Ago 23 2012
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CulturaOpinión

Debe cesar la violación de sus derechos humanos

La Federación Latinoamericana de Periodistas reclamó “libertad para el periodista chileno Hernán Uribe” y exigió que se restituyan sus derechos humanos violados por una supuesta “orden de arraigo” ¡de 1951! que el Servicio de Registro Civil e Identificaciones (SRSCI) utiliza como excusa para negarle el pasaporte. | FELAP.*

 

Como director del diario Democracia, Uribe cumplió una pena de 41 días en 1951 por no delatar al autor de una columna de opinión que criticó al entonces Presidente de la República Gabriel González Videla (¿conocerán los chilenos de hoy la historia de GGV?), quien lo procesó a él por infamia, un delito de opinión que ya no existe en Chile.

 

El comunicado de la Felap, suscrito por su presidente, el periodista argentino Juan Carlos Camaño, dice textualmente lo siguiente:

 

“Ante las negativas puestas por las autoridades del gobierno de Chile al periodista Hernán Uribe, a que puede salir libremente del país, la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP), reclama la inmediata libertad de quien, además de ser uno de los fundadores de la organización continental de periodistas-trabajadores de la prensa, en 1976, fue hasta hace pocos meses atrás presidente de la Comisión de Investigación de Atentados a Periodistas (CIAP), es escritor y profesor universitario de extensa y prestigiosa labor profesional no únicamente en su país, sino en el mundo.

 

“Uribe, quien deberá estar en Caracas el día 30 de este mes de agosto, en el XI Congreso de la FELAP, donde además de hacer una exposición sobre los principales temas a tratar, recibirá el Premio FELAP- 1976-2012, ya fue objeto de similar tratamiento en Chile hace cinco años, pero el incidente fue superado.

 

“El propio Hernán Uribe recuerda que hace sesenta y un años, siendo director del diario Democracia, no aclaró quien fue el autor de una nota considerada bajo la calificación de injuria contra el por entonces presidente de la nación Gabriel González Videla y aclara que quien la escribió lo hizo con un seudónimo y que era un amigo suyo.

 

“Uribe fue detenido durante 41 días y cumplió así con la pena que le fuera impuesta. Lo que ocurre ahora —la negativa a entregarle su pasaporte— el colega chileno lo califica de “absurdo” y “kafkiano”.

 

“La FELAP aboga porque se resuelva inmediatamente la situación, para que Hernán Uribe no se vea privado de asistir al XI Congreso de la organización de los periodistas latinoamericanos y caribeños, que contribuyó a fundar. Al mismo tiempo la FELAP, al denunciar el hecho, exige el cese inmediato a la violación a los derechos humanos del periodista”.

 

Por el Comité Ejecutivo de la FELAP:
Juan Carlos Camaño

Presidente.

22 de agosto de 2012
——
* www.felap.org

 

Addenda

 

Sin pausas, y a veces a toda prisa, Chile se convierte en un Estado autoritario que no respeta su legislación interna, no cumple acuerdos y tratados internacionales (que se asimilan a aquella) y por el nulo interés del Ejecutivo y otros poderes del Estado, por los asuntos generales referidos a los derechos humanos:

 

Fuerzas dependientes del Ministerio del Interior le vuelan los dientes a una niña en plena calle, mandan a otra con la cabeza rota a un centro médico, obligan a desnudarse y manosean prepotente y obscenamente a chiquillas y mujeres.

 

Fuerzas dependientes del Ministerio del Interior asesinan a un campesino, “dibujan” la escena del crimen y luego la Fiscalía Militar absuelve al asesino aduciendo legítima defensa.

 

Las chiquillas golpeadas y vejadas son estudiantes, otras son distinguidas profesionales; el asesinado es mapuche. En las tierras mapuche la acción del Estado tiene ribetes que permitiría convertirlo en un guión de cine de terror clase B. La represión a los estudiantes es la realización de otro filme espantoso.

 

Y el “caso Uribe” raya en una “perfomance” de la Commedia dell’Arte, si no fuera porque, además, se impide el derecho de un ciudadano respetable a viajar en representación de una entidad supranacional para denunciar el acoso de su profesión en otros países latinoamericanos (aliados preferentes del gobierno de su país: he ahí quizá el quid de la necesidad de los subalternos del señor Piñera de impedirle salir de Chile) y recibir un premio por su dilatada y brillante labor periodística; Hernán Uribe es también un ensayista notable.

 

Lo peor, empero, no es la conducta gubernamental. Lo más triste —ante la violación del pacto social y la ley escrita por parte del gobierno— es el silencio y la no acción de eso que antaño se denominaba fuerzas vivas. Los chilenos acaso pierden aceleradamente —o perdieron ya— sus atributos ciudadanos corriendo detrás del plástico que los endeuda y de las tetas y culos que ven cotidianamente en la tele cuando no hay fútbol.

 

Como si no fuera vergüenza suficiente para un país que su presidente “recuerde” a un tal Nicolás Parra como poseedor de un fantástico Premio Neruda.

 

En tiempos de Allende algo así no alcanzaba ni para ficción; pero los tiempos cambiaron y los que debieron recibir su herencia la dilapidaron, tanto como traidores, ciegos ante la historia.
Así les va.
Lagos Nilsson.

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