Abr 8 2006
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Humor

Diario de una jefa – NUEVOS TIEMPOS, MISMAS COSTUMBRES

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Hoy he despedido a mi secretario. ¬ŅQue por qu√© he despedido hoy a mi secretario? Ver√°n:

Era mi cumplea√Īos n√ļmero 37 y mi humor no estaba muy bien que digamos. En la ma√Īana, al despertar, me dirig√≠ a la cocina para tomar una taza de caf√©. Esperaba que mi marido me dijese: ¬ęFeliz cumplea√Īos, querida¬Ľ. Pero no.

No me dijo ni siquiera buenos d√≠as. Pens√©, con un poco de rencor, lo confieso, si acaso √©se era el hombre que yo merec√≠a. Mientras √©l jugueteaba con el diario me consol√© porque, me dije, los ni√Īos, ellos s√≠, se acordar√≠an.

Tomaron en silencio su desayuno.

Sal√≠ de casa bastante desanimada, pero me sent√≠ un poco mejor cuando entr√© en mi oficina y mi secretario ‚Äďsoy analista de investigaciones de mercado‚Äď me salud√≥.

‚ÄďBuenos d√≠as, se√Īora. ¬°Feliz cumplea√Īos!

Alguien se había acordado. Ya no me sentí tan sola en el mundo.

Trabajamos, como siempre, hasta el medio día. Cuando faltaba poco para el almuerzo mi secretario entró en mi despacho con el saco puesto. Es un hombre bien parecido siempre de buen humor.

‚ÄďSabe ‚Äďme dijo‚Äď hace un hermoso d√≠a y ya que es su cumplea√Īos, ¬Ņqu√© le parece si almorzamos juntos usted y yo?

No vi ninguna razón para no aceptar y fuimos a un lugar que no conocía. Comimos liviano, bebimos un poco de vino blanco, nos divertimos mucho. Mi celular no sonó.

En el camino de regreso a la oficina, él propuso:

‚ÄďCon este d√≠a tan bonito, creo que no deber√≠amos correr a la oficina, no hay nada pendiente. Vivo a tres calles, vamos hasta mi departamento y all√≠ podemos tomar una √ļltima copa.

Acepté. Entretenida con su charla ni me di cuenta cuando llegamos. Me sirvió una menta con hielo granizado. Me dijo:

‚ÄďSi no le importa, voy un momento hasta mi cuarto para refrescarme un poco.

‚ÄďEst√° bien, como quieras, no es una mala idea con este calor. ‚ÄďRespond√≠.

Entr√≥ velozmente a la habitaci√≥n sin casi abrir la puerta. Me pareci√≥ escuchar algunos sonidos apenas audibles. No hice caso, me sent√≠a bien. Pasados cinco minutos, m√°s o menos, sali√≥ con una torta enorme, seguido por mi marido, mis hijos, mis amigos y todo el personal de la oficina. Cantaban ¬°Cumplea√Īos Feliz…!

Y ah√≠ estaba yo, sin corpi√Īo ni bombacha, echada en el sof√°.

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Generoso aporte de Noriclau a los estudios sociológicos contemporáneos

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