Feb 27 2015
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Opini贸nPol铆tica

El Caracazo de 1989, para la memoria y la reflexi贸n

Aunque tal vez no era el prop贸sito directo de sus protagonistas, el 27 de febrero de 1989 pasar谩 a la historia como el primer evento mundial de resistencia masiva y popular a las pol铆ticas econ贸micas neoliberales que, desde finales de los 70, se ven铆an aplicando en Am茅rica Latina. El segundo evento de esta significaci贸n fue en Buenos Aires, Argentina en el a帽o 2002.

Aunque hay que dejar claro que, los pocos meses del Caracazo, se daban explosiones populares en Brasil, donde con la misma modalidad de expropiaci贸n directa a los comercios la gente sali贸 a las calles de Rio de Janeiro y otras ciudades. De esta forma, en ambos lugares de Am茅rica Latina, la gente descubr铆a, intuitivamente y en la pr谩ctica, que la propiedad privada es privadora de la vida de las mayor铆as. Pero la r茅plica brasilera no se dio con tal magnitud al epicentro de Caracas. A pesar de esta manifestaci贸n de resistencia, durante los a帽os noventa el neoliberalismo, portando una soberbia criminal, se envalenton贸 y continu贸 su avance tanto en Venezuela como en Am茅rica Latina.

 

En Argentina se impuso un esquema monetario ultraliberal, avalado en gran parte con la llamada la Ley de Convertibilidad, que terminaba eliminando a la moneda nacional al sujetarse al d贸lar, y desaparec铆a de facto al Banco Central de la Rep煤blica Argentina. Fueron los tiempos de los ministros estrellas del pensamiento econ贸mico de la derecha. Esta hegemon铆a dio paso al segundo acto de resistencia masivo al neoliberalismo, (a su modelo pol铆tico y a su modelo econ贸mico) cuando, muchos a帽os despu茅s, una gran proporci贸n de los habitantes de Buenos Aires, azotados y empobrecidos por una devastadora crisis financiera y econ贸mica que acompa帽贸 la ca铆da del modelo de convertibilidad (conocido como la Caja de Conversi贸n), hicieron y una revuelta que permiti贸 a los bonaerenses observar c贸mo el Presidente Fernando de la R煤a, luego de presentar su renuncia, abandonaba por 鈥渓os aires鈥 la Casa Rosada,.

 

En el caso de Venezuela, es importante aclarar que para esa 茅poca se distinguen dos tipos de protagonistas, uno es el pueblo y por el otro, los representantes de los intereses dominantes que intentaban llevar a cabo una propuesta de relevo del modelo capitalista dependiente y petrolero colapsado. Mientras en las calles de Caracas las multitudes protagonizaban una revuelta, en Washington, el mismo 27 de Febrero de 1989, los principales dise帽adores nacionales del Programa de Ajustes Estructural, altos funcionarios del Gobierno de Carlos Andr茅s P茅rez con el Ministro de Planificaci贸n (Cordiplan) Miguel Rodr铆guez a la cabeza, estaban negociando con el Fondo Monetario Internacional una Carta de Intensi贸n y un Programa de Ajuste Estructural.VEN caracazo

Todav铆a no se sabe si, los acontecimientos que , en ese mismo momento, explotaron en Caracas, tomaron por sorpresa a los que estaban en la negociaci贸n y motivaron una evaluaci贸n de la viabilidad pol铆tica del ajuste. Lo cierto es que la soberbia que caracteriz贸 a esta tecnocracia neoliberal (iesa boys), que acud铆a al auxilio de los socios que suscribieron el Pacto de Punto Fijo, no s贸lo llev贸 a subestimar los efectos sociopol铆ticos de la pol铆tica econ贸mica, sino que se aventuraon, a sangre y furgo, en darle continuidad a su estrategia de instalar el neoliberalismo durante una d茅cada.

