Oct 5 2012
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OpiniónPolítica

Costa Rica: el pantano de la crisis y la impopularidad presidencial

Este gobierno no da pie en bola. No lo discuto. Y, encima, le toca apechugar con herencias nefastas ‚ÄĒcomo la crisis de la Caja‚ÄĒ o apa√Ī√°rsela con dif√≠ciles circunstancias que la suerte ‚ÄĒo las imprevisiones del pasado‚ÄĒ ponen en su camino, como el hueco de la autopista o el terremoto en Nicoya.| LUIS PAULINO VARGAS SOL√ćS.*

 

Esa es la opini√≥n mayoritaria: un p√©simo gobierno. No contradigo el hecho obvio de que abundan la ineptitud y la chapucer√≠a. Es igualmente evidente que las manifestaciones de corrupci√≥n son agudas y que el desempe√Īo de la presidenta, a la hora de tomar las decisiones necesarias para limpiar tanta podredumbre, ha sido frecuentemente desacertado y blandengue.

 

Y, sin embargo, creo que √©se es un diagn√≥stico simplista, el cual puede generar la peligrosa ilusi√≥n de que ¬ęcambiando a la presidenta‚ÄĚ, se lograr√°n cambiar las cosas.

 

Trato de sintetizar esta idea en lo siguiente:
somos un país hundido en una profunda crisis, lo cual plantea un predicamento de inusual importancia.

 

Esta crisis no se originó en este gobierno ni es atribuible a la gestión de Chinchilla Miranda. A lo sumo se podría decir que ésta no ha gestionado la crisis con inteligencia ni acierto, pero dudo muchísimo que nadie más, puesto a cargo de las responsabilidades presidenciales, pudiera haberlo hecho mucho mejor. Ni los hermanos Arias o Johnny Araya, pero tampoco Ottón Solís.

 

Los indicadores de la crisis son m√ļltiples, pero generalmente no se les percibe en su integralidad, sino como si fueran hechos aislados, acontecimientos inconexos. Tampoco se les percibe como un cont√≠nuum en el tiempo, sino como al modo de fogonazos que se encienden y se apagan sin guardar relaci√≥n entre s√≠. Y, sin embargo, estoy persuadido que s√≠ estamos frente a un s√≠ndrome que entreteje m√ļltiples problemas, vinculados entre s√≠ en relaci√≥n de mutuo refuerzo.

 

Lo económico, al ser susceptible de cuantificación, permite ejemplificarlo con un poco más de facilidad. La versión oficial resalta el éxito en materia de exportaciones y atracción de inversión extranjera. Cierto, en ambos casos se logran resultados notables. Esa misma tesis oficial aduce que estos son mecanismos que propician la generación de empleos.

 

Y, sin embargo, el país afronta seriesícimos problemas de empleo: tasas desempleo superiores al 10%; subempleo en los alrededores del 13-14%. Y la informalidad laboral volando arriba del 30%. Recuérdese que entre las mujeres y las personas jóvenes estos problemas son mucho más agudos.

 

¬ŅC√≥mo entender que la pobreza no baje y que el d√©ficit fiscal se mantenga en los alrededores del 4-5% del PIB, no obstante el frenazo que el gobierno ha aplicado en diversos programas y en la inversi√≥n p√ļblica y que el empleo p√ļblico vaya a la baja?

 

De tal forma, acontece que la econom√≠a costarricense alberga islotes de abundancia ‚ÄĒzonas francas, finanzas, turismo de gran hotel, especulaci√≥n inmobiliaria‚ÄĒ en medio de un enorme archipi√©lago de pobreza, rezago y marginalidad.

 

El problema no es nuevo ni surgi√≥ con la administraci√≥n Chinchilla. Tiende a agravarse recientemente, por una confluencia de factores: en parte porque, al cabo de tantos a√Īos, el proceso ha ido madurando hasta un punto de insostenibilidad; en parte porque ese agotamiento del modelo de desarrollo se ha visto agravado y acelerado por los impactos de una largu√≠sima crisis econ√≥mica mundial.

