Feb 2 2012
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OpiniónPolítica

El antichavismo y la praxis democrática en Venezuela

Los pre-majunches han movido sus estrategias de diversas maneras en el transcurso de la campaña electoral hacia las primarias de la derecha. Han aplicado diversas tácticas propias del marketing político, según recomendaciones de ciertos asesores, incluso extranjeros.| NÉSTOR FRANCIA.*

 

Sólo que algunos bandazos no hacen sino demostrar la inconsistencia del mensaje político de esos aspirantes. El problema es que no es nada fácil para ellos irse de frente con la exposición del verdadero proyecto que representan.

 

Tratan de ocultar, con variados eufemismos, la intención, común a todos ellos, de restaurar en Venezuela el reino del neoliberalismo y la sujeción de nuestro país a los intereses del imperialismo norteamericano.

 

Un ejemplo emblemático de esas variaciones es el de María Corina Machado, que ha movido su imagen y su discurso en la medida en que ha tenido serias dificultades para posicionarse como una opción. En el caso de esta burguesa de origen, se aplica el conocido refrán criollo: arrancada de caballo, llegada de burro. Partió con grandes expectativas, pero le pasó como a la ex miss Irene Sáez en las elecciones presidenciales de 1998, que finalmente ganó Chávez: en lo que se puso a hablar en público, se derrumbó.

 

Su problema principal es que no es creíble, siempre parece estar actuando, es notable y mediocremente histriónica.

 

Machado arrancó con una campaña “soft”. Utilizó al principio un slogan que parecía promisorio, por la asociación de su nombre a contenidos religiosos y de salvación: “Viene María” (la santísima Virgen María (y Cristo) viene, o sea la salvación). Pero resulta que el segmento “light” del electorado derechista comenzó a inclinarse a favor de Capriles Radonski, que ya había vendido un discurso aparentemente propositivo, mostrando supuestas obras como gobernador de Miranda y hablando de reconciliación y unión.

 

Capturado como está por Capriles ese segmento antichavista “light”, que ha crecido en la misma medida en que ha ido cediendo la polarización social —se mantiene en alto grado la política— y la base social opositora se ha ido democratizando, en el sentido de que ahora apuesta al voto y no a las marchas ni guarimbas, Machado se ha visto obligada a dar una voltereta arriesgada y que parece no estarle dando votos aunque sí exposición mediática, que no es mala para ella, porque le permite mantenerse en el escenario con presencia bastante prolija: ahora es una “dura” antichavista.

 

Del Viene María, “slogan” completamente desechado, saltó al Vota duro, apuntando al electorado opositor más radical, buscando crecimiento que le permita, si no ganar las primarias, sí crecer para hacer un mejor papel que le permita apuntalar su futuro político y tener mayor capacidad de negociación.

 

Según encuestas más recientes, ese objetivo no está siendo logrado, aunque será el 12 de febrero cuando se verá hasta donde ha obtenido resultados (si es que finalmente hay primarias, como parece vislumbrarse ahora). Es por esa estrategia que Machado lanzó sus insolencias durante el mensaje anual de Chávez ante la Asamblea Nacional, y la reciente y grosera carta a Fidel.

 

En cuanto a Capriles, como hemos dicho, parece haber capturado para sí la mayoría el segmento “light” opositor, que según diversos estudios es el más amplio entre los electores derechistas y se caracteriza por no conformarse con el discurso antichavista sino que reclama propuestas alternativas. De allí que a Capriles le haya sido beneficiosa su forjada imagen propositiva. Pero hacia el final de la campaña, trata de atraer también al sector “duro” escuálido, que ahora es más pequeño pero tiene algún peso.

 

La verdad es que Capriles tiene un problema: aunque puntea según distintas encuestas, su techo no ha llegado nunca al 30% del electorado opositor. Esto le haría partir con una gran debilidad en la carrera presidencial, el hecho de su escaso liderazgo real, aun entre los suyos. El necesita acrecentar su votación, porque si no será de entrada un majunche con plomo en el ala.

 

De allí sus declaraciones recientes, dirigidas directa y expresamente a los “duros” (quienes dicen que no confronto), donde afirma que no va a “perder tiempo” discutiendo con Chávez sino que se va a enfocar en ganar. Pero de hecho en estos días ha hablado más de Chávez atacándolo de diversas formas y llamándolo despectivamente “ese señor”.