 

Estos economistas -que representaron los intereses de los sectores dominantes en ese momento, especialmente a facci贸n la burgues铆a comercial, de telecomunicaciones y financiera organizada en el Grupo Roraima- dieron una especie de golpe institucional, al pasar por encima de Congreso Nacional, del directorio de la CTV y del Comit茅 Ejecutivo Nacional del partido gobernante Acci贸n Democr谩tica, quienes luego de reclamar la ausencia de consulta, de la Carta de Intenci贸n, se conviertieron en complices activos de estos representantes de los verdaderos gobernantes de Venezuela.

 

El programa de ajustes estructural resum铆a una opci贸n, que tuvo su tiempo de maduraci贸n que va desde finales de los 70 a principios de los 80. A帽os en los cuales se manifienta y desarrolla el punto de quiebre del agotamiento del modelo de crecimiento basado en la distribuci贸n de la renta petrolera en una econom铆a capitalista dependiente y petrolera. Algunos autores consideran que 1978 es el a帽o donde se manifiesta un declive, cuyo despliegue en el tiempo que devino no termina por concluir. Otros consideran que la 鈥渘acionalizaci贸n鈥 petrolera contribuy贸 con este tendencia declinante, en tanto las empresas trasnacionales y la burgues铆a nacional (altamente dependiente del gasto p煤blico) empezaron a limitar sus inversiones y priorizaron por actividades que facilitaran la captura de la renta petrolera para luego exportarla.

 

En 1983, explotan las contradicciones econ贸micas acumuladas, especialmente porque se acopia silenciosamente una deuda externa producto de la descentralizaci贸n del cr茅dito p煤blico que lleva a que los organismos y empresas p煤blicos se endeudaron en d贸lares sin ningun control. La crisis de la balanza de pagos conduce al fin del r茅gimen de cambio libre basado en una tasa fija (4,30 bol铆vares por d贸lar). Todo cambia bruscamente, especialmente para los sectores laborales pobres y sectores medios de ingresos que empiezan a recorrer por un tobog谩n de deterioro progresivo e intenso de los niveles de acceso y de bienestar que el auge rentista les hab铆a asegurado, parcialmente, desde los a帽os sesenta a una porci贸n importante de dichos estratos de ingreso.

 

Los que se encontraban en la etrena pobreza y la misera profundizaron su condici贸n, mientras que los sectores medios de ingresos, como los profesionales (incluyendo a los docentes y trabajadores de la salud), los militares y los empleados p煤blicos se incorporaron a un proceso violento de depauperaci贸n. Ya la 鈥淕ran Venezuela鈥 y el 鈥渁scenso social鈥 ofrecido por la democracia representativa del puntofijismo eran tierras prometidas que se alejaban velozmente del alcance de los sectores laborales. Ya Venezuela dejaba de ser el ejemplo en Am茅rica Latina como 鈥渓a democracia y la econom铆a m谩s estable鈥. Por supuesto, que para aquellos que mantienen el poder econ贸mico, la crisis era s贸lo una torbulencia pasajera que no le imped铆a seguir viajando a Nueva York o a otras partes del mundo donde disponen de importantes activos inmobiliarios y financieros. Por lo contrario, los sectores capitalistas saben que estas crisis se convierten en una oporunidad para seguir aumentando su riqueza sobre la base de la apropiaci贸n de la renta petrolera y de la expropiaci贸n del plusvalor creado por el trabajo de la mayor铆a de los venezolanos.

Izquierda tradicional y transformismo

VEN CARACAZO14Algo poco rese帽ado con respecto al contexto hist贸rico y sociopol铆tico del 27 de febrero de 1989, ha sido el papel que estaban cumpliendo sectores que migraron de la izquierda tradicional y de la izquierda reformadora para ponerse a la disposici贸n del reordenamiento del patr贸n de acumulaci贸n capitalista en crisis. Es importante resaltar el papel durante los tiempos que anteceden y siguen al hito hist贸rico del 27 de Febrero, de algunos representantes de los que fue la izquierda de los a帽os 60 y que luego cayeron en las manos del transformismo. Para desconcierto y tristeza de los que confiaron en algunos l铆deres renombrados de la izquierda en Venezuela, algunos de sus principales l铆deres se hab铆an incorporado a los equipos del gobierno de Jaime Lusinchi.

