Jun 17 2020
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OpiniónPolítica

Chile: la pandemia, la política y el presidente

Por segunda vez desde el regreso de la democracia en Chile, en 1990, el gobierno es encabezado por el empresario derechista Sebastián Piñera, quien asumió la presidencia en marzo de 2018, junto a una coalición de partidos conservadores. Los últimos 30 años Piñera los ha dedicado a los negocios y a la política, donde siempre sus intereses se han cruzado. Hoy es la quinta persona más rica de Chile, con una fortuna cercana a los 3 mil millones de dólares, de acuerdo con los datos publicados por Forbes en marzo pasado, que lo pone en el lugar 804 del ranking mundial de súper ricos.

Inició su gobierno convencido que su segundo mandato lo proyectaría en la escena internacional como estadista de la talla de los expresidentes Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, dado el prestigio ganado por Chile en el ámbito internacional gracias a la solidez de sus instituciones y economía.  Sin embargo, le tocó el estallido social de octubre de 2019 que cambió completamente la agenda política del país, y debió renunciar a parte importante de su programa de gobierno, incluyendo COP25 y APEC.

En dos meses, su desplome en las encuestas fue total, terminando el año con un 6% de apoyo.  En marzo pasado se desató la pandemia de coronavirus, que fue vista por el presidente y sus asesores como una oportunidad para recuperar la imagen de su gobierno mostrando eficiencia en el manejo de esta crisis sanitaria que llegó a Chile y cuyas consecuencias en el hemisferio norte, sobre todo en Italia y España, se veían a diario en televisión.

Es cierto, ningún país estaba preparado para enfrentar una pandemia como la que estamos viviendo, pero teníamos la experiencia de lo que sucedía en Europa y veíamos las medidas que diferentes gobiernos tomaban. En Chile, pese a la advertencia de destacados médicos epidemiólogos que pidieron acelerar las medidas de aislamiento, esto no se hizo, por no afectar la economía de un gobierno absolutamente dogmático en términos del gasto fiscal y de evitar la intervención del Estado.

A través de una política de comunicaciones exitista, destinada a recuperar el apoyo de quienes habían votado por Piñera, comenzaron anunciando en marzo pasado, por boca del ministro de salud, Jaime Mañalich, que el virus podía mutar y transformarse en “amigo”. En abril, el presidente Piñera anunció tempranamente que volvíamos a una “nueva normalidad”, se levantaron algunas de las cuarentenas de sectores de Santiago y la gente volvió a salir a la calle.

El mismo mes se anunció el “retorno seguro”, para volver a los puestos de trabajo comenzando con los funcionarios del aparato público.  El 2 de mayo fue nuevamente el ministro de salud quien anunció que habíamos “alcanzado una meseta” en la demanda de servicios hospitalarios, es decir, que no aumentarían los contagios. La presencia casi diaria del presidente Piñera en los medios, puntos de prensa, salidas a terreno, ha dado sus frutos. Las encuestas han mejorado para él y para su gobierno.

Del 6% de apoyo en diciembre pasado, en mayo se había empinado sobre el 20%.  Pero, el “general invierno” no se había hecho presente aún, y los contagios comenzaron a crecer día a día. La meseta quedó atrás, y el peak aún no sabemos cuándo se alcanzará.

El 13 de mayo, el gobierno decretó cuarentena para Santiago y toda la región metropolitana, cerca de 8 millones de personas. El 26 del mismo mes, el ministro de salud declaró que “todos los ejercicios epidemiológicos, las fórmulas de proyección con las que yo me seduje en enero, se han derrumbado como un castillo de naipes”.

Hoy la pandemia avanza y se ha extendido a todo el país. Si el 30 de abril la tasa de contagios era de 87,4 por cada 100 mil habitantes, el 28 de mayo llegaba a 465,8. Al 9 de junio el número de casos totales alcanza a 148.496, fallecidos 2.475 y los casos activos a 24.201. Hoy la pandemia está desatada y de acuerdo con la universidad de John Hopkins, Chile se ubica en el 13° lugar en contagios en el mundo.

