Despacito por las piedras

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may 16 2012

Despacito por las piedras

Carlos Fuentes/ La muerte

Cuando se trata de acompañar a la muerte, ¿cuál es el tiempo válido para la vida? Freud nos advierte que lo que no tiene vida existió con anterioridad a lo vivo. El fin de toda vida es la muerte, una reina todopoderosa que nos precedió y seguirá aquí cuando desaparezcamos. ¿Nos anunció antes de ser? ¿Nos recordará después de haber sido? O más bien, la nada que nos precedió y que nos seguirá, ¿sólo se vuelve consciente en tanto naturaleza, no en tanto nada, gracias a nuestro paso por la vida? La muerte espera al más valiente, al más rico, al más bello. Pero los iguala al más cobarde, al más pobre, al más feo, no en el simple hecho de morir, ni siquiera en la conciencia de la muerte, sino en la ignorancia de la muerte. Sabemos que un día vendrá, pero nunca sabemos lo que es. La esperamos con grados diferentes de aceptación, de furia, de tristeza, de cuestionamiento, de arrepentimiento, de eso que Xavier Villaurrutia llamaba nostalgia de la muerte. Hacemos el balance de nuestra vida, pero sabemos que el verdadero fiscal es la muerte y que su veredicto lo conocemos de antemano. Compañera final e inevitable. Pero ¿amiga o enemiga? Enemiga y, más que enemiga, rival, cuando nos arrebata a un ser amado. Qué injusta, qué maldita, qué cabrona es la muerte que no nos mata a nosotros, sino a los que amamos. Sin embargo, esa muerte enemiga es la que podemos vencer.

A veces, en mis caminatas diarias por el viejo cementerio de Brompton en Londres, paso frente a un vasto terreno de cruces blancas. Contrastan con la elaboración suntuaria de la mayoría de los túmulos funerarios del camposanto. Son las sencillas cruces blancas de muchachos muertos en la primera guerra mundial. Leo sobrecogido las fechas de nacimiento y muerte. No he encontrado allí a un solo joven que haya rebasado los treinta años de edad. La muerte de un joven es la injusticia misma. En rebelión contra semejante crueldad, aprendemos por lo menos tres cosas. La primera es que al morir un joven, ya nada nos separa de la muerte. La segunda es saber que hay jóvenes que mueren para ser amados más. Y la tercera, que el muerto joven al que amamos está vivo porque el amor que nos unió sigue vivo en mi vida.

¿Son éstas, apenas, consolaciones? ¿Son triunfos sobre la muerte? ¿O, por el contrario, engrandecen su poder? La muerte nos dice: te engañas, lo que fue ya no es. Le respondemos: te engañamos, lo que fue no sólo sigue siendo, sino que es más que nunca. La muerte se ríe de nosotros. Nos desafía a pensar, no en la muerte del otro, sino en la propia desaparición. Nos reta a creer que la memoria de los que sobreviven será nuestra única vida más allá de la muerte. Y aunque así sea, no lo sabremos nunca. Lo cierto es que los guardianes de la memoria irán desapareciendo también, con la falsa esperanza de que siempre habrá un testigo vivo que los recuerde. La muerte se burla de nosotros: ¿recordamos a nuestros muertos más allá de la cuarta o quinta generación que nos precede? ¿Hay suficientes leyendas de familia, retratos de los ancestros, hechos memorables, que salven del olvido mortal a la inmensa legión de los antepasados? Después de todo, hay treinta fantasmas detrás de cada individuo.

Si muy pocos pueden rememorar en su genealogía a un héroe o a un genio, todos podemos acercarnos al gran acervo verbal de la muerte por vía de la palabra poética.

Nadie, para mí, se acerca más a mi propio sentimiento mortal que uno de los dos más grandes poetas del Siglo de Oro español (el otro es Góngora), Francisco de Quevedo. Evidencia de la muerte: “¡Cómo de entre mis manos te resbalas!/ ¡Oh, cómo te deslizas, edad mía! (…) ¡Oh condición mortal, oh dura suerte!/ ¡Que no puedo querer vivir mañana/ sin la pensión de procurar mi muerte!” Pero evidencia, también, del amor constante más allá de la muerte: “Alma a quien todo un dios prisión ha sido…/ su cuerpo dejará, no su cuidado;/ serán ceniza, mas tendrá sentido;/ polvo serán, mas polvo enamorado”:

John Donne le da otro giro a la muerte temprana. La joven mujer tenía quince años, dice la “Elegía”, y el destino no le abrió las puertas del porvenir. Se llevó la libertad de su propia muerte, pero convirtió a cada sobreviviente en su delegado a fin de cumplir el destino que pudo ser el de ella. Victoria, así, sobre la muerte: For since death will proceed to triumph still,/ He can find nothing, after her, to kill.

