relativamente igualitario y relativamente democrático en donde vivir no necesitamos “crecimiento”, sino lo que se conoce en América Latina como buen bivir. Esto significa involucrarnos en una discusión racional continua acerca de cómo es que el mundo entero podría asignar los recursos del mundo de tal modo que no sólo todos podamos tener lo que realmente necesitamos para sobrevivir, sino que podamos también conservar la posibilidad de que las generaciones futuras logren esto mismo.

Para algunos segmentos de la población mundial esto significa que sus hijos “consumirán” menos; para otros, que “consumirán” más. Pero en un sistema así todos contaremos con una “red de seguridad” de una vida con garantías de la solidaridad social que un sistema así hace posible.

Los siguientes 20 a 40 años habrá una enorme batalla política no en torno a la sobrevivencia del capitalismo (el cual ha agotado sus posibilidad como sistema), sino acerca de qué sistema deberemos “elegir” colectivamente para reemplazarlo –un modelo autoritario que imponga una polarización continua (y expandida) o uno relativamente democrático y relativamente igualitario.

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dic 8 2012

OpiniónPolítica

La más reciente escaramuza palestina: ¿un nuevo juego de pelota?

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El mundo entero observó el más reciente conflicto violento entre Israel y los palestinos. Todos contuvieron la respiración al ver al presidente Morsi, de Egipto, arreglar la tregua, que por el momento perdura. Y todos, excepto los israelíes, alabaron a Morsi por lograr esa tregua, que parecía difícil.

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nov 4 2012

OpiniónPolítica

Wallerstein/ Malí, ¿el siguiente Afganistán?

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Hasta hace muy poco tiempo eran muy raras las personas que hubieran siquiera escuchado hablar de Malí, fuera de sus vecinos inmediatos y su antigua potencia colonial (Francia) –mucho menos sabían algo de su historia y su política. Hoy, el norte de Malí ha sido tomado militarmente por grupos “salafistas” que comparten los puntos de vista de Al Qaeda y practican las formas más rudas de la sharia –con lapidaciones y amputaciones como castigos.

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oct 27 2012

OpiniónPolítica

Wallerstein/ La política exterior de EEUU y su opinión pública interna

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Conforme se aproximan las elecciones en Estados Unidos, con gran cautela se vuelve la política exterior uno de los puntos a debatir. No es secreto que durante los últimos 50 años ha existido cierta consistencia de largo plazo en la política exterior estadunidense. Las diferencias internas más agudas ocurrieron cuando George W. Bush asumió la presidencia y lanzó un intento supermacho, deliberadamente unilateral, por restaurar la dominación de Estados Unidos en el mundo mediante las invasiones de Afganistán e Irak.

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sep 23 2012

OpiniónPolítica

¿Importa todavía Al Qaeda?

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En el décimo primer aniversario de lo que ha llegado a conocerse como el 11 de septiembre, Al Qaeda sigue siendo un asunto discutido en repetidas ocasiones, tanto en Estados Unidos (y en el mundo pan-europeo en genera) y en Medio Oriente. El frecuente énfasis principal en Estados Unidos es el modo en que su poder está siendo contenido por acciones militares de muchos tipos, y por tanto hay la idea de que es una amenaza menguante.

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sep 8 2012

Política

De Siria a Palestina: ¿un cambio de foco?

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Si analizamos la geopolítica de Medio Oriente, ¿cuál debería ser el foco principal? Hay muy poco acuerdo en cuanto a la respuesta y, no obstante, la pregunta es clave. El gobierno israelí ha sido diligente y constante en su intento por hacer que el foco sea Irán. Esto, muchos observadores lo consideran un esfuerzo israelí por desviar la atención de su falta de voluntad para continuar con unas negociaciones serias con los palestinos.

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