May 12 2018
887 lecturas

Sociedad

Chile: comercio justo

Confieso, amigo (a) lector (a) que la expresi贸n 鈥渃omercio justo鈥 me suena tan contradictoria como la 鈥溍﹖ica empresarial鈥, aunque podr谩s echarme en cara mi sesgo ideol贸gico, tal como me dijera un ex amigo neoliberal, convencido hasta la m茅dula de que los grandes centros comerciales del siglo XXI reemplazan, con evidente ventaja, a las catedrales de otrora, constituy茅ndose en aut茅nticos templos de la religi贸n consumista, para servir al credo indiscutible y planetario de la fe globalizada, esa que pregona el escritor Guido del Valle como s铆ntesis insuperable de la filosof铆a de todos los tiempos, sin necesidad de gu铆as ni de maestros, que para eso est谩n los 鈥渃elulares鈥 de 煤ltima generaci贸n, donde el saber no ocupa tiempo ni lugar y su acceso se mueve a la velocidad de la luz, pese a que no ilumine a nadie, como s铆 lo hiciera anta帽o el noble fanal del Siglo de las Luces.

Ayer vi, en la espalda de dos guardias municipales vestidos de negro, en letras amarillas, este lema propugnado por el ped谩neo Alessandri y por los plut贸cratas parapetados hoy en La Moneda: 鈥渃omercio justo鈥濃 Se trata de proyectar Resultado de imagen para comercio justo represion en chileuna imagen de orden p煤blico en los principales centros peatonales de gran concurrencia y ajetreo, limpi谩ndolos de vendedores callejeros, para favorecer, de paso, al 鈥渃omercio establecido鈥, ese que s铆 opera bajo los rangos de la justicia econ贸mica (ahora incurro en un ox铆moron, pues no hay nada quiz谩 m谩s opuesto a todo m贸vil justiciero que esta econom铆a feroz, concebida como hidra devoradora, en donde los tiburones se tragan sin piedad a los peque帽os peces).

En el caf茅, una mujer entrada en carnes y en a帽os, preguntaba a viva voz, como si estuviese en un foro: -鈥淵 por qu茅 no obtienen un permiso municipal los vendedores ambulantes, y ya est谩鈥. Han de saber ustedes que los 煤ltimos permisos otorgados por la Municipalidad de Santiago se expidieron en 2016, por per铆odos entre uno y dos semestres, renovables seg煤n criterio de la autoridad. Pues bien, menos de un cinco por ciento de ellos han sido renovados y no se otorgar谩n otros 鈥渉asta nuevo aviso鈥. Por lo tanto, los miles de comerciantes callejeros que no los poseen quedan, de manera t谩cita, fuera de la ley, a merced del ensa帽amiento de carabineros, guardias municipales o custodios del Metro, quienes pueden (y deben) perseguirlos a toda costa.

Otro tanto ocurre con los centenares de m煤sicos callejeros, condenados a la misma suerte, aunque 茅stos parecen m谩s tozudos y se las arreglan para cantar en el transporte p煤blico o en las veredas.

Las vistosas medidas de represi贸n, acompa帽adas de amenazadores perros policiales y aun de briosos corceles, provocan la satisfacci贸n de los peque帽oburgueses y de todas las huestes conservadoras de nuestra pacata sociedad isle帽a. Pero esto solo brilla en la superficie visible del centro metropolitano y de las comunas menos populares, porque los millares de vendedores clandestinos no pueden ser eliminados; se tratar铆a de una masacre con ribetes genocidas, y para tanto no da, por ahora, la impronta autoritaria del nuevo r茅gimen. As铆 es que se les aplica la misma filosof铆a de los conjuntos habitacionales para pobres: alejarlos hacia la periferia, donde van a estar pero se ver谩n menos, sin perturbar la paz confortable de los m谩s afortunados y protegidos.Resultado de imagen para vendedores ambulantes en santiago

Por estos d铆as, hemos podido apreciar, a trav茅s de los informativos de televisi贸n, las violentas disputas territoriales, surgidas en sectores del poniente y del sur de Santiago del Nuevo Extremo, de vendedores ambulantes, chilenos y extranjeros, luchando por un espacio para vender sus productos y llevar a sus hogares el escurridizo sustento.

