Mar 29 2018
1558 lecturas

Sociedad

El mentiroso

¬ŅCu√°ntas veces mentimos al d√≠a? ¬ŅCu√°ntas veces emitimos juicios que sabemos que son falsos? Seg√ļn algunas estimaciones, alrededor de doscientas veces al d√≠a. Seg√ļn otras, un promedio de trece veces a la semana sin contar ciertas formas de enga√Īo que ocurren en dos tercios de todas las conversaciones que llevamos a cabo. Un evento rutinario, parte de nuestra vida y, con un cierto cinismo, podr√≠amos decir una necesidad social y profesional. ¬ŅEs esto un signo de la decadencia de nuestra √©poca?

No hay evidencia de que en tiempos pasados haya habido algo as√≠ como un nirvana √©tico. Aunque no nos guste reconocerlo la tendencia a mentir es natural, espont√°nea y universal. Junto con nuestra capacidad para hablar tambi√©n se desarroll√≥ nuestra habilidad para mentir, que le dio a los humanos una cierta ventaja para sobrevivir. Desde el comienzo, seg√ļn hace notar el ensayista Ralph Keyes, el lenguaje estuvo cercanamente relacionado con el momento en que el animal humano invent√≥ una historia para enga√Īar a una tribu enemiga, para disculparse del error que pudo haber cometido o para ocultar algo.Imagen relacionada

Imaginemos a un miembro de la tribu que por distra√≠do pierde su lanza y vuelve a los suyos con las manos vac√≠as al no poder cazar. ¬ŅQu√© dice? Este problema pasa por un gran esfuerzo de la imaginaci√≥n. ‚ÄúLa tribu enemiga me embosc√≥ camino al r√≠o, pero fui capaz de defenderme y salir vivo del asalto. Desgraciadamente, durante el evento me robaron la lanza por lo que no pude traer ning√ļn alimento.‚ÄĚ

¬ŅNo es en las primeras falsedades donde podemos ver el nacimiento de la creatividad y de esas actividades tan admirables como la poes√≠a y la literatura? No es por casualidad que el novelista Ernest Hemingway dijera que no era antinatural que los mejores escritores fueran mentirosos. Una vez que las palabras pudieron usarse para describir el mundo… ¬Ņpara qu√© adherirse a los hechos? Ellas pueden servir para describir lo que es y, tambi√©n, lo que no es, algo que requiere un vocabulario m√°s amplio y mayores poderes cognitivos que se traducen en nuevas sinapsis cerebrales.

¬ŅDe donde nos viene entonces este llamado a la honestidad? Seg√ļn Darwin, a la naturaleza no le importa en absoluto si los p√°jaros, las mariposas, las ara√Īas, los chimpanc√©s o los humanos son honestos o no. Su √ļnico inter√©s es si una conducta es adaptativa o no. La honestidad es algo que aprendemos y no una virtud innata. Todos los humanos tenemos deseos competitivos para enga√Īar o para ser honestos. Ambos, seg√ļn las circunstancias, pueden aumentar nuestras ventajas para sobrevivir f√≠sica o socialmente.

El enga√Īo aumenta la habilidad para cazar, evadir a los animales de rapi√Īa y frustrar al enemigo. Dentro del grupo la cosa es diferente. La estabilidad social no ser√≠a posible si el fraude y la deshonestidad fueran la norma. La cosa, entonces, no es tanto ser honesto porque es lo correcto, sino porque sin honestidad no ser√≠a posible la vida en comunidad.

Resultado de imagen para mentirosoLa obligaci√≥n rec√≠proca era una raz√≥n mucho m√°s fuerte que cualquier otra raz√≥n teol√≥gica o espiritual. Cada sociedad regula la honestidad a su manera. Con tab√ļs, sanciones o normas. Pero, no muchas creen que la mentira siempre es mala. Los Incas, por ejemplo, pon√≠an al mentiroso en prisi√≥n y los griegos pon√≠an a los dioses mentirosos en un pedestal. El problema para toda sociedad es determinar cuando una mentira es permisible.

Para las sociedades modernas la mentira es mucho m√°s devastadora que para las antiguas. El soci√≥logo Georg Simmel dice que la mentira es algo que cuestiona el fundamento mismo de nuestra vida. Si fuera un pecado insignificante, como lo era entre los dioses griegos, o si no la control√°ramos con leyes morales severas la organizaci√≥n de la vida moderna simplemente ser√≠a imposible. La vida contempor√°nea, dice, es una ‚Äúeconom√≠a de cr√©dito‚ÄĚ en un sentido mucho m√°s amplio que el estrictamente econ√≥mico.

Y, sin embargo, seguimos mintiendo. Seg√ļn los antrop√≥logos en la mayor parte de las sociedades existe un estricto c√≥digo de honestidad junto con frecuentes intentos de violarlo. Los miembros de una peque√Īa comunidad tienden a mentir menos porque el contacto regular, la proximidad de unos con otros ayuda a mantener la honestidad. Si hoy d√≠a padecemos de una escasez de veracidad no es porque en el pasado hubi√©semos tenido una mayor conciencia moral, sino porque el contacto cara a cara era m√°s frecuente.Resultado de imagen para sociedad

El temor de ser cogidos en una mentira era una buena raz√≥n para no enga√Īar al pr√≥jimo. Hoy d√≠a cuando las conexiones humanas son m√°s d√©biles debido a la globalizaci√≥n y al crecimiento gigantesco de las ciudades es m√°s f√°cil que el inter√©s personal se imponga por sobre el de la comunidad y, no por sorpresa, la mentira se vuelva menos reprochable.