Ésta es la muerte que nos pertenece a todos. La muerte compartida de la palabra que vence a la muerte.

Permanece, sin embargo, el hecho de que, precedidos o sucedidos, olvidados o recordados, morimos solos y, radicalmente, morimos para nosotros solos. Quizás no morimos del todo para el pasado, pero ciertamente, morimos para el futuro. Quizás seamos recordados, pero nosotros mismos ya no recordaremos. Quizás muramos sabiendo todas las cosas del mundo, pero de ahora en adelante, nosotros mismos seremos cosa. Vimos y fuimos vistos por el mundo. Ahora el mundo seguirá siendo visto, pero nosotros nos habremos vuelto invisibles. Puntuales o impuntuales, vivimos de acuerdo con los horarios de la vida. Pero la muerte es el tiempo sin horas. ¿Tendré más gloria que la de imaginar que mi muerte es singular, sólo para mí, butaca preferente en el gran teatro de la eternidad?

Hay quienes esperan que la muerte los libere de su propia memoria. Muchos suicidas. Hay quienes lamentarán toda la vida (la que les resta) no haber prestado atención, no haber tendido la mano o escuchado a la persona que se fue para siempre.

Hay el silencio del amor viril que debe esperar hasta la muerte para manifestarse, diciéndole al muerto lo que jamás, por pudor, le dijimos al vivo. Tejido de pesares y arrepentimientos que son como la segunda mortaja del muerto. Y éste, ¿habrá ejercido el derecho de llevarse un secreto a la tumba? ¿No es éste uno de los grandes derechos de la vida: saber que sabemos algo que jamás diremos?

No queremos, por más negaciones y fatalidades que se acumulen sobre nuestras cabezas, por más testimonios y certezas de lo imposible que nos presente la fiscalía de la muerte, renunciar a la convicción de que la muerte no es la nada, es algo, es valiosa, aunque ella misma nos diga lo contrario. Creemos que la muerte de hoy dará presencia a la vida de ayer. Con Pascal repetimos: “Nunca digas ‘lo he perdido’. Mejor di: ‘lo he devuelto’”. Piensa que es cierto. Hay quienes mueren para ser amados más. Piensa que el muerto amado vive porque el amor que nos unió está vivo en mi vida. Piensa que sólo lo que no quiere sobrevivir a todo precio tiene la oportunidad de vivir realmente. Querer sobrevivir a todo precio es la maldición del vampiro que nos habita.

Es, también, la oportunidad erótica. En Cumbres borrascosas, Cathy y Heathcliff están unidos por una pasión que se reconoce destinada a la muerte. La sombría grandeza de Heathcliff está en que sabe que todos sus actos sociales, la venganza, el dinero, la humillación de quienes lo humillaron, el tiempo de la infancia compartido con Cathy, no regresarán. Cathy también lo sabe y por ello, porque “yo soy Heathcliff”, se adelanta a la única semejanza con la tierra perdida del amor original: la tierra de la muerte. Cathy muere para decirle a Heathcliff, la muerte es nuestro hogar verdadero, reúnete aquí conmigo. La muerte es el reino verdadero de Eros, donde la imaginación erótica suple las ausencias físicas, sobre toda la separación radical que es la muerte.

La muerte, dice Georges Bataille en su maravilloso ensayo sobre Cumbres borrascosas, es el origen disfrazado.

Puerto que el regreso al tiempo original del amor es imposible, la pasión de los amantes sólo puede consumarse en el tiempo eterno e inmóvil de la muerte. La muerte es un instante sin fin. ¿Por qué? Porque la muerte, radicalmente, ha renunciado al cálculo del interés. Nadie, muerto, puede decir “esto me conviene o no me conviene”, “gano o pierdo”, “subo o bajo”. Éste es, en Pedro Paramo de Juan Rulfo, el triunfo final del novelista sobre su propio personaje cruel, calculador y, a diferencia de Heathcliff, anclado en la inmortalidad de un amor no correspondido hacia Susana San Juan. A cambio de esta derrota, Rulfo nos introduce, junto con todo un pueblo –Comala–, a nuestra propia muerte. Gracias al novelista, hemos estado presentes en nuestra muerte. Estamos mejor preparados para entender que no existe la dualidad vida y muerte o la opción vida o muerte, sino que la muerte es parte de la vida, todo es vida. Imaginemos entonces que cada niño que nace cada minuto reencarna a cada una de las personas que mueren cada minuto. No es posible saber a quién reencarnamos porque nunca hay testigos actuales que reconozcan al ser reencarnado. Pero si hubiese un solo testigo capaz de reconocerme como el otro que fui, ¿entonces, qué? Me detiene en una calle… antes de descender de un auto o de entrar a un restorán… me toma del brazo… me obliga a participar de una vida pasada que fue la mía. Es un sobreviviente: el único capaz de saber que yo soy una reencarnación. El único capaz de decirme: –Una vida no basta. Se necesitan múltiples existencias para integrar una personalidad.

