Jun 11 2012
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Ciencia y TecnologíaPolítica

Ciencia y tecnología en Argentina: situación y perspectivas

Las ciencias y las tecnologías han perdido su carácter instrumental para convertirse en formidables herramientas geopolíticas. Intentaremos describir brevemente la situación actual de este componente esencial en el desarrollo de las naciones.| FÉLIX RODRÍGUEZ TRELLES*

 

A nivel mundial observamos tres niveles de desarrollo muy diferentes en ciencia y tecnología (CyT):
– Un primer grupo de naciones desarrolladas, con capacidades propias que les permiten un alto grado de independencia, caracterizadas por un nivel elevado de inversión en CyT, del orden del 2 al 4% del PBI.
En este grupo se encuentran las potencias reconocidas: EEUU, China, Japón, Rusia, India, Francia, Alemania, el Reino Unido; sociedades con una rica tradición científica como Italia, Holanda, Suiza, Finlandia y los países escandinavos (Suecia, Noruega, Dinamarca), así como otras que han definido correctamente sus prioridades como Brasil, Canadá, Corea del Sur, Singapur.

 

– Un segundo grupo de naciones de desarrollo mediano con niveles de inversión en CyT entre el 1,5 y el 2,5% del PBI. Entre ellas se destacan Irán, Pakistán, Ucrania, Israel, Australia, Nueva Zelanda, Kazajstán, Austria, Tailandia, Malasia, Turquía, España, Portugal, Bélgica, Irlanda, Sudáfrica, la República Checa y la Argentina.

 

– Por último tenemos el resto de las naciones, que podríamos dividir en dos subgrupos:

 

– Naciones que destinan importantes recursos al área, pero que sufren un drenaje de cerebros intenso, donde influyen condiciones locales de inseguridad y pobreza con la succión intencional de recursos humanos por los países centrales.
En estas condiciones se encuentran México, Venezuela, Cuba, Bangladesh, Rumania, Bulgaria, Polonia, Serbia y Bielorrusia, y la mayoría de las ex repúblicas soviéticas del Asia Central.

 

– Naciones que carecen de recursos excedentes o que, poseyéndolos en abundancia, no los dedican al área de CyT. Se incluyen la mayoría de los países árabes, africanos y latinoamericanos.

 

Para definir el nivel de desarrollo en CyT deben tenerse en cuenta aspectos como los siguientes:

 

– El nivel de las investigaciones básicas (en las llamadas “ciencias duras”), medido por la cantidad y calidad de publicaciones científicas, y principalmente por la cantidad de referencias que dichas publicaciones suscitan en autores independientes.

 

– La existencia de una industria nacional de escala suficiente, capaz de demandar tecnología y de mejorarla durante el proceso productivo.
En países pequeños (como la mayoría de los europeos o del Sudeste asiático) la falta de tamaño de escala se suple mediante la integración supranacional (Comunidad Europea, Comunidad del Sudeste Asiático, etc.)

 

– El grado de integración entre los institutos de investigación y las industrias, hospitales, el agro, y demás sectores demandantes.

 

– El nivel de la educación científica y tecnológica, especialmente en los niveles técnico, terciario, universitario y de posgrado, y el número y calidad de sus graduados.

 

– La consistencia en los planes de investigación y desarrollo (ID), reflejada en políticas de Estado sostenidas en el tiempo, independientemente del partido o grupo en el poder.

 

Es interesante notar que los EEUU destinan un promedio del 2,6% del PBI al área, y Brasil oscila entre el 2,0 y el 2,7%. La UNESCO recomienda mantener esta relación por encima del 1,5%.

 

Para dar una idea de los desniveles existentes en la inversión de las naciones, podemos comparar estos valores; mientras que en los países centrales (Europa, Estados Unidos) se invierten en CyT unos 500 dólares por habitante y por año, en los países más avanzados de Latinoamérica (Brasil, Argentina) no alcanzamos los 100 dólares por habitante y por año, cantidad que es todavía menor para el resto del continente.

 

Algunas consecuencias de estas diferencias sobre las naciones del tercer grupo:

 

– La transferencia unidireccional de fondos por concepto de patentes, derechos de autor, etc. de los países periféricos a los centrales.
El costo de esta transferencia crece con mayor rapidez que los costos de las materias primas que constituyen la fuente de ingresos de los países subdesarrollados.

 

– La dependencia tecnológica que impide a los países periféricos tomar decisiones autónomas en cuestiones esenciales para su desarrollo, obligándolos a recurrir a contratistas extranjeros para proyectar y ejecutar las obras indispensables para su crecimiento.

 

– La creciente dependencia económica derivada del endeudamiento desproporcionado que resulta de los puntos anteriores.

 

– Mientras que las empresas trasnacionales (mal llamadas “globales”) invierten en ID en origen, las subsidiarias y sucursales en los países sub-desarrollados son importadoras netas de los resultados de ID. La radicación de estas “inversiones” se convierte en un factor importante de dependencia.

