Jun 17 2012
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CulturaSociedad

Caso abierto: la dra. Polo en Cuba

En menos de quince días el periódico Granma, órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista, ha abordado en dos ocasiones la programación televisiva de Miami que de una, otra o cualquier forma se ve en Cuba. Y no me estoy refiriendo a TV Martí, cuyas “cosechas” a duras penas llegan a la pequeña pantalla a pesar de ser subvencionadas por el gobierno de EEUU.| AURELIO PEDROSO.*

 

El caso más reciente le ha tocado a la cubana Ana María Polo, cuyos DVD piratas de Caso Cerrado no son muy difíciles de obtener por dos dólares o 50 pesos nacionales en esos atriles callejeros donde se puede adquirir lo mejor (y también lo peor) de la cinematografía mundial de todos los tiempos.

 

Con anterioridad, le tocó su turno a La belleza latina, un auténtico horror para quien tenga dos dedos de frente de instrucción cultural sin importar si su ideología política es de izquierda, derecha, ambidiestra o carezca simplemente de ella. Que Dios siempre nos ilumine para nunca tener semejante diseño en pos de alcanzar la belleza en una mujer y que, en cambio, inste a quienes deciden qué ver y no ver en la TV local, tener una edición donde elijamos una belleza por fuera y por dentro.

 

Dígase también, como el que no quiere las cosas, que ya es hora de restablecer nuestra reina de carnaval, y que Cuba compita en certámenes internacionales de belleza porque eso sobra en la isla. Cuando hace unos años visitó La Habana la afamada modelo Naomi Campbell y optó por darse una caminadita por las calles, el banquete visual fue para las mujeres al contemplar sus fornidos guardaespaldas. Ningún cubano le prestó la más mínima atención a la Campbell.

 

El autor de ambas opiniones en Granma es un conocido y respetado crítico del séptimo arte llamado Rolando Pérez Betancourt a quien conocí durante aquellas madrugadas de los años 70s en el diario donde trabajábamos. Una vez finalizada la labor contaminante de saturnismo proveniente de los linotipos, se colocaba una sábana, instalaban un proyector ruso y dábamos merecido repaso crítico a memorables filmes estadounidenses que dormían el sueño eterno en las bóvedas del  Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos (ICAIC).

 

A mi colega no tengo nada que censurarle. Ha tocado el tema y de seguro en algún que otro momento hará uso del bisturí periodístico para profundizar en este asunto de carácter irreversible en cuanto a intentar frenar o disminuir, a mi juicio, que las televisoras hispanas de Miami lleguen a nuestras casas puntualmente o con un mes de retraso dentro de una memoria USB.

 

Comentaba Rolando Pérez Betancourt en su crónica en el diario Granma titulada La mirada entrenada (lunes 11 del mes que corre) que:  
“Un amigo que se ha leído más de cuatro libros y que conoce las diferencias entre la Nueva Ola Francesa y el Free Cinema inglés se entusiasma —por novedoso para él—ante un “reality show” en que una jueza de verdad canta, grita, actúa ante las cámaras y al final impone condena a un hombre que, minutos antes, ha tratado de emprenderla a golpes contra la esposa por haber relatado a la audiencia hasta el matiz más íntimo de sus noches de sobresaltos.

 

Más claro ni el agua. Han puesto a la Dra. Polo, su equipo de producción y el canal en pleno en el podio de los demandados.

 

Desde este espacio de Progreso Semanal dejo constancia de que siempre voy a abogar por el derecho de cada cual a ver o leer, por citar sólo dos verbos o acciones de instrucción,  lo que les plazca, les entretenga, instruya o al final de cuentas, les haga feliz. Es algo tan humano como las preferencias culinarias o sexuales. Lo que sí es de lamentar la ausencia de masa gris para no dejarse embutir tras la fachada de un simple entretenimiento cuando en realidad detrás lo que hay es un insulto a la inteligencia, la ética y el buen gusto.

 

Entrenar la mirada, como bien sugiere Pérez Betancourt. Para ello hay que estudiar, leer, saber escuchar. Posibilidades todas gratuitas, al alcance de todos. Un reto para las actuales generaciones. Aprender a discernir, que sean ellos mismos los que decidan y juzguen. Ni más ni menos que una lección aprendida en mis primeros años de juventud, que cuando alguien diga lo bueno de tal libro, la excelencia de más cual restaurante o la espectacularidad de un filme tomemos nota de quién es el promotor que voluntariamente recomienda porque a veces es el pobrecito tarado del barrio quien jura y perjura que eso “tá´ buenísimo”.

 

Respetable lector, estamos ante un caso no cerrado, que ojalá no implique mucho tiempo en su decisión final. La juventud cubana no precisa de adoctrinamientos, sino de mucha calistenia cerebral. “Ser cultos…”, como aconsejara aquel que cayó en Dos Ríos con sólo 42 años de edad. Entonces se podrá asimilar y desentrañar todo lo que venga. Así sea de la India, París o un culebrón tragicómico procedente de Pyongyang.
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* En Progreso Semanal/ Weekly (http://progreso-semanal.com).

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