Pero si no basta una vida para cumplir todas las promesas de nuestra personalidad truncada por la muerte, ¿corremos el peligro de irnos al extremo opuesto y creer que todo es espíritu y nada materia? Eterno aquél, perecedera ésta. ¿O es que nada muere por completo, ni el espíritu ni la materia? ¿Son similares sus desarrollos? Sabemos que los pensamientos se transmiten, más allá de la muerte. ¿Pueden transmitirse, también, los cuerpos?

Las ideas nunca se realizan por completo. A veces se retraen, hibernan como algunas bestias, esperan el momento oportuno para reaparecer. El pensamiento no muere. Solo mide su tiempo. La idea que parecía muerta en un tiempo reaparece en otro. El espíritu no muere. Se traslada. Se duplica. A veces suple, e incluso, suplica. Desaparece, se le cree muerto. Reaparece. En verdad, el espíritu se está anunciando en cada palabra que pronunciamos. No hay palabra que no esté cargada de olvidos y memorias, teñida de ilusiones y fracasos. Y sin embargo, no hay palabra que no venza a la muerte porque no hay palabra que no sea portadora de una inminente renovación. La palabra lucha contra la muerte porque es inseparable de la muerte, la huerta, la anuncia, la hereda… No hay palabra que no sea portadora de una inminente resurrección. Cada palabra que decimos anuncia, simultáneamente, otra palabra que desconocemos porque la olvidamos y una palabra que desconocemos porque la deseamos. Lo mismo sucede con los cuerpos, que son materia. Toda materia contiene el aura de lo que antes fue y el aura de lo que será cuando desaparezca. Vivimos por eso una época que es la nuestra, pero somos espectro de otra época pasada y el anuncio de una época por venir. No nos desprendamos de estas promesas de la muerte.

Texto de Carlos Fuentes (1928-2012),incluido en su libro titulado En esto creo

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may 5 2012

Despacito por las piedras

Informe del FMI: Mayores de 65, abstenerse de leer

El FMI acaba de publicar un “Informe sobre la Estabilidad Financiera Mundial”. Allí, en su Capítulo 4, plantea el “riesgo de la longevidad”. En una especie de Manual de los principios éticos que rigen para ese organismo, plantea que “la prolongación de la esperanzas de vida acarrea costos financieros” y adelanta su opinión en el sentido que ello atenta contra la salud de la economía actual. Dando vueltas al tema sostiene que las personas viven más y eso trae costos. Para que nadie sea mal pensado y crea que están induciendo a un suicidio colectivo de los “responsables” de esta situación proponen algunas medidas: Aumentar la edad jubilatoria; incrementar los aportes; reducir las prestaciones; contraer seguros para aquellos casos donde la vida se extienda más de lo esperado.
De todas maneras, este análisis del FMI “deja mucha tela para cortar”. A quienes se deslomaron toda su vida le dicen –en la recta final- que aquello no valió la pena; de imprescindibles, para que la máquina económica funcione, se han transformado en cargas; a los veteranos de la sociedad les resulta difícil entender que la continuidad de su existencia sea un “peligro” para el futuro; a todos nos indigna que las personas sean meros números macroeconómicos.
Este tema refleja de qué modo el fin del Estado de Bienestar también liquidó la solidaridad que debería regir en toda sociedad.
Un farmacéutico jubilado (de 77 años de vida y 35 de aportes), de la vieja y dolorida Grecia, parece que comprendió el alcance y significado de estas “preocupaciones” del FMI. Angustiado, porque las medidas de “ajuste” habían rebajado el monto de su jubilación, optó por pegarse un tiro, en una plaza  frente al Parlamento griego.
En su bolsillo se encontró una nota, suficientemente clara, allí decía: “Soy jubilado. No puedo vivir en estas condiciones. Me niego a buscar comida en la basura. Por eso he decidido poner fin a mi vida”. Hace responsable al gobierno de “aniquilar cualquier esperanza de supervivencia” y culmina con una terrible advertencia: “Creo que los jóvenes sin futuro algún día tomarán las armas y en la plaza Sintagma (lugar donde se suicidó) colgarán a los que traicionaron a la nación, como hicieron los italianos con Mussolini en 1945″.
Solo restaría agregar que, desde el inicio de la crisis, en Grecia hay un 40% más de suicidios.

