Ene 12 2021
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Ciencia y TecnologíaCultura

El libro y sus enemigos

¬ŅEs Internet¬† la √ļltima¬† tecnolog√≠a que nos llevar√°¬† a una nueva edad de oro? … ¬ŅO la que nos hundir√° mucho¬† m√°s en la mediocridad y el narcisismo? ¬†Desde¬† hace alg√ļn tiempo la experiencia viene indicando¬† que el contenido del medio es menos importante que el medio mismo¬† en la determinaci√≥n de c√≥mo pensamos y actuamos. Si todav√≠a dudamos de esta influencia probablemente sea porque los efectos de la tecnolog√≠a digital no ocurren al nivel de los conceptos y opiniones, sino al nivel de los dise√Īos¬† de la percepci√≥n, es decir, del sistema nervioso mismo que altera continuamente sin ninguna resistencia de nuestra parte.

Seg√ļn el lugar com√ļn,¬† la tecnolog√≠a no es buena ni mala. Lo que cuenta es c√≥mo la usamos. ‚ÄúNo son las pistolas las que matan. Son los seres humano los que lo hacen‚ÄĚ.¬† ¬ŅRealmente? McLuhan ¬†observaba que hemos llegado a una importante coyuntura en nuestra historia¬† cultural, un momento de transici√≥n entre dos diferentes modos de pensar. Estamos¬† dejando de lado nuestro viejos procesos de pensamiento lineal en beneficio de ¬†las riquezas¬† del Internet. Reemplazamos la calma, el enfoque y la ausencia de distracci√≥n¬† de la mente lineal por una mente que quiere y necesita informaci√≥n corta, inconexa y r√°pida. Viasat quiere dar internet a clientes de alto valor sin acceso o con mal servicio

En opini√≥n del cr√≠tico cultural Nicholas Carr, en las √ļltimas cinco centurias,¬† desde la invenci√≥n de la prensa, la lectura lineal del libro fue una ocupaci√≥n popular. La mente literaria¬† ha estado al centro del arte, la ciencia y la sociedad. Ha sido la mente imaginativa del Renacimiento, la mente¬† racional¬† del Siglo de las Luces, la mente inventiva de la Revoluci√≥n Industrial ¬†y la mente subversiva del Modernismo. Puede que muy pronto solo sea la mente de ayer.

En 1913 el eminente f√≠sico espa√Īol Santiago Ram√≥n y Cajal declar√≥ que en¬† los centros del cerebro adulto las v√≠as nerviosas¬† son fijas, inmutables y nada puede ser regenerado. Diferentes regiones del cerebro, e incluso los circuitos cerebrales, juegan papeles definidos en el procesamiento de¬† la informaci√≥n sensorial y ¬†los que dirigen ¬†el movimiento de los m√ļsculos y la formaci√≥n de recuerdos y pensamiento. Estas funciones ¬†se establecen en la infancia y ¬†no son alterables.

La idea de un cerebro adulto inmutable  fue la creencia dominante de la comunidad científica hasta la segunda parte del siglo XX.  En 1983 el científico Merzenich publica un artículo en el que da a conocer los resultados de sus experimentos con el cerebro de un mono que son completamente opuestos a la creencia de que los sistemas sensoriales se pueden reducir a una  serie de  estructuras fijas.  Mirando hacia atrás, dice,  me di cuenta de que había encontrado la evidencia de la neuroplasticidad.

Su minucioso trabajo, rechazado al comienzo, empieza a ser considerado seriamente por la comunidad neurol√≥gica. Con el avance de la ciencia del cerebro, la evidencia se fortalece. El uso de nuevos equipos y microelectrodos confirman las conclusiones de Merzenich y revelan que la plasticidad no se limita s√≥lo a la corteza somatosensorial, sino que es universal. Virtualmente todos los circuitos nerviosos est√°n sujetos a cambios. Nuestras neuronas siempre est√°n rompiendo las conexiones viejas¬† y formando nuevas y nuevas c√©lulas siempre est√°n siendo creadas, seg√ļn el neur√≥logo James Old.

Aunque todav√≠a no sabemos c√≥mo, el cerebro tiene la habilidad de reprogramarse a s√≠ mismo alterando la forma en que funciona. La din√°mica esencial de la neuroplasticidad se resume en la norma de Hebb: ‚ÄúLa c√©lulas que disparan juntas permanecen juntas‚ÄĚ. La forma en que pensamos, percibimos y actuamos no est√°n determinadas enteramente por nuestros genes o por las experiencias de nuestra infancia. PLey de Hebb: la base neuropsicol√≥gica del aprendizajeodemos cambiar todo ello¬† a trav√©s de la forma en que vivimos y, m√°s importante, de los instrumentos que usamos.