 

La Comisi贸n Presidencial para la Reforma del Estado fue albergue de muchos autodenominados intelectuales de izquierda que en ese momento dijeron que ya no hab铆a otra alternativa que la de sumarse al enemigo, igual pas贸 con algunos ministerios claves y puestos gubernamentales donde estos antiguos izquierdistas terminaban su metamorfosis hacia socialdemocracia. Algunos de estos conversos son los principales asesores econ贸micos de los sectores m谩s reaccionarios (fascistas) de la derecha que actualmente pretente derrocar el gobierno leg铆timo y popular del presidente Maduro.

 

Los autoproclamados 鈥渕arxistas鈥 de ayer, eran bentancoutristas ahora. Pareciera que esa fue la consigna para aquellos dirigentes que terminaban 鈥渢ransformados鈥. El los inicios de los noventa, la ca铆da del Muro de Berl铆n los envalentona y les refuerza su convicci贸n que la 煤nica forma de salvar al pa铆s era salvar al capitalismo. Que el capitalismo clientelar, rentista, populista y estatista ten铆a que ser reemplazado por un 鈥渃apitalismo productivo鈥, donde el libre mercado y el liderazgo de la empresa privada constituyeran la base de la sociedad neoliberal que planteaba el Grupo Roraima, el Grupo Santa Lucia y la mayor铆a de la cuerpo acad茅mico del IESA. Es as铆 como, el momento que Carlos Andr茅s P茅rez (CAP) asume su segunda presidencia, en 1989, cuenta con un back office y un front office de asesores inspirados por el neoliberalismo, donde adem谩s de los representantes directos de las clases dominantes (hijos leg铆timos de la burgues铆a), se encontraban los renegados izquierdistas y algunos IESA-Boys. El Presidente electo, CAP, dispone de un equipo de brillantes mentes postmodernas, alejadas convenientemente de la contaminaci贸n que representaban los viejos y tradicionales miembros del CEN de Acci贸n Democr谩tica.[1]

 

Es as铆 como, en los albores de la d茅cada de 1990, desde las oficinas de funcionarios (economistas en su mayor铆a) del Banco Central de Venezuela salieron las primeras l铆neas del llamado Programa de Ajuste Estructural y la redacci贸n a d煤o de la Carta de Intensi贸n con los funcionarios del FMI. El Banco Central, como los otros ejes de poder institucional del Estado, estaba comandado por los intereses de los grupos econ贸micos nacionales y trasnacionales. Particularmente de los representantes m谩s ilustres del capital financiero nacional.

Mientras que de las manos de un equipo, de refinados y bien educados tecn贸cratas, atrincherado en las oficinas de CORDIPLAN, sali贸 el 9 Plan de la Naci贸n conocido como 鈥淓l Gran Viraje鈥. Este documento es una pieza fundamental para comprender la ideolog铆a neoliberal que predomin贸 durante los a帽os noventa en Venezuela.

A penas se toman las primeras medidas de ajustes de precios, como lo fueron losVEN CARACAZO13 ajustes de las tarifas de transporte urbano, se da una explosi贸n que se enciende inicialmente en algunos puntos de Guarenas y de Caracas. Luego se propaga por la superficie urbana de importantes ciudades, hasta convertirse en explosi贸n. Muy a pesar de este estremecimiento social, los sectores hegem贸nicos continuaron con pol铆ticas econ贸micas que agudizar铆an condiciones econ贸micas y sociales propias de la formci贸n econ贸mica y social venezolana, al mismo tiempo que cultivar铆an las confrontaciones venideras, como la irrupci贸n de movimiento bolivariano liderizado por el Comandante Hugo Ch谩vez.

