Nov 29 2015
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Ambiente

El desafío ecológico

Por los últimos 20 años,  y después de 90  reuniones,  las agencias intergubernamentales de las NU  encargadas de prevenir los peligros del cambio climático no han logrado alcanzar ningún progreso significativo y las cosas siguen  empeorando.  Los líderes del mundo están fracasando rotundamente en responder al desafío ecológico. Los datos preliminares muestran que en el 2013 la emisión de  dióxido de carbono fue 61% mas alta que en 1990.  De acuerdo con el Banco Mundial al final de la centuria  el mundo tendrá  4 grados mas que hoy.  Con esa temperatura   la adaptación humana  no es segura.

Todos sabemos, o por lo menos tenemos la sospecha,  de que el calentamiento de la Tierra es una amenaza mortal para la humanidad.  También   sabemos, o por lo menos  tenemos la sospecha, que hay formas de aminorar la crisis  ¿Por qué, entonces, no lo hacemos?  Porque significaría cambiar nuestras creencias acerca del lugar que ocupamos en el mundo, la forma en que funciona el sistema económico,  las cosas que consumimos, la forma en que vivimos y los fines que perseguimos.  Cosa nada  fácil  especialmente cuando  las  Mega Corporaciones rigen el mundo.

Lo que podría salvarnos  entra en directa contradicción con la ideología del neocapitalismo. Las acciones necesarias  para evitar o disminuir la catástrofe humana ponen en peligro el poder de la pequeña elite que controla la economía, el proceso político y los medios profesionales de comunicación.  Los  pilares que  facilitan  este poder son la privatización de la esfera publica,  la desregularización  del sector corporativo y la disminución de  sus impuestos… Pensemos solo un momento… ¿cómo un gobierno podría invertir masivamente en  infraestructura y servicios públicos con cero emisión de dióxido de carbón  cuando la esfera publica ha sido desmantelada? ¿O como podríamos regular, penalizar  e imponerles mayores impuestos a las compañías de petróleo cuando esas medidas son consideradas  interferencias estatales? ¿Cómo el sector de la energía renovable podría recibir el apoyo y protección necesaria para reemplazar la energía fosilizada cuando el “proteccionismo” es comunismo?   El mercado, dejado a su suerte, no resolverá el problema.

Como muestra Naomi Klein en su ultima publicación los números son  impresionantes. En 1990, cuando  el proyecto de globalización se orienta hacia su madurez,  la emisión mundial ha aumentado un promedio de 1% al año. En el 2000, con los mercados emergentes como China, la emisión alcanzo 3.4% al año. El rápido crecimiento ha continuado hasta nuestros días, interrumpido brevemente por la crisis financiera del 2009.   Y esta emisión  no podría haber sido diferente si consideramos la exportación masiva de productos a través de vastas distancias, quemando carbón durante todo el viaje, y la imposición  de un modelo de producción basado en el derroche y consumo. La liberación de la energía fosilizada  que ha acelerado este proceso y la dramática aceleración de la liberación de las capas de hielo del Artico son las dos caras de una misma moneda.

El triunfo del capitalismo contiene un conflicto fundamental… crecer o morir. Si crece, destruye el sistema ecológico del cual depende la existencia humana. Si no crece, el sistema fracasa.  La economía capitalista esta en directa contradicción con  las formas de vida terrestre, incluyendo la nuestra.  El capitalismo requiere expandir constantemente la producción y el consumo que solo es posible a través de la explotación de los recursos naturales del planeta que a largo plazo es insostenible. La elección con la que nos quedamos es clara… permitimos que el cambio climático cambie  nuestro mundo o cambiamos  la economía para evitar el fin de la historia. Por el momento,  la lógica del mercado va ganando  en contra de la lógica de la naturaleza.

Lo que el clima necesita es la disminución del uso de los recursos naturales que solo solo puede ser posible  con un modelo económico diferente.  A pesar de que por las ultimas décadas se ha venido hablando de un desarrollo sostenible, la verdad es que no ha habido un intento serio en esa dirección, porque reducir el consumo en las naciones ricas es una herejía.  Un desarrollo sostenible requiere de una dramática reducción de la producción y consumo  que fundamentalmente contradice el capitalismo.

Según las Naciones Unidas cuando el Índice de Desarrollo Humano de las NU se combina con la huella ecológica de 182 naciones solo un país tiene una economía genuinamente sostenible. Ese país es Cuba.  El único país en el mundo que satisface las necesidades básicas (alimento, habitación, salud y educación) de todos sus ciudadanos de una manera ecológicamente sostenible.

De acuerdo a   “ Living Planet Report”  del 2014 (1),  la cantidad de tierra productiva disponible para cada persona en el planeta para vivir de una manera ecológicamente sostenible es de 1.7 hectáreas globales.  El Indice de Desarrollo Humano contiene cuatro  categorías de desarrollo humano… muy alto, alto, mediano y bajo que están determinados por los indicadores de una nación relacionados con la esperanza de vida, educación, salud y estándar de vida. Para lograr desarrollo sostenible la huella ecológica  per cápita de un país no puede exceder 1.7 hectáreas globales y su desarrollo humano debe estar en la categoría de alto o muy alto, lo que equivale a un índice de desarrollo humano de un valor sobre 0.7. Cuba es la única nación que ha logrado ambos objetivos, con una huella ecológica per cápita de 1.6 hectáreas globales  y muy alto desarrollo humano con un índice de un valor de 0.815 (44 en el mundo).

