Abr 12 2012
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OpiniónPolítica

El irresponsable y el idiota: ambos cobardes

Es indignante la forma en que el fascista Capriles Radonski trata de evadir olímpicamente sus responsabilidades en el golpe de Estado en Venezuela en abril de 2002. Asumiendo una posición supuestamente eclética, el candidato de la burguesía declaró que “todos los golpes son malos” y que son dados por los militares. | NÉSTOR FRANCIA.*

 

De esta manera, cobardemente, le echa las culpas de lo ocurrido hace diez años solo a los militares y libera de responsabilidad, en consecuencia, a la canalla mediática, a los partidos políticos, a la jerarquía católica, a los gremios empresariales, a la meritocracia petrolera, a las cúpulas sindicales corruptas, al imperialismo.

 

Además, tergiversando la realidad histórica, el personajillo afirma que “El 11 de abril de 2002 le dieron un golpe de Estado a quien dio un golpe de Estado en 1992”, pretendiendo ignorar que Chávez, en ese momento como ahora, era el presidente constitucional elegido democráticamente no solo en 1998, sino además ratificado de la misma manera en el año 2000.

 

Capriles recriminó a Chávez por condenar el golpe en su contra y a la vez conmemorar la rebelión militar del 4 de febrero de 1992. Lo que pasa es que la burguesía fue derrotada por el pueblo en 2002. Si no, Capriles y toda la caterva de fascistas estarían celebrando el 11 de abril como el día en que se habría “rescatado la democracia”.

 

Pronto habrá que ungir a este caballero como el rey de la irresponsabilidad, de la hipocresía, de la manipulación.

 

Nosotros sostenemos que el 11 de abril de 2002 no puede ser ubicado en el pasado. Diez años es un segundo en el tiempo histórico, de manera que desde esa perspectiva, el golpe está ocurriendo en tiempo presente. De hecho, las circunstancias son básicamente iguales: los mismos factores en lucha de clases, el mismo imperialismo promoviendo la contrarrevolución, los mismos actores políticos, la misma canalla mediática promoviendo la violencia y la desestabilización, los mismos objetivos de restauración neoliberal.

 

Algunos individuos se han cambiado de bando, las instituciones de la revolución están más fortalecidas, el pueblo está mejor organizado, la contrarrevolución ha adaptado sus tácticas a esas realidades. Pero el escenario general es igual, aquella fue una batalla de la misma guerra. La demostración de ello es el entusiasmo con el que Pedro Carmona Estanga está respaldando la candidatura de Capriles.

 

Según opinó en su exilio el espurio presidente del 11 y 12 de abril, las elecciones del 7 de octubre son “un rayo de luz y de esperanzas”, porque pueden traer un “rescate de la democracia” en Venezuela, y afirmó que “Pese a las inmensas asimetrías derivadas del ventajismo oficialista, no es imposible un triunfo electoral, si el país reacciona como lo hizo en procesos previos en que fue capaz de derrotar al aparato oficialista”.

 

Deberíamos difundir estas declaraciones a los cuatro vientos, para que quede claro que el majunche es el candidato de Carmona Estanga.

 

Por otra parte, los efectos de la reunión estratégica que realizó la derecha recientemente en Colombia, para tratar de trazar nuevo rumbos a la problematizada candidatura de Capriles, se empiezan a sentir.

 

Por un lado, el majunche está tratando de presentar propuestas, por más rocambolescas que parezcan. No solo está anunciando que presentará un “plan de empleos”, sino que ahora se aparece con un monstruo de Frankenstein llamado “ley de Misiones para todos por igual”, para lo cual dice que se recogerá firmas próximamente, aduciendo que no se quiere que los venezolanos tengan que usar una franela de color para tener acceso a los programas sociales.

 

Esto de pretender utilizar los logros de Chávez para su campaña no hace sino ratificar lo que dicen todas las encuestas sobre el ascenso de la popularidad del Presidente y el gran aprecio que siente el pueblo por las misiones sociales. Hay sin duda en este show contrarrevolucionario un síntoma de desesperación: la señalada “ley” es una rara e intragable mezcla de chicha con limonada. Y lo que dice el majunche sobre la “franela de un color” es una mentira que todos los beneficiarios de las misiones pueden reconocer por su propia vivencia.

 

Todo el que haya visto las recientes colas para inscribirse en las misiones Vivienda Venezuela, Saber y Trabajo o Hijos de la Patria, sabe que la mayoría de esos inscritos van vestidos como paisanos comunes y corrientes, y no llevan ninguna franela roja. Lo mismo puede constatar cualquiera en las colas de PDVAL y Mercal para adquirir alimentos, o en los mercados Bicentenario para adquirir otros productos, como equipos y enseres del hogar. Igualmente, en ninguna de las planillas de inscripción figuran datos sobre filiación o preferencias políticas.

 

No hay ninguna duda de que el mundo virtual que intenta pintar Capriles se estrella contra la realidad.