Entre los numerosos t贸picos con los que se falsea la realidad, est谩 el de asociar, sin m谩s, a estos comerciantes callejeros con la delincuencia que opera en la v铆a p煤blica. Habr铆a que precisar algunos hechos, puesto que la mayor铆a de estos 鈥渢rabajadores libres鈥 lo hacen por simple necesidad cotidiana, laborando como cualquier proletario. Adem谩s, muchos de estos vendedores operan por cuenta de comerciantes establecidos que los utilizan, sin tener que pagarles ning煤n tipo de asistencia social ni beneficios contractuales, para vender mercader铆as de dif铆cil salida en sus locales, infringiendo toda norma y salt谩ndose la obligaci贸n de pagar impuestos; incluso, reduciendo mercanc铆as robadas.

Resultado de imagen para vendedores ambulantes en santiagoAqu铆 cabr铆a analizar la segunda frase contradictoria u ox铆moron: 鈥溍﹖ica empresarial鈥. Supongamos que alude a ciertas normas y reglamentaciones para evitar los abusos m谩s aleves cometidos en el ejercicio de esa vast铆sima ocupaci贸n llamada 鈥渃omercio鈥, que comprende desde un Paulmann, due帽o de hipermercados, hasta un Soto, que lustra zapatos en Plaza de Armas. Ambos son empresarios (que no es equivalente a emprendedores), pero lo que var铆a es el universo donde cada uno de ellos debiera poner en pr谩ctica los presupuestos de su 茅tica, de aplicaci贸n tan dudosa y problem谩tica como los objetivos trazados por ambos para operar, econ贸micamente hablando.

En los 煤ltimos a帽os hemos padecido pat茅ticos ejemplos; el m谩s bullado, por caracter铆sticas e implicaciones que lindan con lo grotesco, quiz谩 sea el de la colusi贸n monop贸lica del papel higi茅nico, tras cuyo descomunal abuso, doce millones de chilenos esperamos el dep贸sito bancario de siete mil pesos por cabeza, seg煤n la multa aplicada por la 鈥渏usticia鈥 a los encumbrados ladrones de cuello y corbata de las compa帽铆as de celulosa, que a煤n no se hace efectiva, pese a las fachendosas declaraciones de los Matte Larra铆n, s谩trapas y propietarios de este fundo o hacienda llamado Chile.

Como ciudadanos comunes (hablo por m铆 y por muchos de mis lectores cautivos), la experiencia nos dice que mientras m谩s arriba de la pir谩mide econ贸mico-social se encuentren los empresarios, m谩s dif铆cil es que se sometan a reglas de comportamiento que tengan que ver siquiera con un atisbo de justicia. Peor a煤n, estamos bajo el imperio abusivo y avasallador de casi todas las grandes empresas de bienes y servicios, que operan y act煤an sin rostros humanos visibles, sin interlocutores a los que mirar a la cara. Se trata de poderes incontrarrestables, que te tienen 鈥揳l decir popular鈥 cogido por los cabellos o agarrado de ciertas partes pudendas, sin escapatoria posible, a su soberana voluntad.

Thomas Bernhard, en uno de sus c茅lebres diarios, El Origen, apunta: 鈥淟a ciudad de Viena se divid铆a en dos sectores: en el primero, viv铆an los comerciantes; en el segundo, sus v铆ctimas鈥.

Estuve ayer a punto de preguntarle a uno de los guardias que ostentaban el lema de marras: -鈥溌縔 te pagan un salario justo por exhibir la frasecita?鈥. Pero me abstuve, no fuera a ocurrir que la justicia se volviera en mi contra y me ajusticiara en plena v铆a p煤blica.

  • Compartir:
X

Env铆e a un amigo

No se guarda ninguna informaci贸n personal


    Su nombre (requerido)

    Su Email (requerido)

    Amigo(requerido)

    Mensaje

    A帽adir comentario