Juan Guahán

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abr 28 2012

Despacito por las piedras

Crisis económica y política en Europa y el retorno de viejos fantasmas

Crisis económica y política en Europa y el retorno de viejos fantasmas

Los franceses votaron el domingo pasado. Sus resultados demostraron que la crisis económica no viene sola. En una primera aproximación -muy general- a los números éstos parecen responder a una lógica tradicional. El Presidente Nicolas Sarkozy fue derrotado por el candidato de la oposición –el socialista Françoise Hollande- y ello, muy probablemente, será ratificado en la segunda vuelta.

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abr 18 2012

Despacito por las piedras

Chistes de gallegos

A las amenazas de represalias contra Argentina, el gobierno español sumó reclamos hacia Estados Unidos por el “poco entusiasmo” que mostró para cuestionar la expropiación del 51 por ciento de YPF en manos de Repsol.

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abr 7 2012

Despacito por las piedras

Inesperada y preocupante “declaración” de Obama

Barack Obama, Presidente de los Estados Unidos, emitió el pasado 16 de marzo una “Declaración” publicada ese mismo día en el sitio oficial del gobierno estadounidense. Dicha “declaración” autoriza al Presidente norteamericano a disponer de “todo” en nombre del “Estado de Preparación de Recursos para la Defensa en caso de Emergencia Nacional”. Cabe una aclaración sobre el concepto de “Declaración”, en realidad se trata de una “Orden” fundada en una Ley de Producción para la Defensa, dictada durante el gobierno de Harry Truman en 1950.

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mar 31 2012

Despacito por las piedras

México: ¿Terremoto o simulacro?

El diario El Heraldo, que se edita en la  capital mexicana, publicó el 2 de marzo una noticia que parecía intrascendente, decía: “Como parte de los preparativos para el megasimulacro del próximo día 20 del mes de marzo, las autoridades estatales de Protección Civil (PC) realizarán pruebas de esfuerzo antes de que un gabinete simule la respuesta a una situación de contingencia: Un terremoto de 7.9 grados en la escala de Richter”.

La misma noticia fue reiterada en otros medios de prensa de ese país, que contaban con espacio para esa información de tipo burocrático y poco atractiva. La Voz del Norte lo hizo saber en su edición del 13 de marzo. En este último caso agregaban que tal simulación se haría alrededor de las 12 horas. Incluso en zonas de los Estados de Guerrero y Chiapas había avisos en la vía pública advirtiendo sobre dicha eventualidad, para el mencionado 20 de marzo a las 12 horas.
Bien, ahora la realidad. El 20 de marzo a las 12,03 hs., se produjo con epicentro en Oaxaca, en los límites con el Estado de Guerrero, un sismo. Al principio se anunció que su intensidad fue de 7,9 (igual que la anunciada), luego corregida y llevada, por algunos, a imprecisos 7.8, 7.6 o 7.4 puntos.
Ante tamaña coincidencia quedan tres alternativas, ninguna de ellas seria y públicamente explorada. Que sea una extraña y tremenda casualidad. Que se supiera la posibilidad del sismo o –por último- que el sismo real fuera provocado.
Si estamos ante la segunda alternativa -la previsión- estamos ante un importante avance, que es raro que no se difunda. Se trata de la posibilidad de preveer los sismos, un gran paso de la humanidad.
Si se trata de algo provocado. Ahhh… entonces estamos en problemas.
Se especula con la existencia de tecnologías capaces de producir este tipo de hechos. Hace 15 años un Secretario de Defensa de los Estados Unidos – William Cohen- habló de la posibilidad de una amenaza “eco-terrorista capaz de producir alteraciones climáticas, provocar terremotos, activar volcanes a distancia mediante el uso de las ondas electromagnéticas”. En esa línea se ha desarrollado el Programa de investigación -sobre ondas de la ionosfera- denominado HAARP, realizado por las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos y universidades de ese país. La clave estaría en que perturbaciones electromagnéticas, que se puedan producir en el borde la atmósfera, repercuten en el subsuelo.
Extraño suceso que, si se inscribe, en esta última alternativa pasa a formar parte de las posibilidades que tienen las armas actuales.

