Feb 14 2015
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Sociedad

El amor y el tiempo

Cu√°l es mi camino? ¬ŅEsperarte? ¬ŅOlvidarte? ¬ŅHacer lo que t√ļ haces, ir de los¬† brazos de uno y de otro, hoy dormir con alguien ma√Īana con otro diferente?¬† ¬† Frida Kahlo

Este 14 de Febrero se celebra otro día más del amor. Más allá de las implicaciones comerciales y las estrategias de mercadeo de determinados productos en esta fecha -propios de las sociedades capitalistas del siglo XXI-  me parece importante expresar algunas ideas sueltas que den cuenta que siempre ha existido otra mirada del amor, la que resiste al orden establecido

Este es un tema que Marx trabaj√≥ fundamentalmente en sus escritos de juventud cuando dec√≠a ‚Äúsi amas sin despertar amor, esto es, si tu amor, en cuanto amor, no produce amor rec√≠proco, si mediante una exteriorizaci√≥n vital como hombre amante no te conviertes en hombre amado, tu amor es impotente, una desgracia‚ÄĚ.

Amor, sensualidad, sexualidad, sobrevivencia y poder aparecen estrechamente ligados a trav√©s de la historia humana, mezcl√°ndose personajes reales con literarios, seg√ļn lo permita o niegue la moral de una determinada √©poca.

Acostumbramos referirnos al amor como un producto acabado, cuyas manifestaciones y expresiones parecieran repetirse cíclicamente, en todas las décadas, siglos e historia de la humanidad; nada más lejos de la realidad. El amor es un producto social de cada momento histórico, que expresa la condición humana, la ideología de la clase dominante y de las clases que se le oponen, y la relación entre objetividad y subjetividad.

Siempre ha sido así. El amor de Shiva fue a la vez destructor, creador y preservador, era contradicción creativa permanente que reflejaba la pugna entre el hombre y la naturaleza. Artemisa quien fue fruto del amor prohibido entre Zeus y Letón, siempre tuvo presente que la pasión entre un hombre y una mujer puede dar origen a la peor de las iras y peligros, como el desatado por la serpiente pitón para impedir su nacimiento porque ello rompía el orden previsto para los dioses; Artemisa sería la representación de la virginidad femenina como tributo al amor.

paraisoEva rebelde y libertaria, como sólo lo seria después María Magdalena, entendió que la pasión, el erotismo y el cuerpo son territorios de emancipación; asumiendo que el placer es el primer conocimiento humano.

Justine y Juliette vivieron un tiempo de oscurantismo y sus cuerpos fueron objetos de uso y abuso del poder, expresiones de doble moral, como lo fueron en su momento la destrucción de las capitales del placer libre: Sodoma y Gomorra.

Sade -con Juliette y Justine- rompi√≥ con la noci√≥n de amor id√≠lico presente en el discurso p√ļblico del catolicismo medieval,¬† para atreverse a denunciar, no el goce ni el placer perverso y sin l√≠mites en lo privado, sino la doble moral que negaba lo que se hac√≠a con desenfreno. Las dudas de Justine expresaron esa contradicci√≥n inmanente en los albores de la libertad, entre sumisi√≥n y goce del ser, que ven√≠a siendo anulado por el otro.

Buda, el original ‚Äďno el gordito barrig√≥n que confundimos con el maestro oriental-¬† y su est√©tica andr√≥gina nos aproxima a una fusi√≥n del amor en sexualidad multiforme y nos confronta con la unidimensionalidad del amor heterosexual. Leonardo Da Vinci explora ciencia, √©tica y curiosidad, experimentando con su piel el goce por igual del encuentro con texturas del mismo sexo o del sexo opuesto.

El amor ha sido diverso y con variados c√°nones de exposici√≥n p√ļblica seg√ļn cada tiempo hist√≥rico, sus protagonistas y su relaci√≥n con el poder. Los egipcios normalizaron el amor incestuoso como mecanismo de preservaci√≥n del poder, mientras que los romanos permitieron que el sexo mostrara las aberraciones a las cuales podr√≠a llegar ese otro amor, el amor centrado en si mismo pero a la vez descentrado de todo ser, el amor por el poder.

La inquisici√≥n construy√≥ una est√©tica del amor de Lucifer por las m√°s delgadas damas, con las cuales aprend√≠a el goce en cada palmo de su humanidad, propiciando encuentro de m√ļltiples sensibilidades en un orgasmo colectivo; pero eran tambi√©n las damas consideradas simples objetos sexuales quienes se atrev√≠an a llevar la iniciativa del placer, liberando los deseos reprimidos como expresi√≥n del amor y quienes buscaban nuevas tonalidades: era el redescubrimiento del protagonismo femenino en el erotismo.

La revoluci√≥n francesa, el surgimiento de la clase obrera, el emerger de los derechos de las mujeres con las ideas, luchas y posiciones de Olimpia de Gouges, Mary Wollstonecraft, las gestas patri√≥ticas con Manuelita Saenz,¬† la rebeld√≠a proletaria de Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo, entre otras, posibilitaron el desarrollo de un concepto del amor mas all√° del patriarcado y el matrimonio religioso burgu√©s. Fue la puesta en escena del protagonismo de la mujer en el amor, la iniciativa de la mujer en la b√ļsqueda del placer en contra de una sociedad beata, que sufr√≠a las cadenas de la prohibici√≥n del goce, que castraba el amor,
que convertía el más hermoso sentimiento en eunuco.

nuclear hiroshimaEl fin de la segunda guerra mundial y la carga de muertes y desesperanza para la humanidad que significaron los campos de concentraci√≥n de Auschwitz y las bombas de Hiroshima y Nagasaki, llevaron a los hombres y mujeres a so√Īar e
impulsar el amor hacia nuevas fronteras. La estética del amor de Daniel Santos,
Lucho Gatica, Julio Jaramillo y To√Īa La negra con su tono melanc√≥lico que expresaba los l√≠mites del amor, ‚Äúpara siempre‚ÄĚ o ‚Äúhasta que la muerte los separe‚ÄĚ, cedieron r√°pidamente paso a los primeros embates de los movimientos de cintura de Elvis Presley.