 

El 27 de Febrero inicia un tiempo de revueltas

 

Es as铆 como a la rebeli贸n o explosi贸n popular de 1989 se le respondi贸 con balas y muerte. Durante 5 d铆as se estremecieron las principales ciudades de este pa铆s. Especialmente la ciudad de Caracas. Este estremecimiento tuvo dos etapas con diferente tinte. Primero la gente tom贸 las calles, hizo barricadas en las v铆as principales, tumb贸 las llamadas santamar铆as (puertas corredizas de metal) de los locales e iniciaron el 鈥渟aqueo鈥 de los comercios. Al principio esta toma/apropiaci贸n/distribuci贸n de bienes lleg贸 a ser tolerada por la polic铆a, a tal punto que en algunos lugares (como en Petare) los efectivos participaron en poner orden en las colas, sin dejar de contar que tambi茅n se los funcionarios del orden p煤blico tambi茅n se llevaban lo suyo. Todav铆a no se sabe por qu茅 se dio esta circunstancia d贸nde prevaleci贸 una actitud tolerante y colaboracionista de los cuerpos tradicionalmente represivos. Algunos argumentan que la polic铆a metropolitana ven铆a de un conflicto y esto permiti贸 una cierta identificaci贸n con la poblada. Tampoco esta actitud fue homog茅nea, en algunos lugares se reprimi贸 duramente desde el principio a fin.

 

Importa resaltar que, no s贸lo eran los habitantes de las barriadas pobres los que dejaban de respetar la sacrosanta propiedad privada. Sino que los sectores medios de Caracas salieron a tomar los carritos de los automercados esta vez para participar en una in茅dita experiencia de expropiaci贸n ejercida por una multitud. No s贸lo en Petare o en Catia de empez贸 a tomar las mercanc铆as sin pagar, sino que urbanizaciones de clase media como El Marqu茅s, La California o San Bernandino (entre otros) protagonizaron la expropiaci贸n espont谩nea.

 

Por algunas horas se dio una polarizaci贸n entre sectores mayoritarios de la poblaci贸n y las oligarqu铆as. La lucha de clases se mostraba de una forma espont谩nea y primaria. Recordemos que los sectores empresariales culpaban al control de cambio del desabastecimiento de bienes como la harina de trigo para hacer pan, o del az煤car, o de otros productos como los de limpieza del hogar. Mucho antes de la explosi贸n social de ese d铆a se hab铆a sembrado la tensi贸n y la incertidumbre, las expectativas reca铆an sobre el gobierno que reci茅n se estaba instalando. A fines de 1988, y durante el primer mes del nuevo a帽o, en los automercados y abastos se empezaron a formar colas de gente solicitando productos que se estaban racionando. Las pobladas que irrumpieron en los establecimientos comerciales lograron que aparecieran productos que estaban acaparados, tal vez esperando que el nuevo gobierno anunciara la devaluaci贸n y el ajuste de precios. En Petare, luego de pasar meses con ausencia de pan en las panader铆as, vi como un hombre cargaba un saco de harina de trigo de una panader铆a saqueada; vimos como aparec铆an latas de mantequilla con precios viejos.

VEN CARACAZO12聽Estas escenas se repet铆an en varias partes de la ciudad. Los que no ten铆an obligaban por la fuerza a distribuir las cosas que pose铆an los que ten铆an.

Entre las facciones de la burgues铆a, eran evidentes las contradicci贸nes que debilitaban su hegemon铆a como clase dominante. El Grupo Roraima, utilizaba la artiller铆a que hab铆a atrincherado en el IESA, en el Diario de Caracas y en el canal RCTV para disputarle el liderazgo al Grupo Cisneros. El Diario de Caracas, public贸 un dossier donde detallaba la boda de uno de los Cisneros. El mensaje era claro, mientras el pa铆s padec铆a de escasez de bienes escenciales y de d贸lares, el sector de la burgues铆a que hab铆a consentido a Carlos Andr茅s P茅rez y sus allegados disfrutaba una bacanal con un men煤 donde destacaban especialidades culinarias traidas de todas partes del mundo. Pura pacater铆a, fariseismo y cinismo, porque los que chismeaban a los Cisneros eran iguales o peores a la hora de darse vida financiados por de la renta petrolera que el Estado le prevee y de la plusval铆a que la explotaci贸n capitalista le expropia a los trabajadores venezolanos.