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mar 24 2012

Despacito por las piedras

Conmoción en Uruguay por la inocencia perdida

Quien conozca o haya recorrido Uruguay (particularmente Montevideo y excluyendo a Punta del Este) habrá podido comprobar que, a pesar de su cercanía con Buenos Aires, allí se respira un aire totalmente distinto. La tranquilidad y bonhomía de su gente, simbolizada con el mate en la mano y el termo bajo el sobaco, nos hablan de un pueblo que aun conserva elementos de otros tiempos y de otra cultura. Esos rasgos de inocencia, complementados con la profundidad de algunos pensadores, políticos y poetas (Eduardo Galeano, Mario Benedetti, Raúl Sendic, Wilson Ferreyra Aldunate, Liber Seregni, Daniel Viglietti, Alfredo Zitarrosa), han recibido un duro golpe. Es posible, desearía que no, que esa conmoción sea el inicio de una inocencia perdida. Evidentemente los sucesos que están tomando estado público sobre la actividad de un par de enfermeros calará muy hondo en ese pueblo. Aquí no escribiremos una línea sobre los hechos morbosos, que rodean a ese número todavía indefinido de crímenes, que alimentan toneladas de papel y tinta, millones de imágenes televisivas. Solo queremos traer a la superficie que ese tipo de hechos no son gratuitos. Los pagan, además de las víctimas y el dolor de sus familiares, toda la sociedad. Esa degradación tiene su primera y más grave expresión en esos enfermeros. Pero ella se alimenta de la realidad de un mundo donde enfermos y ancianos no tienen su lugar.
Tamaño signo de descomposición afecta a toda la comunidad que lo alberga.
Es por eso que, tal vez, a Uruguay –en general- y Montevideo -en particular- aunque no cambien sus formas y actitudes externas, mucho les costará volver a ser lo que fueron.

Juan Guahán

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mar 23 2012

Despacito por las piedras

Pasolini y la revolución de la derecha

De la extensa obra de Pier Paolo Pasolini (1922-1975) en el cine, la poesía, la literatura, destaca, por premonitoria, una recopilación de artículos de opinión publicados en los años setentas en los que el autor reflexiona sobre la transformación antropológica y cultural del modelo capitalista, que ha dado nacimiento a un nuevo paradigma ideológico sustentado en las mutaciones tecnológicas y centrado en el consumismo, “la prima, la vera rivoluzione di destra”.

 

Considera Pasolini que las nuevas formas de organización del trabajo, la deslocalización industrial y la omnipresencia de los medios de comunicación audiovisuales han dado lugar al surgimiento de un nuevo poder, “el más violento y totalitario de la historia”, en el que se conjuga la expansión económica del capital financiero y la producción de nuevos bienes intangibles.

 

Ese poder controla los gobiernos, los medios de comunicación y los negocios, y ha creado un modelo que no se conforma con “el hombre que consume”, sino que pretende “que no sean concebibles otras ideologías más que la del consumo”, caracterizada por el hedonismo de las masas, la diversión y entretenimiento como única meta, la obsesión por los nuevos productos, el culto del cuerpo, la pérdida de la distinción entre cosas  reales y ficticias y el espectáculo como fin en sí mismo.

 

Las clases populares han visto transformarse sus valores y modos de vida. Su cultura, de la que podían sentirse orgullosos aunque les tocara vivir una existencia subalterna, ha desaparecido y ha sido absorbida por la uniformidad  de conductas y el mimetismo generalizado.

 

Todo esto lo describía y señalaba Pasolini hace cuarenta años y no se creía, pues era, para entonces, un fenómeno incipiente o no se quería aceptar la nueva realidad: “Todos fingen que no ven cuál es la verdadera reacción”.

 

Leopoldo Puchi

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mar 17 2012

Despacito por las piedras

Libia, un Estado en descomposición

libia-muertos

En Libia, el país que está en la costa africana del Mediterráneo, siguen transcurriendo momentos excepcionales. El asesinado líder Muamar Kaddafi había logrado, en algunas décadas y merced al control del petróleo, colocar a esa región al frente de todos los países africanos, en materia social y educativa.

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mar 14 2012

Despacito por las piedras

Crónica de las leyes contra el saber

biblioteca

En el 48 ac ardió la primera Biblioteca de Alejandría. No fue intencional, sino un accidente en la lucha de Ptolomeo contra su hermana Cleopatra y su mentor Cesar. Los restos y lo acumulado en los cuatro siglos siguientes formaron una nueva biblioteca llamada Serapeum, porque se instaló en el templo de Serapis.

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