Jul 11 2014
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Opini贸nPol铆tica

Bachelet en Washington

La reciente visita presidencial a Estados Unidos permite analizar el estado de las relaciones entre la primera potencia y nuestro pa铆s, en el marco del despertar de la conciencia latinomericana en defensa de su soberan铆a y en la b煤squeda de la integraci贸n. Michelle Bachelet acudi贸 a su cita en el despacho oval de la Casa Blanca en un momento especialmente delicado para las relaciones entre Estados Unidos y Am茅rica Latina.

Poner el acento en este aspecto no es balad铆. No s贸lo los pa铆ses del Alba mantienen en la actualidad una tensi贸n abierta con el gobierno de Obama. Las discrepancias tambi茅n abarcan a pa铆ses como Brasil, afectado por las pol铆ticas de espionaje econ贸mico a sus empresas estrat茅gicas, y a Argentina, que se ve atacada por la reciente resoluci贸n judicial norteamericana que le impide cancelar sus compromisos crediticios si no accede a la vez a pagar a los llamados 鈥渇ondos buitres鈥 un monto superior a los 13.000 millones de d贸lares y que amenaza su estabilidad a largo plazo.
En medio de estas graves contradicciones, la relaci贸n entre Chile y Estados Unidos puede parecer un elemento menor. Pero la singular posici贸n chilena le otorga a los ojos de Washington un papel estrat茅gico. Cuando Obama defini贸 a Bachelet como su 鈥渟egunda Michelle favorita鈥 despu茅s de su esposa, no estaba exagerando. A Estados Unidos le quedan pocos amigos en Am茅rica Latina, y los que conserva lo son por obligaci贸n y coacci贸n, m谩s que por convicci贸n. En ese cuadro, Chile quiere ser la 鈥渘i帽a bonita鈥 que se hace de rogar para salir al baile. La diplomacia chilena, encabezada por el canciller Heraldo Mu帽oz, ha denominado a esa estrategia 鈥渃onvergencia en la diversidad鈥. Una manera elegante de afirmar que Chile no se va a alinear en las disputas estrat茅gicas, sino que privilegiar谩 sus intereses, pragm谩ticamente. Esta es la posici贸n oficial pero, 驴ser谩 as铆 en la realidad?

驴Convergencia en la diversidad?
La pol铆tica internacional del gobierno Bachelet II no parece orientarse en los hechos por esta neutralidad. M谩s bien se atisba una continuidad con las pol铆ticas anteriores que llevaron a Chile a ser un campe贸n del libre comercio, a costa de su soberan铆a econ贸mica y la protecci贸n de sus sectores estrat茅gicos. Las 48 horas de Bachelet en Washington trataron de dejar en claro esta idea. Primero, ante el gobierno norteamericano. Segundo, ante la poderos铆sima C谩mara de Comercio de Estados Unidos. Y en tercer lugar, ante las instituciones de Bretton Woods: el Banco Mundial y el FMI.
La conversaci贸n con Obama gir贸 en torno al gran proyecto global que hoy est谩 desplegando Estados Unidos. Se trata del Acuerdo Estrat茅gico Trans-Pac铆fico de Asociaci贸n Econ贸mica (en ingl茅s: Trans-Pacific Strategic Economic Partnership, TPP). Esta iniciativa se complementa con el Acuerdo Estrat茅gico Trans-Atl谩ntico (Transatlantic Trade and Investment Partnership, TTIP). Como se ve, se trata de una sola iniciativa a escala mundial, que toma un nombre en su relaci贸n con Europa y otro en su despliegue hacia el Lejano Oriente, por la v铆a del Pac铆fico. Pero en el fondo es un solo programa de liberalizaci贸n del comercio mundial. Para entenderlo basta recordar que ese era el objetivo del GATT y luego de la OMC.

Pero la complejidad de alcanzar un acuerdo global por la v铆a intergubernamental se derrumb贸 definitivamente en Seattle en 1999, cuando fracasaron las negociaciones del Acuerdo Multilateral sobre Inversiones. Desde ese momento, el programa tendiente a abrir las econom铆as emergentes tom贸 otro cauce. Se comenzaron a firmar acuerdos bilaterales de libre comercio, a los que result贸 muy dif铆cil resistirse dadas las asimetr铆as entre pa铆ses centrales y los pa铆ses de la periferia.ch bachelet y obama
Hasta la crisis de 2008 Estados Unidos y la Uni贸n Europea se entend铆an en materia comercial como competidores directos. De all铆 su carrera por firmar separadamente tratados de libre comercio como los que suscribieron con Chile. Pero a partir de la crisis financiera, sus diferencias pasaron a segundo plano.