 

Pérez mantiene su estrategia de presentarse como el precandidato de los pobres confiando en que con las maquinarias podrá superar finalmente a Capriles. Esa maquinaria, aunque muy venida a menos, sigue teniendo mayor presencia en sectores populares que la de Capriles, sobre todo por medio de Acción Democrática. Pérez apuesta además a que la votación del estado Zulia, que es donde gobierna y es la mayor del país, estado por estado, incline finalmente la balanza a su favor.

 

Arria creció entre los “duros” después del primer “debate” entre los pre-majunches, sobre todo por ofrecer encarcelar a Chávez, pero finalmente parece haberse desinflado, aunque ha ganado cierta presencia política y mediática que de cierto modo tuvo otrora. Es decir, no le ha ido mal.

 

En cuanto a Pablo Medina, es una candidatura bufa, bastante radical, pero que no concita apoyo alguno entre los electores de oposición. Terminó siendo un feo y absurdo decorado.

 

En este momento las cartas parecen estar echadas a favor de Capriles, aunque no se puede descartar sorpresas, sobre todo por parte de Pérez.

 

En todo caso, la atomización del voto opositor entre los pre-majunches es un factor que jugará en contra de quien resulte electo.

 

Febrero 4, de 1992

 

Las dos grandes posiciones que se debaten en Venezuela vuelven a la carga ante la cercanía del vigésimo aniversario de la rebelión militar patriótica del cuatro de febrero de 1992. Los revolucionarios, con el apoyo de la mayoría del pueblo venezolano y en medio del crecimiento de la popularidad de Chávez, celebran la fecha por todo lo alto y se prepara un magnífico desfile cívico-militar el próximo sábado. La derecha, en cambio, ataca con furia, argumentando que no es lícito celebrar un “golpe de Estado”.

 

Un buen ejemplo de ello es la carta que enviaron al Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza, los derechistas Enrique Ochoa Antich y Pedro Arturo Moreno, integrantes de la Comisión de la MUD para la “lucha social”, para denunciar al presidente Chávez y al ministro de la Defensa, general Henry Rangel Silva, por supuestamente violar la carta democrática Interamericana y por “apología del delito” al conmemorar el 4 de febrero.

 

Ladina e hipócritamente, la carta afirma que
“La MUD, comprometida como está con la democracia como ruta y fin, tiene por convicción y patrimonio intelectual el rechazo a todo golpe de Estado: no importa que pretenda ser justificado desde el punto de vista del pensamiento de izquierda o del pensamiento de derecha. En tal sentido, los demócratas de Venezuela repulsamos, para hablar de eventos de nuestra historia más reciente, tanto los intentos de golpes de Estado del 4 de Febrero y del 27 de Noviembre de 1992 como el golpe de Estado del 12 de Abril de 2002”.

 

Esto es de una pasmosa irresponsabilidad, pues como se sabe la mayoría de los integrantes de la MUD participaron en el golpe de Estado de abril de 2002.

Capriles era alcalde del municipio Chacao cuando persiguió a los chavistas el 12 de abril y promovió el asalto a la embajada de Cuba en esa oportunidad.
Leopoldo López formó parte del panel de un programa celebratorio del golpe que transmitió Venevisión en la mañana del 12, bajo la conducción del periodista contrarrevolucionario Napoleón Bravo.
Pablo Pérez era secretario de gobierno de Manuel Rosales, cuando este fungía como gobernador del Zulia y firmó, en nombre de los gobernadores de la derecha, el decreto de Carmona que disolvió los poderes públicos durante la efímera dictadura.
Pablo Medina es visto en un video cuando huía como cucaracha del Palacio de Miraflores el 13 de abril, atemorizado por el pueblo que colmó los alrededores del palacio de gobierno exigiendo el retorno de Chávez, quien por cierto asumió, en 1992, la absoluta responsabilidad por el comando de la rebelión militar patriótica.

Son diferencias de valores y conductas que desnudan a cada cual frente al pueblo venezolano.

Excelente la respuesta de Dilma Rousseff ante las presiones que le quisieron hacer los “disidentes” durante su visita a la isla caribeña: “¿Vamos a hablar de derechos humanos? Entonces vamos a comenzar a hablar de derechos humanos en Brasil, Estados Unidos y la situación en Guantánamo.”

¡Cómo ha cambiado este cuento en América Latina en los años recientes!

* Periodista.

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