Jul 14 2013
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OpiniónPolítica

El Mercosur a la pesca de una identidad

Ninguno de los cuatro gobiernos quiere terminar con la Unasur. Nadie tiene planes de liquidar el Consejo de Estados de Latinoam√©rica y el Caribe. Y adem√°s los cuatro proyectan volver a ser cinco, con Paraguay adentro. ¬ŅRenaci√≥ el Mercosur? Pero c√≥mo, ¬Ņno estaba muerto? La pol√≠tica internacional es, por naturaleza, m√°s silvestre que la dom√©stica.

El poder suele presentarse en su costado más crudo. Incluso llega a cometer el crimen de la guerra, para usar la hermosa síntesis de Juan Bautista Alberdi. Pero en sus vaivenes y en sus sorpresas, en sus marchas y contramarchas, el mundo a veces otorga la chance de reacomodarse. Y los gobiernos, a veces, tienen la lucidez de recoger el guante.

A√ļn es temprano para saber si esta interpretaci√≥n termina gozando de sustento en el tiempo aplicada al Mercosur, pero no suena disparatada si se considera el resultado de la cumbre celebrada el viernes en Montevideo. Lo que pudo ser una reuni√≥n anodina o desordenada ‚Äďun ramalazo de declaraciones, en el mejor de los casos‚Äď se convirti√≥ en una oportunidad aprovechada para sentar doctrina y generar acciones por parte de la Argentina, Brasil, Uruguay y Venezuela. Paraguay no particip√≥ porque su gobierno estaba suspendido, condici√≥n que se levant√≥ como parte de las decisiones de los cancilleres y, luego, de los presidentes. ‚ÄúAmo a Paraguay‚ÄĚ, no dud√≥ en afirmar el venezolano Nicol√°s Maduro, que ocupa por primera vez la presidencia pro t√©mpore del bloque. Venezuela fue incorporada mientras Paraguay estuvo privado de sus derechos plenos.

Los presidentes coincidieron en rescatar el derecho de asilo como una identidad regional. Es un mensaje institucional a través de la afirmación de la vigencia de los derechos humanos.

La convocatoria en consulta a los embajadores de cada uno en Espa√Īa, Italia, Francia y Portugal en solidaridad con Evo Morales por el acoso sufrido es una medida dura. El llamado en consulta no es un simple tr√°mite informativo sino una forma de protesta en la escala de la diplomacia internacional. No llega a un nivel extremo como el retiro de embajadores, naturalmente, y menos a la ruptura de los nexos diplom√°ticos. Pero marca una decisi√≥n colectiva sin precedentes de los pa√≠ses m√°s grandes de Sudam√©rica, que eso son Brasil, la Argentina y Venezuela, hacia las dos naciones de la conquista original, Portugal y Espa√Īa, o hacia las tres naciones de donde vinieron las mayores oleadas de inmigraci√≥n (Espa√Īa, Italia y Portugal), a las que se agrega la segunda potencia dentro de la Uni√≥n Europea, Francia.

La respuesta al espionaje electr√≥nico masivo por parte de los Estados Unidos pareci√≥ exitosa al esquivar dos riesgos. Por un lado, evit√≥ aumentar algo que ya existe y fue se√Īalado por el experto Juan Gabriel Tokatlian en La Naci√≥n: intensificar las turbulencias frente a una decisi√≥n imperial de los Estados Unidos. Tokatlian no convocaba a las relaciones carnales sino a un ejercicio racional de defensa propia. Agitar m√°s el aire cuando el imperio o lo quiere agitado o est√° √©l mismo en un momento de agresividad es mal negocio para pa√≠ses que est√°n lejos de ser una hiperpotencia hegem√≥nica.

El otro riesgo que evitó el Mercosur es quedar en una suerte de tercera posición entre los Estados Unidos y el terrorismo fundamentalista. Era una trampa accesible, porque Washington defiende su vocación de Gran Hermano explicando que captura millones de mails e interfiere todas las comunicaciones de línea para prevenirse de un ataque tipo Al Qaida del 11 de septiembre de 2001 y ayudar al mundo a prevenirse.

Fue una forma de plantarse ante el imperio sin decirle al imperio que lo es. Sin embargo, el Mercosur reaccionó ante dos hechos imperiales, el espionaje masivo y la advertencia al mundo sobre dónde está el poder en la persona de Evo Morales.

Esta vez se dio el milagro. Incluso sin coordinación previa del bloque, cada uno había preparado el terreno y todos convergieron en Montevideo para el momento de la síntesis y la acción.Rafael Correa, Nicolas Maduro, Evo Morales

Cristina Fern√°ndez de Kirchner sigui√≥ la humillaci√≥n a Evo en todas sus alternativas y plante√≥ el tema desde su cuenta de Twitter y en tiempo real. Intercambi√≥ datos e indignaci√≥n con Ecuador, un extra-Mercosur que quiere ser parte del bloque igual que Bolivia. La Argentina y Ecuador m√°s Venezuela y Uruguay fueron el coraz√≥n de la √ļltima cumbre de Unasur en Cochabamba, la m√°s desva√≠da desde que se relanz√≥ la Uni√≥n Suramericana de Naciones en 2010. No fueron los presidentes de Colombia, Per√ļ y Chile, tres de los cuatro miembros de la Alianza del Pac√≠fico junto con M√©xico. Tampoco Dilma Rou-sseff, aunque en su caso el consejero internacional Marco Aur√©lio Garc√≠a dijo, cuando lleg√≥ a Cochabamba, que era su representante personal en la cumbre.