Y no solo las actividades f√≠sicas pueden cambiar nuestro ¬†cerebro. La actividad puramente mental ¬†puede tambi√©n alterar los circuitos neuronales. Pascual-Leone condujo un experimento en donde le ense√Ī√≥ a un grupo de participantes, sin experiencia en tocar piano, una peque√Īa pieza musical. Luego dividi√≥ el grupo en dos. Uno practic√≥ dos horas durante¬† cinco d√≠as la melod√≠a en un teclado. El segundo grupo se sent√≥ frente al teclado por el mismo tiempo, pero s√≥lo imagin√≥ tocar la melod√≠a, sin tocar el teclado.

Usando la técnica de la estimulación magnética craneal  Pascual-Leone mapeó la actividad craneal antes, durante  y después del test. Lo que descubrió es que los que sólo imaginaron tocar la melodía mostraron los mismos cambios cerebrales que los que realmente tocaron el teclado. Aquí  podríamos decir que llegamos a ser, neurológicamente hablando, lo que pensamos. Podemos alegrarnos que nuestros mecanismos mentales son capaces de adaptarse a nuevas experiencias. Es esta flexibilidad  la que nos permite  escapar al determinismo genético.

El problema es que la neuroplasticidad  también impone su propia forma de determinismo en nuestras conductas. Una vez que creamos  nuevos circuitos en el cerebro,  tendemos a mantenerlos activados en la forma de  hábitos que permiten  acciones  rutinarias más rápidas y eficientes. Pero, habría que agregar, los cambios plásticos no representan necesariamente una ganancia para el sujeto. Además de ser el mecanismo del aprendizaje y desarrollo pueden ser también la causa de mecanismos patológicos. Las adicciones, por ejemplo, fortalecen los circuitos cerebrales  transformándolos  en conexiones mortales.

La posibilidad de la decadencia intelectual es parte de la maleabilidad del cerebro. Cada tecnología  expande nuestra fuerza física, amplía nuestros sentidos y remodela la naturaleza. La máquina de escribir, el ábaco, el sextante, el globo, el libro, el periódico, la biblioteca, la computadora y la Internet, por ejemplo, son parte de esos  instrumentos que mayor impacto tienen en cómo y qué pensamos. Es evidente  que los avances técnicos  marcan momentos cruciales en la historia. Menos evidente es la influencia que  las técnicas intelectuales tienen  en el flujo químico de las sinapsis  que  determinan como funciona el cerebro.

Leer un libro en silencio requiere la habilidad de concentrarse intensamente por un largo tiempo, de perderse y sumergirse en sus letras. Tal habilidad no es f√°cil de lograr. Nuestro estado natural, como animales que somos, es el de la distracci√≥n, del cambio constante de¬† la mirada y atenci√≥n, de estar consientes¬† de lo que est√° pasando alrededor.¬† Esta actitud ha sido crucial en nuestra sobrevivencia a trav√©s de nuestra historia. Concentrado Peque√Īo Hermano Y Hermana Leer Libros En El Sof√° En Casa Foto de stock y m√°s banco de im√°genes de Alimento - iStock

Leer un libro, dice Carr,  es un proceso antinatural que exige la atención sostenida en un solo objeto estático. Para ello es necesario entrenar el cerebro para ignorar todo lo que está ocurriendo en el ambiente. La habilidad de enfocarse en una sola tarea  es una anormalidad en la historia de nuestro desarrollo sicológico. Por supuesto, muchos cultivaron esta capacidad  antes  que apareciera el libro. Entre ellos el cazador, el artesano, el ascético. Lo que es diferente en la lectura de un libro es la profunda concentración combinada con  el eficiente y activo desciframiento e interpretación del significado del  texto.

La lectura de la secuencia de las p√°ginas impresas es valiosa, no solo por la informaci√≥n que obtenemos, sino tambi√©n por la forma en que el escrito promueve ¬†vibraciones intelectuales en nuestra mente.¬† Creamos ¬†asociaciones, extraemos conclusiones y analog√≠as, desarrollamos nuestras propias ideas. ‚ÄúPensamos profundamente en tanto leemos profundamente‚ÄĚ.¬† A diferencia de la meditaci√≥n, que es el vac√≠o de la mente,¬† la lectura libresca la llena y repone.

