Sep 21 2013
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Colombia: Acabar con el campesinado

En el futuro que est√°n dise√Īando para Colombia estos gobiernos, no caben, ya se sabe, los campesinos, como nos ense√Ī√≥ a verlos la tradici√≥n. Alguien les cont√≥ a los funcionarios que en Estados Unidos ya no hay campesinado sino agricultura industrial, y ellos parecen convencidos de que hay que acabar r√°pido con la agricultura tradicional y con los campesinos.

Alguna vez le dije a mi amiga Tania Roelens que me entristecía un poco viajar por Francia, porque en un trayecto en tren entre París y Burdeos, unas cinco horas, no había visto una sola persona en los campos: sólo de pronto, allá, en la distancia, un tractor en movimiento por la llanura, y eso era todo.

Acostumbrado a andar por Colombia, donde se ve gente por todas partes, caminantes por las v√≠as a cualquier hora, casas a orillas de las carreteras hasta en el p√°ramo, me parec√≠a desolador ese espect√°culo de un mundo hermoso y vac√≠o. Tania me dijo que yo exageraba, pero un d√≠a tuvimos la oportunidad de hacer juntos el viaje, y pudo comprobar que era verdad lo que le dije. Era otra estaci√≥n, no recuerdo ya si oto√Īo o primavera, pero igual no hab√≠a nadie.

Acaso lo que me parec√≠a triste era comparar los campos actuales con esos que vemos en los cuadros de Brueghel, las campi√Īas de Europa hace siglos, las rondas, las granjas, las partidas de caza, los ni√Īos corriendo por los sotos, los caballos, las carretas, un paisaje lleno de belleza natural y de conmovedora humanidad.

Me dije que a lo mejor era una fantasía del pintor: que la vida en los campos, en los escasos tiempos en que no había guerra, no podía ser tan animada, a pesar de lo que nos cuentan las leyendas, los cuentos de hadas, las novelas, los poemas de Joachim du Bellay, de Ronsard o de Víctor Hugo.

Pero un d√≠a tuve la oportunidad de visitar la Moldavia rumana, cerca de la frontera con Rusia, en un oto√Īo espl√©ndido que llenaba de amarillos y ocres y naranjas y rojos los bosques de hayas y casta√Īos, de robles y arces, y descubr√≠ que aquello que yo cre√≠a fantas√≠a exist√≠a realmente.

En esos campos, que adem√°s est√°n llenos de peque√Īas capillas pintadas de colores, hab√≠a campesinos amontonando el heno junto a las granjas, mujeres afuera de unas casas llenas de adornos, carretas cargadas de remolachas y de frutas, arrastradas por caballos enormes color de fuego, ni√Īos que saltaban por las ca√Īadas, perros, p√°jaros: un colorido y una vida que no parec√≠an realidad sino leyenda.

Le se√Īal√© esas cosas a un escritor europeo que iba conmigo y me dijo: ‚ÄúSon cosas premodernas, ya se acabar√°n‚ÄĚ. Me asegur√≥ que el futuro eran esos campos franceses con agricultura tecnificada, donde la gente no ten√≠a que padecer las miserias, los sufrimientos del mundo rural. A m√≠ ese mundo no me parec√≠a tan triste como los campos tecnificados de Francia, ni tan tedioso, pero call√© discretamente, porque estaba claro que yo pertenec√≠a a una manera de ser y de mirar condenada a desaparecer.

Pero no he dejado de sentir, viendo c√≥mo viven las personas incluso en las s√≥rdidas banlieus parisinas, que no necesariamente este mundo urbano es lo m√°s deseable, y parecen darme la raz√≥n los muchos habitantes urbanos que luchan por conseguirse una casa de campo y vivir lejos de los termiteros neur√≥ticos, en la vecindad de unos duraznos, unos almendros y alg√ļn arroyo lleno de hojas.col campesinado

Es verdad que la nostalgia nos hace idealizar el pasado, considerar deseables unas maneras de vivir que para muchos no fueron precisamente felices, pero tambi√©n es cierto que a menudo las promesas de la modernidad no son m√°s que se√Īuelos, y en el horizonte desaforado de las metr√≥polis no se encuentra tampoco ese para√≠so de confort y de plenitud que mienten los augures de la sociedad industrial.

En Colombia, en los a√Īos cincuenta, los te√≥ricos de la econom√≠a hasta les recomendaban a los gobiernos estimular el √©xodo de campesinos, porque la industria absorber√≠a esa fuerza de trabajo desplazada. El futuro era la ciudad, sus servicios, sus espect√°culos. Pero bien sabemos cu√°l fue el futuro que recibi√≥ a los campesinos en las ciudades, y si no lo sabemos podemos leer de nuevo la historia de la violencia urbana, de la exclusi√≥n, del hambre, de las mafias y el sicariato, de la delincuencia, tantas cosas que no aparec√≠an en la cartilla de los augures.

En el futuro que est√°n dise√Īando para Colombia estos gobiernos, no caben, ya se sabe, los campesinos, como nos ense√Ī√≥ a verlos la tradici√≥n. Alguien les cont√≥ a los funcionarios que en Estados Unidos ya no hay campesinado sino agricultura industrial, y ellos parecen convencidos de que hay que acabar r√°pido con la agricultura tradicional y con los campesinos.

Tambi√©n nos contaron que Colombia dej√≥ de ser un pa√≠s rural y se convirti√≥ en un pa√≠s urbano: ‚Äúel 75 por ciento en las ciudades, el 25 en los campos‚ÄĚ. El arroz y el ma√≠z vendr√°n del norte, el caf√© de Ecuador, la papa de Polonia o de Rusia, los peces contaminados de Vietnam. El pasado qued√≥ atr√°s. Y as√≠ como en los a√Īos cincuenta la violencia expuls√≥ a dos millones de campesinos, en los √ļltimos 20 se expulsaron otros cinco millones y fueron arrebatadas cinco millones de hect√°reas.

Este gobierno, frente al paro agrario, nombr√≥ un ministro de Agricultura que al parecer trae la intenci√≥n de proponerles a los campesinos que olviden el viejo modelo y se hagan socios de la industria. Pero quedan m√°s de 12 millones de campesinos: la poblaci√≥n de Bogot√°, Cali y Medell√≠n juntas. Y as√≠ como en los a√Īos cincuenta los desterrados no encontraron en las ciudades esa industria acogedora que les ofreciera trabajo, sino hambre, rebusque y violencia, mucho me temo que ni este gobierno ni los siguientes van a convertir a esos millones de campesinos en pr√≥speros empresarios, ni a Colombia en Francia.

Pero sí hay empresarios a los que les conviene echar ese cuento. Un cuento más increíble que los cuadros de Brueghel.

*Publicado en El Espectador bájo el título Un cuento

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    1 Coment√°rio

    Comentarios

    1. un campesino es historia es cultura no los maginen
      26 septiembre 2013 21:53

      Un campesino es una historia es cultura es valor etica para las nuevas generaciones. Colombia tierra de grandes, luchen por sus creencias de campesino noble trabajador. Aqui en Venezuela el latifundio sigue alli entre dos aguas como el pez