Ya dejó de ser un tema de preocupación “quien le estará pintando pajaritos en el aire a Linda“, y las parejas vibraron al unísono de la bamba o Jailhouse Rock.

El amor comenzó a rebelarse de los convencionalismos sociales en todos los campos, los pantalones se pegaron al cuerpo y la minifalda se impuso. Por supuesto, que los conservadores de siempre dijeron que la juventud se iba a perder con esos bailes y la ropa corta, como lo dirían décadas después con la salsa, el vallenato, la lambada o ahora con el Reggaetón.

El amor buscaba reintegrarse al placer, al sexo, como era negado por el orden establecido a pesar de las conquistas secretas de los amantes furtivos de siempre. Cuando un ritmo musical es masivamente aceptado, ello ocurre porque expresa una sintonía con los lenguajes, deseos e imaginarios de los seres humanos en un momento histórico; otra cosa ocurre después cuando la industria cultural se apropia de él para construir una estética que promueva el consumo.

La generación de los Beatles, los Rolling Stone llegó con la pastilla anticonceptiva, el amor libre y la rebeldía contra toda forma de autoritarismo. Generaciones enteras se amaron construyendo el panfleto, pintando la pancarta o armando la estrategia para enfrentar la policía el día siguiente. La mirada cómplice, la atracción por el otro se complementaba con el placer y se disolvía rápidamente para evitar el aburrimiento del amor canonizado.ar mercedes sosa

Joan B√°ez cantaba sobre un escenario pintado de notas musicales, habl√°ndonos de los sue√Īos de libertad, mientras Serrat nos tarareaba de una mujer que para amarla no necesitaba ba√Īarse todas las noches en agua bendita. Era √©poca de politizaci√≥n
acelerada con exploraciones de nuevas est√©ticas. Cat Stevens nos deleitaba en los sesenta con la expresi√≥n del amor reparador de un padre a su hijo mientras Moustaki a√Īoraba la libertad perdida una noche de diciembre y la negra Sosa le
daba gracias a la vida que le daba tanto.

En Venezuela de los setenta Ali Primera acompa√Īaba nuestras noches de soledad con amor en tres tiempos: y tarare√°bamos con √©l ‚Äúme gusta quitarte la arena, quitar beso a beso esos granitos traviesos que est√°n cubriendo tu cuerpo‚ÄĚ que eran expresi√≥n del amor que surge con el compromiso social. Con el Mayo Franc√©s conocimos a Sartre y Foucault, su amor de presente y en contra v√≠a.

Para las generaciones posteriores a la llegada del hombre a la luna, vino la temprana politizaci√≥n, la ruptura con el id√≠lico amor que se aprend√≠a en el hogar para ver nacer eso otro amor hermoso que se fragua en la solidaridad, el compromiso y la lucha por la justicia. Un amor de clase que existe mientras lo alimente la utop√≠a, que se reinventa todos los d√≠as. Cupido se visti√≥ de camisa remangada, falda anudada en la cintura y mirada de frente.¬† Y brevemente se impuso otra visi√≥n del amor, esa que est√° vinculada al compartir un sue√Īo.

En la d√©cada de los ochenta el amor de Hollywood venia en formato de Saturday Night Fever, Vaseleine o Flasdance, mientras desde la otra orilla Sabina nos hac√≠a un gi√Īo en el par√©ntesis en el cu√°l declamaba sobre un coraz√≥n cinco estrellas. La trova cubana nos regal√≥ m√ļltiples melod√≠as que expresaban ese nuevo momento hist√≥rico del amor. Silvio nos hablaba del amor de una poetisa mientras Pablo nos consolaba dici√©ndonos que √©ramos muchos los que sufr√≠amos en ese breve espacio en que no estabas.

En formato de casette nos llegaba Luis Eduardo Aute invitando a que te quitaras el vestido, las flores y las trampas. Y de pronto desembarcó la revolución tecnológica y con ella nuevos territorios virtuales, nuevas conectividades nuevas expresiones del amor; ahora las citas se hacen por internet y, aunque en el facebook declaremos que tenemos una relación difícil de explicar o abierta, el encuentro de labios y cuerpos se sigue consumando en una habitación de hotel, en melodía de pasión como preámbulo del amor.
san valentin
Cada 14 de Febrero en las sociedades capitalistas se confrontan dos modelos de amor. Uno que considera al amor una simple mercancía, una propiedad sobre el otro, y que se celebra con un regalo que expresa cuanto se ama. Por otra parte, otros, muchos, aprendemos y militamos en ese otro amor, el amor que está siempre presente, que está al lado del otro, que al voltear la mirada  encuentra la sonrisa amable y la pupila pulcra, así no se tenga un centavo en el bolsillo.

Como podría decirlo el tatuaje del cupido gordito que se pegaba en los cuadernos: amor es solidaridad, es compartir, es llevar el placer a límites insospechados. Mientras para la ideología capitalista el amor se puede confinar  en una prisión mental sentenciado por el mercado, los revolucionarios decimos con Sabina “negaría el santo sacramento en el mismo momento que ella me lo mande.

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