 

Por otra parte, el majunche comienza a cargar contra Chávez directamente, hasta mencionándolo por su nombre. Este es otro cambio en la estrategia electoral de la derecha, que está buscando resucitar al muerto

 

¿Tendrán efectos estos cambios? Lo dudamos, ya hemos dicho que el problema no es el discurso, sino el candidato, que no es creíble, no importa lo que diga.

 

Ya vimos como esto pasó con María Corina Machado en las primarias opositoras. Le cambiaron el discurso y hasta el lema (del angelical “Viene María” al agresivo “Vota duro”), pero no funcionó, porque el problema era ella. Claro, para la derecha se trata también de halar hacia sí los votos de cierto antichavismo indeciso que siente rechazo por Capriles. Para la contrarrevolución se trata al menos de reducir la ventaja de Chávez, en la perspectiva de que su Plan B pueda pasar a ser el Plan A: cantar fraude y armar la conspiración.

 

El caso del “mánager” venezolano del equipo de beisbol estadounidense

 

Marlins —de Miami— es muy revelador. No vamos a perder el tiempo comentando las humillantes piruetas que da este patético y lamentable personaje, gran figura del deporte, sin duda, pero un perfecto imbécil en lo personal. Si algún sentimiento puede despertar Guillén en nosotros, es la lástima.

 

Más bien nos interesa enfocarnos en las presiones que desde el poder que detentan, ejerce la gusanera cubana que ocupa Miami contra cualquiera que ose opinar en contra de sus intereses bastardos, y también en la hipocresía que se esconde tras las declaraciones de los contrarrevolucionarios de toda laya en torno al concepto de la “libertad de expresión”.

 

Las presiones de la gusanera han llevado a Guillén a retractarse de manera abyecta y humillante de su “admiración” por Fidel Castro, expresada en una entrevista publicada por la revista Time. El manager de los Marlins pidió perdón “con el corazón en la mano y de rodillas” a la gusanera cubana, con el ridículo argumento de que “Lo que quería decir en español, lo dije mal en inglés”.

 

Como se sabe, Guillén tiene más de veinte años viviendo en Estados Unidos, y hasta posee la nacionalidad estadounidense, por lo tanto está mintiendo, sin duda.

 

Pero el fondo del asunto es que Guillén solo dio una opinión, lo cual es un derecho universalmente consagrado. Pero ninguno de los frenéticos defensores de la “libertad de expresión” ha dicho ni pío sobre este tema, sino que han “lamentado” el “error” del manager venezolano y no tocan ni con el pétalo de una rosa a la jauría de los gusanos que piden la renuncia de Guillén y amenazan con un boicot a los juegos de los Marlins en su estadio.

 

La directiva de los Marlins decidió suspender por cinco juegos sin salario al manager “efectiva e inmediatamente” por los comentarios realizados sobre Fidel Castro, y los comisionados de la ciudad, de origen cubano, Joe Martínez y Francis Suárez, pidieron la renuncia de Guillén. Los directivos del equipo sí pudieron opinar sin cortapisas y divulgaron un comunicado donde afirman que Fidel “Es un dictador brutal que ha causado inimaginable dolor por más de 50 años. Vivimos en una comunidad llena de víctimas de esta dictadura, y la gente en Cuba sigue sufriendo hoy”.

 

La hipocresía de la caterva de la derecha se hace patente en un artículo sobre el tema que escribe el empleado de la SIP Ricardo Trotti. Claro, por sus vinculaciones contractuales con la entente de los dueños de medios del continente, este agente argentino no puede dejar de mencionar la “libertad de expresión”, pero veamos como lo hace:

 

“Si bien cada individuo tiene derecho a la libertad de expresión, ésta no solo conlleva responsabilidades sino también sentido común, lo que ayuda a neutralizar las consecuencias… A veces la irresponsabilidad de lo dicho puede transformarse en apología de la violencia, incentivar el odio u ofender sin ninguna razón a una serie de víctimas”.

 

Trotti justifica, como se puede ver fácilmente, el acoso de la gusanera cubana contra la libertad de expresión de Oswaldo Guillén. Pero, además, el empleado de la SIP confunde adrede todos los conceptos para profundizar en esa justificación y en la negación de los derechos del manager venezolano:
“Gritar o hacer propaganda a favor de grupos neonazis es penado por la ley tanto en Israel como en Alemania; participar en una congregación de afroamericanos y gritar a favor del Ku Klux Klan sería irresponsable, así como también gritar fuego en una Iglesia o un cine atestado de gente”.

 

¿Hizo Guillén algo parecido a esto que señala Trotti? Claro que no, pero que todo sea dicho para la complacencia de Su Majestad, el gusano mayamero.

 

De todas formas, Guillén tiene bien merecido que sus compinches lo traten de esa manera. Al fin y al cabo, se humilla porque también estará pensando en los diez millones de dólares que le pagarán los Marlins durante los próximos cuatro años, si es que la gusanera cubana no termina sacándolo a patadas.
——
* Periodista.

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