Nov 26 2012
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Sociedad

Colombia: desmontar un conflicto de medio siglo

La negociaciones entre el gobierno y la guerrilla son percibidas por la mayor parte de los colombianos como una buena oportunidad para sellar la paz. Muchos creen que ha llegado la hora y que los actores del conflicto no van a dejar escapar la oportunidad. El escenario es, sin embargo, bastante m谩s complejo. | RA脷L ZIBECHI.*

 

El 26 de agosto el gobierno de Juan Manuel Santos difundi贸 el Acuerdo para la terminaci贸n del conflicto y la construcci贸n de una paz estable y duradera, firmado con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en base a las conversaciones que ambas partes manten铆an desde febrero en La Habana. La noticia fue recibida con signos de esperanza en Colombia.

 

El 18 de octubre representantes del gobierno y las FARC firmaron un comunicado conjunto en Oslo en el que acordaron 鈥渓a instalaci贸n p煤blica de la mesa de conversaciones encargada de desarrollar el acuerdo general para la terminaci贸n del conflicto鈥 y que el primer tema a tratar ser铆a el 鈥渄esarrollo agrario integral鈥, a partir del 15 de noviembre en La Habana.[1]

 

A diferencia de lo sucedido en ocasiones anteriores, esta vez la mayor parte de la poblaci贸n conf铆a en que las negociaciones puedan llegar a buen puerto. Una encuesta encargada por RCN Televisi贸n mostr贸 que el 77% de los colombianos apoya las negociaciones y que el 54% se siente optimista en que se puedan llegar a acuerdos definitivos.[2]

 

Sin embargo, el ex presidente 脕lvaro Uribe, portavoz de los terratenientes y seg煤n muchos analistas de los grupos paramilitares, mostr贸 desde el primero momento su disconformidad con las negociaciones apostando una vez m谩s a la aniquilaci贸n de la guerrilla.
鈥淟a paz con impunidad es flor de un d铆a y un mal ejemplo para la cultura del respeto a la ley鈥, dijo Uribe.[3]

 

Todav铆a est谩 fresco en la memoria del pa铆s el fracaso de las negociaciones de paz entre 1998 y 2002, que incluyeron una zona desmilitarizada (Zona de distensi贸n) de 45.000 kil贸metros cuadrados en los departamentos de Meta y Caquet谩. Luego de 40 meses de debates, incluyendo audiencias p煤blicas en las que participaron directamente 22.000 personas, el proceso de paz colaps贸 y se relanz贸 la guerra.

 

En realidad, ninguno de los bandos enfrentados confiaban en llegar a la paz. Las FARC utilizaron el per铆odo de distensi贸n para fortalecerse y establecer mayores relaciones con la sociedad civil. Las fuerzas armadas lo aprovecharon para 鈥渞evertir la falla operacional del ej茅rcito鈥, ya que se lleg贸 a las negaciones luego de varias derrotas t谩cticas de los uniformados a manos de la guerrilla, y adquirir tecnolog铆a a茅rea para neutralizarla.[4] En ese per铆odo, bajo los gobiernos de Andr茅s Pastrana y Bill Clinton, se sientan las bases del Plan Colombia.

 

Las razones de cada quien
鈥淗ay sectores de la 茅lite que ven en el conflicto armado una barrera objetiva, un gran obst谩culo para sus intereses econ贸micos鈥, asegura el diputado Iv谩n Cepeda, miembro del Movimiento de V铆ctimas de Cr铆menes de Estado (Movice).[5] Esta ser铆a la raz贸n de fondo que llev贸 a Santos, miembro de una hist贸rica familia de las elites colombianas, a dar el arriesgado paso de sentar a la guerrilla en una mesa de negociaciones.

 

El soci贸logo Gregory Wilpert sostiene que Santos se identifica con la elite urbana, cosmopolita y con pretensiones transnacionales 鈥渃uyas preocupaciones no convergen siempre con las de los grandes propietarios terratenientes鈥, como suced铆a con su antecesor, el ex presidente Uribe.[6] Santos escucha menos a los caciques y los paramilitares y estar铆a m谩s inclinado hacia la unidad latinoamericana en la que se proyecta el sector exportador.

