Sep 29 2013
933 lecturas

Cultura

¿Cómo se cria una horda?…

… ¿Por qué alguien, a pesar de la incomodidad, usa los pantalones a mitad del traste o se tatúa el mismo idiota diseño al igual que miles de otros? ¿Por qué alguien hace algo que, por si  solo,  no haría? O, lo que es lo mismo… ¿que es lo que convence a alguien ha aceptar las restricciones, los modelos  y  operaciones del poder, ya sea del mercado o el Estado, aparte de la fuerza bruta?

La verdad es que en  la sociedad podemos encontrar todo tipo de extrañas e inesperadas formas a través de las cuales los individuos ejercen el poder sobre otros.

Según la tradición liberal que se inicia con los ingleses  Hobbes y Locke  los individuos abandonan el “estado natural” y acuerdan establecer gobiernos con el objeto de proteger sus intereses y preservar sus vidas y propiedades. La legitimidad del poder surge del acuerdo común de los miembros de la sociedad y su origen y  fines son públicamente conocidos. Las razones por las cuales el poder es inaceptable son, igualmente, meridianamente claras. El poder que no tiene sus orígenes en el consentimiento de los gobernados y que viola los propósitos por los cuales fue elegido es ilegitimo.

J.S. Mill, mas tarde,  llamo la atención hacia el poder ejercido informalmente por la sociedad sobre sus miembros y cuan infortunado seria si opiniones impopulares fueran restringidas por la ley e, incluso, cuando la ley misma respeta minorías y puntos de vista individuales, todavía tenemos que preguntarnos por los efectos dañinos que la “opinión publica” tiene sobre el pensamiento libre. El efecto tiránico que las mayorías siempre tienden a ejercer debe tratar de evitarse a través de restricciones constitucionales para proteger a minorías e individuos. Solo que no hay forma de legislar en contra del rechazo mayoritario de los puntos de vista de  las minorías sujetas a ostracismo, discriminación o exclusión como castigo por la no conformidad.   Es este tipo de poder que escapa a las restricciones legislativas el que ha adquirido una importancia determinante en la constitución de la individualidad contemporánea y  que nos obliga a reconocer que somos parte de procesos que solo controlamos parcialmente a pesar  de la racionalidad occidental que pretende lo contrario.

Lo que esta ausente en este modelo liberal es la discusión de como estas dos formas de poder (estatal y control informal) se apoyan e interactúan mutuamente. Es la Escuela de Frankfurt la que llama la atención sobre esta ausencia  e inicia el análisis del efecto persuasivo que los medios no gubernamentales tienen en la configuración de las expectativas y auto-percepción del individuo a tal extremo que estos ya no ven la necesidad de reformar el mundo que los rodea. Lo que ahora se plantea ya no es la tiranía por la mayoría, sino la capacidad que una “elite” cultural, política y económica posee para crear mayorías sumisas. Es la fuerza que trabaja en el moldeamiento de la mentalidad individual en apoyo del poder social dominante. Es  el reconocimiento de que el poder político esta lejos de ser el único o el más importante a considerar y que no siempre  tiene la forma de poder “soberano”.

Lo que necesitamos hacer,  dice Foucault coincidiendo con la Escuela de Frankfurt, “es cortar la cabeza del rey: en teoría política esto no se ha hecho”. La convención más generalizada y dominante es la que ve el poder localizado y centrado en una fuente soberana desde donde todas sus actividades se originan. Consentimiento solo es posible cuando el sitio del poder (Legislativo, Judicial y Ejecutivo) es visible e identificable. Y es solo dentro de este contexto en donde derechos y deberes son definidos. Coerción es lo opuesto del consentimiento y cuando ello ocurre los individuos tienen el derecho a rebelarse en contra del poder soberano porque este ha trasgredido los términos del “contrato”… La práctica social ha venido mostrando que esta es una descripción inadecuada y limitada del poder. Los individuos han venido siendo condicionados por diversas operaciones de poder y el consentimiento es manufacturado por fuerzas exteriores al individuo que nunca son transformadas en objeto de análisis.

Cualquier intento de  profundización de  la crítica social necesita dirigir la atención, además de las formas de poder basadas en la idea del contrato social, a aquellas “industrias” dentro del área del poder denominadas disciplinas…  “En el siglo XVII y XVIII tenemos la producción, o mejor dicho, la invención de un nuevo mecanismo de poder poseedor de procedimientos técnicos altamente específicos, instrumentos completamente nuevos, aparatos   muy diferentes, los cuales, yo creo, son absolutamente incompatibles con las relaciones de soberanía”. (Foucault, DP, 182-183)

