Mar 6 2013
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Opinión

Chile en una nueva etapa

codicevas y laborales posteriores al verano, se repone tambi√©n la acci√≥n pol√≠tica. No obstante, el oficialismo trat√≥ de adelantarse lanzando una fuerte ofensiva medi√°tica, antes que terminara febrero. El ariete central o el ¬ęcaballito de batalla¬Ľ de la misma fue, una vez mas, el llamado 27F. | CAMILO ESCALONA.*

 

Es decir, la inmensa tragedia del megaterremoto y tsunami de hace tres a√Īos.
Sin embargo, tales prop√≥sitos no pudieron hacerse realidad, lo impidi√≥ la falta de argumentos y el contenido il√≠cito y repudiable de los ataques personales a la expresidenta Bachelet, as√≠ como, la exacerbaci√≥n de la conflictividad entre las candidaturas que disputan el favor del respaldo gobiernista, cuyo ¬ędescueramiento¬Ľ mutuo anul√≥ los planes tan largamente preparados.

 

El tan acariciado prop√≥sito de ¬ęgolpear a Bachelet¬Ľ, de lograr desgastar su imagen y mermar decisivamente su convocatoria se colaps√≥, sin pena ni gloria. Estoy convencido que, transversalmente, se ha lamentado ver que la autoridad se involucre en tan deplorable e ileg√≠tima operaci√≥n pol√≠tica.

 

La afirmaci√≥n que hago respecto de la ilegitimidad de este fracasado dise√Īo, con el que se intenta quebrar el prestigio de la ex presidenta radica en la defensa de un valor esencial en la pol√≠tica democr√°tica: escael fin no justifica los medios.
Cuando ello se pierde de vista se genera una confrontación arbitraria, antojadiza, que polariza las diferencias y que conduce exclusivamente a la agudización de controversias artificiales.

 

Al final se produce el negativo escenario de figuras pol√≠ticas subsumidas y ensimismadas en sus pugnas y querellas, atrapadas en una burbuja inconducente. Los ataques de la derecha nos pretenden atrapar en esa esfera que solo acent√ļa y promueve el distanciamiento de las personas frente a la acci√≥n pol√≠tica.

 

Por lo dem√°s los ataques derechistas a Bachelet han sido un boomerang para sus autores. He sido testigo de ello al impulsar la campa√Īa de recolecci√≥n de firmas: ¬ęYo apoyo a Bachelet¬Ľ que ha comenzado en la regi√≥n de Los Lagos.

 

En las poblaciones de Puerto Montt, Osorno, Frutillar, Ancud, Castro y muchas más, en que este esfuerzo se ha realizado, con los voluntarios que dan vida a esta iniciativa nos hemos encontrado con un respaldo multitudinario a la ex presidenta, de una transversalidad y masividad que despeja cualquier duda o elucubracion respecto al liderazgo que tiene y quiere el país para dirigir el Estado de Chile en el próximo periodo. La figura de Bachelet no tiene contrapeso,

 

En lo personal me alegro profundamente de esta situaci√≥n. El pa√≠s sabe que al producirse la derrota de la Concertaci√≥n en la √ļltima elecci√≥n presidencial, hubo un especial empe√Īo, alentado con astucia pero sin timideces desde la derecha, para quebrar y liquidar el entendimiento estrat√©gico que dirig√≠a el pa√≠s desde 1988 en adelante.

 

Tal propósito fue protagonizado por un grupo de personas que se ufanaba con la denominación de díscolos, que se plantearon con audacia temeraria la descalificación del conjunto de la tarea de reconstrucción democrática levantada y ejecutada desde 1990, por cuatro gobiernos democráticos sucesivos, que asumieron un desafío que se sembró trabajosamente en las duras batallas sociales y políticas contra la dictadura.

 

No me refiero a las diferencias pol√≠ticas leg√≠timas que alejaron a muchos, sino que al af√°n casi obsesivo de ¬ęlucirse¬Ľ encontrando malo todo lo hecho en democracia, en que destacaron ciertos actores pol√≠ticos que se han dedicado a ensuciar su propio nido.