 

Seg煤n este an谩lisis, que viene ganando adeptos en Colombia, el pa铆s es percibido como no competitivo en los foros internacionales frente a otros de la regi贸n con amplios procesos democr谩ticos y de participaci贸n social.聽 Diversos analistas, como Jos茅 Manuel Martin Medem y Alfredo Molano, aseguran que Santos negoci贸 con 鈥渓os cacaos鈥, el poder econ贸mico colombiano, para poner fin al 鈥渁nacronismo de la guerrilla para asegurar el escenario de sus negocios鈥.[7]

 

Entre sus proyectos figura entregar algunas tierras y financiar proyectos productivos para los desmovilizados de las FARC, pero estar铆an situados 鈥渓ejos de las zonas estrat茅gicas del pa铆s donde se desarrollan y se ampliar谩n los grandes negocios de la oligarqu铆a en alianza con la inversi贸n internacional鈥. Se trata de petr贸leo, minerales, biocombustibles, electricidad, infraestructura y telecomunicaciones.

 

Tanto el gobierno como el empresariado, y muy probablemente el mando militar, consideran que la guerrilla perdi贸 su capacidad de iniciativa y ya no cuenta con posibilidades ofensivas como para desestabilizar el pa铆s. En el plano econ贸mico Colombia est谩 comenzando a ocupar un lugar cada vez m谩s destacado en la regi贸n, como lo prueban los flujos de inversi贸n extranjera directa en los 煤ltimos a帽os.

 

Luego de ocupar un lugar marginal en la d茅cada de 1990, en los 煤ltimos a帽os se constata un verdadero salto adelante. Colombia ocupaba uno de los 煤ltimos lugares en cuanto al ingreso de capitales al pa铆s: seis veces menos que M茅xico y casi cuatro veces menos que Argentina. En 2011 capt贸 13.000 millones de d贸lares, muy cerca de M茅xico y el doble que Argentina, aunque el grueso fueron a miner铆a e hidrocarburos.[8]

 

Las grandes empresas colombianas, sobre todo las del sector financiero, se han convertido en exportadoras de capitales. El Grupo Sura realiz贸 la mayor adquisici贸n hecha por una empresa latinoamericana en 2011, al comprar por 3.600 millones de d贸lares los activos de la multinacional ING para administrar pensiones, seguros y fondos de inversi贸n en Chile, Colombia, M茅xico, Per煤 y Uruguay.[9]
Otras financieras como el Grupo Aval y Sociedades Bol铆var se han instalado con fuerza en Centroam茅rica. Las estatales ECOPETROL y Empresas P煤blicas de Medell铆n, 茅sta del sector el茅ctrico, tienen importantes inversiones en la regi贸n sudamericana. Cementos Argos se instal贸 en Estados Unidos, el Caribe y Panam谩. 鈥淓l motor principal es la b煤squeda de mercados鈥, explica la CEPAL.

 

Los dos grandes conglomerados financieros, Aval, de Luis Carlos Sarmiento (50.000 empleados), con inversiones extensas en la banca, y Sura (96.000 empleados) con fuertes inversiones en Cementos Argos (cuarta cementera latinoamericana) y Nutresa (gigante de la alimentaci贸n) tienen en com煤n que est谩n orientados hacia M茅xico, Per煤, Chile y Centroam茅rica. Los negocios reales coinciden con la Alianza del Pac铆fico.

 

Esta alianza est谩 integrada por los pa铆ses de la regi贸n que tienen TLCs con Estados Unidos (M茅xico, Per煤, Chile y Colombia). Fue formalizada el 6 de junio de 2012 por los presidentes de Chile, Sebasti谩n Pi帽era, de Colombia, Juan Manuel Santos, de Per煤, Ollanta Humala y de M茅xico, Felipe Calder贸n, y busca ser un sistema de integraci贸n latinoamericana como contrapeso al bloque del Mercosur.

 

Para este sector empresarial la guerra, en la que se gasta un 5% del PIB, es un lastre que debe ser superado. Para la guerrilla, luego de los duros golpes recibidos, la negociaci贸n aparece como una opci贸n necesaria. Los militares, seg煤n analistas locales, siguen apostando a la aniquilaci贸n de la guerrilla, pero saben que puede sobrevivir casi indefinidamente en selvas intrincadas y monta帽as rec贸nditas. El alto mando esperaba que la muerte de los m谩ximos dirigentes de las FARC tuviera un efecto desmoralizador y desorganizador de la tropa, que聽 no se produjo.

