Feb 26 2019
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Economía

El gran problema del empleo en el mundo: consumir para poder trabajar

Seg√ļn un nuevo informe de la Organizaci√≥n Internacional del Trabajo (OIT), el principal problema de los mercados de trabajo en el mundo es el empleo de mala calidad: 700 millones de personas, obligadas a aceptar condiciones de trabajo deficientes viven en situaci√≥n de pobreza o pobreza extrema en el mundo.

Los datos recientes recabados para elaborar el informe ¬ęPerspectivas sociales y del empleo en el mundo: Tendencias 2019¬Ľ (WESO) indican que, en 2018, la mayor√≠a de los 3.300 millones de personas empleadas en el mundo no gozaba de un nivel suficiente de seguridad econ√≥mica, bienestar material e igualdad de oportunidades.

Es más, el avance de la reducción del desempleo a nivel mundial no se ve reflejado en una mejora de la calidad del trabajo. Una vez más, el informe publicado por la OIT alude a la persistencia de diversos déficits de trabajo decente, y advierte que, al ritmo actual, la consecución del objetivo de trabajo decente para todos establecido entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODES), concretamente en el ODS8, es inalcanzable para muchos países.

Mientras tanto, Deborah Greenfield,¬†Directora General Adjunta de Pol√≠ticas de la OIT, se√Īalo que ‚ÄúEl ODS 8 no solo se refiere al empleo pleno sino a la calidad del mismo, y que la igualdad y el trabajo decente son dos de los pilares del desarrollo sostenible.‚ÄĚ

 

El informe advierte de que los responsables de formular las políticas deben afrontar esta cuestión, pues de lo contrario se corre el riesgo de que algunos de los nuevos modelos empresariales, en particular los propiciados por nuevas tecnologías, socaven los logros conseguidos en el mercado laboral, por ejemplo, los relativos a formalidad laboral y seguridad en el empleo, protección social y normas del trabajo.

‚ÄúTener empleo no siempre garantiza condiciones de vida dignas‚ÄĚ, se√Īal√≥ Damian Grimshaw, director del Departamento de Investigaciones de la OIT. ‚ÄúPor ejemplo, un total de 700 millones de personas viven en situaci√≥n de pobreza extrema o moderada pese a tener empleo.‚ÄĚ

A esto debemos agregarle, otro problema, que es la persistencia del empleo informal: en esta categor√≠a hay nada menos que dos mil millones de trabajadores, el 61 por ciento de la poblaci√≥n activa mundial. Otro aspecto preocupante es que m√°s de una de cada cinco personas j√≥venes (menores de 25 a√Īos) no trabaja, ni estudia, ni recibe formaci√≥n, por lo que sus perspectivas de trabajo se ven comprometidas.

La contracara del informe

Tal vez, sea la paradoja de nuestro tiempo, que aquellos que detentan el poder se sienten demasiados cómodos, como para preocuparse del dolor de quienes sufren, y quienes sufren no tienen el poder. Muchas veces en este ejercicio dialéctico de los informes, las injusticias más profundas se hacen difíciles de explicar, a pesar de que se trata de algo con lo que todos de una manera u otra estamos familiarizados.

En este caso, no es difícil de convencerse, ya que hablamos del desempleo. La pobreza de los trabajadores, la informalidad y el empleo vulnerable son algunos de los problemas crónicos de los mercados laborales a través del mundo. A pesar de dos décadas de crecimiento económico, seguimos enfrentando debilidades estructurales en los mercados de trabajo.
Mas grave a√ļn, en los oasis del capitalismo los altos √≠ndices de empleo y el aumento de la productividad, ocultan los persistentes y preocupantes d√©ficits de trabajo decente.

Muchas personas, sobre todo en las economías en desarrollo, (eufemismo del capitalismo marginal) o aun en las economías industrializadas, siguen sin tener otra opción que aceptar empleos con malas condiciones de trabajo que no generan ingresos estables, ni los protegen a ellos y a sus familias de la pobreza a largo plazo.

A pesar de las importantes ganancias econ√≥micas de las empresas, hay demasiados trabajadores que apenas ganan lo suficiente para sobrevivir. Cualquier crisis familiar ‚Äďun accidente o muerte del sost√©n de la familia, la p√©rdida del empleo, un desastre natural, una mala cosecha, etc.‚Äď amenaza con arrastrarlos nuevamente a la pobreza extrema.