 

Lamentablemente, algunos olvidaron demasiado fácilmente que en Chile, se llevó a cabo una transición democrática que llego por momentos a estimarse inviable, dado el enorme poder que concentraba en sus manos el ex dictador.

 

En ese contexto, fuimos testigos de una estéril y extraviada competencia, cual díscolo recibía el mas entusiasta aplauso de la derecha en el esfuerzo de desacreditar y descalificar la tarea realizada.

 

Es v√°lida la pregunta: ¬ŅPara qu√© tanto empe√Īo?, exist√≠a un prop√≥sito expl√≠cito: instalar una nueva conducci√≥n de facto, sin los eventos democr√°ticos y participativos que as√≠ lo decidieran. ¬ŅCon qu√© respaldo se asum√≠a y empujaba ese prop√≥sito?, con la exclusiva ret√≥rica de cada cual, auto otorg√°ndose representaciones democr√°ticas que no se pose√≠an. Lo m√°s paradojal y absurdo es que se llegaba a pedir, dig√°moslo derechamente, a dedo, la proclamaci√≥n del nuevo n√ļcleo dirigencial de ¬ęiluminados¬Ľ.
Se argu√≠a que las ¬ęm√°quinas¬Ľ imped√≠an un cambio como el que se demandaba, para excusar una solicitud tan fuera de las normas democr√°ticas, como es la idea que la minor√≠a mande a la mayor√≠a.

 

Tales intentos no prosperaron. En suma, las fuerzas concertaci√≥nistas han soportado la prueba. No se pudo echar por la borda un patrimonio hist√≥rico que explica por qu√© Chile pudo avanzar paulatinamente en el desplazamiento y en la derrota, finalmente, de la concepci√≥n ultraderechista de la ¬ędemocracia protegida¬Ľ.

 

Ahora se abre una nueva etapa. No para solazarse ni hacer más de lo mismo, sino que para que el país tenga una conducción política capaz de dirigirlo y de encabezar con sentido constructivo el proceso de reformas que Chile necesita.

 

Esa es la clave; actuar con la suficiente mirada estratégica para hacerse cargo del dilema-país de este periodo, que no es otro que enfrentar la desigualdad que aflige a nuestra sociedad, pero también con la sagacidad política y el espíritu práctico para viabilizar tales reformas, articulando la mayoría requerida para realizarlas, manteniendo el crecimiento económico y robusteciendo la estabilidad del país, a través del impulso de las transformaciones institucionales que permitan fortalecer la participación social y afianzar el Estado democrático que debe estar en constante evolución, y no caer en aquellas propuestas que no son mas que saltos al vacío, cuyo efecto no es otro que reducirnos a la condición de una minoría ruidosa pero impotente.

 

En este sentido, tampoco se debe olvidar tan fácilmente, que el proyecto de poder de la dictadura fue liquidar el Estado, salvo en lo represivo, para imponer el poder de los centros financieros hegemónicos, por la vía de un mercado sin regulaciones en que prevalece exclusivamente el más fuerte. Por eso, se trata de avanzar, paso a paso, en la configuración de un Estado social y democrático de Derecho, para nuestra patria.

 

Vivimos desde el 2010 hasta hace pocos meses, a√Īos duros, en que las fuerzas proclives a la dispersi√≥n estuvieron no solo presente sino que muy activas; bahbahahora bien, tras la contundencia de la mayor√≠a social bacheletista se abre un periodo de reagrupamiento de los dem√≥cratas chilenos para hacer todas las reformas necesarias de hacer, aquellas que el pa√≠s comparta y apoye, profundizando la v√≠a de cambios institucionales que a Chile le ha permitido tener estabilidad y progreso, ahora con el objetivo de reducir decisivamente la brecha de la desigualdad y alcanzar un pa√≠s con inclusi√≥n y justicia social.
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* Político profesional. Presidente del Senado de Chile.

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