Ago 10 2014
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Cultura

Cuento de Eduardo Pérsico/ Izquierda abajo.

….y uno de bigotes recordó este partido sigue hasta el  final y punto.

Cualquiera que atajara la pelota que le sacudieron aquel sábado al flaquito Gerardo no hablaría de otra cosa, pero en el vestuario el loco que estudiaba sociología solo acarició sus guantes color rosa y no habló ni media palabra del asunto.
El partido por el norte y contra esos de dientes apretados con su gente mirando el juego en cuatro escalones a un costado, a los de Escalada no les agradó pese al sol de octubre y las vistosas minas de alrededor. Fue por los años ’78 o ’79, y ellos como siempre salieron a jugar prolijo sin revolear la pelota pero de entrada chocaron con unos atletas con camisetas de rugby y pierna  fuerte que protestaban todo. Así que lo mejor entonces resultaría no discutir y esperar bien protegidos atrás que ya el Nene y Cacho, los dos de punta, tendrían su contragolpe. Pero igual durante el juego el ambiente se iría calentando y jugadores, socios más familiares lejanos del local le indicarían al referí y los jueces de línea aplicar un reglamento propio. Y el clásico ‘¿qué cobrás hijo de puta?’ haría que los tres personajes sin demostrarlo se sentirían bien temerosos, mientras los de Escalada serían nombrados al menos ‘negro de mierda’ con agregados. Menos el tan veloz narigón Aguilera, que por izquierda ganaba siempre y lograra que una señora muy bien embutida en un conjunto deportivo blanco le aconsejara, ‘zurdito, vos seguí corriendo así que vas a  desaparecer’.
En ese clima de cordialidad deportiva y los dos equipos con muy poco juego se irían al descanso empatados en cero, aunque por los treinta del segundo tiempo el Nene embocó un derechazo de veinte metros que levantó el aburrido nivel, y aunque al golazo los de Escalada apenas lo festejaran lo mismo les cambiaría el juego. Y de ahí retrasaran algo a los cuatro medios amontonando gente y consiguiendo así que la bola anduviera desprolija pero siempre lejos del arco de Gerardito.

Un recurso algo aburrido de ir pasando el tiempo toqueteando en el medio campo todo lo posible; algo bien ejercitado por los cuatro o cinco habilidosos de Escalada a quienes sin pegarle con descaro, era muy difícil quitársela con limpieza. Así que sin ninguna exhibición canchera porque la hinchada local los entró a putear hasta la tercera generación, sobre el final y ganando los visitantes uno a cero el referí agregó cuatro minutos de descuento.

Un tiempo adicional que luego de transcurrir de sobra y aunque el juez prosiguiera con el alargue sin mirar su reloj, unos tipos de pelo corto entraron al campo y chau con la elegancia deportiva en el varonil juego del balompié. Porque uno de prolijo bigote le recordó  a toda la concurrencia cierto novedoso reglamento: ‘este partido sigue hasta el final y punto’. Original decisión que no evitaría que se redoblaran los centros  al área de los de Escalada con despejes a cualquier parte, y tras un centro inocente  que se iba afuera ‘penal a favor del local cometido por el hombre invisible’. Y sin discusión en mitad del griterío local en segunda escena, el flaquito Gerardo se ajustó los guantes rosas mientras sus compañeros de Escalada se miraban en silencio, si al fin un empate en ese ambiente no les parecía tan  mal… futbol pisada-de-pelota
Entonces y sin demora el número seis contrario acomodó la pelota exigiendo que no se adelante el arquero y el obediente referí le gritó a Gerardito ‘usted no se mueva de la línea’; agregando algo más, inentendible. Y cuando el zurdo contrario sacudió un cañonazo seco abajo, inatajable, raramente la bola resonó ‘chaf’ en los guantes rosas del arquero y sobre el rebote sin perder un segundo en aquel silencio desplomado, un defensor la revoleó rápido para el Nene que allá adelante andaba  en soledad y tenía todo sencillo para definir. ‘Serio detalle técnico’ que por salvarse de un quilombo más grande el corajudo referí ahí mismo pitó el final y rajó a juntarse con los jueces de línea. Pero vaya uno a saber, quizá por demostrar un cierto estilo de gente educada el público local les seguiría puteando a los tres las abuelas, madres y familiares más queridos hasta que entraran  al vestuario. Y al final los heroicos jueces del juego sobrevivieron.
El penal que atajó el flaquito Gerardo hubiera merecido algún comentario bajo las duchas,  – de mojarse rápido y rajar- cuando el arquero apenas flamearía triunfal sus  ‘guantes mágicos color rosa’ y nada más. Aunque luego  y ni bien subidos al tren de regreso vía Retiro, Gerardito contó el asunto en pocas palabras.
–    Al referí le habían puteado toda la descendencia tanto como a nosotros,  pero como él sabía adónde pateaba el seis, me gritó ‘no se mueva de la línea’; y entre dientes me sopló  ‘izquierda abajo’. Toda una revancha de Poder propia de un tipo naturalmente turro. ¿No les parece?

¨Nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina

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