Oct 17 2012
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Opini贸nSociedad

Cosmopolitismo e internacionalismo

En el 25 aniversario de Askapena, que 芦juega un papel decisivo en la lucha por Euskal Herria禄, los autores analizan las ilusiones postmodernas del cosmopolitismo y las contraponen al internacionalismo, lo m谩s natural y propio de un proyecto liberador la fusi贸n del derecho de autodeterminaci贸n y el principio de solidaridad internacional. | ATILIO BOR脫N y SANTIAGO ALBA RICO.*

 

Una de las ilusiones postmodernas m谩s peligrosas ha sido la de creer que, tras la derrota de la Uni贸n Sovi茅tica en la Guerra Fr铆a y a favor de la llamada globalizaci贸n, era posible por fin la construcci贸n de 鈥攕eg煤n la famosa propuesta de Kant鈥 芦una historia universal en clave cosmopolita禄.

 

La erosi贸n irresistible de los Estados como veh铆culos de la acumulaci贸n y la gesti贸n econ贸mica, junto a la interdependencia antropol贸gica derivada del uso de las nuevas tecnolog铆as de la informaci贸n, nos habr铆a convertido a todos en ciudadanos del mundo, en livianos consumidores cosmopolitas por encima de las identidades culturales y las fronteras nacionales. Nada menos cierto.

 

El problema es que hablar de globalizaci贸n en general es poco riguroso. La globalizaci贸n capitalista, la 煤nica existente, con sus efectos colaterales contradictorios e irreversibles, ha significado una agresi贸n sin precedentes contra los recursos materiales e inmateriales de los pueblos del mundo, como lo demuestra la contracci贸n modern铆sima, a veces tambi茅n peligrosa, hacia formas identitarias o religiosas mucho m谩s antiguas que el propio capitalismo.

 

Pero es que la globalizaci贸n capitalista no es, al contrario que la Ilustraci贸n, una campa帽a filos贸fica contra las supersticiones, los parentescos estrechos y los v铆nculos tribales, sino un procedimiento de acumulaci贸n econ贸mica y de conquista territorial y cultural que reproduce las mismas diferencias de clase y las mismas asimetr铆as internacionales (con sus relaciones de dominio neocolonial).

 

Es inmoralmente absurdo pretender que el derecho nacional de autodeterminaci贸n 鈥攍a conexi贸n entre la historia y el territorio鈥 habr铆a quedado de hecho suspendido por una evoluci贸n civilizatoria puramente ilusoria: basta pensar, por ejemplo, en el papel de Alemania dentro de la UE para comprender que los mercados se limitan a repartir de manera desigual, sin negarla o superarla, la soberan铆a nacional. Pero es que adem谩s no puede haber ninguna 芦evoluci贸n civilizatoria禄, ninguna 芦etapa superior禄 de la civilizaci贸n, si deja a sus espaldas cuestiones de principio sin resolver: no podemos pasar de los estados 鈥攕uponiendo que ese fuera el caso鈥 sin dar satisfacci贸n a las demandas nacionales de los pueblos invadidos, ocupados u oprimidos.

 

Es el Estado de Israel, y no la globalizaci贸n, el que niega a Palestina su liberaci贸n; son los estados franc茅s y espa帽ol, y no la racionalidad cosmopolita, los que niegan a Catalunya y Euskal Herria su independencia.

 

Se tiende a creer que lo contrario del cosmopolitismo es el nacionalismo. Pero no es verdad. El cosmopolitismo no es la superaci贸n de la naci贸n sino el privilegio de las naciones 鈥攜 las clases鈥 dominantes. Antes de la crisis, incluso las clases medias espa帽olas pod铆an pasar el fin de semana en Par铆s o Londres, hacer tres viajes ex贸ticos al a帽o, comer hoy sushi japon茅s y ma帽ana fajitas mexicanas, y hacerse la ilusi贸n de que el mundo no ten铆a confines ni barreras.

 

Para eso hac铆a falta cerrar los ojos a dos realidades de acero: la primera es que la libertad de desplazamiento de los turistas europeos estaba garantizada por la posesi贸n de un pasaporte de clase A, y no por la Declaraci贸n de DDHH; y que a los verdaderos cosmopolitas, ciudadanos del mundo sin m谩s identidad que la de su condici贸n humana desnuda, se les reten铆a o asesinaba en las fronteras 鈥攕e les retiene y asesina鈥 porque ninguna naci贸n concreta y soberana los reconoce, los protege o los respalda. La diferencia entre turistas y emigrantes, en efecto, desmiente por completo el car谩cter cosmopolita de la globalizaci贸n.