 

Analizaremos con más detalle el estado de la CyT en la Argentina.
En el área científico-tecnológica hemos pasado por diversas etapas que podemos resumir así:

 

– Hasta 1860 vivimos períodos de gran turbulencia, caracterizados por bloqueos de las potencias dominantes y guerras intestinas, sin margen para desarrollar actividades dignas de mención.

 

– Entre 1860 y 1914 ingresan al país algunos científicos europeos, se crean institutos importantes (como el Observatorio Astronómico de Córdoba) y se abren carreras universitarias en ciencias básicas. Hay un progreso notable en las ciencias médicas. En 1899 se crea la primera Escuela Industrial.

 

– Entre 1914 y 1943 se consolidan algunos institutos y museos, y se radican numerosos científicos (exiliados europeos en su mayoría). Se producen algunos desarrollos tecnológicos (Fábrica Nacional de Aviones, YPF, armado de automotores), y la crisis de importaciones durante las dos guerras mundiales promueve el surgimiento de una incipiente industria. Se desarrolla una importante escuela matemática en Buenos Aires.

 

– Entre 1943 y 1955 se acelera el proceso de industrialización. Se crean los principales organismos de investigación y desarrollo del país (CONICET, CNEA, CITEFA) y se inician proyectos tecnológicos de relevancia, incluyendo el Plan Nuclear, las industrias de defensa (Fabricaciones Militares, el IAME, etc.).
Se crean nuevas carreras y universidades, incluyendo la Universidad Obrera (hoy Universidad Tecnológica Nacional), así como numerosas escuelas industriales y escuelas fábrica.
Se enfatiza la necesidad de lograr un desarrollo autónomo en CyT, lo que se evidencia en importantes resultados (avión Pulqui, locomotora Justicialista, astillero de Río Santiago, etc.) En 1947 recibe el Premio Nóbel de Medicina el Dr.Bernardo Houssay.

 

– Entre 1956 y 1966 se consolida el proceso de industrialización, pero se abandona la prioridad autonómica, abriendo la puerta a inversiones extranjeras que ingresaron con su carga de obligaciones y deudas por patentes y derechos.
Se crean Institutos importantes como el INTA y el INTI. En las ciencias básicas se implementan planes de estudio copiados de los vigentes en las potencias centrales, lo que resulta en la graduación de miles de expertos entrenados para emigrar, al carecer de demanda local. Este es el motivo real detrás de la emigración masiva de científicos ocurrida después de la llamada “Noche de los bastones largos”.

 

– Entre 1966 y 1982 el desarrollo del área se guía por las necesidades de las fuerzas armadas, que priorizan el desarrollo nuclear, aeroespacial y energético, reiniciando algunos proyectos abandonados en la etapa anterior.
Se inauguran las dos centrales nucleares (Atucha I y Embalse), se continúan proyectos importantes en el sector aeroespacial (Pucará, Pampa, Cóndor II), se equiparan las carreras del área con las correspondientes de las FFAA. En 1970 recibe el Premio Nóbel de Química el Dr. Luis Leloir.

 

– Entre 1983 y 2003 vivimos un largo período de decadencia en el área, caracterizado por la desinversión, los bajos salarios, el abandono de proyectos de gran importancia (Atucha II, Cóndor II, astilleros, equipos ferroviarios), la emigración masiva de investigadores y el congelamiento de las vacantes en los institutos.
En 1984 recibe el premio Nóbel de Química el Dr. César Milstein, por sus investigaciones realizadas en el Reino Unido.

 

– En 2003 se produce un cambio importante en el área. Se reconstruye el sector CyT  implementando el llamado Sistema Nacional de Investigaciones (SNI), con prioridades que se definen por áreas estratégicas.
Entre 2003 y 2011 se logra un aumento del 40% en el número de investigadores de carrera y de más del 100% en el número de becarios de posgrado. Se aplica el Compre Nacional en el sector público y se crean impuestos específicos destinados a financiar el área CyT. Crece el número de empresas con departamentos de ID.
Se incentiva la creación de polos y parques tecnológicos y se logra la repatriación de casi un millar de científicos.
Un aspecto destacable es la creación en 2007 del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (MINCyT), cuya titularidad recae en un especialista en la transferencia de resultados de la investigación básica a la industria. Se construye un Polo Científico-Tecnológico incluyendo las nuevas sedes del Ministerio y del CONICET, obras ya inauguradas.
El Plan Estratégico Nacional de CyT se concentra en áreas donde el país posee recursos importantes, en algunas de las cuales ocupamos un lugar importante entre otros países.