Las √ļltimas investigaciones en los efectos neurol√≥gicos de la lectura lineal muestran que el lector mentalmente simula cada nueva situaci√≥n que encuentra en la narrativa y las¬† acciones y sensaciones que encuentra ¬†son integradas en el conocimiento y experiencia ¬†personal, lo que indica que la lectura ¬†no es una actividad ¬†puramente pasiva.

Después  de más de cinco siglos,  la imprenta y sus productos empiezan a ser desplazados del centro de la vida intelectual. Primero por la radio, el cine, el fonógrafo y la televisión. Afortunadamente, debido a su limitada capacidad para transmitir la palabra escrita, estos no pudieron reemplazar al libro. Con la revolución electrónica la cosa es diferente. La pantalla de estos artefactos, con su capacidad de reproducir y compartir  textos, está en mejor posición para reemplazar al libro.

El problema es que nos introduce a un lugar bien diferente¬† del de la p√°gina escrita. Con ella una nueva forma intelectual empieza aLibros digitales y dispositivos de lectura, ¬Ņdos mercados indisociables? | blok de bid¬† tomar lugar que desv√≠a otra vez los circuitos cerebrales. El acto cognitivo de leer usa no solo la vista, sino tambi√©n el tacto. Toda lectura libresca es multi sensorial. El cambio del papel a la pantalla, adem√°s de cambiar la forma que navegamos un escrito, influye notoriamente en el grado de atenci√≥n ¬†y profundidad que le dedicamos.

Los ‚Äúhiperlinks‚ÄĚ, por ejemplo, alteran la experiencia del medio digital. Los enlaces no s√≥lo nos llevan a otros trabajos suplementarios, sino que nos impulsan a ellos. Nos estimulan a rastrear una serie de textos, a saltar de uno a otro constantemente en lugar de dedicarle una atenci√≥n sostenida a uno solo de ellos. Nuestra fijaci√≥n a un texto se vuelve provisional, tenue y fragmentada. La combinaci√≥n de diferentes tipos de informaci√≥n en una sola pantalla distrae nuestra concentraci√≥n. ¬†Una sola p√°gina puede contener unos pocos pedazos de ¬†texto, un v√≠deo, varios comerciales, enlaces a otros sitios, etc. etc.

Mientras leemos el texto, llega un e-mail, el tel√©fono m√≥vil avisa la llegada de un ‚Äútexto‚ÄĚ,¬† la pantalla avisa que tenemos ¬†nuevos mensajes de Facebook y Twitter. En esta cacofon√≠a de est√≠mulos, la concentraci√≥n¬† hace mutis por el foro. Y mientras m√°s se expanda el Internet, m√°s se contraen los otros medios.

Por ahora el libro f√≠sico¬† todav√≠a existe y no hay raz√≥n para creer que desaparecer√° en el pr√≥ximo futuro. Pero, a la larga, la lectura del libro, como la hemos definido, se aproxima a su crep√ļsculo cultural. El silencio, el arte de la concentraci√≥n y memorizaci√≥n son ¬†totalmente desechables. Seg√ļn algunos educadores es tiempo de abandonar la lectura profunda, ¬†‚Äúel mundo lineal y jer√°rquico del libro‚ÄĚ y entrar en el mundo de la ‚Äúconectividad ubicua y la proximidad penetrante‚ÄĚ y ‚Äúdescubrir el significado emergente de contextos que est√°n en un flujo continuo‚ÄĚ.

¬ŅQu√© impacto tiene todo esto en la mente? Junto con el alfabeto y el sistema num√©rico, Internet es la tecnolog√≠a m√°s poderosa en la alteraci√≥n de la mente que ha existido en la historia humana… ¬ŅBueno o malo?¬† La lectura de libros muestra intensa actividad en las regiones asociadas con el lenguaje, la memoria y la vista, pero no actividad en la regi√≥n prefrontal. Los usuarios de Internet, en cambio, muestran una intensa actividad a trav√©s de todas las regiones del cerebro cuando escanean la ‚Äúweb‚ÄĚ.

Este exceso de actividad impide la habilidad de hacer las conexiones mentales que la lectura profunda posibilita y nos convierte ¬†en meros descifradores de informaci√≥n. De cultivadores de conocimiento personal ahora nos¬† convertimos en recolectores ¬†y juglares de datos electr√≥nicos. La actividad m√ļltiple de Internet, seg√ļn¬† el neur√≥logo Jordan Grafman,¬† obstaculiza el pensamiento profundo y creativo.¬† Internet, en su lugar nos facilita la ubicuidad. Pero, como dec√≠a S√©neca… ‚ÄúEstar en todas partes es ¬†estar en ninguna parte‚ÄĚ.

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