Mar 26 2013
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CulturaOpini贸n

Buenos Aires y el encuentro con la memoria hist贸rica reciente

plazaEl solo hecho de caminar, hace unos pocos d铆as atr谩s, por algunas calles de la ciudad de Buenos Aires, la capital federal argentina, despu茅s de haberlas imaginado, de mil maneras durante toda una vida, resulta ser algo que provoca en nosotros las emociones m谩s encontradas, una emotividad que nos lleva desde la inevitable nostalgia acerca de los seres humanos, presentes y ausentes en ese espacio vital, de muchas maneras鈥 | ROGELIO CEDE脩O CASTRO.*

 

Pero sobre todo a partir de la evocaci贸n de sus anhelos, esperanzas, luchas y frustraciones que tuvieron por escenario estas viejas calles, en tiempos muy lejanos o en otros momentos que no parecen serlo tanto; tambi茅n se nos agolpa la visi贸n de innumerables objetos de toda clase que forman parte de aquellos suelos empedrados y edificios de toda forma, tama帽o y color.

 

I
Sobre la pintoresca calle Alsina, pr贸xima a la hist贸rica Plaza de Mayo, en realidad un estrecho callej贸n que termina en una gran avenida que da vista al enorme e imponente edificio del ministerio de defensa, hemos tenido ante nuestra inquieta mirada, siempre en un vano intento de atraparlo todo, un muestrario de antiguos edificios con sus columnas, fachadas y balcones, arrancados 鈥攈ace ya mucho tiempo鈥 a la piedra y al metal por unos obreros y artesanos que ya no existen m谩s, por lo que su obra resulta irrepetible.

 

Las antiguas iglesias, siempre numerosas en estas viejas ciudades, resultan ser expresiones de un esplendor de tiempos coloniales o acaso decimon贸nicos, lo mismo que las elaboradas fachadas de algunos edificios esquineros, con sus farmacias y librer铆as, en una ciudad en donde todav铆a la gente acostumbra a leer y a reflexionar sobre el conocimiento y la cultura; al menos eso es lo que sentimos nosotros, sobre todo cuando nos recordamos del poco aprecio por el libro y la lectura reinantes en nuestros lares centroamericanos.

 

II
La Plaza de Mayo, que algunos imagin谩bamos m谩s ancha y gigantesca resulta ser, no por ese motivo, menos imponente estando siempre revestida de una gran carga simb贸lica, es hoy el escenario de una protesta de los 400 (dicen ellos) veteranos de la guerra por las Malvinas, cuyo aniversario n煤mero treinta y uno est谩 por cumplirse, el pr贸ximo d铆a lunes 1潞 de abril de este a帽o 2013 que corre, pues alegan estos combatientes que despu茅s de haber sacrificado gran parte de su juventud, ahora contin煤an experimentando el abandono, por parte de los diferentes gobiernos, que se han sucedido desde aquel a帽o de 1982, cuando en calidad de conscriptos fueron enviados, de manera irresponsable, a esa aventura militar de la que se convirtieron en los chivos expiatorios.
A la vez, dicen en sus carteles, que las Islas Malvinas fueron, son y seguir谩n siendo argentinas.

 

Hacia el costado sur de esta plaza, vemos la imponente Casa Rosada, que exterioriza la presencia f铆sica de uno de los s铆mbolos m谩s importantes del poder pol铆tico: la residencia del Poder Ejecutivo de la naci贸n, mientras que hacia el noroeste, podemos apreciar el viejo cabildo de la ciudad, una edificaci贸n pintada de color blanco, m谩s sencilla, de apenas dos plantas y con balcones, en donde dos siglos atr谩s empez贸, durante aquel ahora lejano 25 de mayo de 1810, la revoluci贸n de independencia de los pueblos del R铆o de La Plata.

 

Hacia el centro de la alargada plaza un obelisco no muy alto recuerda aquellos hechos, al estar all铆 escrita en la piedra la fecha de aquel 25 de mayo, mientras que hacia el noreste y cruzando la calle aparece el edificio de la catedral de Buenos Aires, por cierto no muy alto y que, a simple vista parece m谩s bien un viejo templo grecorromano, un espacio de culto de las antiguas deidades de aquella parte del Mar Mediterr谩neo y no precisamente la sede del episcopado argentino, desde donde acaba de partir un cardenal bonaerense, quien result贸 destinado a ocupar la silla papal de Roma.

 

III

Contemplar los distintos 谩ngulos de la Plaza de Mayo, si se tiene conciencia de lo hist贸rico, es hacer venir a nuestra memoria (algunos, no se cu谩ntos, preferir铆an que no existiera) la lucha de las Madres y Abuelas de la Plaza de Mayo, durante la 煤ltima dictadura militar que dej贸 treinta mil o m谩s desaparecidos, entre ellos los beb茅s reci茅n nacidos y arrebatados a sus madres, quienes a su vez fueron torturadas y desaparecidas.
Su presencia testimonial all铆, todos los d铆as jueves de aquellos siniestros a帽os se convirti贸 en el arma que empez贸 a corroer, desde adentro y desde lo m谩s profundo de la conciencia, aquella maquinaria del terror, encabezada por los generales Jorge Rafael Videla, Roberto Viola, Leopoldo Galtieri, Reynaldo Bignone y el almirante Massera 隆Oh la marina, siempre tan aristocr谩tica y tan reaccionaria, al igual que en Chile, en el mes de septiembre de 1973!

