Ene 21 2012
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Opinión

Difamación contra Venezuela, mentiras sobre Malvinas

El caso de la difamación contra el general Henry Rangel Silva ha generado nuevas noticias. El imperio lanzó primero al ataque a sus jaurías mediáticas, pero ayer se hizo presente una vez más para infamar a nuestro General. Victoria Nuland, vocera del Departamento de Estado de Estados Unidos afirmó que “Nuestras preocupaciones acerca de Rangel Silva son conocidas y de larga data”. No menos ridículas son las acusaciones británicas a la Argentina en el caso del archipiélago del Atlántico austral. | NÉSTOR FRANCIA.*

En comunicado se recuerda cínicamente que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos congeló en 2008 los bienes de Rangel Silva, quien entonces era director del SEBIN, tras acusarlo de sostener vínculos con la guerrilla colombiana y el tráfico de drogas, sin prueba alguna por supuesto. Es decir que la conspiración canallesca contra este general del pueblo venezolano es, ciertamente, “de vieja data”.

Decíamos en un análisis anterior: “En cuanto a la derecha colombiana, ha comenzado a ejercer presión sobre el gobierno de Santos para que se tome en serio las mentiras mediáticas”. Esa presión ha surtido sin duda algún efecto. La canciller colombiana María Angela Holguín afirmó que conversó con el canciller venezolano, Nicolás Maduro, sobre el tema de la designación del nuevo ministro de Defensa de Venezuela, aunque advirtió que Bogotá no hará comentarios públicos sobre el asunto.

Según Holguín, cualquier “inquietud” o “preocupación” del gobierno de Colombia sobre la designación de Rangel Silva “no la vamos a decir públicamente, lo estamos hablando directamente con el gobierno venezolano”. Donde más se nota el efecto de la presión es en las siguientes palabras de Holguín: “Los colombianos que se sientan realmente tranquilos porque estamos encima del tema, sí estamos”.

Es un buen ejemplo del gran poder de la canalla mediática, sobre todo en países donde hay gobiernos neoliberales que dependen en mucho de los grandes intereses económicos que se encuentran tras los medios de la derecha.

Chávez volvió también a referirse al tema y puso los puntos sobre las íes, al enfatizar que desde que hizo el anuncio de su designación “comenzó la artillería implacable de los enemigos de la patria, de los enemigos de Venezuela, quienes desde fuera y desde adentro no se cansarán nunca de tratar de echar abajo este proceso revolucionario a través del cual estamos construyendo el socialismo en Venezuela”.
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Y añadió que “La FANB recuperó sus bases originarias, nuestro pensamiento militar es antiimperialista, nacido de la experiencia de nuestras luchas independentistas. Es decir de un conocimiento acumulado por siglos: un pensamiento bicentenario”.
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El propio Rangel Silva hizo afirmaciones que demuestran su alto grado de conciencia y explican en algo el odio que despierta en el imperio y sus secuaces:
“El poder militar no es inocuo, es para construir, para la vida, para el progreso y para la paz…tenemos una Patria protegida por las armas de nuestra FANB e iluminada por el conocimiento del pueblo venezolano…Compañeros de armas, desde aquí les hablo como soldado y como hombre de esta tierra, yo a ustedes les juro una vez más que este soldado que está aquí no cederá a chantajes ni a presión de ningún tipo y que estaré con ustedes toda mi vida. Estoy seguro de que aquí estaremos siempre unidos, aguantando cualquier ataque del signo que sea y construyendo independencia y patria socialista”.
Claro como el agua.
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EEUU: la ley y la controversia
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La controversia en torno a la llamada ley SOPA (Stop Online Piracy Act), que busca que las empresas web estadounidenses bloqueen el acceso a sitios extranjeros y además les nieguen sus servicios para frenar la piratería, es un entramado de contradicciones propias del capitalismo.
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Si bien todos los que utilizamos la internet como herramienta de información e investigación tenemos que oponernos a esa ley que cursa en el Congreso de Estados Unidos, en el fondo del debate en las élites del país del norte lo que ocurre es una confrontación de intereses entre facciones de la burguesía.
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Por un lado están industrias manufactureras de mercancías diversas y del entretenimiento, que dan un amplio apoyo al proyecto de ley, como Hollywood, empresas farmacéuticas y publicaciones, y por el otro las multimillonarias firmas mundiales de distribución de contenidos en la Internet, como por ejemplo Google, Wikipedia, Reddit, WordPress y Mozilla, que han participado en una protesta masiva convocada contra el proyecto. Por supuesto, muchos cibernautas, así como páginas Web y “blogs”, manejadas por ciudadanos comunes, se han sumado a esa protesta, ya que también se verían muy afectados por la ley.
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Hay que señalar también las contradicciones entre sectores políticos estadounidenses, pues mientras algunos congresistas, tanto republicanos como demócratas, seguramente vinculados a los intereses económicos proclives a la ley, la promueven, el gobierno de Obama se opone a ella. De hecho, el sábado pasado, la Casa Blanca sugirió en un comunicado que el presidente Barack Obama vetará cualquier medida que “reduzca la libertad de expresión, incremente los riegos a la seguridad cibernética, o socave la red cibernética global”.
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Esta posición de la Casa Blanca seguramente se vincula al tema electoral de este año en Estados Unidos, ya que el proyecto de la Ley SOPA es muy impopular: de hecho, a la protesta cibernética en cuestión se sumaron más de 10.000 páginas Web.
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¿Puede haber mayor descaro?
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El primer ministro británico David Cameron acusó a Buenos Aires el miércoles de tener una actitud “colonialista” hacia las islas Malvinas, en declaraciones que el ministro del Interior argentino consideró “absolutamente ofensivas”. Cameron dijo que efectuó una reunión especial del Consejo de Seguridad Nacional británico para discutir las tensiones en torno a las Islas Malvinas. El primer ministro dijo a los legisladores que el panel de ministros y jefes militares se reunió el martes para debatir las recientes medidas argentinas sobre el disputado territorio en el Atlántico Sur.
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Como se sabe, el mes pasado Argentina, Brasil, Uruguay y Chile se sumaron a una resolución comercial del Mercosur de rechazar a toda nave que llevara la bandera de las Falklands (como denominan los colonialistas británicos a las islas), que muestra una oveja y un barco junto con la bandera del Reino Unido.
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La soberanía de las islas Malvinas ha estado en conflicto entre el  Reino Unido y la República Argentina desde 1833. En la actualidad es uno de los dieciséis territorios en la  lista de las Naciones Unidas de territorios no autónomos bajo supervisión del Comité de Descolonización, con el fin de eliminar el colonialismo, por lo que la situación de las islas es examinada anualmente por dicho comité desde 1965. La verdad es que las Malvinas se ubican a solo 460 kilómetros del territorio argentino, mientras que distan 8.000 kilómetros de Inglaterra.
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La historia de colonialismo en Las Malvinas data de los tiempos de la colonización europea en América. Primeramente fue objeto de varias disputas por su posesión entre España, Inglaterra y Francia. En 1820 el gobierno de Buenos Aires envió una fragata a tomar posesión y reafirmar sus derechos en Las Malvinas, como sucesión de España. Desde 1823 concedió a Luis María Vernet la explotación de recursos de las islas. El 10 de junio de 1829 se creó la Comandancia Política y Militar de las Islas Malvinas, con asiento en la isla Soledad y jurisdicción en las islas adyacentes al Cabo de Hornos. El 30 de agosto de 1829 Vernet fundó Puerto Luis.