 

Obst谩culos y diferencias
As铆 las cosas, el camino de la negociaci贸n est谩 abierto. Aparecen en el horizonte inmediato algunas dificultades: la duraci贸n de la negociaciones, la cuesti贸n de la tierra como nudo estrat茅gico a desatar y la confianza mutua, siempre compleja y la mayor parte de las veces inexistente.

 

El presidente Santos anticip贸 que la negociaci贸n no puede durar demasiado tiempo. En su horizonte est谩n las elecciones presidenciales de mayo de 2014, en las que aspira a la reelecci贸n. Para ello es imprescindible que el proceso se haya encaminado y en lo posible que est茅n concluidos los acuerdos m谩s importantes. Como se帽ala el analista Le贸n Valencia, 鈥渦na negociaci贸n de paz en medio de un proceso electoral no es viable鈥.[10]
Por eso Santos insisti贸 en varias ocasiones en que las conversaciones no tendr谩n un tiempo ilimitado, 鈥渟e medir谩n en meses, no en a帽os鈥.[11]

 

Por el contrario, las FARC apuestan a un proceso largo, como adelant贸 Timole贸n Jim茅nez, m谩ximo comandante de la organizaci贸n.[12] En la misma direcci贸n, la Marcha Patri贸tica (impulsada por el Partido Comunista) distribuy贸 un documento a comienzos de noviembre en el que propone una amplia movilizaci贸n social para desencadenar procesos constituyentes en el marco del proceso de paz, que demandar铆an tiempos necesariamente largos.[13]

 

Otra cuesti贸n a debate es el concepto de 鈥渄ejaci贸n de las armas鈥, que se menciona en el acuerdo general. Mientras la guerrilla entiende que se refiere a la no utilizaci贸n de las armas, o sea una tregua indefinida, otros interpretan que se trata de la entrega de las armas. Este punto puede llegar a bloquear las negociaciones.

 

En cuanto a la tierra, la afirmaci贸n del director de Le Monde Diplomatique, Carlos Guti茅rrez, parece del m谩s elemental sentido com煤n: 鈥淓l pa铆s pol铆tico y el pa铆s acad茅mico jam谩s entendieron que la modernidad de Colombia pasaba por la modernizaci贸n de las relaciones agrarias鈥.[14] Si la tierra est谩 en la ra铆z del conflicto, la situaci贸n no ha dejado de empeorar en las 煤ltimas d茅cadas. No por聽 casualidad es el primer tema a abordar en las negociaciones iniciadas este 15 de noviembre en Cuba.

 

Un informe de mediados del siglo XX divide las tierras en tres categor铆as: las de primera calidad est谩n ocupadas en un 85% por la ganader铆a; las de segunda son pocos aptas para la mecanizaci贸n y tambi茅n son mayoritariamente usadas para el ganado; las de tercera calidad, suelos poco f茅rtiles y erosionables, est谩n dedicadas a la agricultura.

 

Concluye: 鈥淓sta econom铆a de la tierra se caracteriza por el dominio hegem贸nico que sobre las nueve d茅cimas partes de la superficie vital del pa铆s mantiene una aristocracia latifundista, por medio de praderas naturales鈥.[15] Con los a帽os las tierras agr铆colas est谩n cada vez m谩s subutilizadas y las ganaderas sobrecargadas, pese a que cada hect谩rea tiene apenas 0,6 cabezas de ganado en promedio. 鈥淭odav铆a no salimos de las l贸gicas de la acumulaci贸n originaria鈥, concluye Guti茅rrez.

 

La guerra impulsada por los terratenientes, enredados ahora con el narcotr谩fico, ha sido el m茅todo para profundizar la concentraci贸n de tierras. En 1984 los propietarios de m谩s de 500 hect谩reas controlaban el 32,6% de la superficie. En 2010 controlan el 60,8%. El 铆ndice Gini que mide la desigualdad marca en el campo 0,891, entre los m谩s elevados del mundo.[16]

 

Una reforma agraria ser铆a imprescindible para democratizar el acceso a la tierra. Pero a la presencia del narcotr谩fico que ha invertido en tierras, se suma ahora el desembarco masivo de multinacionales de la miner铆a y los hidrocarburos, adem谩s de la presencia del agronegocio de los monocultivos, que potencian la concentraci贸n de tierras. No va a ser sencillo ir a contramano del proceso econ贸mico para satisfacer viejas demandas campesinas e ind铆genas.