 

Saber, por lecturas y relatos de algunos testigos, que aquel d铆a 16 de junio de 1955, cuando empez贸 el segundo intento de golpe de estado, para derrocar al gobierno del general Juan Domingo Per贸n, los aviadores de la marina, pues no exist铆a la aviaci贸n como un cuerpo militar independiente, bombardearon la Plaza de Mayo llena de manifestantes a favor del gobierno matando, afirman algunos, cerca de 500 personas, es algo que nos deja mudos e indignados, sobre todo cuando se nos dice que muchos de estos pilotos, autonombrados seguidores de Cristo Rey y portando banderas del Vaticano, durante la ejecuci贸n de tan cobardes actos de barbarie, se constituyeron en una de las expresiones m谩s importantes del integrismo de la derecha cat贸lica de aquellos tiempos preconciliares, sin que hubiera la m谩s m铆nima consideraci贸n 茅tica entre medios y fines para lograr un determinado prop贸sito.

 

IV
No podemos olvidar que la revoluci贸n libertadora de 1955, con la que se derroc贸 al general Per贸n, despu茅s de ejecutar ese tipo de 芦haza帽as禄 termin贸 por convertirse, en menos de un a帽o, en la revoluci贸n fusiladora, cuando el general Juan Jos茅 Valle, encabez贸 el 9 de junio de 1956 una rebeli贸n c铆vico-militar contra aquel r茅gimen, que persigui贸 dura y encarnizadamente al movimiento social y obrero de ra铆ces peronistas, actuando con una sa帽a totalitaria, de tal grado y a la manera orwelliana (v.gr George Orwell y el universo totalitario de su novela 1984) se lleg贸 a prohibir hasta el simple hecho de mencionar su mera existencia.

 

V
Nos sucedi贸 adem谩s que, en la intersecci贸n de las calle Alsina y Bol铆var, apenas a una cuadra de distancia de la Plaza de Mayo y del ya mencionado Ayuntamiento, situado frente a la Calle Bol铆var, tuvimos la oportunidad de adquirir la obra del escritor y periodista argentino Rodolfo Walsh (1925-1977), asesinado y desaparecido durante la 煤ltima dictadura militar, titulada Operaci贸n Masacre (Ediciones de La Flor Buenos Aires, septiembre 2001), que contiene el resultado de una valiente acci贸n investigadora del autor, en cuyo transcurso constat贸 y document贸 el asesinato indiscriminado de civiles, que de ninguna manera estaban involucrados en la rebeli贸n del general Valle y sus compa帽eros; lo cierto es que, a pesar de todo, se termin贸 por evadir la acci贸n de la justicia penal, enviando el caso a la jurisdicci贸n militar, dentro de la que los responsables jam谩s fueron sancionados y m谩s bien fueron ascendidos por los diferentes gobiernos de la 茅poca.

 

Sin embargo, lo m谩s importante es que se constituy贸 en un importante testimonio, elaborado por un escritor y periodista como Rodolfo Walsh 鈥攓ue jam谩s tuvo militancia peronista鈥 no s贸lo acerca del asesinato de civiles, sino sobre la acci贸n vengativa y cobarde en que termin贸 por convertirse el fusilamiento sumario del general Juan Jos茅 Valle (1896-1956) y sus compa帽eros civiles y militares, cuando apenas hab铆an pasado unos meses de aquella llamada revoluci贸n libertadora, encabezada por el general Pedro Eugenio Aramburo y el Almirante Isaac Rojas, despu茅s del derrocamiento del general Eduardo Lonardi, que gobern贸 durante 52 d铆as, tratando de conciliar con los entonces vencidos peronistas, cosa que no fue aceptada por sus compa帽eros golpistas.
Hoy un monumento y una calle recuerdan la memoria del General Valle y compa帽eros de lucha asesinados.

 

La memoria sigue viva dentro de la inmensidad de los predios y edificaciones de una ciudad cargada de historia, pero tambi茅n de tr谩gicos recuerdos, de los que se dice que es mejor no olvidarse nunca y poder, as铆 de esa manera, sacar alguna lecci贸n para que no se repitan.
鈥斺
* Soci贸logo y catedr谩tico de la Universidad Nacional de Costa Rica (UNA).
El texto est谩 dedicado por su autor 芦A la memoria de mi t铆o, Le贸n Cede帽o Castro (1933-1995), quien estudi贸, so帽贸 y luch贸 en esa ciudad禄.

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