Ene 25 2012
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Política

Chile, Gulumapu: la paz de Piñera en banderola y con bala pasada

Resulta “aberrante la postura de las fuerzas especiales del Cuerpo de Carabineros en las comunidades mapuches del país (…) Hay un claro uso abusivo de los instrumentos policiales que afecta a mujeres y niños completamente inocentes”. Lo dice un sacerdote a un medio periodístico extranjero.[1] La Comunidad Cacique José Guiñón asegura tener grabaciones del asalto a sus viviendas entre la noche del lunes y la madrugada del martes [hoy].| NICOLÁS GOMARRO.

 

Como siempre sucede, la ilegalidad de los actos de gobierno —o el terrorismo de Estado— se cubre con una capa de contradicciones que cuidadosamente se filtran a la prensa; es el caso del allanamiento —en rigor un asalto a mano armada— a la Comunidad Cacique José Guiñón, en la Araucanía (en el lenguaje administrativo chileno), ubicado en la tormentosa comuna de Ercilla, territorio mapuche al oeste de la Cordillera de Los Andes.

 

Como otros hechos de esta naturaleza en la región, sus protagonistas fueron integrante del Cuerpo de Carabineros —una de las dos policías nacionales, ésta militarizada dependiente del Ministerio del Interior— que controla el cumplimiento de la ley en el comportamiento de los ciudadanos, las fronteras, las carreteras, caminos y calles urbanas (seguridad pública). Para mejor cumplir su cometido en la zona, Carabineros dispone de un potente arsenal disuasivo: armas cortas, fusiles, subametralladoras, caballería, carros de asalto livianos, gases lacrimógenos, helicópteros, aviones, etc…

 

Suelen contar, además, con la entusiasta ayuda de los latifundistas y empresas forestales, que suelen facilitar vehículos, personal para labores de espionaje y provocaciones a las comunidades mapuche, lo que ha quedado registrado muchas veces gracias al trabajo de periodistas, cineastas, organizaciones de derechos humanos y la propia actividad de los que son agredidos.

 

Cálculos conservadores apuntan que las comunidades mapuche han perdido no menos de cuatro millones de hectáreas de tierras útiles a lo largo del siglo XX; otros cálculos establecen el territorio que les fue usurpado en un mínimo de 12 millones de hectáreas.

 

El antagonista de la hazaña del lunes por la noche fueron los habitantes de un predio agrícola rural: niños de corta edad, mujeres a la espera del parto, trabajadores de la tierra y ancianos. Todos desarmados y o durmiendo ya o esperando el sueño con las últimas conversaciones del día.

 

Temprano algunos medios periodísticos habían informado —noticia de última hora— sobre lo que semejaba un intento de allanamiento a la comunidad por tropa de Carabineros que, llegados a José Giñón, habían procedido a retirarse del predio con el objeto de, constatada la falta de movimiento allí, dedicarse a la protección de casas, enseres, maquinaria y siembra de otros agricultores de la zona. Se ponía azúcar a la amargura de los hechos.

 

Para mejor cumplir la misión, el destacamento estaba provisto de armas y carros de asalto. Esto no sorprende a la opinión pública chilena: por generaciones se ha visto bombardeada por un discurso ezquizofrénico: los mapuche que resistieron en combates al descubierto al poderoso ejercito de la corona española son heroes patrios; sus descendientes, ya convertido Chile en república, son ladrones, borrachos, ignorantes y flojos.

 

(Incidentalmente, Chile se precia de ser un país de poetas, y son los poetas mapuche, varones y mujeres, entre lo mejor de ese arte en el país actual).

 

El allanamiento en referencia, pues, se inscribe en una práctica normal de las autoridades centrales y regionales —quizá exacerbada por la ideología claramente discriminatoria hacia esa nación por parte del actual ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, a quien no se le agita la kipá cuando les trata de incendiarios y terroristas. Sin embargo el lonko (autoridad comunal mapuche) José Cariqueo salió al paso : no hubo nada edulcorado en la diligencia de la tropa armada. Dijo, lisa y llanamente:“Es un allanamiento, no un intento de allanamiento. Ahora Carabineros niega que haya sucedido, pero todo eso quedó en una grabación”.

 

Y fue más allá, denunciando ahora: carabineros arrojó bengalas para iluminar la noche, y esas bengalas prendieron fuego a las siembras, “hay trigo y pasto particulares de nosotros que se quemaron. No sé si se puede llamar, un ataque… pero sí es un allanamiento”. Tres días antes habían sido allanados con exceso de violencia (que no es lo mismo que exceso de celo).

 

El vocero de la comunidad, por otra parte, muestra angustia: “Nosotros, los adultos, ya estamos acostumbrados, pero esto afecta principalmente a los niños, que crecen con odio”. La comunidad ha sido invadida por la policia unas 16 veces en el último tiempo.

 

Uno de esos asaltos —perpetrados siempre con la violencia propia de un ejército de ocupación, pudo haber ganado una medalla oscura: el aborto provocado de Teresa Millacheo por el uso absurdo de granadas lacrimógenas en el interior de su vivienda. Teresa Millacheo es la cónyuge de Luis Matrileo, un werkén (guerrero, en términos simbólicos) buscadao por la ley acusado de asalto e intento de agresión contra un testigo “protegido” (identidad mantenida en secreto), figura comunmente utilizada para conseguir condenas penales a los comuneros. Millacheo tuvo suerte y no perdió a su bebé. Su caso ilustra el grado de ensañamiento con el que se vive la paz de Piñera en la región.

 

El Poder Judicial prohibe a la policía utilizar granadas lacrimógenas y armas de fuego en los procedimientos a comunidades que no oponen resistencia armada; sin embargo, como suele ocurrir, la ley se obedece, pero no se cumple.

 

Los agricultores mapuche de José Guiñón señalan que también en esta oportunidad la tropa que los asaltó usó armas de fuego y que al retirarse del frontis de las viviendas establecieron un círculo de pinzas alrededor de la comunidad hasta entrada la madrugada de hoy martes.

 

Nota
1] Los dichos del sacerdote en una información de TeleSur noticias, aquí.

 

Las imágenes son de archivo —de recientes asaltos.

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