Los contagios se han extendido debido a la tozudez del gobierno de no declarar las cuarentenas para privilegiar la economía. Chile, un país con deuda pública cercana al 30%, tiene los mercados financieros abiertos. Mantiene la clasificación de las aseguradoras con letra A, cuenta con un fondo soberano -ahorros- de 25 mil millones de dólares, tiene espaldas suficientes para poder otorgar recursos a las personas para que se queden en casa y evitar los contagios.

Sin embargo, no lo ha hecho aún, y recién hoy se negocia con la oposición la entrega masiva de un bono de cerca de 400 euros por familia de 3 personas para los próximos 3 meses.  El 40% de los trabajadores son informales en Chile, es decir trabajan por cuenta propia. De ellos muchos se alimentan de lo que ganan en el día. Esta situación es la que ha disparado los contagios que se extendieron a las zonas donde viven las familias de menos recursos, es decir, en menos metros cuadrado habitan más personas. El problema de la vivienda en Chile es estructural y ningún gobierno ha logrado dar una solución, lo que provoca hacinamientos y condiciones muy precarias de vida.

El 19 de mayo, Piñera anunció la entrega de 2,5 millones de cajas de alimentos básicos para las familias de menos recursos. Lo anunció sin tenerlas preparadas y sin asumir los problemas logísticos que ello implica. Fue una operación comunicacional de las que le gusta realizar. A la fecha se han entregado alrededor de 700 mil por lo que la operación terminará en el mes de julio probablemente. Obviamente, la entrega de las cajas busca mejorar la imagen del presidente y del gobierno.

Ello quedó demostrado con la filtración de un documento oficial con el instructivo de hacer notar en las entregas, la preocupación del presidente Piñera y el gobierno. Incluso la esposa del mandatario fue a un barrio de escasos recursos a entregar cajas acompañada de un equipo de prensa y televisión, donde no se respetó la distancia social ni la dignidad de los beneficiados.

Chile: se filtra un polémico “instructivo” para, al entregar ...Hacer política en tiempos de pandemia no es fácil. La oposición está dividida respecto a cómo enfrentar al gobierno. La centro izquierda mantiene un diálogo y ha logrado acuerdos importantes relativos a la ayuda económica para los sectores vulnerables, mientras que la izquierda más dura no siempre está dispuesta a ello. Todos saben que el gobierno se beneficia comunicacionalmente al controlar los medios, las vocerías y puntos de prensa mientras dure la crisis.

Además, hay un plebiscito en el horizonte el próximo 25 de octubre, para cambiar la Constitución. La mayoría del gobierno se opone al cambio, y dependerá de la evolución de la pandemia si se darán las condiciones para efectuar el referéndum.

Los errores del gobierno en el manejo de la crisis del Covid-19 llevaron al presidente Piñera, el 4 de junio pasado, a cambiar a tres de sus ministros, pero no removió al de salud. Sin embargo, la presión política se hizo insostenible y 9 días después, finalmente, Mañalich, renunció. Los nombramientos de varios de los personeros de su gabinete han tenido un costo para su imagen, al designar personas sin habilidades profesionales o políticas. Al inicio del gobierno nombró una ministra de cultura que duró 5 meses. El siguiente duró solo 4 días, el de relaciones exteriores, algo más de un año. En mayo pasado nombró una ministra de la mujer que duró 32 días en el cargo.

Hoy no sabemos hasta cuándo durará la cuarentena ni cuando se aplanará la curva de contagios. El invierno comienza recién el 21 de junio. Junto al coronavirus, hay hambre y desesperanza, junto a un presidente preocupado de salvar su imagen ante la historia.

*Economista de la Universidad de Zagreb y Máster en Ciencia Política de la Universidad Católica de Chile. Ha sido embajador de Chile en Vietnam, Portugal, Trinidad-Tobago e Italia. Consultor para FAO en temas de cooperación Sur-Sur, académicos y parlamentarios. Artículo publicado  en Treccani, de Italia. 

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