Ago 26 2012
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Sociedad

Chile feliz

Estamos acostumbrados a vernos como personajes taciturnos, medio grises, algo melancólicos, autorreferentes y con pizcas de envidia. Es la imagen que nos han hecho nuestros propios cronistas. Joaquín Edwards Bello es uno. Y uno muy incómodo incluso para su propia clase. Porque que es desde allí de donde nacen los referentes, los modelos a seguir, la represión para imponer conductas.| WILSON TAPIA VILLALOBOS.*

 

Parece que es cierto que somos algo retra√≠dos. Como isle√Īos, dir√°n algunos. Reprimidos por la cordillera y el oc√©ano o por esa aristocracia falaz, engendro de colonizadores que tra√≠an m√°s ambici√≥n que cultura y muy poca generosidad.
¬ŅPero somos felices los chilenos?

 

Seg√ļn el Ministerio de Desarrollo Social, s√≠. La encuesta Casen afirma que, en una escala de uno a diez, nos calificamos con 7,2. Un resultado como para sentirnos satisfechos. Pero esta no es la primera vez que nos miden en cuanto a la felicidad. La Universidad de Columbia, al aplicarnos el feliz√≥metro entreg√≥ un resultado de 6, tambi√©n en una medici√≥n de uno a diez. Lo que nos colocaba en el lugar 43 entre 156 pa√≠ses que se consider‚ąę√•aron en la muestra. Y quedamos ubicados en el puesto 12, entre 26 naciones latinoamericanas.

 

Esto de medir la felicidad como un elemento determinante m√°s, parece ser una moda. Hasta Ministerios de la Felicidad se han creado. Y, por supuesto, el ministro es un personaje que anda siempre con la sonrisa en los labios. Pero medir este estado emocional no es sencillo. Porque no lo componen solamente cuestiones materialmente mensurables.

 

Y tampoco es posible determinarlo de manera certera, si a usted le preguntan: ¬ŅCu√°n satisfecho est√° usted con su vida en este momento?, como lo hizo la Casen. Entre otras cosas, porque la persona consultada pensar√°, primero, como se siente entre sus m√°s cercanos, entre sus cari√Īos. Y all√≠, obviamente, la respuesta tendr√° que ser, a lo menos, satisfactoria.

 

Existen otros datos concretos que hacen pensar de manera diferente. Es evidente que un porcentaje apreciable de chilenos, se encuentra insatisfecho con la institucionalidad en que debe vivir. Instituciones fundamentales de una democracia, como la Política, la Justicia, el Gobierno, obtienen calificaciones pobrísimas. Y si se mide el trato que le da el sistema al ciudadano, la percepción es tan o más pobre. No en vano periódicamente se ven manifestaciones contra la represión, la salud, la inequidad, la vejación que significa ser consumidor y no ciudadano, la educación de escasa calidad, el trato vejatorio contra los trabajadores en algunas áreas.

 

Y si se abunda en cifras, Chile ocupa el segundo lugar con mayor cantidad de suicidios entre los miembros de la Organizaci√≥n para la Cooperaci√≥n y el Desarrollo Econ√≥mico (OCDE). S√≥lo es superado por Corea del Sur. En nuestro pa√≠s, la tasa de suicidios aument√≥ en un 54,9% entre 1995 y 2011. En las cifras m√°s cercanas, eso significa que 13 personas de cada 100 mil habitantes atentan contra sus vidas. Estos √ļltimos datos son como para creer que ‚Äúel dinero no hace la felicidad‚ÄĚ.

 

El ingreso per c√°pita de Corea del Sur, en el a√Īo 2011, fue de US$ 31.700 y es una de las econom√≠as asi√°ticas m√°s potentes. Chile hoy se empina por sobre un per c√°pita de US$ 16.000.

 

Tengo la sensaci√≥n de que la felicidad de los chilenos est√° siendo utilizada. En general, ha sido manoseada desde hace tiempo. En los √ļltimos a√Īos, la transformaron en producto marketero. Por lo tanto, era cuesti√≥n de esperar para que llegara a la pol√≠tica. Si tomar Coca Cola pod√≠a hacer feliz, ¬Ņpor qu√© un pol√≠tico o una coalici√≥n no iban a lograr lo mismo?

 

Pero en este terreno existe más de un problema. Quienes manejan el poder están lanzando mensajes contradictorios a través de los medios, especialmente de la TV. Y si bien estos sirven para lograr posicionamiento en determinadas circunstancias, en otras claramente entran a generar visiones confusas y negativas.

 

En cuanto a la felicidad, no basta la buena onda con que ha pretendido posicionarse ‚ÄĒcon o sin razones para ello‚ÄĒ el ministro Joaqu√≠n Lav√≠n. Toda la bater√≠a gubernamental apunta a asustar a los chilenos. A decirles que en el Sur hay una verdadera guerrilla en ciernes. Que en las grandes ciudades, entre los guerrilleros urbanos (los encapuchados) y la violencia de los delincuentes, la vida de todos pende de un hilo. Por lo tanto, es necesario m√°s represi√≥n, menos di√°logo, nada de participaci√≥n.

 

Y en materia de equidad, ni pensar en abrir el bolsillo empresarial porque eso afectaría las inversiones. Y si la banca, las universidades, los servicios básicos, las farmacias, los mall, quieren hacer de las suyas, habrá que crear Superintendencias que se encarguen de castigar a los culpables. Claro, cuando toda esa institucionalidad sea creada. Mientras tanto, dejen tranquilas a las autoridades. Los chilenos son felices.

 

¬ŅAlguien puede dudarlo? S√≥lo los encapuchados del pensamiento.
‚ÄĒ‚ÄĒ
* Periodista.

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    1 Coment√°rio

    Comentarios

    1. Hern√°n Montecinos
      27 agosto 2012 14:50

      En sentido estricto, la felicidad no existe, lo que existe son momentos de felicidad, lo que es muy distinto. Uno puede ser feliz al momento de casarse o de tener un hijo o de sacarse un premio gordo de la lotería, etc. No se puede ser feliz vivir tensionados y agotados con las duras jornadas de trabajo en la oficina, no puede ser feliz un país con farmacias en cada esquina siempre llenas de clientes ansiosos en busca de tal o cual pastilla.
      No se puede vivir feliz con el arrastre de una deuda de millones de pesos para pagar algo que es un derecho, como la educación. Tampoco se puede ser feliz endeudados hasta la tusa con las tarjetas de créditos, etc.
      En fin, esa encuesta de la felicidad es una estupidez muy propia de la elite política de turno que está en el poder. Encuestas por lo demás que son científicamente preparadas para inducir respuestas en la dirección que se desea.