 

Sociedad esperanzada, movimientos paralizados
Por lo menos en las ciudades se respira un clima diferente. Palabras que antes se mascullaban en la sombra ahora estallan en el aire por la confianza que despiertan negociaciones que para la mayor铆a desembocar谩n en la paz. Un clima social que desaf铆a los fracasos del pasado. Sin embargo, los movimientos sociales que deber铆an ser la clave en negociaciones que los incumben, a煤n no han despertado de su letargo.

 

La 鈥淛ornada por la dignidad鈥 convocada el 12 de octubre por la Marcha Patri贸tica, el Congreso de los Pueblos y la Coalici贸n de Movimientos y Organizaciones Sociales de Colombia (Comosoc), estuvo lejos de la convocatoria que se esperaba. La jornada de protesta denunciaba los bajos salarios, la concentraci贸n de riqueza, el desastroso sistema de salud y el desempleo. Respondieron sobre todo los j贸venes universitarios.

 

Es cierto que en Colombia 鈥減ersiste una clara divisi贸n entre centros urbanos y rurales, y que los imaginarios que motivan a unos no son los mismos que motivan a los otros鈥.[17] Ambos grupos tienen problemas y demandas diferentes. Pero por debajo de esta divisi贸n, subyace la continuidad de una cultura pol铆tica vertical y patriarcal, incluso en las izquierdas, que es sim茅trica al autoritarismo terrateniente.

 

Cinco d茅cadas de guerra consolidaron esos modos de hacer pol铆tica en los que la movilizaci贸n se decide arriba y se acata abajo, donde los partidos-caudillos ocupan un lugar central. Quienes han intentado promover algo diferente, por pertenecer a otras cosmovisiones, son los nasa del Cauca. Esa regi贸n conjuga recursos (agua, oxigeno, petr贸leo, biodiversidad y miner铆a) y es adem谩s 鈥渦n corredor estrat茅gico entre la costa pacifica y los llanos orientales鈥.[18]

 

Por esas razones en el Cauca confluyen todos los actores armados: ej茅rcito, paramilitares y guerrilla, 鈥渢ransformando el territorio ancestral y aut贸nomo en un teatro de operaciones militares鈥. Manuel Rozental explica que en el seno del pueblo nasa surgi贸 la mayor resistencia a la guerra en base a una agenda propia consensuada y a la restituci贸n de la guardia ind铆gena en 2001.

 

鈥淐on esas dos cosas combinadas tomamos la decisi贸n 鈥攍a primera en el 2001, pero la grande en el 2004鈥 de salir con esa agenda y convocar el primer Congreso Ind铆gena y Popular. La Minga sali贸 desde Popay谩n y llega a Cali desde las monta帽as a la carretera Panamericana. Eso fue en el a帽o del pico de la popularidad de Uribe, se lo sorprendi贸 dici茅ndole, aqu铆 no es popular, y su modelo del libre comercio es lo que no queremos鈥.[19]

 

En octubre de 2010 la acumulaci贸n de fuerzas de las sucesivas movilizaciones cuaj贸 en el Congreso de los Pueblos, la mayor confluencia de organizaciones, pueblos y movimientos, rurales y urbanos, de ind铆genas y afrodescendientes, de trabajadores y estudiantes, en una inmensa demostraci贸n de confluencia y convivencia de las diferencias. Esta novedosa forma de construcci贸n, en base a mandatos nacidos del consenso, a煤n est谩 lejos de haberse convertido en sentido com煤n y en cultura pol铆tica aceptada entre quienes combaten el poder hegem贸nico.