El nuevo escenario mundial les revel贸 que sus verdaderos competidores eran los BRICS: Brasil, Rusia, India, China y Sud谩frica, las potencias emergentes, que se presentaron en bloque para exigir un nuevo reparto del poder. En ese contexto la actual negociaci贸n del Tratado Trans-Atl谩ntico viene a borrar sus pasadas divergencias para integrar en un solo mercado a Europa y Estados Unidos. Por el otro frente, el acuerdo Trans-Pac铆fico completa el cerco por el oriente. Por eso el TPP y TTIP es un programa de liberalizaci贸n comercial y a la vez un proyecto neo-imperial, que busca cercar a las potencias emergentes por medio de un eje de seguridad que recorre de este a oeste todos los rincones del planeta. En ese programa Chile es una pieza peque帽ita, pero fundamental. Chile es, junto a Brunei, Nueva Zelandia y Singapur, uno de los signatarios de este acuerdo, que ni siquiera Estados Unidos ha terminado de firmar.
El resultado de esta pol铆tica lo tenemos claro: es excelente para los grandes grupos exportadores de recursos naturales, pero impide al pa铆s el desarrollo de otras 谩reas productivas, centradas en su mercado interno o en el mercado latinoamericano. Parafraseando al economista coreano Ha-Joon Chang, los tratados de libre comercio nos han pateado la escalera al desarrollo(1), ya que mientras los pa铆ses hegem贸nicos usaron pol铆ticas econ贸micas intervencionistas para enriquecerse, hoy nos impiden hacer lo mismo y nos condenan a ser exportadorones de materia prima.

Las consecuencias del acuerdo TransPac铆fico-TransAtl谩ntico

Para Chile, que ya ha firmado todos los TLC imaginables, pareciera que un nuevo tratado no incorporar铆a novedades. Pero no es as铆. La clave en esta nueva ronda de acuerdos est谩 en el campo jur铆dico. Tanto el TPP como el TTIP contemplan la creaci贸n del llamado ISDS (Investors to State Dispute Settlements), un tribunal privado especializado en dirimir disputas entre inversionistas privados y Estados. Este tribunal permite a las empresas demandar a un gobierno si cree que sus beneficios (presentes o futuros) han disminuido debido a una nueva legislaci贸n o regulaci贸n gubernamental. Por ejemplo, las mineras podr铆an demandar a Chile e impedir la aplicaci贸n de la reforma tributaria. Otra orientaci贸n de estos acuerdos radica en impedir que los Estados regulen los productos comercializables. Obligan a declarar que todo se puede vender libremente hasta que se pruebe cient铆ficamente que es perjudicial. Los responsables no son las autoridades ni las empresas, sino los consumidores que deben ir a la justicia a probar que el producto es peligroso y conseguir que se prohiba su comercializaci贸n. Este contexto explica el secretismo que acompa帽a a esta ronda de negociaciones. Alertados por la experiencia del fracaso del Alca, Estados Unidos y la Uni贸n Europea han preferido llevar las negociaciones en un marco de extrema 鈥渄iscreci贸n鈥, que impide incluso a los Parlamentos conocer lo que se tramita en las negociaciones.
Si el gobierno se decidiera a seguir su eslogan de 鈥渃onvergencia en la diversidad鈥 y llevarlo a t茅rmino con coherencia, deber铆a contar con todo el apoyo ciudadano. Pero no parece que el ministro Heraldo Mu帽oz se tome sus definiciones con el rigor que se merece. La convergercia en la diversidad deber铆a llevar a Chile a abandonar su rol de sat茅lite norteamericano en las negociaciones comerciales internacionales y apostar por una posici贸n propia, que sin buscar falsos conflictos, muestre que Chile tiene la ambici贸n de tener su lugar en el mundo, a partir de su posici贸n natural en Am茅rica Latina. Para eso debe cuidar su relaci贸n con Brasil y Argentina, ofreci茅ndoles una puerta al Pac铆fico que rompa con el cerco que el TPP intenta crear en su entorno. Pero lo m谩s importante: debe darse cuenta que acuerdos como el Trans-Pac铆fico son incompatibles con una democracia en la cual los negocios obedecen y los pueblos deciden.

Nota:

(1) Chang, Ha-Joong: Retirar la escalera, Los libros de la Catarata (2009), Madrid.

* Publicado en 鈥淧unto Final鈥, edici贸n N潞 808, 11 de julio, 2014

Addendo

Paradojas

C脕LIB脕N| En el plano de la econom铆a se registraron esta quincena dos hechos de la mayor significaci贸n: el salario m铆nimo mensual aument贸 15 mil pesos: de 210 a 225 mil pesos, o sea 7,4%. Por su parte, los bancos confesaron ganancias por 1.941 millones de d贸lares en los primeros cinco meses del a帽o, o sea 54% m谩s que en igual periodo del a帽o anterior.
Cabe recordar que en el anterior gobierno de Bachelet la banca y las compa帽铆as extranjeras obtuvieron las utilidades m谩s elevadas que registran los gobiernos posdictadura. Dime qui茅n gana, y te dir茅 para qui茅n gobiernas.

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