Ago 12 2017
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Cultura

Caos

Por caos se entiende aquella situación en el cual sobresalen y privan el desorden y la confusión absolutos, generalmente provocados por algún desastre, tragedia o acontecimiento inesperado. La palabra caos viene del griego khaos, que designa un abismo oscuro; en las cosmogonías y la filosofía griega significa “masa de materia sin forma”.
Son sinónimos de caos: barullo, desbarajuste, desconcierto, fárrago, laberinto, perturbación, entre otros.
Anarquía es el término que utilizamos para designar un estado que puede presentarse en cualquier contexto, y que se caracteriza por el desorden, el caos, la confusión y, por sobre todas las cosas, por la ausencia de una autoridad que organice y ordene la situación en cuestión. O, si la autoridad existe y se encuentra muy debilitada, sería como si realmente no estuviese presente.
La expresión anarquía tiene un uso habitual en el terreno político: con ella se describe una ausencia total de gobierno o autoridad en un Estado o nación, es decir, la inexistencia de un individuo o grupo al cual la comunidad respete y obedezca, en razón de lo cual prima un estado de caos.
Se define como confusión la acción y el efecto de confundir o mezclar cosas diversas. Se aplica a cualquier caso en el que las ideas, las personas y los sentimientos anden sin orden ni concierto.
Con el término desorden se expresa la desorganización en las cosas y, sobre todo, en las ideas e instituciones. También es común que lo usemos para indicar aquella situación en la cual predominan los disturbios o alteraciones del orden público. En materia de salud física y psíquica, se habla de la existencia de desorden haciendo alusión a aquellas anomalías que una persona manifiesta o experimente, ya sea en sus funciones orgánicas o a nivel anímico.
Baraúnda abarca el ruido y alteración provocados por los movimientos sin rumbo de las masas de los cuerpos u objetos en un momento de confusión y desorden.
Como decíamos más arriba, en la mitología griega Caos era un abismo desordenado y tenebroso que existía antes de la creación del mundo. Era una divinidad sin culto ni personalidad.
Hesíodo, poeta del siglo VIII a.C., en su Teogonía, obra que contiene una de las más antiguas versiones del origen del cosmo y el linaje de los dioses en la mitología griega, señala que Caos fue, precisamente, lo primero que existió.
En su obra, Las Metamorfosis, Ovidio, (-43 a.C.-17 d.C) se refiere a “una masa cruda e indigesta, un bulto sin vida y sin bordes, de semillas discordantes y justamente llamada Caos”, descripción que se aparta del más antiguo significado del elemento mítico, pero que ha determinado la orientación de las interpretaciones en uso desde entonces hasta llegar a la actual concepción familiar de “completo desorden”.
El término Caos ostenta una participación en las matemáticas y la física. La Teoría del Caos es la denominación más popular que se da a la rama de estas disciplinas que se ocupa de aquellos comportamientos impredecibles inherentes a los sistemas dinámicos, estables o caóticos. En estos sistemas aparentemente inestables, las ecuaciones que definen su comportamiento permiten predecir el atractor, o punto de estabilidad respecto del cual el sistema caótico se mueve.
El físico y matemático, Edward Norton Lorenz, -1917-2008- pionero en el desarrollo de la Teoría del Caos, fue quien acuño el término “Efecto Mariposa”: “Si se parte de dos mundos casi idénticos, pero en uno de ellos hay una mariposa aleteando y en el otro no, a largo plazo, el mundo con la mariposa y el mundo sin la mariposa acabaran siendo muy diferentes. En uno de ellos puede producirse a gran distancia un tornado y en el otro no suceder en absoluto”.
Este es un texto folklórico se ha empleado para hacer referencia al Efecto Mariposa:
“Por culpa de un clavo, se pierde la herradura.
Por culpa de la herradura, se pierde el caballo.
Por culpa del caballo se pierde el jinete.
Por culpa del jinete, se pierde el mensaje.Resultado de imagen para Edward Norton Lorenz
Por culpa del mensaje, se pierde la batalla.
Por culpa de la batalla se pierde el Reino.
Conclusión: por culpa de un clavo, se perdió el Reino.”
Otro campo de interés para aplicar la Teoría del Caos, es el de los fenómenos y procesos sociales: el estudio del comportamiento errático, impredecible y caótico de la Bolsa, de los flujos financieros, así como el de los periodos de transición política y para el análisis y la investigación, económica social y política.
Frente al caos social, económico y político surge el poder del caos como elemento fundamental de una concepción que ha revolucionado el pensamiento científico.
En cuanto al orden social puede decirse que asoma el caos cuando se “rompen los esquemas”; es lo que sucede muchas veces en estos tiempos tan agitados en los que se acumula lo indecible, lo imponderable: no es raro encontrarnos de lleno en un maremágnum, como en la situación de no conseguir comida y medicinas; encontrarnos con que el dinero no alcanza; con que no encontramos los repuestos para el automóvil; con que la delincuencia está desbordada; con el embrollo de los políticos. Y sentir que eso –ese caos- nos afecta profundamente.
El hecho de que este mundo tan maravilloso sea vivido cada vez más anárquicamente por más personas –esto es: sin orden concertado o contra el orden impuesto- se debe, sin duda, a la enorme proliferación de experiencias y alternativas de vida que parecen no tener cabida dentro de los moldes rutinarios de nuestra existencia.
Cada vez con más frecuencia y velocidad pasamos de la simple complicación al bochorno total, seguramente porque todos vemos, oímos, revolvemos, experimentamos, tenemos y queremos demasiado.
Una sociedad es la vida colectiva de individuos bajo la normativa de un sistema de usos, los cuales sostienen e imponen la estructura de la existencia humana. Por organización se entiende, en este sentido, el comportamiento que se expresa conforme un modelo predeterminado, de acuerdo a un programa de respuestas conocido, según formulas preestablecidas, y por ello se han desarrollado las culturas y las civilizaciones.
Al no tomarnos ni el esfuerzo ni el tiempo para organizar verdaderamente todo lo que es debido, para hacer una limpieza interior a fondo, una especie de ejercicio espiritual, vivimos en un estado constante de tensión, apaleados y empujados, sin saber por qué. Todo lo que se comienza y no se lleva a cabo: las tareas de la casa, o el trabajo intelectual que abandonamos a medio camino, no nos satisface, e incluso nos pone “malos”.Resultado de imagen para ordenar
¿Cómo salir del atolladero? Sencillamente, logrando poner orden, dedicando más tiempo y amor a la tarea de discernir, que siempre merece la pena, porque la disciplina, aunque parezca abrumarnos, más bien nos alivia del peso que arrastramos. En la naturaleza el método es elemental.
Hacerse consciente de que el caos alrededor de nosotros y en nosotros mismos sólo puede ser enfrentado con coordinación no nos sentará mal; más bien es una cuestión de higiene mental.
Y no solo me refiero a la organización de lo meramente cotidiano, sino a la preocupación constante por vivir mejor, por planificar con antelación, economizando así nuestra energía para utilizarla en función de atender nuestras necesidades personales, marcándonos objetivos y metas.
El orden es necesario; sin método no hay concierto. Despreciarlo es dejar que el caos se adueñe de nuestras vidas, lo que genera pérdidas en las cosas más o menos importantes. Vivir con disciplina es contribuir con el éxito de nuestra existencia. Ahora bien, que se nos quiera imponer una disciplina resultante de modos y valores que no se comparten y sin consultarnos es, definitivamente, harina de otro costal.

 

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