¬ŅY por qu√© mentimos, si decir la verdad ser√≠a m√°s f√°cil? La respuesta m√°s obvia es para salir adelante, hacer dinero, evitar la verg√ľenza, evitar conflictos, salvar una situaci√≥n, manipular a otros, autopreservaci√≥n, porque a veces es el mal menor, etc.

Junto con √©stas hay otras menos obvias que, seg√ļn los sic√≥logos, reflejan necesidades m√°s profundas. Las mentiras acerca de s√≠ mismo, el autoembellecimiento, seg√ļn el sic√≥logo David McClelland, ocurre con m√°s frecuencia entre aquellos que combinan una d√©bil autoimagen con un gran poder de imaginaci√≥n. La incertidumbre real acerca de qui√©n uno realmente es y el deseo de crear alg√ļn tipo de identidad o autenticidad surgen de la profunda necesidad de experimentar la sensaci√≥n de que uno realmente existe.

Resultado de imagen para autoimagenEl mentir constantemente acerca de uno mismo no es tanto para lograr algo, sino para promover la propia moral, mejorar la autoimagen y proveerse a s√≠ mismo el aparato emocional con el que pueda seguir teniendo esperanzas:¬†algo as√≠ como una ruidosa cortina de humo que cubra la insignificancia de lo que somos. Los estudios de conductas enga√Īosas muestran que mientras m√°s preocupados estemos acerca de la opini√≥n de los otros, m√°s probable es que mintamos para mejorar nuestra imagen.

Lo que escapa a los estudios sicol√≥gicos, sin embargo, es el hecho de que las mentiras tambi√©n pueden ser excitantes, atractivas y creativas y, por eso, la mayor√≠a de las sociedades proveen alguna forma de enga√Īo l√ļdico como el D√≠a de los Inocentes, por ejemplo. El mentiroso l√ļdico se ve a s√≠ mismo como un aventurero audaz. En su mente el ser honesto no presenta ning√ļn riesgo. Cada vez que altera la verdad, en cambio, pone su suerte en juego y desaf√≠a el destino para ver cu√°ntas mentiras puede lanzar al tapete sin ser descubierto. Para decir la verdad no se necesita habilidad, nervios ni imaginaci√≥n. Pero, para mentir, s√≠ necesitamos de todo esto.

Reconocer que la mentira ocurre rutinariamente y que la tolerancia al enga√Īo se ha puesto de moda no significa que es una pr√°ctica aceptable. Podemos aceptar todos los argumentos cr√≠ticos del posmodernismo, incluso, de vez en cuando, podemos tambi√©n aceptar la mentira porque es dif√≠cil evitarla o porque es el mal menor. Pero, lo que no podemos aceptar es que la verdad es innecesaria porque es inalcanzable.

Decir la verdad consistentemente requiere coraje, determinación y voluntad y es esto lo que contribuye a crear sociedades más estables al tener sus miembros más confianza entre sí. Mientras más unidos nos sentimos unos con otros, menos posibilidades existen para defraudar al otro. Así como la mentira degrada las conexiones humanas, la veracidad promueve la unión de la gente. La mentira siempre ha existido y siempre existirá. La cosa es más bien si una sociedad facilita o desalienta la deshonestidad.Resultado de imagen para sociedad

En cualquier grupo humano, dice Ralph Keyes, hay un peque√Īo porcentaje que tiene tendencias √©ticas porque son m√°s compasivos, altruistas y seguros en s√≠ mismos ¬†y otro peque√Īo porcentaje que no tiene ninguna inclinaci√≥n √©tica porque son narcisistas, patol√≥gicos o indolentes. La inmensa mayor√≠a se ubica en el medio y oscila entre uno y otro lado. El problema es que para promover la honestidad en este grupo se requiere de un contexto bien diferente al que hoy predomina. Cuando la mentira y la deshonestidad es recompensada, tanto en pol√≠tica como en los negocios, ¬Ņqu√© saca uno con ser honesto?

San Agust√≠n dec√≠a que cuando la verdad se destruye o debilita, todo lo que queda es dudoso. En la era en donde la mentira pol√≠tica y corporativa es predominante, la sospecha es inevitable. Sentimos que estamos siendo enga√Īados rutinariamente, por nuestros jefes, nuestros vecinos, el mercado, el partido, la iglesia, el gobierno, los periodistas, la polic√≠a, etc.

El enga√Īo de todo tipo es el lugar com√ļn por lo que no es raro que el cuestionamiento de todo sea la actitud preferida de los pocos que todav√≠a mantienen una actitud cr√≠tica. Cuando la mentira reina y los mentirosos se vuelven m√°s h√°biles, incluso los que dicen la verdad caen bajo sospecha, lo que hace bien dif√≠cil la posibilidad de la intimidad humana.

La sociedad de la sospecha pone en duda todo lo que el gobierno y la clase pol√≠tica les dice. La consecuencia es que la mayor√≠a de los ciudadanos empieza a perder inter√©s en el juego pol√≠tico y es esta falta de inter√©s pol√≠tico lo que socava la legitimidad del sistema democr√°tico liberal. ¬ŅCu√°ndo llegamos al momento en que la mentira, la deshonestidad y la correcci√≥n de la clase dirigente se vuelve contraproductiva? Un signo de una democracia saludable es cuando sus ciudadanos todav√≠a tienen la capacidad de enfurecerse cuando son enga√Īados. Por lo que vemos, la furia todav√≠a no esta ah√≠.

  • Compartir:
X

Envíe a un amigo

No se guarda ninguna información personal


    Su nombre (requerido)

    Su Email (requerido)

    Amigo(requerido)

    Mensaje

    A√Īadir comentario