 

Pero, claro est√°, esta anomal√≠a en la econom√≠a se manifiesta en lo social: se ahondan las diferencias entre los muy ricos y privilegiados y el resto; se perpet√ļa la pobreza; grandes sectores de la poblaci√≥n se quedan sin oportunidades, irremediablemente condenados a la desesperanza.

 

A su vez, ello es caldo de cultivo para una violencia social en ascenso.

 

Todo esto teje una telara√Īa: la prosperidad de la parte floreciente es, en buena medida, la causa de los padecimientos de la parte rezagada y empobrecida. De forma similar, hay un entretejimiento entre estas falencias de la econom√≠a y los dolores de la pobreza, la desigualdad, la desesperanza y la ascendente violencia social.

 

Todo ello se vincula, además, con un proceso de reestructuración del Estado costarricense. El Estado social ha sido desmantelado de forma gradual pero implacable. En cambio, se fortalece la institucionalidad (incluso paraestatal) propicia a los fines del crecimiento exportador, la atracción de inversión extranjera y la expansión financiera. Esta es una de las razones por las cuales digo que el florecimiento económico de algunos es causa del rezago de otros.

 

La institucionalidad p√ļblica esta hoy incapacitada para propiciar la movilidad social, aliviar la pobreza e impulsar formas equitativas de desarrollo. En cambio, es una poderosa dinamo a favor de intereses econ√≥micos altamente concentrados, en gran parte transnacionales o globales.

 

Ello produce un desajuste cada vez m√°s violento entre las necesidades y expectativas de la poblaci√≥n, y la capacidad de esa institucionalidad p√ļblica para satisfacerlas. La nuestra es, cada vez m√°s, una sociedad neoliberal: que cada quien se la juegue a como mejor pueda con la pobreza, el desempleo y su cotidiana desesperanza, que el Estado es bueno para atender a los m√°s privilegiados, pero no para ayudar a quienes m√°s necesitan. En ese contexto, los programas focalizados de asistencia social son gotas de lluvia en el oc√©ano.

 

No cabe entonces extra√Īarse de las crecientes y cada vez m√°s extendidas manifestaciones de corrupci√≥n. Es la pol√≠tica en los tiempos del neoliberalismo, bajo subordinaci√≥n directa de grandes intereses econ√≥micos. Tan solo interesa enriquecerse y hacerlo f√°cil y r√°pido. De ah√≠ el descr√©dito y deslegitimaci√≥n generalizadas de toda la institucionalidad democr√°tica.

 

Hoy el proceso de descomposición no deja nada en pie: Poder Ejecutivo, Asamblea Legislativa, tribunales de justicia, partidos políticos… y siga sumando.

 

Parafraseando al soci√≥logo alem√°n Ulrich Beck, podr√≠amos decir que todas las anteriores no son m√°s que un pu√Īado de instituciones zombis: vivas pero muertas. Y lo son en parte porque han sido inutilizadas; en parte porque enfrentan desaf√≠os econ√≥micos y sociales que las sobrepasan ampliamente. Pero tambi√©n ‚Äďy de ello nada he dicho aqu√≠- porque desde el punto de vista cultural nuestra sociedad ha cambiado profundamente, lo que contribuye a que los mecanismos propios de la institucionalidad democr√°tica tradicional, resulten hoy un perfecto anacronismo.

 

Intentar√© resumir la idea que propongo: nuestra sociedad enfrenta una profunda y extensiva crisis, quiz√° la m√°s grave y profunda desde al menos los a√Īos cuarenta del siglo XX. Sustituir a Chinchilla por cualquier otro ‚Äďas√≠ se llame San Roque o el padre Minor- no har√° ning√ļn cambio significativo.

 

En cuestión está el proyecto histórico que configura la sociedad costarricense.
‚ÄĒ‚ÄĒ
* Director interino del Centro de Investigación en Cultura y Desarrollo (CICDE).
En Adital (www.adital.com.br).

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