Estas técnicas disciplinarias  propias de ciertas instituciones (lugares de detención, ejército, escuelas, hospitales, aparato judicial, factorías, oficinas, burocracia, tiendas comerciales) no son reducibles o identificables con ninguna de estas instituciones, pero las colonizan, aumentan su eficiencia y, por sobre todo, hacen posible que los efectos del poder alcancen a los más distantes y minúsculos elementos de la sociedad. Funcionan al margen del consentimiento y no reciben su legitimación y fines de los individuos con los que entra en contacto. Su funcion es la de “normalizar”. La masa es dispersada, individualizada y organizada. La distribución en el espacio (encierre, control, disposicion en serie), el ordenamiento en el tiempo (sub-división, programación de acciones, descomposición del gesto) adquieren un nuevo valor, temas que Chaplin inmortalizo en la película “Los tiempos Modernos”. El objetivo es mantener un nivel de acción y no una distribución estática. Somos evaluados y ubicados de acuerdo a estándares y sujetos a ejercicios y practicas que nos aproximen a la norma. Por el hecho de que las disciplinas nos guían  en la lucha por la realización óptima de la norma no puede decirse que emplean coerción en el sentido estricto del término. El poder disciplinario refiere  las acciones del individuo a  un campo de comparación, a un espacio de diferenciación y a un principio a ser seguido. La norma diferencia a los individuos, dice Foucault, al funcionar como un  umbral mínimo,  un promedio a ser respetado o un punto optimo hacia el cual uno debe moverse. Mide en términos cuantitativos y jerarquiza en términos de valor las habilidades, el nivel y la “naturaleza” de los individuos. Hoy los Test miden cualquier cosa, no solo la inteligencia y son los que nos dicen cuan normales somos.

Este poder no tiene nada que ver con el modelo tradicional que ve al individuo  como un  agente auto-consciente que busca la protección y  reconocimiento del gobierno establecido para expresar y mantener  sus atributos y cualidades personales. El poder disciplinario no protege “propiedades” individuales pre-existentes. Inserta estas cualidades en los individuos. Estas no lo preceden. Son producidas por este poder y su funcionamiento es bien  difícil de seguir. Su tecnología es difusa y raramente formulada en un discurso continuo y sistemático  lo que  hace  extremadamente difícil su detección, análisis  y oposición.

Tanto en la lucha social  como en la visión crítica estándar el individuo es pensado como una totalidad que el orden social reprime, limita y deforma. Para Foucault, por el contrario, el sujeto esta  constituido,  manufacturado y reproducido principalmente por la mentalidad colectiva de acuerdo a  una serie de técnicas. Foucault, a diferencia de la Escuela de Frankfurt y toda la tradición marxista, separa el pensamiento critico y la oposición a la cual puede dar origen, de toda proclamación acerca de la autentica o verdadera “naturaleza humana” o ” auténticos y verdaderos intereses” que pudieran actuar como base para una posible denuncia del poder.

La novedad de este análisis es que suplementa  el modelo de dominación basado en la represión (desarrollado en la tradición iluminista por Marx y Freud) con una pluralidad de estrategias de poder que se interceptan y suceden unas a otras, distinguiéndose según su intensidad y formación discursiva. El poder es  represor y coercitivo…pero, también, es creativo. Y  lo que crea depende de la lucha social. Con lo que nos quedamos al final  es con la conciencia de que nuestra identidad no es algo que descubrimos en las profundidades de nuestro ser, sino algo que encontramos ahí… afuera. En los pantalones a mitad del traste o en la repetición idiota del mismo tatoo.

¿Esta visión no  implica la disolución del agente político? No necesariamente. El dilema de la subjetividad vista como producto de la auto determinación o como efecto pasivo de estructuras sociales adquiere sentido solo dentro del contexto de las interpretaciones tradicionales de la identidad… ¿No será que necesitamos movernos más allá de esta dualidad?

En la mejor tradición marxista los seres humanos no tienen otra naturaleza que la que ellos  se dan a si mismos en la producción de su propia existencia.  Las estructuras nunca adquieren la totalidad completa de un sistema. Siempre algo se escapa a ellas. La pregunta quien o que transforma las relaciones sociales no es pertinente. No se trata de que alguien o algo produce un efecto de transformación o articulación como si su identidad fuera previa a este efecto. La construcción de efectos es parte de la construcción  de la identidad  de los agentes  que la producen porque nada es constitutivamente completo. La pregunta, dice Laclau, no es quien es el agente  de un proceso hegemónico, sino como alguien se transforma en sujeto a través de la articulación hegemónica.

Más que  afirmar  la auto determinación del sujeto  necesitamos   afirmar  y reconocer  la indeterminación esencial de lo social. La libertad del individuo para ejercitar sus capacidades no debe entenderse  como la destrucción de las barreras  que impiden el despliegue  de una identidad potencial completamente constituida. De lo que se trata es de verlo como la extensión de áreas de libertad y creatividad mostrando la radical contingencia de todo valor y objetividad… Una sociedad libre  no es aquella en donde se ha establecido un orden social que es mejor adaptado a la naturaleza humana, sino una que es mas conciente de la historicidad de cualquier orden.

El individuo no es un instrumento ciego ni el depositario de efectos estructurales. Las estructuras contienen contradicciones internas y externas y solo poseen una débil  o relativa forma de integración  que requiere  constantes actos de recreación  por parte de los sujetos. Y son las fisuras o intersticios que ellas revelan  las que permiten la creación de nuevas identidades revolucionarias.

X

Envíe a un amigo

Su nombre (requerido)

Su Email (requerido)

Amigo(requerido)

Mensaje

Añadir comentario