Las otra naciones logran uno u otro objetivo, pero no ambos. Las naciones ricas califican muy alto en el índice de desarrollo humano, pero tienen una huella ecológica  que excede largamente la sostenibilidad de 1.7 hectáreas globales. La de  EEUU es 6.8 y la de Canadá, 6.6, por ejemplo. Las naciones pobres mantienen una huella ecológica por debajo de 1.7 hectáreas, pero califica como “bajos” en el índice de desarrollo humano. Angola, por ejemplo, tiene una huella ecológica de 0.9, pero en el índice de desarrollo humano tiene solo un valor de  0.526 (149 en el mundo) El alto estándar de las naciones ricas se logra consumiendo la parte de recursos de los otros seres humanos. Angola tiene petróleo y los grandes beneficiarios son las compañías y consumidores del occidente. La esperanza de vida  en el país es de 51 años y solo reciben 4.7 años  de educación y la mitad del país vive en la pobreza.

Para lograr un desarrollo sostenible para todo el mundo, las naciones ricas tienen que reducir la huella ecológica  a 1.7 hectáreas globales. Si consideramos que la huella de EEUU es de 6.8 hectáreas, no hay  manera que esto pueda lograrse convenciendo a la gente  que disminuya el consumo. Mientras puedan costearlo, no lo harán ¿Cómo lo logro Cuba?… la dramática transformación se produjo en los años  90s cuando perdió su principal  aliado y suministrador de petróleo. Esto les obligo, si querían cumplir con la demanda de la satisfacción de las necesidades básicas, a  cambiar  la industria agricultural  de gran escala por pequeñas granjas orgánicas. 85% de la producción agrícola es ahora orgánica y no hay plantas de engorde animal. Hay solo una pequeña cantidad de automóviles privados en favor del uso de transportación publica. Y el país tiene un bajo consumo de muebles, ropa, zapatos y electrodomésticos porque estos artículos son reparados y rehusados para extender su vida útil en lugar de botarlos. Los cubanos no disfrutan del estilo de vida y el lujo materialista  de las naciones ricas, pero tampoco viven en la pobreza, miseria y  mortalidad  que afecta a los países del hemisferio sur dominados  por las estructuras capitalistas.  Esta es la razón, y no la cuestión de la democracia, que Cuba, para las corporaciones,  es un anatema  porque sus ganancias dependen del consumo y  la explotación de los sistemas ecológicos.

El problema para los defensores del desarrollo sostenible es que este estilo de vida no es nada de atractivo para el mundo consumidor. No hay norteamericano o europeo  o chino  que vaya a  querer vivir como los cubanos. Y, hoy día, con la llegada de los yanquis, tal vez los cubanos tampoco.

¿Cómo, entonces, se puede lograr sostenibilidad sin reducir dramáticamente los niveles de consumo? El problema, si no queremos auto engañarnos,  es que no se puede.  La promesa del mercado de que la solución técnica esta a la vuelta  de la esquina  es una pura ilusión. La sostenibilidad contradice la lógica que impulsa el sistema capitalista ¿Qué elección nos queda, entonces?   Enfocarnos en la cualidad de vida en lugar de medir la felicidad por el consumo. Cambiar los modelos de pensamiento. Imaginar otro mundo social. El problema  es que  no hay receta  para lograrlo… ¿Entonces, que  hacemos?
 
Resistir 

Y la resistencia incluye  los movimiento de grupos  que adoptan una dinámica  que no tiene cabida  dentro de la cultura capitalista, como las acciones ambientales directas, las protestas  en contra de la cultura dominante, los bloqueos y sabotajes de grupos indígenas, trabajadores,  anarquistas y otros activistas.

Estos levantamientos masivos son la fuente de fricción que  disminuye la velocidad de la maquina económica  que pareciera empezar a correr fuera de control. Según Brad Werner, investigador de sistemas complejos, los movimientos sociales del pasado muestran que tienen una tremenda influencia en como la cultura dominante evoluciona. Si pensamos en el futuro de la tierra, dice,  tenemos que incluir la resistencia como parte de esta dinámica.  Y esto no es una cuestión de opinión, sino, realmente , un problema geofísico. La explosión de un movimiento masivo puede ser la respuesta. El cambio climático puede ser la fuerza que una a todos aquellos que todavía luchan por  la justicia social… Nadie sabe cuando esto pueda ocurrir, si es que ocurra, dada la fragmentación de la vida posmoderna.  La esperanza es que históricamente estas explosiones han ocurrido. Los registros no mienten y dicen que la emisión de gases ha aumentado.  No queda mucho tiempo. Esta es la ultima década según el consenso científico.  Solo la exigencia de una “década cero” podría cambiar todo.

 Nota

1.- Ver http://www.footprintnetwork.org/en/index.php/GFN/page/living_planet_report_2014_facts/

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