 

Luego vino terrible d铆a en que las armas del ej茅rcito burgu茅s apuntaron al pueblo indefenso. El d铆a triste, fuimos testigos de c贸mo los soldados le disparaban con fusiles a las personas que ven铆an bajando de las escaleras del cerro que se interpon铆a entre el Mercado Popular de Mesuca y las entrada de Palo Verde y del cord贸n de barrios populares compuesto por El Progreso, Las Vegas de Petare y Jos茅 F茅lix Ribas. Impotentes, observamos c贸mo mujeres, hombres y j贸venes ca铆an heridos por las balas de los soldados armados de FAL. No sabemos cu谩nta gente muri贸 en esas terribles horas. En las horas de tregua, acompa帽amos al padre Mat铆as Camu帽as a recorrer las calles donde yac铆an cuerpos de gente del pueblo; vimos c贸mo de los barrios iban y ven铆an furgonetas, algunas cargadas de cad谩veres.

Hay momentos donde las convicciones se reafirman a pesar del dolor y de la impotencia. Comprendimos una vez m谩s, qui茅nes son los que est谩n contra el pueblo oprimido; comprobamos nuevamente que la justicia era 鈥渦na justicia que ajusticia鈥 a los pobres, que los responsables principales del genocidio nunca fueron juzgados, m谩s bien han regresado con rostro nuevo o maquillado.

VEN CARACAZO11Con las rebeliones bolivarianas de 1992, se demostr贸 por segunda vez luego del Caracazo, que una era la racionalidad que predominaba en los espacios de poder y en las mentes dirigentes y otra era la din谩mica que se cosechaba en una parte de la sociedad que hab铆a sido afectada por el colapso del capitalismo rent铆stico y de su modelo pol铆tico. La ilusi贸n de la democracia representativa, consagrada por los carnavales electorales, mostraba su pie de barro. La dirigencia pol铆tica alejada del pueblo por definici贸n de clase, perd铆a toda influencia para masajear la mente del pueblo con el mensaje que promocionaba su mejor mercanc铆a: la democracia y la libertad bajo el capitalismo.

 

El modelo pol铆tico entr贸 en crisis de legitimidad, se desgast贸 su promesa, se devel贸 el enga帽o c铆nico. El pueblo dej贸 de creer y perdi贸 la f茅 en el discurso del liderazgo pol铆tico. Y la gente tomo las calles. No estaban dirigidos por las ideas de Len铆n ni de Bakunin como algunos ahora quieren interpretar. Aunque hubo participaci贸n de algunos viejos comabtientes de izquierda que dieron lecciones de c贸mo hacer barricadas (eso sucedi贸 en Petare), esta participaci贸n fue subordinada al espontaneismo. Parte de la izquierda que estaba institucionalizada, imbu铆da en las mieles del poder que le ofrec铆a la democracia representativa, fue sorprendida.

 

Emergi贸 con fuerza una expresi贸n de esa corriente hist贸rica-social que se ha permanecido latente desde la invasi贸n colonial. Eso hilo hist贸rico de resistencia se manifiest贸 de manera iconoclasta, espont谩nea. En esos d铆as de febrero, esa corriente hist贸rico-social encauzaba cimarronamente los sentimientos e intereses de los sectores dominados y afectados por el modelo pol铆tico y por el modelo econ贸mico imperante, heredero de las luchas sociales que se hab铆an gestado y manifestado desde la colonia.

En estos d铆as en que la patr铆a de Bol铆var se encuentra ased铆ada por un despliegue mundial de manipulaci贸n medi谩tica sin precedentes, que dispone de grandes recursos tecnol贸gicos y financieros a su disposici贸n, donde se recurre al terrorismo para asfixiar la vida cotiana, una reflexi贸n profunda sobre el 27 de febrero es necesaria.

Notas

1.- A帽os m谩s tarde, cuando era inevitable el derrumbe de CAP, estos miembros del CEN del partido Acci贸n Democr谩tica se convierten en principales acusadores de que el partido haya quedado en manos de estos tecn贸cratas. Mientras los tecn贸cratas, a finales de los a帽os noventa, respond铆an que las reformas no se hab铆an llevado a cabo por la resistencia de esa 鈥渃lase pol铆tica鈥.

 

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