Evo agradeci√≥ la velocidad de respuesta de la Argentina y de la Presidenta con una presentaci√≥n masiva de su gobierno en la fiesta del 9 de Julio organizada por el embajador Ariel Basteiro. Estuvo el mismo Evo, pero tambi√©n entre otros el vice Alvaro Garc√≠a Linera, el canciller David Choquehuanca y su vice Leonor Arauco, ex embajadora en la Argentina. Fue m√°s que un gesto amistoso a Basteiro, que en sus nueve meses de gesti√≥n se convirti√≥ en un embajador movedizo y curioso capaz de explicar, como lo hizo estos d√≠as, que parte del enojo de Evo por el acoso a su avi√≥n volviendo de Rusia surge de tres principios aymaras: ‚ÄúNo robar, no mentir, no ser flojo‚ÄĚ.

La relaci√≥n entre la Argentina y Bolivia no tiene altibajos, o no tiene bajos, desde que los dos pa√≠ses firmaron el acuerdo del 2006, el mismo a√Īo en que asumi√≥ Evo por primera vez. Por ese arreglo la Argentina reconoci√≥ a Bolivia un precio superior de su gas. Hay temas permanentes y s√≠mbolos que se asoman con frecuencia. Evo fue a Rusia a una conferencia de exportadores de gas. La rebeli√≥n popular dentro de la crisis de 2005 combin√≥ protestas por la falta de agua para la poblaci√≥n de El Alto, la gigantesca concentraci√≥n urbana pr√≥xima al aeropuerto de La Paz, y por la falta de gas para los bolivianos en medio de un auge de las exportaciones gas√≠feras. En El Alto acaba de cantar Le√≥n Gieco dentro de un programa cultural impulsado por la embajada argentina.

La fuerza pol√≠tica y afectiva de la Argentina con Bolivia se sum√≥ a un movimiento diplom√°tico de Brasil iniciado el √ļltimo domingo, cuando el diario O Globo revel√≥ que los brasile√Īos tambi√©n hab√≠an sido espiados por la Agencia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos de manera directa o a trav√©s de contratistas con plataforma digital para datos y llamadas. Dilma no esper√≥ ni un d√≠a para dar instrucciones a su canciller, Antonio Patriota, de pedir explicaciones al embajador norteamericano Thomas Shannon y a que pidiera explicaciones el embajador brasile√Īo en Washington Mauro Vieira. La primera declaraci√≥n posterior de Patriota fue de satisfacci√≥n porque, dijo, los Estados Unidos se hab√≠an mostrado dispuestos al di√°logo. Pero el resultado del di√°logo no debe haber conformado a Brasil, lo cual es obvio porque de otro modo Rousseff no hubiera viajado a Uruguay e impulsado con sus socios del Mercosur un documento contra las ‚Äúlas acciones de espionaje por parte de agencias de Inteligencia de los Estados Unidos‚ÄĚ y contra ‚Äúla intercepci√≥n de las telecomunicaciones‚ÄĚ. Tampoco el principio seg√ļn el cual ‚Äúla prevenci√≥n del crimen as√≠ como la represi√≥n a los delitos trasnacionales, incluso el terrorismo, debe enmarcarse en el estado de derecho y la estricta observancia del Derecho Internacional‚ÄĚ.

El alicaído Mercosur recuperó, así, el dinamismo político que tuvo por ejemplo en 2005, cuando los cuatro miembros plenos de entonces más Venezuela pusieron bolilla negra al consenso para formar un área de libre comercio de las Américas.

Quiz√°s en la reuni√≥n de Montevideo no se habl√≥ de la Alianza del Pac√≠fico. Pero, al construir una agenda de confrontaci√≥n sin delirios con los Estados Unidos, pareci√≥ dejar sentada una raz√≥n de ser. Tiene varios desaf√≠os por delante. Entre ellos, reconstruir la vitalidad de Unasur. Dialogar con Colombia y Chile. Saber que con ellos no es la confrontaci√≥n de fondo. Y saber, tambi√©n, que Sudam√©rica tiene una cara com√ļn, que es Unasur, pero dos caras en t√©rminos de c√≥mo encarar la relaci√≥n con los Estados Unidos, la de la Alianza del Pac√≠fico y la de Mercosur, este √ļltimo con todo el potencial econ√≥mico de los tres grandes y el d√©ficit de su integraci√≥n inacabada y un exceso de ruido in√ļtil entre los socios, Brasil y la Argentina en primer lugar.

Frente a esos desafíos la desventaja, hoy, es igual a la ventaja: en este mundo nadie puede solo. Es la razón por la cual se pierden aliados pero también el motivo por el que se pueden ganar, así sea por períodos o por temas.

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