Jun 7 2012
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AmbienteEconomía

Chile: entre la mierda y el hambre

Pareciera que el dilema en que actualmente se debaten los chilenos es: ser pobres o comer y respirar mierda. Alternativas nada alentadoras, pero así las plantean nuestros líderes y quienes manejan el poder. El caso más reciente es el de la ciudad de Freirina, en el Norte del país. Una comunidad de seis mil habitantes que se vio conmovida por los malos olores y moscas provenientes de una empresa productora y faenadora de cerdos.WILSON TAPIA VILLALOBOS.*|

 

Se trata de una mega filial perteneciente a Agrosuper, principal productora nacional de carnes de pollo, pavo, chancho e importante de salmón. La instalación de Freirina iba a ser la más grande de Suramérica, con capacidad para la crianza y procesamiento de dos millones de cerdos. En los momentos en que explotó el problema, había allí sólo 450 mil animales y los habitantes de Freirían ya vivía un calvario.

 

Despu√©s de manifestaciones que terminaron en violentos enfrentamientos con las fuerzas policiales, la autoridad de salud resolvi√≥ el cierre de la planta. Seguramente la represi√≥n cruenta podr√≠a haberse evitado. Despu√©s de los apaleos de carabineros contra los pobladores, el ministro de Salud, Jaime Ma√Īalic, decret√≥, incluso, alerta ambiental.

 

Si el problema era tan serio ¬Ņpor qu√© se reaccion√≥ tard√≠amente? ¬ŅO las pr√≥ximas elecciones municipales imponen cambios de actitud? De cualquier manera, una reacci√≥n algo desconcertante

 

Ahora ha comenzado el gran debate. El Mercurio, portavoz de los sectores econ√≥micos m√°s conservadores del pa√≠s, advierte que quedar√°n 1.500 trabajadores sin empleo y que el comercio de Freirina ya se ha visto extremadamente afectado. Gonzalo Vial Vial, due√Īo de Agrosuper s√≥lo reconoce 450 trabajadores, entre empleados propios y de empresas externas.

 

Esta parece ser otra de las gradas que los chilenos se est√°n acostumbrando a enfrentar en esta larga escalera del desarrollo.

 

Las mineras nacionales y extranjeras ensucian las aguas y dejan a sectores importantes de agricultores sin poder utilizarlas para sus faenas.

 

Adem√°s, provocan graves da√Īos a la salud de quienes viven en su entorno por el mal manejo de metales pesados. Codelco, la principal compa√Ī√≠a estatal productora de cobre, poluciona el aire con emanaciones t√≥xicas de sus refiner√≠as y el desborde de relaves. Los episodios provocados en la Quinta regi√≥n son pr√°cticamente constantes. En ello colaboran tambi√©n empresas productoras de energ√≠a.

 

Ante cualquier posibilidad de sanción, la reacción es la amenaza de desempleo. Igual ocurre con la posibilidad de efectuar una verdadera reforma tributaria. En ese caso, el chantaje apunta a la posibilidad de que los inversores cambien a Chile como el destino de su dinero. En resumen, o nos resignamos a respirar y comer caca o hay que seguir chapoteando en la pobreza.

 

Y estos atropellos se amplían a los grandes complejos energéticos. Hidroaysén es uno de ellos. Quien quiera conservar la Patagonia sin represas será el responsable de que Chile se quede sin energía a muy corto andar. O sea, de nuevo la espada coprolálica cortando cabezas.

 

Pero el dilema que plantean quienes tienen el poder es un falso dilema. No es cierto que para ser desarrollado haya que arriesgar la vida de los ciudadanos. Existen nuevas tecnolog√≠as que se utilizan en pa√≠ses que lograron dar el paso. Y esas tecnolog√≠as est√°n disponibles. El problema es que aplicarlas significa una merma ‚ÄĒmarginal, en todo caso‚ÄĒ en el volumen de ganancias. Aceptarlo no est√° en el imaginario de nuestros empresarios privados ‚ÄĒy parece que tampoco en funcionarios estatales‚ÄĒ y, obviamente, tampoco en los inversionistas que han llegado al pa√≠s.

 

Chile es un laboratorio del neoliberalismo y debe ser tomado como tal. Por lo tanto, aquí los ciudadanos son consumidores y cuando se les ocurre recordar su rol antiguo, hay represión.

 

Lo que gu√≠a las acciones pol√≠ticas ‚ÄĒen el m√°s amplio sentido de la palabra‚ÄĒ es el √©xito, no la felicidad de los chilenos. Aqu√≠ es imposible pensar que pueda imponerse un sistema laboral como se practica en algunos pa√≠ses de Europa y Asia. Resulta inimaginable que los trabajadores aspiren a sueldos compatibles con una vida digna y, a la vez, puedan ver rebajado sus horarios de labor.

 

Lo que se impone en Chile es trabajar cada vez m√°s y, en lo posible, por menos dinero.

 

Los chilenos parecen acostumbrados a mirar, con el ce√Īo fruncido, como se les pasa la vida, mientras hacen gimnasia bancaria, soportan esperas interminables por una mala locomoci√≥n, son maltratados en hospitales, bancos, supermercados y en tiendas de ¬ęretail¬Ľ. Son s√≥lo consumidores, y de segunda.

 

Quiz√°s es aconsejable tomar conciencia de esta realidad para reaccionar. Al menos un sector importante de la juventud est√° buscando salidas alternativas. Y lo hace porque no cree en la monserga de que cualquier cambio en las reglas del juego paralizar√° al pa√≠s. El miedo es lo √ļnico que paraliza. Tal experiencia los chilenos la hemos vivido durante demasiados a√Īos.

 

Parece aconsejable rechazar los falsos dilemas. La pobreza se derrota con una repartición justa de la riqueza. El resto son fantasmas para asustar a consumidores dóciles.
‚ÄĒ‚ÄĒ
* Periodista.

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