Jul 30 2012
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OpiniónPolítica

Chile: acaso otra masacre con lágrimas del cocodrilo

Las frases vertidas la semana pasada por el ministro del interior de Chile, el señor Hinzpeter, de no mediar la inquietante trascendencia que encierran, moverían no sólo a risa, sino que a vergüenza ajena por lo ridículas y necias que ellas resultan. | CRISTIÁN JOEL SÁNCHEZ.*

 

No encontró mejor argumento a favor de la llamada “cumbre de seguridad” que declarar la enorme tristeza de su corazoncito ante las lágrimas que corrían por las mejillas de terratenientes y representantes del agro industrial. ¿Razones para tanta congoja?: el “terrorismo” que los indígenas han desatado en contra de esos pobres y desvalidos potentados.
Como el fuerte del señor ministro no es precisamente la imaginación, creyó que acudir a un subterfugio melodramático sería suficiente para justificar ante la opinión pública un tenebroso cónclave preparatorio de futuras represiones contra los mapuches.

 

Lo grotesco de estas palabras no resulta tan sorprendente, viniendo del representante de un gobierno en el que su presidente ha creado una verdadera escuela del ridículo, al punto de haberse incorporado el término “piñericosas” al léxico de la burla nacional, para describir los “patinazos” cotidianos de don Sebastián.

 

No es, sin embargo, este mal chiste con el cual Hinzpeter intentó justificar un verdadero Consejo de Guerra —estructurado entre pretorianos y señores— lo que nos debe preocupar. Son las consecuencias impredecibles que se pueden derivar de aquella verdadera carta blanca otorgada a los represores uniformados y sus amos terratenientes en esta reunión llamada eufemísticamente “cumbre de seguridad” la que debe preocupar a todo el país.

 

No hay guerra sin muertos

 

¿Cuáles son los los beligerantes de tan singular guerra? Veámoslos.

 

En uno de los rincones de este ring desquiciado que prepara el gobierno, están los mapuches. Cualquier persona medianamente informada, aquí y acullá, sabe que los nativos que pueblan el territorio de nuestro país, y aun más allá del macizo andino, tienen una larga tradición de rebeldía en defensa de sus territorios usurpados.

 

Usted también lo sabe: primero contra los españoles colonizadores, y luego contra los criollos nacionales que terminaron robándoles sus tierras en nombre de la “civilización” traída por la oligarquía. Lo dijo Ercilla al describir a los nativos de esta tierra del fin del mundo: “La gente que la habita es tan granada, tan soberbia, gallarda y belicosa, que no ha sido por Hinzpeter jamás regida, ni a Piñera alguno sometida”

 

(Bueno, en verdad no es exactamente lo que dijo el genio poético de La Araucana, pero se le puede “aggiornar” sin que el vate se moleste allá en su sueño de raíces, para indicar que a los “criollos” que habitan La Moneda les será muy difícil doblegar a este pueblo indómito por el camino que están gestando en complicidad con señores del agro).

 

En el otro rincón está Hinzpeter y sus llorosos mercaderes de la tierra. Aprestándose para el desigual enfrentamiento el señor ministro preparó su Consejo de Guerra no sólo para dar luz verde a la respuesta armada de los aparatos del gobierno, sino también para justificar tácitamente el armamento que los terratenientes han ido acumulando con el objeto de eliminar mapuches al más viejo estilo de la colonia.
Es decir, se comenzó ahí a velar las armas propias y las que están en manos de los poderosos del agro, para aplastar a sangre y fuego las aspiraciones legítimas de los pueblos originarios que no poseen más defensa que su ancestral valentía y dignidad.

 

En una palabra, en la reunión de marras —usted lector nacional lo sabe, usted de allende la frontera quizás no— se juntó la meca (en sentido literal) de la oligarquía amenazada por estos “soberbios y belicosos” desposeídos que, para peor ofensa de los señores, son indígenas.
Le insto a usted que lee estas palabras fuera de Chile —nosotros estamos curtidos— a que se ubique en el escenario de aquel cónclave: una repartición de gobierno destinada teóricamente a la ecuanimidad para resolver un conflicto así de delicado, termina finalmente al servicio de los señores de la tierra que reclaman la protección de un gobierno que, en teoría, debiera ser de todos los chilenos.

 

Los ingentes recursos en armas, carabineros, agentes encubiertos, soplones llamados eufemísticamente “testigos protegidos”, tecnología de última generación en el arte de reprimir, acordados en esa “cumbre de seguridad” fueron puestos peligrosamente al servicio de un sector acostumbrado a utilizar la fuerza para despojar a los pueblos originarios de una tierra que siempre les perteneció.

 

Se hace necesario entonces mover la urgente solidaridad con la nación mapuche. El llamado no es sólo a las fuerzas sociales del país, sino que también a los organismos internacionales y, sobre todo, a los pueblos del mundo, en especial de Latinoamérica poblada de los hermanos de raza de los araucanos. En el terraplén de la represión, este gobierno ha entregado una licencia para matar a los poderosos del agro y que, téngalo usted por seguro, la usarán de la misma forma como lo han hecho en toda la negra historia de las injusticias de nuestro país.

 

Aún es tiempo de amarrar las manos de la oligarquía antes que la sangre mapuche, que no se ha estancado en varios siglos, vuelva a teñir con el rojo de la vergüenza el rostro de un país que presume de virtudes democráticas que está muy lejos de poseer.
——
* Escritor.

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2 Comentários - Añadir comentario

Comentarios

  1. alvaro varas
    4 agosto 2012 15:17

    Estimado Joel: Permiteme felicitarte por el articulo denuncia que presentas en este medio y te pido con absoluta falta de intrès perrsonal poder traducirlo acá para reenviarlo al blog de Beppe grillo, cuales principios del movimiento 5 estrellas yo condivido y serìa imporante divulgar al pueblo italiano.
    Abrazos fraternales
    Alvaro Varas S.
    Italia Emilia Romagna.

  2. Lagos Nilsson
    4 agosto 2012 16:40

    Todos los artículos publicados en SurySur pueden ser citados, traducidos, reenviados y en general difundidos “sin fines comerciales” con el solo ruego de citar la fuente.
    Cordialmente
    Los editores.