 

En paralelo, como se帽ala un detallado trabajo de dos investigadores del CINEP (Centro de Investigaci贸n y Educaci贸n Popular), la movilizaci贸n social ha ido cambiando a lo largo de las 煤ltimas d茅cadas. Mientras el Mandato Ciudadano por la Paz atrajo 10 millones de votantes en 1997, en la d茅cada de 2000 aparecen movilizaciones masivas contra los secuestros que practican las FARC. En febrero de 2008 la movilizaci贸n anti guerrilla alcanz贸 163 ciudades.[20]

 

La 鈥渄茅cada uribista鈥
脕lvaro Uribe gobern贸 entre 2002 y 2010, produjo cambios profundos en la guerra, pero sobre todo en la sociedad colombiana y en la percepci贸n que acu帽贸 sobre el conflicto armado. Una parte de la poblaci贸n considera a la guerrilla como el principal, y a veces 煤nico, responsable del conflicto. Remover esta percepci贸n va a demandar mucho tiempo, generosidad y autocr铆tica.
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Fuentes y recursos
鈥淎 Colombia de Santos, pa铆s que atrai aten莽茫o鈥, Valor, 10 de setiembre de 2012.
Alfredo Molano Bravo, 鈥淓l meollo鈥, El Espectador, 29 de setiembre de 2012.
Antonio Garc铆a Fern谩ndez, 鈥淟as v铆ctimas de las v铆ctimas鈥, Arcoiris, 9 de noviembre de 2012.
Carlos Guti茅rrez, 鈥淭ierra: 驴se romper谩 la constante hist贸rica?鈥, Le Monde Diplomatique, noviembre de 2012.
CEPAL, 鈥淚nversi贸n extranjera directa aumenta 8% en la regi贸n en el primer semestre de 2012鈥, 23 de octubre de 2012.
Desdeabajo, 鈥淚ndignaci贸n, articulaci贸n del sujeto sigla y paz鈥 (Editorial), 20 de octubre de 2012
Fernando Sarmiento y Magda L贸pez C谩rdenas, 鈥淧ol铆tica y movilizaci贸n por la paz en Colombia鈥 (CINEP), Le Monde Diplomatique, setiembre de 2012.
Gregory Wilpert, 鈥溌縋orqu茅 la paz en Colombia se ha vuelto posible?鈥, Le Monde Diplomatique, octubre de 2012.
Iv谩n Cepeda, 鈥淓n un conflicto largo , no hay negociaci贸n con perdedor鈥, Le Monde Diplomatique, octubre de 2012.
Le贸n Valencia, 鈥淪e necesita agilidad, pues no es viable un proceso de paz en 茅poca electoral鈥, Radio Caracol, 6 de noviembre de 2012.
Marcha Patri贸tica, 鈥淐onstituyentes por la Soluci贸n Pol铆tica y la Paz con Justicia Social鈥, Bogot谩, 1 de noviembre de 2012.
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Notas
[1] http://wsp.presidencia.gov.co/Prensa/2012/Octubre/Paginas/20121018_02.aspx
[2] Semana, 15 de setiembre de 2012, en http://www.semana.com/nacion/paz-paradojica/184730-3.aspx
[3] Semana, 28 de octubre de 2012.
[4] Desdeabajo, octubre 2012.
[5] Iv谩n Cepeda, Le Monde Diplomatique, octubre 2012.
[6] Le Monde Diplomatique, octubre 2012.
[7] Diagonal, 31 de octubre de 2012.
[8] CEPAL, 鈥淟a inversi贸n extranjera directa en Am茅rica Latina y el Caribe鈥, Santiago de Chile, 2012, p. 34.
[9] Idem, p. 60.
[10] Caracol, 6 de noviembre de 2012.
[11] Sistema Informativo Presidencia de la Rep煤blica, 21 de setiembre de 2012.
[12] Semanario Voz, 21 de setiembre de 2012.
[13] Marcha Patri贸tica, 鈥淐onstituyentes por la Soluci贸n Pol铆tica y la Paz con Justicia Social鈥.
[14] Le Monde Diplomatique, noviembre de 2012.
[15] Idem.
[16] Idem.
[17] Desdeabajo, octubre 2012.
[18] Manuel Rozental, 鈥淟os pueblos originarios en medio de la guerra鈥, 8 de noviembre de 2012, en www.nasaacin.org
[19] Idem.
[20] Le Monde Diplomatique, setiembre 2012.

鈥斺
Periodista
En www.cipamericas.org

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