Consumir para poder trabajar

Nadie puede negar la utilidad de estos informes, ellos se basan en estadísticas, datos y cifras elocuentes a la vez que se proponen agendas internacionales llenas de ilusiones, pero siempre adolecen de la carencia de un enfoque transformador de la realidad.

Muchas veces nos invade el sentimiento que hablar de las injusticias del capitalismo, lo que en las ‚Äúmultinacionales del humanismo‚ÄĚ est√° prohibido, es un tema tab√ļ. No obstante, este es el pecado original por el cual se desatan todas las cat√°strofes humanitarias, de un sistema condenado por la historia.

Es necesario ampliar el diagnóstico, ver el compromiso de su tratamiento, destacando o enfocando estas realidades desde una percepción marxista respecto a las crisis económicas en el sistema capitalista y su relación con el empleo.

Es inherente a todo sistema capitalista la existencia de periodos de auge y de depresión en sus economías. Los periodos de auge, bonanza o prosperidad derivan siempre en crisis de sobreproducción, las cuales a su vez provocan periodos de depresión o recesión de la actividad económica, con los consiguientes altos niveles de desempleo.

En la fase de prosperidad del ciclo, encontramos la apertura de mercados debido a la incorporación de nuevos segmentos de la población, nuevos sectores productivos, nuevas técnicas de producción e incremento de la inversión y el empleo. Estas crisis capitalistas, en realidad son consecuencia de una insuficiente demanda de las mercancías y no por bajas en la producción. En este sentido, para que se produzca una crisis es suficiente que los productores y vendedores de mercancías no encuentren clientes para sus productos.

Ante esta situación y al ver que disminuye su tasa de ganancia, a uno de estos productores se le puede ocurrir despedir mano de obra y aumentar la intensidad del uso laboral (generar mayor plusvalía mediante la explotación del trabajador) o aumentar la robotización en sus empresas, con la finalidad de bajar costos y recuperar su tasa de ganancia.

Pero si los dem√°s capitalistas hacen lo mismo, el poder de compra disminuir√° debido a que existe un volumen mayor de trabajadores desempleados, con lo que la tasa de ganancia seguir√° baja y la crisis se generalizar√° a todo el sistema.

Esta viene a ser en la realidad una situación muy frecuente. La acumulación dentro del sistema capitalista provoca necesariamente una superpoblación obrera, que se convierte a su vez en palanca de la acumulación de capital y en una de las condiciones de vida del régimen capitalista de producción. Es así como se constituye un ejército industrial de reserva, es decir un contingente disponible que pertenece de modo absoluto al capital, y este lo mantiene a sus expensas.

Por lo tanto, la crisis econ√≥mica en las econom√≠as capitalistas se caracteriza por una interrupci√≥n en el proceso normal de desarrollo de la producci√≥n y por una considerable baja de la mano de obra utilizada. Estas vienen a ser las consecuencias de las crisis y no sus causas, como ‚Äúerr√≥neamente‚ÄĚ se piensa.

Esta es la ense√Īanza fundamental del capitalismo, ausente de los informes: consumir para poder trabajar, y no a la inversa. Es que la existencia de millones de trabajadores no puede ser asegurada sino mediante el despilfarro sistem√°tico de las riquezas que ellos producen. Y hay todav√≠a algo peor que la forzosa necesidad de consumir para que funcione la econom√≠a: el despilfarro sistem√°tico de las riquezas y el sometimiento del trabajo a sus productos.

Esta es la necesidad: para que pueda seguir funcionando un sistema as√≠ constituido, se reserva solo una m√≠nima parte de lo producido para invertir en las necesidades p√ļblicas (escuelas, hospitales, seguridad social) y en los servicios colectivos que no originan beneficios para el capital.

El despilfarro (dos, tres, autom√≥viles por familia, el r√°pido desgaste social de los aparatos dom√©sticos y su continua renovaci√≥n; un celular en manos de ni√Īos de 3 a√Īos, un televisor en cada habitaci√≥n, miles de toneladas de desechos industriales tirados a la basura y la canilla (el grifo) de agua caliente abierta durante toda la afeitada) pasa a ser, en este orden de cosas, un fin, una √©tica social.

De ese modo se produce una fuga hacia adelante, una fuga frente a todas las exigencias más genuinas en el plano nacional e internacional, que vuelve siniestramente hipócrita todo anuncio de cambios estructurales y estas nuevas bases de negociaciones en los organismos internacionales, de empleos decentes, empleos verdes, para agendas inconclusas e informes que se repiten indefinidamente.

 

*Periodista uruguayo, corresponsal de prensa en la ONU-Ginebra, analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

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