Ago 11 2012
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Opini贸n

El Estado de Chile o la institucionalidad a medida del poder

Los estudiantes salieron nuevamente a las calles. Esta vez fueron menos. Y la reprimenda oficial, en la voz de la Intendenta de Santiago y luego en la del presidente de la Rep煤blica, result贸 dura y altisonante. Usaron t茅rminos entre los que menudearon las palabras delincuente y pol铆tica. Era la evaluaci贸n de una jornada violenta en que tres veh铆culos de la locomoci贸n colectiva fueron incendiados.| WILSON TAPIA VILLALOBOS.*

 

Las cifras oficiales hablan de 104 detenidos y de 43 carabineros lesionados. Nuevamente, los manifestantes civiles resultaron ilesos.

 

La intendenta Cecilia P茅rez enjuici贸 la manifestaci贸n severamente. Sin embargo, sus conclusiones son m谩s bien pobres. Todo lo adjudic贸 a 鈥渓a pol铆tica鈥. Su argumentaci贸n de fondo fue que la movilizaci贸n estudiantil hab铆a dejado de ser una manifestaci贸n ciudadana para transformarse en una expresi贸n netamente pol铆tica. Y que, adem谩s, hab铆a arrasado con la institucionalidad vigente, al ser una marcha no autorizada por ella.

 

Luego el presidente Sebasti谩n Pi帽era abund贸 en descalificaciones de los manifestantes y alert贸 sobre la violenta realidad que vive Chile. Todo ello 鈥攄ijo鈥 alentado por delincuentes que queman buses, casas, maquinarias, etc. O sea, la totalidad de los reclamos 鈥攄esde las demandas mapuche hasta los estudiantes鈥 fueron colocados en un mismo saco.
Es posible que el presidente tenga raz贸n. Que el malestar de los chilenos tenga tantas cabezas como la mitol贸gica Hidra.

 

La ministra Evelyn Matthei hizo tambi茅n su aporte. Dijo que esperaba que se castigara a los culpables de los desmanes de manera dr谩stica. Y abog贸 porque a 茅stos no les tocara la misma sala de la Corte que juzg贸 a Luciano Pitronello, el joven que, pese a perder una de sus manos al intentar colocar una bomba, no fue condenado como terrorista.

 

La ministra se escud贸 en el derecho a tener su opini贸n personal para cuestionar duramente a los jueces de este caso; as铆, endureci贸 a煤n m谩s la disputa que se mantiene entre dos Poderes del Estado: el Ejecutivo y el Judicial. Y pas贸 a darle raz贸n, pero desde otra banda, a la intendenta P茅rez en su visi贸n de que la institucionalidad chilena es constantemente mancillada.

 

Lo concreto es que la fuerza del movimiento estudiantil ha menguado. Y era un objetivo que claramente persegu铆a la autoridad. Pese a las grandes movilizaciones del a帽o pasado, ni siquiera se ha podido lograr que termine el lucro en la educaci贸n, aunque por ley de la Rep煤blica no debe existir. Otro elemento que avala que la institucionalidad chilena vale hongo para los que la pueden soslayar.

 

Y esos no son s贸lo los delincuentes encapuchados que denuncia el presidente Pi帽era. Tambi茅n hay otros que son cercanos suyos. No hay que ir muy lejos ni aguzar demasiado la mirada. Ni siquiera trasladarse hasta la dictadura para recordar a quienes, hoy en el gobierno, apoyaron el quiebre de la democracia chilena.

 

Las pruebas est谩n a煤n m谩s a la mano. El propio mandatario, ya en democracia (23 de agosto de 1992), fue objeto de una maniobra encubierta llevada a cabo por organismos de inteligencia del ej茅rcito. El empresario Ricardo Claro 鈥攃on excelentes nexos con personajes como Augusto Pinochet y Manuel Contreras鈥 utiliz贸 una grabaci贸n ilegal para desenmascarar a Pi帽era que intentaba perjudicar a su hoy ministra del Trabajo, Evelyn Matthei. La institucionalidad fue limpiamente sobrepasada en una jugada destinada a cobrar a Pi帽era antiguas deudas por negocios en que perjudic贸 a Claro.

 

Entonces la justicia chilena guard贸 un recatado silencio. Tal como lo hizo con la responsabilidad de Pinochet en los atropellos a los derechos humanos.

 

S铆, la institucionalidad chilena est谩 siendo constantemente pisoteada. Y es por eso que la crisis que se vive ha llegado hasta los estamentos sociales. Los ciudadanos ya no conf铆an en sus estructuras democr谩ticas. Saben que pueden ser torcidas de acuerdo al poder de quienes las manipulan. Este es el escenario que se tendr铆a que abordar. No limitarse, como la intendente P茅rez, a descubrir que las manifestaciones son pol铆ticas.
Ese argumento es v谩lido en una dictadura, pero la pol铆tica tiene que ser rescatada en democracia. Es su sustento.

 

Y quien no comprende aquello, simplemente no puede jugar un rol de referente en un Estado democr谩tico. Porque de hacerlo le ser谩 imposible alcanzar las soluciones que llegan mediante el di谩logo y no por la represi贸n o el desgaste de reclamos reiterados que, sin soluci贸n, desembocan en violencia.

 

Claro que es condenable la violencia, qu茅 duda cabe. No se puede recurrir a ella para resolver problemas. Pero en una sociedad, las iniquidades cierran puertas al desarrollo personal. Y si bien eso no justifica la reacci贸n violenta, al menos permite detectar que all铆 est谩 un detonante. Desactivarlo corresponde no s贸lo a los ejecutores de la violencia, sino a quienes permiten, desde el poder, que las diferencias de posibilidades sean tan marcadas entre ricos y pobres.

 

Hoy las manifestaciones estudiantiles parecen ya no concitar la adhesi贸n primigenia. Eso, pese a que la mayor parte de la ciudadan铆a apoya sus demandas. Pero todos sabemos, incluidos los propios dirigentes estudiantiles, que ning煤n movimiento puede mantenerse indefinidamente.Y, hasta ahora, a eso parece haber jugado la autoridad. Reprime a quienes protestan y no entrega soluciones para problemas que reconoce como reales.

 * Periodista.
La imagen de apertura y primera fotograf铆a corresponden, la primera al afiche del documental de Luis D铆az Bahamondes 鈥擫os hornos de Lonqu茅n, la segunda a una secuencia del mismo.

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