Abr 19 2013
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OpiniónSociedad

Colombia: La hora de la voluntad

No habr√° paz sin una comunidad que la apoye y la exija, que la vigile y la acompa√Īe. Y no ser√° peque√Īa recompensa la posibilidad de dejar atr√°s el pa√≠s mezquino que sacrifica sus j√≥venes y gasta todos sus recursos en una guerra sin horizontes, y que mientras tanto tiene las carreteras de hace 50 a√Īos, los puertos de hace 80, los puentes de hace 100, y las ideas de hace m√°s de 200.

El √ļltimo conflicto armado del hemisferio podr√≠a estar a punto de terminar. Colombia necesita que cese el conflicto para que comience a construirse una paz verdadera y durable. Y podemos decir que de todos los procesos de di√°logo que se han emprendido en los √ļltimos 30 a√Īos, ninguno hab√≠a llegado tan lejos como el que actualmente se adelanta en La Habana.

Si el expresidente Uribe, su más tenaz opositor, se muestra tan encarnizado en contra de este proceso, es porque lo está viendo posible. Y hay que saber que detrás de sus aparentes obsesiones y rencores no hay sólo una psicología sino unos sectores que siempre vieron en la paz un peligro para sus privilegios, el temor a la llegada de la modernidad social en términos de justicia y equidad.

Por su parte, el expresidente Pastrana ahora reconoce que en el proceso del Caguán no estuvo tan interesado en la paz sino en lo mismo que les reprocha a sus adversarios: en ganar tiempo y fortalecerse para la guerra. Pareciera que sólo siente el malestar de ver triunfar a otros donde él no pudo, pero también él representa intereses precisos que temen verse amenazados por unos acuerdos, que no quieren que se modifiquen algunas de las condiciones que han hecho al país tan proclive a la violencia y a la exclusión.

No todo es peque√Īez y vanidad; algunos encarnan posiciones contrarias a lo que Colombia requiere para alcanzar una paz verdadera. Muchos poderes ego√≠stas de adentro y de afuera saben que una paz que abra horizontes a nuestra sociedad ser√° un freno para sus ambiciones particulares. Por eso quieren bloquear el camino de los acuerdos y tratan de impedir que el proceso en cualquier momento cruce la l√≠nea de no retorno.

Como decía Víctor Hugo, hay regiones donde la tierra todavía está blanda y mojada del diluvio. Colombia todavía padece en todo el cuerpo los quemonazos de la vehemencia guerrerista. No está lejos aquella política que concebía la paz sólo como redes de informantes, delaciones, intercepciones telefónicas, y falsos positivos. Todavía padecemos la pesadilla de los asaltos guerrilleros, los campos minados, el fuego en toda la línea.

El expresidente Uribe sabe por qu√© lo enfurece la posibilidad de que el pa√≠s alcance la paz con que so√Īamos hace d√©cadas, una paz que su pol√≠tica no pod√≠a alcanzar, aunque se le concedieran muchos per√≠odos presidenciales. Y el expresidente Pastrana sabe por qu√© deplora que otros logren lo que a √©l le fue negado o en realidad nunca quiso. Pero si ellos sienten que la paz que este pa√≠s requiere para ser grande los perjudica, ¬Ņqui√©n los podr√° salvar para la historia?

Ahora lo importante es la paz. Vuelvo a oír el rumor de que el tiempo es escaso, de que las próximas elecciones pueden ahogar el proceso, de que se está luchando contra el reloj.

Aunque a todos nos gustaría un acuerdo rápido y definitivo, el talento de los estadistas radica en ser capaces de dar a cada cosa su tiempo y su ritmo. Pertenece al reino de fábulas de las Mil y una Noches el arte riesgoso de construir una gran torre en un día. Lo verdaderamente importante es construir una torre que no se caiga, y la paz es, para decirlo con palabras de Rimbaud, la canción de la torre más alta.

Lo que deberían estar haciendo con urgencia las delegaciones que están col paz1sentadas en La Habana, y quienes las dirigen, es darle verosimilitud y prestigio al proceso. A nadie puede interesarle un acuerdo improvisado y endeble, que no brinde garantías, pero el país necesita saber que los pasos se van dando con firmeza, que el proceso avanza con madurez. No es conveniente que se termine a cualquier precio en tiempo récord, pero es fundamental que tenga credibilidad y muestre resultados. Ello no es cuestión de tiempo sino de voluntad.

Los que siempre han ganado y algo pueden perder no dejarán de poner el grito en el cielo porque se cambien unos hábitos políticos y económicos que han desgarrado al país durante siglos y que a ciertos poderes les parecen leyes naturales.

¬ŅPor qu√© tendr√≠a que concluirse el proceso de paz en este per√≠odo presidencial? Si empieza a mostrar resultados, es muy dif√≠cil que la comunidad lo abandone. Las elecciones del pr√≥ximo a√Īo no dejar√°n de convertirse en un gran plebiscito sobre el proceso, y si hay resultados convincentes, el pa√≠s sabr√° recompensar a quien abra horizontes a su futuro.

Lo que buscan los profesionales del desaliento y los palos en la rueda de quienes temen a la paz, es acaso paralizar a los protagonistas del diálogo e impedir que empiecen a mostrar resultados convincentes. Pero si bien la paz no puede ser una feria de vanidades tampoco puede ser un ceremonial en una cripta hermética.

Así como los enemigos de los acuerdos exhiben con franqueza su hostilidad y su vehemencia, los que sabemos que la paz es necesaria, y que podría estar a las puertas, tenemos que dejar de ser espectadores de tercera fila, debemos tomar iniciativas y asumir posiciones. Hay momentos en que la historia exige actuar; jornadas decisivas que reclaman la presencia en la arena. Y lo que no hacemos en el día adecuado, podemos deplorarlo por décadas.

No habr√° paz sin una comunidad que la apoye y la exija, que la vigile y la acompa√Īe. Y no ser√° peque√Īa recompensa la posibilidad de dejar atr√°s el pa√≠s mezquino que sacrifica sus j√≥venes y gasta todos sus recursos en una guerra sin horizontes, y que mientras tanto tiene las carreteras de hace 50 a√Īos, los puertos de hace 80, los puentes de hace 100, y las ideas de hace m√°s de 200.

 

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    2 Coment√°rios - A√Īadir comentario

    Comentarios

    1. Nunca he leído nada más acertado!...
      23 abril 2013 22:03

      Creo que los amigos y beneficiarios de la guerra son los que nunca han querido la paz, y ahora, pues tampoco porque esto les crearía el gran inconveniente de que tendrían que compartir sus privilegios producto del robo de los derechos de la gran mayoría de colombianos, con un pueblo a que siempre despreciaron.

    2. Jorge Albeiro Gil P.
      25 abril 2013 15:06

      Amanecio y Vimos el Alba Pacifica cubrimiento America