 

驴Los israel铆es son m谩s cosmopolitas que los palestinos? No, lo que pasa es que los israel铆es son ciudadanos de un Estado que ejerce suficiente violencia 鈥攜 saquea suficiente riqueza鈥 como para olvidar que son la violencia y el robo, y la complicidad internacional con tales cr铆menes, los que les permiten viajar alegremente por el mundo 鈥攎ientras que los palestinos no podr铆an abandonar sus casas sin perderlas para siempre.

 

驴Son m谩s cosmopolitas los franceses que los senegaleses? No, es que los franceses pertenecen a una naci贸n tan fuerte y tan injusta que pueden, al mismo tiempo, visitar sin obst谩culos Senegal, antigua colonia, e impedir a los senegaleses que visiten Francia.

 

Bajo la globalizaci贸n capitalista, mecanismo feroz de conquista territorial y de sustracci贸n de bienes materiales e inmateriales, solo hay jerarqu铆a de clases y jerarqu铆a de naciones y por lo tanto el objetivo prioritario de cualquier proyecto emancipatorio de izquierdas debe ser la autodeterminaci贸n individual y colectiva en el marco de la soberan铆a nacional.

 

El cosmopolitismo es el nombre convenientemente edulcorado del nacionalismo de las clases y las naciones dominantes; el nacionalismo de los pueblos negados u oprimidos es, por su parte, un imperativo de justicia universal.

 

A煤n m谩s: la autodeterminaci贸n de las clases oprimidas 鈥攃omo ocurre en Latinoam茅rica y el Caribe鈥 adopta inevitablemente, en el contexto de la globalizaci贸n capitalista, una dimensi贸n nacionalista. Las clases populares venezolanas, por ejemplo, no pueden liberarse de la pobreza y la opresi贸n sin oponerse a los EEUU y sin reivindicar, por tanto, la soberan铆a de Venezuela y de la Patria Grande.

 

Lo contrario del cosmopolitismo es, en realidad, el internacionalismo. El internacionalismo como principio y como pr谩ctica presupone un doble reconocimiento: el de que no podemos defendernos de la globalizaci贸n capitalista sino desde el territorio, definido como conjunto de bienes materiales e inmateriales que pertenecen a una poblaci贸n; y el de que no podemos defender el territorio sin recibir y prestar apoyo a todos aquellos que luchan, en cualquier lugar del mundo, contra las clases y las naciones dominantes.

 

La solidaridad es mucho m谩s que un impulso moral o un instrumento pragm谩tico: es una vacuna infalible contra las quimeras del cosmopolitismo y contra los potenciales fascismos de las identidades 茅tnicas, ontol贸gicas o raciales. Por eso la izquierda ha aceptado siempre como lo m谩s natural y lo m谩s propio de su proyecto liberador la fusi贸n entre el derecho de autodeterminaci贸n de los pueblos y el principio de la solidaridad internacionalista.

 

En este sentido Askapena ha jugado siempre un papel decisivo en la lucha por la independencia de Euskal Herria: sus campa帽as en solidaridad con Cuba, con Nicaragua, con la revoluci贸n bolivariana o con la campa帽a BDS (boicot, desinversiones y sanciones) en favor de la liberaci贸n de Palestina dan testimonio 鈥攁 un precio a veces muy alto鈥 del firme anclaje socialista del proyecto abertzale. Debe seguir jugando ese papel ahora que, 25 a帽os despu茅s de su nacimiento, la fuerza electoral del independentismo vasco, la crisis del Estado espa帽ol y el lento pero inexorable desmoronamiento del sistema imperialista, del cual la crisis europea es uno de sus m谩s dram谩ticos indicadores, abren nuevas perspectivas y, por eso mismo, hacen m谩s necesario que nunca mantener el v铆nculo org谩nico entre transformaci贸n econ贸mico-social y liberaci贸n nacional.

 

Despu茅s de todo, como lo demostr贸 el Che Guevara, los 煤nicos verdaderos cosmopolitas 鈥攑orque est谩n interesados en todas las luchas locales鈥 son precisamente los revolucionarios.
鈥斺
* Atilio Bor贸n, soci贸logo; Santiago Alba Rico, fil贸sofo.
En Gara (www.gara.net), peri贸dico del Pa铆s Vasco.

 

Addenda

Askapena (Herriekiko Euskal Elkartasuna o Solidaridad vasca con los pueblos), es una de las organizaciones sociales, culturales y pol铆ticas que conforman, en un sentido amplio, el movimiento del pueblo vasco por su derecho a la autodeternminaci贸n; constituye una organizaci贸n internacionalista solidaria y activa en diversos pa铆ses del mundo.

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