Las actividades soberanas de contralor que Vernet llevó a cabo contra barcos balleneros hicieron que la corbeta de guerra Lexington, de Estados Unidos destruyera las instalaciones de Puerto Soledad. El 2 de enero de 1833 llegó la fragata de guerra británica HMS Clio al mando del capitán John James Onslow, quien comunicó al jefe argentino que iba a reafirmar la soberanía británica y retomar posesión de las islas en nombre del Rey de Inglaterra.

El capitán de la goleta Sarandí, José María Pinedo, no se consideró en condiciones de resistir y optó por embarcar a sus hombres y retornar a la Argentina. Al día siguiente desembarcaron las fuerzas británicas, izaron su pabellón y arriaron el que había dejado Pinedo, tomando posesión de las Malvinas.
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Es decir, se trata de un atraco a mano armada, de una típica acción colonialista fundada en el uso abusivo de una fuerza militar muy superior: ese es el origen de esta disputa.
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Con desmedido descaro, Cameron afirmó que el pueblo de las islas debe decidir su futuro: “El punto absolutamente vital es que estamos conscientes de que el futuro de las Islas Falklands es una cuestión del pueblo mismo… Mientras deseen seguir siendo parte del Reino Unido y ser británicos, deben poder hacerlo…Lo que los argentinos han estado diciendo recientemente, diría yo, es más bien colonialismo porque esa gente quiere seguir siendo británica y los argentinos quieren que sean otra cosa”.
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Este arrebato “democrático” del primer ministro inglés no es sino una vil trampa. La población de las islas es de pocos miles de habitantes, la mayoría de los cuales es descendiente de ocupantes coloniales británicos, aproximadamente el 70%. La gente del Reino Unido que obtuvo su estatus en las islas, son conocidos en la zona como belongers. Algunos son de ascendencia escandinava, entre ellos descendientes de los balleneros que alcanzaron las islas durante los dos siglos pasados. Además hay una pequeña minoría de  americanos cuyo origen es principalmente chileno.
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Es decir, que la población actual de las Malvinas es un resultado de la ocupación colonial, por lo que el argumento “democrático” de Cameron es otra canallada propia de estos prepotentes y harto conocidos colonialistas. Al final, los pueblos de América restituirán las Malvinas a su verdadero dueño histórico, el pueblo argentino.
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* Periodista.

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