 

Una lista incompleta de las prioridades incluye:
– Computación industrial
– Automación y robótica.
– Sensores y actuadores.
– Producción de fármacos.
– Equipos de diagnóstico médico.
– Ciencia e ingeniería de materiales.
– Ingeniería de procesos y productos.
– Desarrollo y aplicaciones de micro- y nanodispositivos.
– Tecnologías limpias.
– Equipamiento para energía eólica.
– Imágenes satelitales y su aplicación al agro y a las industrias.
– Gestión empresaria: modelos e investigación operativa.
– Diversificación de exportaciones.
– Materias primas y procesos en industria alimentaria.
– Control sanitario de productos.
– Mantenimiento de recursos: suelos, aguas, medio ambiente, nutrientes.
– Transformación en la estructura agraria.
– Uso sustentable de recursos.
– Remediación de ambientes contaminados.
– Remediación de catástrofes naturales, lucha contra la desertificación.
– Salud y medio ambiente.
– Ordenamiento territorial.
– Sistema nacional de información ambiental.
– Desarrollo de una industria local de equipamiento para el transporte.
– Planificación del transporte.
– Desarrollo del CAREM (Central Argentina de Elementos Modulares, reactor nuclear)
– Minería del uranio y el litio.
– Biocombustibles.
– Diseño eficiente y acondicionamiento ambiental de edificios.
– Prevención y atención de la salud.
– Tecnología de sistemas constructivos para vivienda.
– Desarrollo y mejoramiento de asentamientos.
Mencionaremos aquí las instituciones principales donde se desarrolla la actividad CyT en el país:
– Universidades (el 80% se concentra en la UBA y las Universidades de La Plata y Córdoba)
– CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas)
– INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria)
– INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial)
– CNEA (Comisión Nacional de Energía Atómica)
– CONAE (Comisión Nacional de Actividades Aeroespaciales)
– CITEFA (Instituto de Investigaciones CyT de las Fuerzas Armadas)
– INVAP (Investigación Aplicada, de la Universidad de Cuyo y la provincia de Río Negro)
– SEGEMAR (Servicio Geológico Minero Argentino)
– INIDEP (Instituto Nacional de Pesca)
– INA (Instituto Nacional del Agua)
– SMN (Servicio Meteorológico Nacional)
– ANLIS (Laboratorios e Institutos de Salud)
 

 

Paradójicamente, este resurgir de las actividades científico-tecnológicas en la Argentina se da en un contexto de inestabilidad creciente, caracterizado por un deterioro en las condiciones macroeconómicas, como resultado de políticas equivocadas en la mayoría de las áreas que deben servir de soporte al sistema nacional de ID.

 

Hoy es casi imposible hacer un pronóstico acerca de la continuidad de una obra que juzgamos muy meritoria, pero cuyo futuro depende de condiciones de contorno demasiado inestables. Sólo resta esperar que la actual estrategia del sector se convierta en una Política de Estado, basada en un acuerdo nacional que se inspire en objetivos de grandeza.

 

Por último, deseo expresar algunas opiniones personales acerca del tema.

 

Creo que el objetivo central en esta área debe ser el desarrollo de una base científico-tecnológica “propia y suficiente”, tal como fue definido en el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional del General Perón (1974). Cito textualmente:
“Sin base científico-tecnológica propia y suficiente, la liberación se hace también imposible. La liberación del mundo en desarrollo exige que este conocimiento sea libremente internaciona­lizado sin ningún costo para él. Hemos de luchar por conseguirlo; y tenemos para esta lucha que recordar las esencias: “todo conocimien­to viene de Dios.”

 

Nunca como ahora hemos percibido la necesidad ineludible de disponer de una economía de escala suficiente para sustentar ese desarrollo. Volviendo a citar a Perón, diremos con él que:
“Es por eso que la progresiva transformación de nuestra Patria para lo­grar la liberación debe, paralelamente, preparar al país para participar de dos procesos que ya se perfilan con un vigor incontenible: la integración continental y la integración universalista.”

 

El Mercosur y la Unasur son herramientas que debemos consolidar y fortalecer, y creo que, en la medida en que logremos integrar nuestro sistema CyT con los de las naciones hermanas, el futuro nos habrá de recompensar en todo sentido.

 

Un ejemplo sencillo lo encontramos en el desarrollo por Brasil de un submarino nuclear, para el cual disponen de la ingeniería naval y nosotros tenemos la tecnología nuclear. Otro ejemplo fácil de imaginar se da en la integración de nuestras industrias farmacéuticas.
Y a los laboratorios  de las potencias centrales, siempre tan celosos de sus patentes, deberemos recordarles siempre aquello de que “todo conocimiento viene de Dios”.

 

En la medida en que actuemos con visión continentalista, lejos del provincialismo que siempre instigaron el opresor externo y los cipayos locales, soy francamente optimista. Unidos, nos espera un destino de potencia.
——
>* Físico, investigador, académico. Especialista en fusión nuclear, y en política científica y energética.
Resumen de su exposición en la Peña de la Imprenta, Buenos Aires, mayo de 2012.
http://www.dossiergeopolitico.com.

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